Archivo mensual: febrero 2012

Al borde del andén

No nos corramos todavía del foco. Poco tiempo y mucha gente que murió hacen necesario que todavía nos detengamos ahí, al borde del andén. Gente que no debía morir. Ni siquiera existe esta vez el elemento de cierta co-responsabilidad como en Cromañon, donde la chispa del fuego corrió por parte de las propias víctimas. Los 51 eran personas que  aguantaban un viaje cotidiano molesto, peligroso, incierto. Gente que, una vez abajo del tren, la estaba pasando mejor. Que seguramente había hecho unas merecidas vacaciones este año o, al menos, ahora podía soñar con eso. Decir que “eran nuestros”, como se leyó por ahí, es una pelotudez y una falta de respeto. Eran, sí, parte de este momento, eran parte de la razón por la que muchos hacen política. Eran, al fin de cuentas, eso que los sociólogos llaman “sujeto”. Si eso existe, los 51 eran parte, sin dudas. Habría entonces que invertir las declaraciones oficiales, cuando se aclaró torpemente que la magnitud del accidente fue porque en los trenes viaja mucha gente desde que se recuperó el trabajo. No, no, perá. Una conquista no habilita una desgracia. Al revés,  hace a la desgracia más dolora. Porque se murieron esperanzas. Gente que, probablemente, el “modelo” había ayudado. Algo, mucho, poco, no importa. Lo incompleto de ese mismo “modelo” tuvo que ver en sus muertes. Tampoco, todavía, podemos saber cuanto, pero la inexistencia de cambios profundos en el sistema de concesiones entrado el tercer mandato, ya dice algo. Pero volviendo al andén, al foco del crimen, hay ahí, inevitablemente, una necesidad de venganza, en el mejor sentido que puede entenderse. Un “precio” que se debe pagar, más allá de las justicia que tenga o no. 51 muertes merecen una venganza simbólica, que nuestro sistema republicano permite que sea incruento, con derechos humanos y seguridad jurídica. Tal vez no sea justo, tal vez pague por un accidente un excelente funcionario. Y bueno, menos justo es tomarse un tren y terminar abajo de una tonelada de fierros. No es el fondo de la cuestión ni mucho menos, pero hace a cierta humanidad, políticamente necesaria. Frente al sujeto-víctima la política debe mostrarse, hoy, débil, golpeada, chiquita. Y la imagen de fortaleza reservarla para la reunión con TBA.  Salgamos del andén.

Cuando se dice que “una demanda cumplida genera una demanda nueva”, no siempre se tiene en cuenta que, aunque es así, las formas en que se opera esa dialéctica, son raras. Si en este caso la demanda cumplida era tener laburo, una forma de viajar barata (aunque me juego que la mayoría de los usuarios pagaría más por un mejor servicio. Y también esto:  la sintonía fina podría incorporar estrategias para que sean los jefes de esos usuarios-laburantes los que paguen un tren decente para su mano de obra), la demanda nueva no vino en forma de protesta organizada, sino de masa comprimida y accidentada adentro de vagones. Ahí está la demanda. Más contundente imposible. Ahora no hay vuelta atrás, nos “pusieron una agenda”, y sí. El “sujeto” corrió por izquierda, por puro esfuerzo diario de bancarse viajar en condiciones que terminaron siendo mortales.

Una cosa importante, para no perder el eje, en estos días calientes: seguimos estando en una situación populista. Ella y el pueblo. El proyecto y los votantes. El resto no existe, son irrelevantes. Por eso hay que hacerse cargo, porque no hay otros. Por eso es una preocupación legítima preguntarse por los tiempos y silencios de Cristina. Porque ahí está todo. Y ahí está todo, porque así lo decidió la gente hace muy poco. Así es la democracia modelo 2012. No es, como sueñan ilusamente trotskistas de derecha y de izquierda, que “esto abre una nueva situación política”. Las bolas. Esto refuerza la necesidad de una respuesta en términos kirchneristas puros (como, en definitiva, ellos mismos piden). Y si no se hace, si algo en el camino se extravía, si por alguna razón extraña el silencio y la inacción se apoderan de los despachos oficiales, vamos a ser incoherentes con el mandato popular, y ahí sí, tal vez se abra “una nueva situación política”.  Confiamos, esperamos, pedimos que así sea. Unido a esto, una nota al margen. Cuando nos y se preguntan por qué cornos todavía este proceso tiene la vitalidad política que tiene, vean lo que pasó estos días. Vean las fisuras, los reclamos desde adentro, las puteadas de los supuestos hiperrecontra k, lo lejos que se estuvo del modelo “goebbels” para cubrir y debatir lo que pasó en los medios oficiales. Ni que hablar de lo que pasó en los  medios menos orgánicos como los blogs, twitter, etc. Acá se debate, no se banca cualquier cosa, y se putea cuando es necesario. No es momento de festejos (ahí estuvo la mejor actitud presidencial hasta ahora, declarando el duelo nacional y levantando el carnaval “federal, popular y latinoamericano”, un toque sobregirando la alegría veraniega me parece…) sino de responder con audacia, imaginación, fortaleza. Necesitamos kirchnerismo. Lo pedimos los kirchneristas.

