Archivo mensual: agosto 2011

Oposiciones al diván

El pulso del momento político lo está dando la dificultad pasmosa de la oposición para pensarse a sí misma, para estructurar un discurso de devolución a las urnas de las PASO. No es fácil, porque han entrado en silencio reflexivo sus usinas de alimentación política, los editorialistas y medios masivos.

Seamos optimistas, puede ser que estemos frente a un proceso sui generis de “sustitución de importaciones”, y los políticos opositores no les quede más remedio que fabricar sus propias ideas y estrategias.

Una primera, muy hija de la derrota -pero coherente- es la redefinición de octubre como una elección “legislativa”.  No está mal, y si bien tiene algo de mal jugador agitar una potencial hegemonía en Diputados que no puede ser tal (salvo que el kirchnerismo saque a nivel nacional el mismo porcentaje que en Santiago del Estero) tiene su productividad electoral. O sea, jugar con la idea de “Cristina ya ganó”, si bien por un lado vuelve un poco superfluo los esfuerzos de los candidatos presidenciales opositores, puede hacer que algunos potenciales votantes del oficialismo jueguen a la Gran República y voten por el equilibrio, la concertación y el debate parlamentario. Puede ser. Una virtud que tiene esta estrategia es que, oh sorpresa, parece dictada por la necesidad de supervivencia de las estructuras políticas, antes que por los intereses de la corporación mediática. El todo o nada, el “júntense como sea”, no respondía a la necesidad o convicción de ninguna fuerza opositora, sino a la desesperación corporativa por sacar al kirchnerismo del sillón presidencial. El resto (o sea, el cómo, el quién, y la gobernabilidad futura) era una cuestión secundaria. Así, el nuevo gradualismo opositor parece más cercano a lo que debería ser el juego político de una democracia liberal: partidos disputando espacios de poder institucional.

Se trata, como mucho, de una estrategia para dos meses, y tiene el costo adicional de sacrificar a los actuales candidatos a presidente, de cara a los liderazgos para el 2015. Habría como cierta “carriorización” de Alfonsín y Duhalde, limitados a secundar a sus listas de diputados, senadores y gobernadores, a costa de eclipsar su propio protagonismo, tal de forma definitiva.

¿Quién está pensando, en serio, en el 2015? Nuestro enemigo favorito, Macri, al que le poníamos las fichas para este 2011, pero nos dejó con las ganas. Con el doble manto del 67% de votos y el apoyo mediático se puede dar el lujo de irse a un crucero sin que nadie se espante.

Pero esa tilinguería no se traslada al discurso y reacciones de sus laderos, al contrario. La nota de Esteban Bullrich,  en Página 12 es sencillamente perfecta. Como también lo fueron las declaraciones de otros macristas como Cristian Ritondo o…De Narváez, circunstancialmente preso de un error de cálculo electoral que lo mantiene (por poco tiempo) lejos de sus socios políticos ideológicamente más cercanos.

¿Cuál es el mérito? ¿Cuál es la diferencia con las otras oposiciones? Que piensan al país desde la experiencia kirchnerista. Elemental, pero difícil de encontrar en los toldos radicales, progresistas o duhaldistas. En todos ellos está latente la idea de error histórico, de accidente contra natura del kirchnerismo, y por lo tanto la futilidad por comprenderlo, por darle entidad a sus políticas públicas, a su recorrido económico.

Por eso Esteban Bullrich publica en Página 12, por eso juega con la columna de Páez. Porque sabe que la tiene que pelear desde el terreno de los otros (o sea, del nuestro) para poder transformarse en opción. Porque el kirchnerismo, mal o bien, existió durante 8 años y muy probablemente lo haga durante doce. Porque la explicación más sencilla y más real es que su validación plebiscitaria hunde sus razones en políticas económicas y sociales y no en hegemonías culturales oscurantistas o goebeblianas, ni en destrozos institucionales más imaginarios que concretos. Si Durán Barba tuvo la intuición del apostador que sabe que tenía las de perder en esta vuelta, las segundas líneas macristas empiezan a desplegar un discurso pos kirchnerismo que sabe que no puede hacerse desde la negación del segundo término del concepto, sino que debe encontrar una forma de incorporarlo, al menos parcialmente, para neutralizarlo.

De Narváez se dio cuenta de eso mismo y también direccionó ahí las nuevas palabras: “estoy de acuerdo con muchas cosas de este gobierno”, reza ahora donde puede.

Por el contrario, los otros dos pequeños opositores emprendieron una campaña desde el enojo: el duhaldismo denunciando al kirchnerismo como una infiltración de la verdadera doctrina justicialista, el alfonsinismo esclareciendo a la población que el gobierno no es, en verdad, progresista. Ambas son batallas perdidas, la experiencia kirchnerista se estructuró sobre esas dos identidades y el conjunto de fuerzas sociales, culturales y económicas  de la Argentina lo reconocen en uno o en ambos universos de representación.

