Archivo mensual: octubre 2011

Síntesis superadora

Hace un año, escribía:

¿Qué es “el proyecto”? Elegir, más que nada.  Elecciones binarias, casi siempre. A quien privilegiar, de que lado del mostrador ponerse, para donde inclinar la balanza. Kirchner fue eso. No escribió 20 verdades, ni propuso una Comunidad Organizada. Tampoco deja un recorrido previsible de por donde seguir, qué transformar y cómo hacerlo. Pero la sombra de Néstor va a aparecer detrás de cada decisión, cuando alguien desde la presidencia tenga que definir quien gana y quien pierde.  Para nuestro orgullo, desde el 2003, el gobierno eligió innumerables veces a los débiles, a las víctimas, a los excluidos. No es un programa, pero es un rumbo, es un norte.

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¿Se terminó el kirchnerismo? ¿Empezó el kirchnerismo? Las voces, las imágenes, la plaza de ayer no parece el fin de algo. No parece.  Parece la confirmación brutal y triste de que algo al final se había soldado entre Kirchner y la gente, más de lo que pensábamos nosotros mismos. Si en el Luna Park se había congregado un anillo de militancia joven, ayer se le sumaron varios anillos externos más. Pero tal vez sea, también,  la entrada final del kirchnerismo en el peronismo: veo a cinco tipos que llevan por el corredor de acceso, sobre sus hombros, una Virgen con fotos de Kirchner pegadas a los costados. O el santiagueño de cara curtida que cuenta que hizo 800 km para estar ahí. Y la marea de gente, que no paró de llegar. No parece el fin de algo, no parece.

Hoy:

No me gusta la palabra “mito”. Vino y vendrá cierto sofocón evocativo, en algún punto inevitable y lógico. Pero en medio de eso no habría que perder el eje: la relevancia de su figura está atada a lo que hizo en el momento en que tuvo que jugarse. Se me hace un poco inútil el rastreo detectivesco para encontrar el Néstor de 2003 en la gobernación de Santa Cruz, en la intendencia de Río Gallegos o incluso en los setenta. No porque no haya lazos, continuidades que expliquen su biografía, es obvio que sí, una persona es su recorrido. Pero me parece secundario. Era un pibe más de la JP o un gobernador como muchos otros en los noventa. Casi no fue presidente y un ejercicio contrafáctico pero tentadoramente sencillo diría que era muy poco probable que hubiese tenido una oportunidad similar en el 2007. Entonces: lo realmente excepcional fue lo que pensó y lo que hizo cuando millones de circunstancias lo pusieron a jugar con bastón en la mano, mientras Cristina lo miraba y se reía, nerviosa, un poco feliz, incrédula de que hubiera llegado. Hubo siempre algo que me sorprendía cuando hablaba. Dos cosas, en verdad. Decía: “los que ocupamos el poder circunstancialmente…” y “las verdades relativas de cada uno para llegar a una síntesis superadora”. Son textuales, o casi. Yo estaba, confieso,  siempre en la disyuntiva de creerle o no. O sea: le creía, me dejaba convencer, pero en algún lugar pensaba que era contradictorio con un liderazgo populista (y no hay nada que hacer, la palabra me sigue sonando gorila). Ahora me parecen parte de un repertorio teórico insustituible del kirchnerismo. Es horrible que la muerte enseñe cosas. Kirchner un día no estuvo más y lo “circunstancial del poder” se volvió un hecho. La posibilidad de una “síntesis superadora” iba a tardar un poco más, prácticamente un año, cuando una presidenta desde la Plaza de Mayo habló de “unidad nacional” después de sacar el 54%. Pero justamente, porque todo poder es circunstancial, también habló de organizarse, de construir, de participar. Y en ese camino habrá que intentar seguir construyendo otras síntesis superadoras, que se miden siempre desde el punto anterior: así como Néstor tenía detrás al 2001, a la sociedad desarmada, a los reclamos desarticulados, Cristina viene armando otra síntesis, hija de los logros de la anterior, donde están los “privilegiados del modelo”, y los que todavía tienen que entrar. Los trabajadores en blanco y los que cobran la AUH, digamos. La síntesis no se trata de juntar el agua con el aceite, ni hacer lo acuerdos repúblico-cívicos que por suerte ya ni se piden. Se trata de juntar a los que necesitás para poder avanzar. Cuantos más juntes, más vas a poder avanzar, siempre cuando se mantenga la conducción  y algunos límites en las alianzas. Límites. Filos. Néstor. Ahí, justo ahí. Para hacer la síntesis-circunstancial, hay que pararse en el lugar más incómodo. La única manera de seguir aprendiendo de alguien que se fue es estudiarlo un poco.

Ayer en Comodoro Py, se comenzó a cerrar el círculo que abrimos en la ESMA, en el 2004, cuando el kirchnerismo recién despuntaba. En la calle eramos menos, la verdad. Pero eso sería entender mal las cosas. Se logró que muchos hijos de puta no puedan estar más afuera, y si en el 2004 entramos un poco de prepo en el teatro del horror, donde había algo de sana revancha, ayer, prolijamente, los sentamos, les pusimos cámaras de televisión, le nombramos a las víctimas y les dimos condena. Tres jueces de la Nación, uno en disidencia. Néstor, nosotros. Síntesis superadora.

