Archivo mensual: diciembre 2011

Heyn

El domingo sábado sale un Ni a Palos dedicado a Iván. Para los que tuvieron la suerte de conocerlo los va a emocionar, para los que no tuvieron la suerte creo que van a poder conocerlo un poco. Para unos y otros es una oportunidad para estudiarlo, uno de los escasos consuelos que nos quedan cuando alguien se nos pierde pero deja palabras, imágenes, gestos, impresiones profundas en los demás. Quería igual decir algunas cosas sobre él, pero también sobre nosotros, sobre lo que me pasó y nos pasó a algunos en estos últimos días. No lo conocí tanto, no tanto como hubiera querido, poco tiempo, aunque con algo de intensidad. Pero me faltaron un montón de cenas, me faltó un montón de militancia, de chismes, de reuniones, de discusiones. Para mí y para unos cuantos, en medio de esa cosa tan áspera que es la política, de la incertidumbre y de la desazón que te invade cuando conocés, así sea superficialmente, la “trama de las cosas”, lo que te queda es confiar en un tipo. Eso que en el argot tiene el nombre frío de “referente”. Bueno, Iván se había convertido en nuestro referente, así, medio de golpe, medio a los ponchazos, sin decisión orgánica, por pura obviedad. En el velatorio Lauti me abraza y me recuerda “¿te acordás que te lo presenté yo en una fiesta?”. No fue hace mil años, pero lo había olvidado. La escena me volvió enterita, perfecta. Acodado en la barra, Iván me dice “¿de qué puedo escribir la columna de esta semana?”. Yo no estaba en el suplemento y solamente tiraba algunas ideas acá, en el blog. Ayer, justamente trabajando para el Ni a Palos tuve que leer muchas de sus columnas. Así, circular, extraño, injusto, paradójico, como parece que son las cosas. En estos días de ver tanta gente hecha bolsa se vio también otra cosa, otra cosa de este pibe loco que se mandó la cagada de su vida. Era un transversal. Un kirchnerista todo terreno. Lo lloraban los amigos históricos, los que hoy están arriba conduciendo, militantes rasos, funcionarios y políticos, los creyentes y los sacerdotes del camporismo juvenil, los convencidos de todo y los que están llenos de dudas. Iván tocaba todos esos niveles porque hablaba, porque se exponía, porque mostraba las fisuras de lo que al mismo tiempo defendía a capa y espada. Porque sabía ponerse una careta, pero sabía sacársela. Porque desde ahí te conducía. Espero que se entienda lo que digo. Con dos compañero, Memo y Pacho, hace un tiempo le llevamos un libro que con mucho esfuerzo habíamos terminado de escribir. Estábamos entusiasmados, pensamos que él podía escribir el prólogo. Pero teníamos miedo. El libro hablaba, entre otras cosas, de economía. Daba un poco de cagazo, digamos. “Ahora descubre que somos unos salames”, pensamos. Un par de días después me lo encuentro en el chat y me dice algo así como “¿se suele poner en un prólogo, es un honor para mí…?” creo que le dije que no, por pudor. El prólogo nunca lo mandó, aunque siempre que lo veía me juraba que ya lo tenía escrito. Pero el punto es ¿quién hace eso hoy con gente a la que no le debe nada? Así son los que se salen de la media, los que son mejores. Iván no era humilde, para nada. Pero sabía ponerse en ese lugar cuando hacía falta, cuando entendía que tenía que jugar ese rol. Pasa mucho entre los músicos: los grosos son los que dan palmadas sin sentir que en eso se juega su ego, porque se sienten seguros de lo que valen, porque entienden el juego en serio. Son soberbios solamente cuando tocan, cuando se cierra la partitura son colegas, compañeros. Una de las cosas que me enteré en estos días horribles es que además tocaba el piano y le gustaba el tango. Algo más que me perdí de conocer.

Cuando nos terminemos de enjuagar las lágrimas, cuando los abrazos consoladores se vuelvan saludos normales, hay que ponerse a buscar otros como este pibe, no sé cuántos habrá, no sé donde están, pero hacen falta. Y cómo.

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Eppur si muove

El clima es, al final, de cierta institucionalización. De las grandes obras y de las pequeñas, institucionalización de los gestos y las formas kirchneristas, de su comunicación, de sus fobias y de sus amores.  Sigue Tomada y sigue 678, digamos. El mundo no kirchnerista (existe, aunque por ahora solo sean “la mierda opositora”) también sigue el mismo juego. El “campo”, Clarín y hasta la UCR  existen después de la guerra. Y está bien, en una democracia no se mata, sólo se abollan los poderes relativos. Sin embargo, a pesar del escenario de quietud pos octubre, algo se mueve.