Por eso parece lógico que una respuesta más efectiva venga desde un campo conceptual distinto, que no le dispute  al kirchnerismo lo que esté ya ganó, tal vez de forma definitiva. El macrismo y sus adhesiones posibles, cosechan mejores resultados en el terreno de la desideologización y la despolitización, reconociéndose posible sólo como capítulo posterior de estos años de lucha en el barro. Sin negar lo que representa el kirchnerismo, simplemente diciendo: “¿ok, ya estamos no?” Ahí también está la debilidad de los globos amarillos: les queda una espera paciente hasta que la sociedad responda que sí, que ya está bien, que venga la administración sin política.

11 comentarios

Archivado bajo General

La mitad mas uno

Son horas un poco shockeantes, el aluvión de votos fue tan grande que dan ganas de no pensar mucho, de aflojar el enrosque analítico, de dejarse llevar un poco. Pero nos encolumnamos: Cristina nos pidió “humildad”, se centró en destacar los cambios en el sistema político antes que hablar de las “letras del molde” y como si fuera poco empezó a usar la nueva legitimidad electoral para pedir por la ley de tierras.

….

Pasar la barrera del 50% es lo que termina de desbaratar el escenario (de todos) previo a las elecciones. El kichnerismo no ya es una primera minoría, sino una mayoría. ¿Es así? No hay mucho para discutir electoralmente hablando, aunque en términos políticos, el kirchnerismo sigue y seguirá siendo un animal extraño. Cada vez más peronizado pero también con atributos que le son propios, con interpelaciones más diversas, con una épica de la militancia, con intenciones de profundización y politización. O sea: el triunfo de ayer no supone la kirchnerización del país, sino que el gobierno y el kirchnerismo (un núcleo político pequeño pero enorme en comparación con las demás estructuras políticas) lograron que una mayoría los vote. Es una obviedad, pero entender esa dualidad es el dato esencial para no cometer el error de pensar que la asfixia del microclima se volvió sentido común hegemónico.

….

Ayer salió todo bien. Además del caudal oficial, el nivel histórico de votación desarmó cualquier estrategia de presentar a las PASO como una artimaña politiquera de espaldas a los intereses de la sociedad. al un nivel mínimo de politización social: los argentinos votan. La imposición de Cristina en todos los territorios, salvo el Estado Libre Asociado de San Luis relativiza la “conurbanización” supuesta del kirchnerismo. Junto a eso, la tesis de la representación segmentada (ciudades civilizadas/barbarie del interior y conurbano) quedó machucada, aunque no tanto como Carrió, quien fue su autora intelectual desde el 2007. Como frutilla del postre, la dependencia al sciolismo se mostró, al menos, no crítica. Cristina sacó unos cuantos votos más que Daniel (4.100.000 votos para ella, 3.200.000 para él, aunque en el conteo hay todavía una pequeña diferencia de lo escrutado para una y otra categoría).

….

Al mismo tiempo: Scioli no es Macri. Cuando salió a hablar no bailó, no despolitizó, ni quiso maximizar un rédito personal, que obviamente tiene más que ganado. Se pareció mucho más a un político tradicional: remarcó su encuadramiento político nacional, recordó a Balestrini y a Néstor, habló de la gestión y las obras que, entiende, son las cosas que lo pusieron donde está. Además, tiene la cintura para sortear el “fuego amigo”: lo convoca, nombrándolo, a Ishii, y hace lo mismo con Mariotto. La circunstancias no lo obligaban, hay que agregar. Si los resultados se repitieran tal cual el 23 de octubre, quedarían dos realidades expuestas: Scioli como un heredero posible (probable) de Cristina, y el kirchnerismo como un contigente político más o menos articulado, pero insoslayable como parte de un sistema de alianzas para seguir en el gobierno después del 2015. Scioli no es Macri. Scioli es, al menos por ahora, una traducción posible del sentido común oficialista. La contracara de la mierda oficialista y la minoría intensa. ¿Contracara?, me pongo sciolista: el complemento.

….

Macri-Durán Barba la pegaron. La pequeñez de los liderazgos opositores no llega a contaminar las orillas del PRO, que logró preservar a su referente y darle un triunfo político desde el cual reconstituir un armado opositor de cara al 2015. A pesar de los pesares Macri es el núcleo desde el cual pensar la oposición de ahora en más. Y nos seguimos encolumnando: fue el único dirigente opositor al que Cristina se dirigió después de la elección, reconociéndolo (y no reconociendo a los demás) como un interlocutor válido de cara al futuro.

….

