Nada será igual

Los dos datos centrales que vienen cristalizándose desde las PASO tienen mucho de novedad: un gobierno mayoritario en sentido electoral estricto y un tusnami opositor que podría cambiar no sólo las caras de algunos liderazgos, sino la matriz de cómo hacer política desde la vereda de enfrente.

A diferencia de las elecciones de 2007, donde aparecía poco claro el marco de acción futuro, el gobierno tiene ahora un recorrido detrás suyo que estrecha (para bien) su margen de maniobra. El conjunto de medidas que tomó desde ese momento -en verdad desde la crisis internacional y la pelea con los empresarios rurales- lo terminó de ubicar en un lugar más preciso que nunca: la inclusión social a partir de la ampliación de  derechos. Las épicas batallas culturales o materiales tuvieron en general una traducción más modesta que sus enunciados, pero indudablemente fueron en aquella dirección. La convicción del gobierno se sostiene sobre que es ése rumbo y no otro el que lo puso donde está. Es algo que ahora es visto como constitutivo del kirchnerismo, pero que en verdad se plasmó con claridad cuando después de la derrota de 2009 se privilegió una lectura que en ese momento sonaba quijotesca: nos piden profundizar. La novedad respecto a eso es que si en octubre los números se repiten, el gobierno tendrá, por primera vez, una legitimación electoral para esa profundización. No es poca cosa.

Si García Linera fuera un analista político argentino, tal vez traduciría esta situación con su esquema de puja por el control del Estado, donde en un determinado momento, el “empate catastrófico” es superado por la victoria política de una de las partes, y de ahí en más, se produce la consolidación de un perfil estatal determinado y el desplazamiento por un largo plazo de los grupos que lo habían conducido hasta ese momento. Esa puja existió, con distintas intensidades, desde el editorial de Escribano del 15 de mayo de 2003, pasando por el quiebre con Duhalde en el 2005, el conflicto campestre de 2008, las elecciones de 2009,  el enfrentamiento con Clarín, la pelea por las reservas en el verano de 2010, etc. La muerte de Néstor marcó un primer balance de todo ese recorrido, dónde se empezaba a vislumbrar un resultado no positivo para la oposición política y social. Las PASO funcionaron como una primera ratificación electoral. Las de octubre podrían ser un punto de inflexión, que obligue a repensar la ubicación de todos los actores.

Acá es donde cobra sentido la particular debacle opositora: si la derrota fue para todos, los que parecen haber quedado más dañados son los que se dejaron conducir por los grupos económicos más exaltados. Poco importan las identidades políticas de origen, sí la adopción del discurso de algunos medios y de las entidades agrarias como plataforma de campaña propia. Si las elecciones que vienen provocan esa consolidación del proyecto de Estado que representa el kirchnerismo, el debate  tendrá por fin que partir desde ese punto en adelante, tomando a estos ocho años como un dato histórico a asumir. Se quiera o no.

Es algo bastante lógico, pero que hasta ahora había sido resistido: más allá de la 125, el planteamiento profundo de la rebelión sojera pretendía discutir las retenciones de…2002. La desaparición política de Carrió también esfumó la propuesta de eliminar ese ingreso del Estado. Es otro signo de lo que puede estar cambiando. Ni que hablar de las apuestas más arriesgadas del duhaldismo de retroceder en cuestiones como los juicios a las violaciones a los derechos humanos. Incluso la gran divisoria de aguas de la Ley de Medios parece haber sido superada y su sanción es entendida por casi todos como parte de un paisaje ya no modificable.

En definitiva, el cambio de la oposición puede decirse que consistiría en pasar del antikirchnerismo al poskirchnerismo. La diferencia es que si para el primero la tarea es vencerlo negándole toda virtud, pensarlo como error histórico, como accidente indeseado, el poskichnerismo (que podrá ser macrista o podrá ser binnerista) es una oposición que está obligada a pensar al Estado, metafóricamente, después de Tecnópolis. Después de las computadoras de Conectar Igualdad, después de la “normalidad” de las paritarias, o después de asumir a la región como nuestro lugar en el mundo, entre otros mojones que se podrían nombrar. Ese poskirchnerismo se puede hacer por derecha o por izquierda, e incluso por dentro del peronismo. Por todo esto pareciera lógico que Macri, Binner y algunos gobernadores con ambiciones y cierta distancia respecto a Cristina, sean los jugadores futuros.

Del lado del gobierno las cosas están claras, aunque la meta es compleja: seguir siendo vanguardia en el ciclo político más largo de la historia moderna y a la vez, aceitar un recambio generacional y político sin que la sangre llegue al río. Algunas veces se intentó y nunca se pudo. Por eso vale la pena probar de nuevo.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Nada será igual

  1. Pingback: Nada será igual (via Acquaforte) | La primavera de los pueblos

  2. Lo que decís se ve muy convincente, pero la pregunta que me surge es en que terreno se va a dar la disputa política?
    Por que quedó claro que para entrarle al kirchnerismo, no basta con las declaraciones mediáticas, salvo que se manden mocos grandes, cosa que por ahora no sucede.
    Y al Kirchnerismo, para seguir siendo vanguardia, le alcanzará con el apoyo popular no organizado?

  3. muy buena nota, algo similar opinaba yo desde hace un tiempo. No soy de los que creen que en el mapa politico de un país haya lugar para un abanico amplio de ideologías. Eso no pasa en ningún país del mundo. Perón decía que los ingleses elegían entre las lineas internas de derecha e izquierda de un mismo partido, y que los yanquis habian mejorado eso, elegian entre dos lineas internas de derecha. Cada país elige entre opciones que están en un “ancho de banda” político determinado por la idiosincrasia, la historia y la cultura de su pueblo. La victoria del modelo kirchnerista en el país, si se da (y esto va más allá de octubre), coloca ese ancho de banda del centro a la izquierda, y dejaría poco margen para opciones muy a la derecha.
    Felicitaciones por la nota

  4. El recambio generacional ya está en acto, y a esta idea la confirman las declaraciones de Cristina cuando dice que el proyecto no puede depender de una persona, que hoy está y mañana puede no estar. Los nuevos directores en empresas del estado y en institutos y organismos públicos (el ejemplo más reciente son los docentes invitados en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación hablan claro sobre una estrategia a futuro. La Derecha ya lo percibe, por eso los alarmadas columnas de la Tribuna de Doctrina, por ejemplo, ésta: http://www.lanacion.com.ar/1406927-la-campora-gana-peso-en-la-escuela-de-diplomaticos. Un post muy acertado el tuyo, lo comparto plenamente.

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