Archivo mensual: mayo 2012

Hablando de Revolución

¿Qué queda hoy de la Revolución? En primera instancia, estas vidas accidentadas que nos recuerdan que nada entre los hombres, incluso entre los que hacen revoluciones, es llano ni monocorde, nada está hecho a la medida de los que gustan identificarse con los buenos, que siempre han sido buenos en la historia. A su vez, y para el disgusto de algunos otros, vale recalcar que seguimos filiados tanto al primero como al segundo ciclo revolucionario. Así y todo, de tomar el cielo por asalto para volverlo cierto en la tierra, poco sobrevive. Involucrados en lo prosaico del mundo, difícil no reconocer el enorme valor de la política de reparación que se viene llevando adelante desde 2003, pero es evidente que el socialismo ha quedado muy lejos. Lejos también el idealismo y la tentación de lo sublime, podemos ser justos como pocas veces con el pasado y sus rugosidades, que son nuestras. Quizá sea inevitable vestir alguno de los trajes que nos ofrece la historia, para inflar de sentido el papel que nos toca actuar en el presente. De todos modos, llevar los de la Revolución y, más aún, los de la guerra, no parece por lo menos responsable. Si responsable suena mal, digamos que tampoco parece inteligente. Porque es equívoco pero, sobre todo, porque es aceptar la invitación que nos hacen quienes no esperan sino el momento del castigo.

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África mía

África está de moda. Hasta hace unos años era la metáfora del territorio olvidado. África sobraba y apenas si despertaba un interés entre morboso y de beneficencia light por parte de las almas sensibles de un primer mundo que, en su auto percepción de abundancia, de tanto en tanto volteaba la mirada sobre un lugar que el mundo no sabía para qué le servía.

Si América fue desde la llegada de Colón el lugar por excelencia donde Europa buscó las materias primas para su desarrollo, África es el comienzo de ese recorrido “mercantil”, donde los hombres eran cazados para terminar trabajando en las plantaciones al otro lado del Atlántico. La desgracia no termina ahí: cuando nuestro continente ya era un conjunto de repúblicas que, si sometidas económicamente, habían logrado el status de independencia política, África era repartida sin tapujos entre las potencias europeas. Por eso el mapa de África es tan extraño: ningún continente tiene sus fronteras tan lineales y rectas, un diseño gráfico donde se nota demasiado que la decisión de dónde empieza y termina un país se cocinó en una mesa chica a muchos kilómetros de distancia.

El último momento de interés en África tampoco fue feliz. Después de la Segunda Guerra una Europa que ya no manejaba las riendas del mundo no pudo retener sus colonias donde, por otro lado, habían surgido movimientos de liberación nacional que en pocos años pasaron a gobernar los nuevos estados independientes. Pero llegó la Guerra Fría y los intentos de influencia de Estados Unidos y la URSS. África se convirtió en un escenario más de esa disputa y florecieron los golpes de Estado y las desestabilizaciones permanentes. El Che en el Congo marca ese momento, como también cierta constancia “occidental”: sus manuscritos sobre la imposibilidad de entendimiento con esa sociedad a la que él llevaba la revolución no son muy distintos a los de sus antecesores blancos de décadas y siglos anteriores.

Ya en los ochenta, los males de África se volverán impersonales: hambre y SIDA. Chicos con panzas crecidas y mosquitos dándoles vueltas por la cara. Un lamento mundial que compungía a las estrellas de rock con sensibilidad social. El discurso fue cobrando cinismo: la “culpa” se cerró sobre algunos dictadores locales, unas bestias sanguinarias que recorrían en sheep una ruta de tierra matando gente. Esa imagen hollywodense traducía una cuestión estructural: en un mundo donde la riqueza se empezó a concentrar cada vez más –aun en los países centrales-el capitalismo no parecía tener ningún lugar para ese continente. Sencillamente sobraba.

La nueva moda africana tiene ahora nuevos sponsor, también a la moda. China, India y Brasil, las nuevas estrellas de la economía mundial, están provocando una oleada de inversiones en África.

El punto es si hay un cambio de lógica con el pasado de expoliación. Poco alentadoras son las noticias, porque los intereses de estos “hermanos del sur” no son muy distintos a los que tenían los viejos imperialismos. Petróleo, minerales, diamantes, tierras para cultivar. También algo de infraestructura, que no deja de escapar a la contradicciones del desembarco. Hace un año, Mozambique inauguró un nuevo estadio olímpico para los juegos pan africanos. La inversión la hizo una empresa china, que además importó a 300 chinos para dirigir el proyecto. Los mozambiqueños fueron contratados para las tareas menos calificadas. En las vísperas del 1 de mayo de 2010, una huelga al interior del Estadio terminó con un muerto.