¿Quién es el mariscal de la hiper derrota opositora? ¿Los dirigentes políticos, los medios, los dos? Un futuro probable es que TN no desaparezca, pero sí lo haga Carrió. Las tapas de Clarín seguirán -no derribando gobierno- pero sí marcando buena parte de la agenda, más dudoso es que Ricardo Alfonsín o Pino Solanas sean figuras descollantes después de octubre. La “corpo” y la “opo”, no son lo mismo, tienen intereses diferenciados y formas de legimitación también distintas. El problema es que los políticos, desde la 125 para acá, perdieron cualquier terreno de autonomía, fueron “hablados” por y desde los medios, quedaron a merced de estrategias (a veces ganadoras, a veces perdedoras) construidas sin su participación. En ese sentido, otra vez Macri: sus votos unidos a una territorialidad concreta le permite poner a  su alianza con Clarín donde debe estar, como una connveniencia mutua de protección política, muy lejos de la situación de rehenes mediáticos que ostentan los demás.

….

¿Qué vamos a hacer hacia “adentro”? ¿La avalancha de votos va a servir para ratificar las convicciones, para convencernos de una vez y para siempre que teníamos la razón en todo? ¿Nos blindamos frente a las críticas? Es tentador: ante cada atisbo de duda, le abrimos la manito al gorila liberal, mostrando los cinco dedos: “¿te enteraste papá? ¡50%!”.

Otra vez, nos encolumnamos: “…especialmente a los jóvenes, a esos cientos de miles de jóvenes que se han incorporaron con tanta fuerza y con tanta fe a la política. Quiero también convocarlos a redoblar el esfuerzo, con mucha humildad. Yo les pido como compañera de todos ustedes, como compañera de todas las luchas, más humildad que nunca. Más humildad que nunca. Más trabajo que nunca. Este acompañamiento de la sociedad es un reconocimiento al trabajo, al esfuerzo, a lo que hemos hecho en estos 8 años, pero por sobre todas las cosas, como dijo Amado el otro día en el Coliseo, también es por lo que viene, por lo que fatal hacer, por todo lo que queda por hacer. Y en eso que queda por hacer yo quiero hacer una gran convocatoria a todos los argentinos y a todas las fuerzas políticas porque el mundo es un gran tembladeral…

¿Está más o menos claro, no?

Una cosa más: todo muy lindo, pero ayer no se “eligió” a nadie. Ni siquiera a un concejal vecinal. Para eso faltan más de dos meses. Que no se nos escape la tortuga.

7 comentarios

Archivado bajo General

El sábado en Tecnópolis

 

Deja un comentario

Archivado bajo General

Chacho y la juventud

Desde el minuto 7, interesante lo que dice Chacho sobre la juventud kirchnerista en el programa de JPV y el compañero Escriba.

 

3 comentarios

Archivado bajo General

La teoría del doble comando

Hay un doble comando, pero como otras cosas por estos días, la pelota no está de este lado, sino en el contrario. ¿Cuál es el doble comando? Una oposición de dos cabezas. La primera, la usina ideológica, la bajada de línea, está inequívocamente monopolizada por algunos medios masivos (más no monopólicos, basta con eso). La segunda es la oposición legalmente constituida, ese archipiélago de dirigentes y cuasi partidos que ganan elecciones locales y se envalentonan con arrebatarle el premio mayor en octubre al FPV. Primera advertencia: ese doble comando está aceitado. Clarín, La Nación y el resto de satélites comunicacionales ponen la agenda, gritan y crispan, empujan los límites discursivos, emprenden las batallas duras sabiéndose poseedores de un capital que no vence con el plazo fijo de los políticos profesionales. Ellos -los medios- pase lo que pase en 2011 seguirán allí. Son parte del “mercado”, y como tales, no van a elecciones. Por eso pueden ser parte de la primera trinchera, aguantar los trapos cuando el kirchnerismo parecía Gardel y Le Pera y ahora, después de quedar un poco maltrechos desde la sanción de la Ley de Medios, van -lógicamente- por el contraataque. Lo que es notable, es que esa furiosidad, esa crispación, se corta abruptamente cuando se trata de pasarle la pelota al segundo comando. Ahí, los dirigentes opositores entendieron el juego donde tienen las de ganar: cero conflicto, mensajes tranquilizadores, buena onda, paz. Ese doble comando fue construyéndose lentamente, a las sombras de la recomposición de legitimidad del gobierno entre 2010 y 2011. El punto de quiebre fue, tal vez, la muerte de Néstor. Con un costo elevado en encuestas, los medios y los políticos opositores tragaron saliva y emprendieron la nueva estrategia. No era cuestión de repetir la unicidad al estilo Guidici/Clarín, que tan pobres resultados trajo. Ahora, en cambio, es mejor que unos ataquen para que otros puedan proponer la paz. Genialidad política mayúscula, tal vez no definida de antemano, ni siquiera por el nuevo ídolo de todos, Durán Barba. Seguramente más producto de la enseñanza práctica, de una división de tareas que se fue percibiendo como efectiva, y tuvo luego su traducción en votos (locales).