Anuncios

35 comentarios

Archivado bajo General

Amalita

Viven batiendo el parche sobre la supuesta hegemonía cultural que el kirchnerismo habría logrado. Si hasta de este lado empezamos a creer eso, después que Sarlo lo sentenciara en La Nación, elogiando la productividad política y cultural del candombe “nunca menos”, hace ya un buen tiempo atrás. Después Cristina gana una elección por goleada, histórica por lo abultada, pero más que nada por lograr recuperar y ampliar la base de sustentación política después de la travesía de la 125. Y la dirigencia opositora no da visos de salir de su estado de coma profundo, y el conjunto de “problemas” actuales (el lugar de los sindicatos, la producción minera, el enfrentamiento de la crisis mundial, la reorganización de los subsidios, etc.) solo los discute el kirchnerismo a partir de matices, intereses o visiones distintas. Afuera, sólo frío. Pero de pronto de muere Amalita Fortabat. Y deja desnuda una verdad evidente, pero que viene bien refrescar. Salvo las “usinas goebbelianas”, toda la prensa y los medios de comunicación en general se alinearon en la construcción de una imagen de Amalita de fantasía, aunque perfectamente funcional para la simbología de “los dueños de la argentina”. Los que se rasgan las vestiduras con la construcción del “mito de Kirchner”, no se los ve muy indignados ni locuaces para condenar por ridículas las necrológicas que ponen como eje central de la vida de la empresaria su carácter “benefactor”. ¿Cuánta gente, cuantos ciudadanos argentinos, van a quedarse con esa imagen, la de una rica señora anciana a la que le gustaba el arte y le daba cosas a los pobres? Desde las notas escritas y firmadas de ayer y hoy en los diarios, hasta las notas de movileros con escasos recursos de oratoria, todos comparten un guion patético, donde Amalita fue una “visionaria”, “emprendedora que levantó una empresa y la convirtió en una de las más grandes de Latinoamérica”, etc. Es cierto que en algunas (algunas) crónicas es nombrada la venta de la empresa a capitales brasileños, y algunas van más allá y hasta se animan a decir que se vio beneficiada por contratos con el Estado y el manejo del precio del cemento, mediante el control de más de la mitad de la producción nacional (en poquísimas se menciona el hecho evidente del calendario: 1976 fue el año en que ella asumió en Loma Negra y comenzó el despegue de la empresa. 1976, ajá.). Nadie saca las conclusiones obvias y necesarias: Fortabat es el emblema de una burguesía (casi una concesión, está mas cerca de ser una oligarquía) ramplona, de mirada corta, donde “industria” no supera la idea de ladrillo, desangelada en términos políticos. Su apuesta más orgánica y menos traicionera con la política fue durante el terrorismo de Estado, después siempre se sintió más cómoda “presionando”, nunca poniendo.  Que las últimas posesiones (en los diarios escriben “pasiones”) hayan sido sus campos y sus cuadros habla de un retorno a los orígenes, para pastar en paz los últimos años de vida. Ningún emporio, ninguna vocación dirigencial, menos que menos la intención de construir un país. Nada de eso, 1.000 millones de dólares en el bolsillo, líquidos, para comprar cuadros y mantener 50 estancias en la pampa. Después nos indignamos con las dietas de los diputados. Esto es despilfarro. Los hermosos cuadros de Amalita comprados con el cemento para hacer la cancha de River, construida para el Mundial del 78, organizado por el asesino serial y reporteado de la semana: “tuvimos la suerte de organizar el Mundial de Fútbol que, además, para congratularnos más, Argentina ganó”. No, pero el corrupto es un diputado que cobra 30 mil pesos. ¿Qué pensás Vicky Donda? Al menos, el trotskismo tiene una explicación causal para esto.  Está bien, no existe clase dominante que no esté manchada de sangre. De eso se trata. Lo que es muy impactante, y necesario tener en cuenta, es que, Ley de Medios mediante, politización de la sociedad, y ebullición de los debates ideológicos y la mar en coche, la hegemonía cultural sigue estando en el mismo lugar, con los mismos dueños. Decime que decís de Amalita y te diré quién eres.