Aunque la esperanza puede estar en el reacomodamiento político que estas nuevas potencias parecen estar queriendo diseñar en el mundo,  algunos signos permiten pensar que esta vez África puede ser parte de una sociedad –aunque también desigual- no sólo económica, sino también política. Un ejemplo: durante el mandato de Lula, Brasil abrió 12 embajadas en países donde no tenía representación diplomática. En una de sus visitas, sinceró: “Brasil no sería el mismo sino fuera por los millones de africanos que participaron en la construcción del país”. China, por su parte, fue la que agergó la S a lo que antes era el BRIC, cuando invitó a Sudáfrica al grupo que formó con India y Brasil. Algo, mucho, poco, se verá.

Publicado en http://www.niapalos.org/?p=7089

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Un fuck you en Artepolítica

Hay que dejar de darle vueltas morales a Lanata y pensar en su público. ¿Quienes son? De alguna manera, esa tribuna, con toda la construcción televisiva que pueda tener, huele a real. Hay otra “juventud”, muchachos. Crecida en estos años kirchneristas. Claudia y Marcos, los de la publicidad del Banco Galicia, que trabajan y consumen con los parámetros de una Argentina que, si no salvó a los del fondo, le puso un resorte económico de aquellos a una clase media que volvió a respirar, a engordarse. Pero no es sólo eso: Claudia y Marcos hacen Tai Chi Chuan y se van de vacaciones a Cabo Polonio, mientras entran a Garbarino por un Plasma. O sea, primero: no somos tan distintos. Es más, los podemos suponer muy de acuerdo con la nacionalización de YPF, el matrimonio igualitario, y se cagaron de risa con las tapas de la Barcelona. Votaron a Cristina. No, Claudia votó a Binner, pero no fue un tema de discusión. Se lo dijo desde la cocina, mientras Marcos miraba la tele. Fin. Y es que, silenciosamente, mientras otros hacen el camino de la profundización, el kirchnerismo habilitó para millones una liviandad de la vida. Y también de la política. Pongamosló así: si en el 2008 la 125 y su explosión política mostró a un sujeto que era hijo de la economía kirchnerista queriendo romper todo, en el 2012 los hijos de la década de crecimiento aceptan el orden establecido. Porque les conviene, porque enfrente no hay nada, porque el aviso de que TN podía desaparecer era mentira, porque sus vidas son apacibles. Pero la política -y la forma particularmente áspera de la política kirchnerista- les molesta.  Y por arriba hubo un cambio en el equipo: entró Lanata por Sarlo. Que da cuenta de lo que pasó después de la derrota legislativa y electoral de Clarín. De buscarle la explicación a la bestia, se pasó a ridiculizarla.  De la academia al circo.

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Sin nación no hay región, sin región no hay nación

La palabra “problema” aparece en la primera página del libro, y ese resulta el primer dato esperanzador del texto que el lector tiene entre manos. La integración regional es un problema. Desde ahí arranca y recorre el paisaje de la “leyenda americana” para alumbrar sus puntos ciegos. Los autores indagan desde las convicciones y las ilusiones pero también desde la racionalidad política y económica cuáles son las condiciones y expectativas creíbles de la “integración regional”. El chiste retórico de su título (que intercambia la palabra “liberación” por “integración”) es preciso acerca del subrayado ideológico que pondrán a prueba y el momento histórico sobre y desde el que escriben: las democracias y capitalismos alcanzados en estos países, tramas complejas de una época de velocidad económica que, como un río, siempre va, y que también avanza sobre un consignismo estático. Estas tesis apuntan muy por encima de los mitos políticos aunque se soporten también en ese espíritu de “alegre unidad”. Una región que compone una gran escena cultural mientras intenta mover los lentos mecanismos de las economías. Se trata de un texto que revuelve en concreto más que cualquier otro evangelio literario nacido para terminar en el candor de frases tatuadas en una agenda de papel reciclado. Sin nación no hay región, sin región no hay nación, y con esa consigna en la boca saltan al laberinto histórico del presente escribiendo un libro fundamental para la ciudadanía del futuro.

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