Por el contrario, desde el gobierno, se pega y se gestiona con un sólo puño. Cerrado, aguerrido, duro. El Jefe de Gabinete se encarga del funcionamiento de un Estado y a la vez batalla en los diarios mediante diatribas de opinión de dudosa efectividad. Es un ejemplo, hay miles. Lo conceptual es lo importante. El kirchnerismo se siente un todo, donde la división de tareas no existe, y se pide la misma responsabilidad y los mismos deberes para una campaña electoral  a 50 intelectuales inorgánicos reunidos en la Biblioteca Nacional que al candidato en cuestión, que termina respondiéndoles…. ¡a ellos! “Somos gobierno”, “somos batalla cultural”, “somos militancia”, “somos el pueblo”. Y no, todas esas cosas son cosas diferentes, con universos simbólicos y materiales diferenciados y, por ende, deberían ser parte de recetarios de acción también dispares.

Necesitamos el doble comando. De mínima. Si me apuran, diría que uno triple también va. O sea, manejar las capas de la cebolla, ser conscientes de los distintos niveles. Macri puso los globos de colores, y sus monosílabos discursivos, pero ni su gobierno ni su elección es reducible a la idea de “vacío”. También tuvo su militancia, su gestión de derecha, su ideología, su territorialidad. Y por ahí vamos arrimando el bochín a esa idea tan polisémica y por lo tanto sencilla de llevar a la confusión: la antipolítica. La antipolítica del PRO es su primera capa de cebolla, que le produce una efectividad en un momento preciso y sobre un electorado preciso. Pero tiene otras capas, desde ya. Sino, estaríamos hablando de gente inofensiva.

Y por eso, cuando desde estas orillas se critica la verticalidad mal entendida, se critica esa falta de capas diferenciadas. No se critica la conducción. Sí que la forma de esa conducción asuma modos de absorción todoterreno. Para seguir con el ejemplo de arriba: que a Alberto Fernández le conteste un Rafael Bielsa, ponele,  no el actual Jefe de Gabinete. ¿Se entiende? Que los jóvenes no sean el vocablo diario de los que hoy conducen, sino que estos últimos permitan el aire necesario para que esa juventud abra sus propias puertitas, se pegue sus propios palos y mida sus propias fuerzas. Doble comando, unos para cumplir ciertas tareas, otros…otras. No se trata de pegarle al árbol caído, pero no hay nada mejor que aprender de las derrotas: la campaña de Filmus tuvo su esquizofrenia cuando pasó del discurso hiperideologizado a los corazones y muñequitos tipo play móvil. ¿No hubiera sido más razonable dejar el primer discurso a la militancia de la ciudad, a los artistas, intelectuales y demás yerbas progresistas, mientras por arriba se construía un mensaje “para todos”? ¿No habría que pensar en un esquema similar de cara a octubre? El temor no es lo que se diga en 678, sino que eso sea todo lo que se diga. No podemos ser todos fanáticos. Los registros deben estar diferenciados. ¿Dónde está la diferencia con el doble comando opositor? Nada menos que en el contenido. El fin de ellos es la reconstitución del poder de las corporaciones, el del kirchnerismo su domesticación. Pero el gobierno debe gestionar y traducir a sencillo: Lula, durante ocho años, no habló para sus bases militantes. Y dijo más veces “un plato de comida” que “redistribución del ingreso”. Acá de nuevo, estamos en una sola capa de cebolla, la discursiva. Pero los problemas del lenguaje se tienen por problemas de conducta. Es como si el gobierno -que seguimos sosteniendo, aprende de sus errores y ahí tiene su as escondido- siguiera con la cabeza en el 2003, “cuando nadie nos creía”. Ya está. Creemos. En la medida que se pueda se tocarán intereses. Creemos. La dirección, el rumbo político no va a modificarse. Y en todo caso, el reforzamiento ideológico debe venir de la mano de la profundización concreta de la gestión. Su mera enunciación (se habló más de profundizar el modelo durante 2011 que nunca antes, cuando en verdad viene siendo un año moderado en ese sentido, con pocas medidas de alto impacto) se parece al llamado al lobo feroz. Algunos se asustan, otros se ceban. El gobierno, en ese negocio, no gana nada, porque no suma. Refuerza las identidades que unos y otros ya tienen. Algo que después no se arregla con un slogan que tenga la palabra “todos”.

Doble comando, capas de cebolla, conducción y conducidos con distintas tareas y distintos discursos.

24 comentarios

Archivado bajo General