Yo también: http://bit.ly/vPAwam

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El acertijo

¿Cómo se hace para traducir una gestión de gobierno compleja, confrontativa, llena de grises, de relatos, de “tradiciones que vienen de lejos”, de ausencias, de logros, de temas pendientes, de ocho años seguidos a pura locomotora? ¿Cómo se hace para articular una idea de país, cómo para bajar los conceptos del atril , cómo para explicar el modelo de “crecimiento con inclusión” sin cuadros gráficos, ni números del INDEC?

Mostrás los resultados mostrando a la gente a la que le sirvió todo eso.

Era fácil, muy fácil. Para hacerla difícil tenemos todo lo otro.

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uno, dos, tres, muchos kirchnerismos

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Cerebros en remojo

Es como estar mirando los últimos 15 minutos de un partido que va 5 a 0. Los que van ganando, ya vienen festejando de hace rato y hasta el entusiasmo se disipa un poco. Ya vendrá el momento de euforia con el pitazo final, y después…ir corriendo a ver con quién toca la próxima fecha, revisar la tabla, pensar cómo va a formar el equipo el otro fin de semana. Los que van perdiendo hace rato que dejaron de mirar la jugada, todos son horribles, ése que parecía una promesa le falta banco, y el conductor definitivamente es un pecho frío que le roba un sueldo al club. El momento de shock pasó con el tercer gol, ahora queda una tristeza bajoneante pero sin histeria.

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La Nación pega un volantazo, Clarín es un Titanic. Perfil incomoda más, mirando el reverso material de la épica de la Ley de Medios.

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Hay una pregunta flotando en el aire: ¿cuánto va a cambiar el sistema político después del 23 de octubre? Hay un problema de dimensionamiento, de espejo deformante en los números de la elección: ninguno de los candidatos opositores que se presentan van a ser la oposición fundamental de cara al 2015. El Gran Ausente mira desde la ciudadela de cristal el cortejo fúnebre de la diáspora opositora: Macri sabe que la disputa por el liderazgo no K es un picnic. ¿Habrá una guerra de colores? Amarillo vs. Naranja. Las posibles herencias “por derecha”  van a ser las niñas mimadas de los medios. Supongamos: TN de amarrillo, C5N de naranja.

¿Y por casa cómo andamos? La nota de Brienza sobre la CGT  salpica sobre una tensión no resuelta, que viene dando sus puntadas desde hace un tiempo. Peeero. El pedido de lealtad es complicado, no por pruritos demo progresistas, sino porque pide reforzar algo que ya está soldado a fuego: la legitimidad de la conducción política del kirchnerismo por sobre cualquier otro actor dentro del peronismo. ¿Hay que angostar todavía más las formas de ser oficialista? En todo caso, la cuestión pasa  por lograr que el Estado siga aumentado su margen de maniobra respecto a las corporaciones (empresarias, sindicales, etc.), es decir, seguir construyendo su “autonomía relativa” y en ese sentido ojalá vengan discusiones interesantes como el manejo de las obras sociales, la política de transporte o un debate sobre lo que hay adentro del fifty -fifty. Todas cuestiones que hacen ruido en las oficinas gremiales, obviamente. Pero que mientras queden debajo de la alfombra es un déficit, también, de gestión. Lo que molesta, lo que no deja de zumbar en los pedidos de disciplinamiento, es que al gobierno no le sobran sectores sociales organizados. Más bien lo contrario. La CGT es un eslabón de la era “moderna” en medio de la revolución posmoderna de los colores amarrillos y naranjas. No gana elecciones, pero tampoco vive y muere en cada una de ella. Y si su “salto” a lo político tiene que ver con cierta metamorfosis interna que deberá hacer cuándo y cómo quiera, su derecho al pataleo está ganado en otro lado, en ser una de las pocas organizaciones que funcionan como correa de trasmisión -no mediática, sujeta, anclada, real- entre el “abajo” y el “arriba”.

¿Dónde están las preguntas nuevas? ¿Qué hacemos con la invitación a entrar al “futuro”? Ahí hay una ventana abierta. Hubo un cambio de piel: si el impulso transformador de los primeros años tuvo que ver con “saldar las deudas”, el 2011-2015 tendría que tener una adrenalina más fresca, un poco la metáfora de Tecnópolis, el invento argentino. La plataforma de lo creado para  romper todo y arrancar de nuevo. ¿Discutir el sistema parlamentario y la reelección? Las energías de la mitad más uno no pueden acabarse ahí. Prefiero que Cristina sea Lula y no Felipe González. Que sea la “garantía” desde afuera y no la esclava de su propio imperio. Eso, además, sería inventar. Sería mejorar al peronismo. Ahora: la política no puede quedarse en discutir a la política, tiene que volver a interpelar a lo que pase afuera de ella. ¿Qué pasa afuera? ¿Qué no entró en la agenda? ¿Cómo se hace para que tengan voz los que siguen viendo la fiesta del consumo del otro lado del vidrio? ¿Y a los que están adentro? Claudia y Marcos, de la gran saga del Banco Galicia, son los jóvenes que no entran a la política, pero que son, sin dudas, el símbolo del triunfo de estos años. ¿Qué les vamos a decir a Claudia y Marcos? Hay que quemar esas cabezas, en el buen sentido. Hay que pensar el “proyecto” con ellos, contra ellos, por ellos, a pesar de ellos. Meter política en esa ingesta de mercado desenfrenado. Claudia y Marcos crean más sentido común que todos los editoriales del domingo juntos. Ahí hay una “batalla cultural”, mucho más difícil de ganar que la otra. Muuucho.

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