La auto herencia del gobierno viene impregnada de los cabos sueltos que venían soltándose en los últimos tiempos. “Tiempos interesantes” (como tuitea @orgullozombi), más por lo insondable de lo que viene que por entusiasmo liviano. Crisis internacional, CGT, Scioli. Tres cosas bien distintas, tres cosas que no son nuevas. Si hasta tienen algo de deja vú. Sobre cada una, en ese orden, puede esperarse una actitud kirchnerista: reemplazar con esfuerzo público lo que el mercado desinfle cuando asome la recesión importada, tironear hasta el final ante un desafío que se lee como político, imponerle todo lo que se pueda a un aliado que siempre se lo miró y se lo mira con desconfianza. El punto es cuánto de cada problema tiene cosas nuevas.

¿La caja tiene la misma salud que cuando se enfrentó el cimbronazo de 2008? Por ahora el gobierno viene haciendo una redistribución de gastos interna, apagando las lamparitas subvencionadas de Barrio Parque para contar con algo más de margen en cuentas que son más estrechas que antes, pero si hace falta plata, mucha y de golpe…y ahí aparece algo difícil de mover, porque caló hondo en el sentido de propios y extraños: el kirchnerismo es la inversión exacta de la tesis de Chacho de que de una crisis no se sale con medidas progresistas. Ahora: ¿se podrá, una vez más, salir profundizando? ¿Hacia dónde, tocando qué intereses?

Scioli es un problema que viene del fondo de los tiempos kirchneristas, de su iniciación. Siempre, también, se le encontró su vuelta. Distintas, claro: desde sacarle todas las funciones relevantes cuando intentó un juego propio como vicepresidente en el 2003 (Scioli es tan excepcional que logró sortear la maldición de los vices…) hasta tenerlo como estandarte en el  distrito clave del país. Sacarlo, ponerlo, exponerlo, bajarlo, subirlo. Ahora esos movimientos tienen el problema evidente de que a la carrera del gran Daniel sólo le queda un casillero posible. El acuartelamiento policial puede tener una secuela inmediata en su contra, pero lo que paso (10 horas de rebeldía policial es algo grave, grave y grave) también desnuda la necesidad de un poder político fuerte, de tener una “autoridad” un poco indiscutida, a la que no se va a poder limar mucho sin correr el riesgo de terminar igual de machucado. Porque, se quiera o no, Scioli va a seguir teniendo la posibilidad de pegar un salto de tranquera sin costo político en la sociedad, a pesar de que jure “lealtad al proyecto” todas las mañanas. Esa es su magia contra la que no parece haber antídoto.

Moyano también es un problema de larga data. Desde los tiempos inmemoriales donde Néstor transpiraba la camiseta en vida. La muerte, los reflejos políticos de Moyano que salió esa misma mañana a compararlo con Perón y una campaña donde recién después de las primarias se despejó un panorama que parecía incierto, jugaron en favor de desactivar por un tiempo una bomba que existía y existe. Otra vez, habrá que ver si los viejos recursos que se usaron para mantener la relación entre el gobierno y la CGT siguen funcionando. Porque los pagos se hacen una vez, ni dos, ni tres. ¿Qué siente el sindicalismo? Que ya pagó el regreso de las paritarias, que ya pagó el aumento del empleo, la bonanza de estos años. Y ser parte del proyecto político significa cierta disputa por nuevos espacios de poder. ¿Qué siente el gobierno? Que las actitudes corporativas, así vengan del gremialismo peronista más cercano, le restan margen, le pelean el discurso, le imponen agenda. Inventemos un axioma nacional y popular: “que se tense pero que no se rompa”.

(Si es verdad lo que se dice sobre una elección directa para elegir al secretario general, la CGT estaría construyendo una legitimidad interna y externa muy distinta a la de hora. Porque “tendrás tu autonomía cuando coseches tus votos”. Paradojas de la vida (o no) sería una actitud bien kirchnerista, aunque un dolor de cabeza para el gobierno: el gremialismo “tradicional” arrancándole las banderas  a la CTA progresista. Justo cuando De Gennaro asume su burocratización final de diputado con saco y corbata.)

 

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