Eppur si muove

El clima es, al final, de cierta institucionalización. De las grandes obras y de las pequeñas, institucionalización de los gestos y las formas kirchneristas, de su comunicación, de sus fobias y de sus amores.  Sigue Tomada y sigue 678, digamos. El mundo no kirchnerista (existe, aunque por ahora solo sean “la mierda opositora”) también sigue el mismo juego. El “campo”, Clarín y hasta la UCR  existen después de la guerra. Y está bien, en una democracia no se mata, sólo se abollan los poderes relativos. Sin embargo, a pesar del escenario de quietud pos octubre, algo se mueve.

La auto herencia del gobierno viene impregnada de los cabos sueltos que venían soltándose en los últimos tiempos. “Tiempos interesantes” (como tuitea @orgullozombi), más por lo insondable de lo que viene que por entusiasmo liviano. Crisis internacional, CGT, Scioli. Tres cosas bien distintas, tres cosas que no son nuevas. Si hasta tienen algo de deja vú. Sobre cada una, en ese orden, puede esperarse una actitud kirchnerista: reemplazar con esfuerzo público lo que el mercado desinfle cuando asome la recesión importada, tironear hasta el final ante un desafío que se lee como político, imponerle todo lo que se pueda a un aliado que siempre se lo miró y se lo mira con desconfianza. El punto es cuánto de cada problema tiene cosas nuevas.

¿La caja tiene la misma salud que cuando se enfrentó el cimbronazo de 2008? Por ahora el gobierno viene haciendo una redistribución de gastos interna, apagando las lamparitas subvencionadas de Barrio Parque para contar con algo más de margen en cuentas que son más estrechas que antes, pero si hace falta plata, mucha y de golpe…y ahí aparece algo difícil de mover, porque caló hondo en el sentido de propios y extraños: el kirchnerismo es la inversión exacta de la tesis de Chacho de que de una crisis no se sale con medidas progresistas. Ahora: ¿se podrá, una vez más, salir profundizando? ¿Hacia dónde, tocando qué intereses?

Scioli es un problema que viene del fondo de los tiempos kirchneristas, de su iniciación. Siempre, también, se le encontró su vuelta. Distintas, claro: desde sacarle todas las funciones relevantes cuando intentó un juego propio como vicepresidente en el 2003 (Scioli es tan excepcional que logró sortear la maldición de los vices…) hasta tenerlo como estandarte en el  distrito clave del país. Sacarlo, ponerlo, exponerlo, bajarlo, subirlo. Ahora esos movimientos tienen el problema evidente de que a la carrera del gran Daniel sólo le queda un casillero posible. El acuartelamiento policial puede tener una secuela inmediata en su contra, pero lo que paso (10 horas de rebeldía policial es algo grave, grave y grave) también desnuda la necesidad de un poder político fuerte, de tener una “autoridad” un poco indiscutida, a la que no se va a poder limar mucho sin correr el riesgo de terminar igual de machucado. Porque, se quiera o no, Scioli va a seguir teniendo la posibilidad de pegar un salto de tranquera sin costo político en la sociedad, a pesar de que jure “lealtad al proyecto” todas las mañanas. Esa es su magia contra la que no parece haber antídoto.

Moyano también es un problema de larga data. Desde los tiempos inmemoriales donde Néstor transpiraba la camiseta en vida. La muerte, los reflejos políticos de Moyano que salió esa misma mañana a compararlo con Perón y una campaña donde recién después de las primarias se despejó un panorama que parecía incierto, jugaron en favor de desactivar por un tiempo una bomba que existía y existe. Otra vez, habrá que ver si los viejos recursos que se usaron para mantener la relación entre el gobierno y la CGT siguen funcionando. Porque los pagos se hacen una vez, ni dos, ni tres. ¿Qué siente el sindicalismo? Que ya pagó el regreso de las paritarias, que ya pagó el aumento del empleo, la bonanza de estos años. Y ser parte del proyecto político significa cierta disputa por nuevos espacios de poder. ¿Qué siente el gobierno? Que las actitudes corporativas, así vengan del gremialismo peronista más cercano, le restan margen, le pelean el discurso, le imponen agenda. Inventemos un axioma nacional y popular: “que se tense pero que no se rompa”.

(Si es verdad lo que se dice sobre una elección directa para elegir al secretario general, la CGT estaría construyendo una legitimidad interna y externa muy distinta a la de hora. Porque “tendrás tu autonomía cuando coseches tus votos”. Paradojas de la vida (o no) sería una actitud bien kirchnerista, aunque un dolor de cabeza para el gobierno: el gremialismo “tradicional” arrancándole las banderas  a la CTA progresista. Justo cuando De Gennaro asume su burocratización final de diputado con saco y corbata.)

 

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8 comentarios

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8 Respuestas a “Eppur si muove

  1. Graciano

    Pura lucidez. Excelente análisis.

  2. Al igual que esas tormentas de nubes negras que allá a lo lejos se ven en el horizonte, igual sensación deja la cuestión “continuidad “,nunca en el inicio de gestión gubernamental alguna hubo tanta necesidad de descifrar quien sera el sucesor en el poder con tanta anticipación a pesar de que 4 años son siglos en la política argentina.

  3. Pingback: El desafío de Moyano « El blog de Abel

  4. mat

    moyano compañero y de gennaro burocrata? flaco, sos un sorete.

  5. mat

    Matias Andres Rodan, te paso mi DNI? gilazo.

  6. Mucho mejor así. No qué DNI, por ahí alguna idea, pero es pedirte mucho me parece.

  7. tam

    ya te tiró una idea el tal mat. la eludiste con la pelotudez de la identidad porque el cagón sos vos.

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