 

4 comentarios

Archivado bajo General

Adiós a las armas

Si hay algo difícil en política es recuperar lo que simbólicamente fue apropiado por otros. Lleva su tiempo, pero por sobre todas las cosas, necesita ser resignificado, puesto en otro lugar, encadenarlo a otros simbolismos, tejerlo en una coyuntura del presente. Eso parece estar pasando con Malvinas. A diferencia de otros temas, no es simplemente una “deuda” de la democracia, o una cuenta pendiente a resolver. La decisión de publicar oficialmente el informe Rattembach, entre otras cuestiones, muestra que en Malvinas, antes que “cerrar” es necesario “abrir” el tema. Que Malvinas entre, de una vez, en la era democrática. Tal vez sea exagerado ponerlo en términos de un nuevo Nunca Más pero seguramente va a servir para saldar una idea de la aventura militar que, todavía hoy, sigue teniendo lagunas de silencio importantes. La operación no es sencilla porque desde el 83 para acá “malvinizar” un discurso desde el Estado significó de una u otra forma construir un relato  sobre la guerra, antes que sobre las islas y la disputa de soberanía. Significó, casi siempre, un boomerang para la política, como cuando Alfonsín habló de “los héroes de Malvinas” para referirse a los carapintadas, o la restitución del 2 de abril como feriado nacional por parte del economista castrense López Murphy (para los desmemoriados o muy menores, sí, Ricardo López Murphy fue ministro de Defensa).  El desafío entonces, como primer paso es que Malvinas signifique mucho más que la guerra. Hacia atrás y hacia delante. Malvinizar y desmilitarizar en un solo movimiento, digamos, como fórmula doble para ir armando un rompecabezas nuevo. El documento de la cancillería, “Más diplomacia, menos armas”, no resume sólo la posición de política exterior, sino también, creo, parte de una revisión histórica propia, la necesaria desmilitarización para ir haciendo pedagogía sobre algo que conocemos poco y mal.  Pero tiene, más evidentemente, la virtud de dejar a Gran Bretaña bailando sola en el vals bélico. “Sí, ustedes ganaron una guerra a un gobierno ilegítimo, que fue juzgado por tribunales argentinos por crímenes de lesa humanidad, felicitaciones. Ahora, tienen que sentarse a negociar con un gobierno constitucional una cuestión de soberanía territorial“.  En ese sentido, las movidas inglesas de estos días  muestran que son ellos los que están necesitados de agarrarse cada vez más de la invasión del 82 para sostener su permanencia colonialista. El derecho argentino sobre Malvinas pasa por otro lado.

La otra resignificación necesaria es también un dato de estos tiempos: volverla un reclamo regional fue, sin dudas, el hecho político que hizo que GB reaccionara. La integración regional y la defensa de las soberanías nacionales son, y van a ser cada vez más, una misma cosa, al revés de lo que dicta el pensamiento nacionalista retrógrado. Y también en contraposición a lo que puede configurarse como imaginario  de las escenas actuales de la “Unión Europea”. Acá, en América latina, no queda otra que apechugar entre varios para salvar las ropas. ¿Hubiera sido posible que Brasil y Uruguay prohibieran el anclaje de barcos con bandera de Malvinas sin el proceso de acercamiento político de los últimos años? Seguramente no, porque en los hechos, nunca antes había ocurrido. Pero además, el pronunciamiento del Mercosur como bloque, impidió que se desplegara la estrategia británica que se basaba en presionar al más débil (Uruguay) para que revierta su posición. Y probablemente, sin el paraguas regional, GB hubiera tenido éxito. Cierta pérdida de la flema inglesa de estos días tiene más que ver con estos movimientos que con el reclamo estrictamente nacional, que no difiere al que se venía haciendo desde años atrás. En todo caso, la virtud del gobierno nacional fue poder apalancar el reclamo en la construcción política que desarrolló son sus vecinos. Ahí está el éxito actual y también las tareas pendientes (como incorporar a Chile en la misma lógica solidaria).

La desmilitarización y la regionalización de Malvinas son dos herramientas de nuestra época para volver sobre un tema viejo y doloroso. Muestran que a pesar de todo (a pesar, incluso, de algo tan definitivo y límite como una guerra) desde la política siempre hay espacio para redefinir las cosas, cambiar los escenarios, inventar horizontes. Y habilitar, también, nuevas propuestas o formas de encarar un asunto complejo. Una, muy interesante, la escribió Gustavo Arballo hace unos días en Página 12:  http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-186150-2012-01-25.html

18 comentarios

Archivado bajo General