Archivo mensual: julio 2011

Hay que volver a remarla

No queda otra. Es inevitable comerse el coco con el microclima molesto de estos días. La sobre lectura de las derrotas electorales seguirá hasta que pase el temblor capitalino y cordobés, cuanto menos. Es lo que hay. Sería bueno ver también que del otro lado están a un tris de entrar en el mismo triunfalismo con el que el kirchnerismo se atragantó desde hace un tiempo: la tapa del Clarín de hoy festejando una columna de opinión de otro diario escrita por un ex ministro de este gobierno no tiene nada que envidiarle al ombligismo de cualquier tapa de los diarios cumpas. Es el efecto péndulo, que ahora toca el otro extremo. En cuestión de días, los análisis opositores pasaron de la desazón por la invencibilidad de Cristina, a la vuelta del relato de “fin de régimen”. Tranquilidad. Las variables estructurales no se modificaron, los aliados no escaparon a los brazos de Duhalde, y los spots de Scioli prometen un efectismo similar al de “juntos venimos bien” de Mauricio. Las cosas no están en un lugar muy distinto al de unos meses atrás. En todo caso, es un momento para pensar el saldo 2009-2011: cierta desesperación por ver la ola replegarse tiene que ver con que nos acostumbramos a una marea en alza.  Sí es cierto que se están pagando los costos de haber puesto mucho en juego. El kirchnerismo al politizar, expone. Es algo un poco inevitable. Las Madres y las Abuelas pueden pasar a ser corruptas y perseguidoras de familias ejemplares. El Fútbol para Todos puede convertirse en un torneo incomprensible e injusto. O un juez de la Corte de la Democracia ser el dueño de una cadena de prostíbulos. Lo que es inevitable es, entonces, la exposición a que cada cosa sea materia de una disputa simbólica por ver cómo la mayoría termina procesando la transformación que empezó en el 2003. Eso no está ganado. Lo que es evitable es perder todas, y que efectivamente de cada ecuación el resultado no sea el que añora la bolsa de gatos opositora.

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Ciudadanía

3er programa del ciclo Consciente Colectivo, donde colaboré en los contenidos.

El viernes 22 a las 21:30, canal Encuentro emite “Consciente Colectivo”, un ciclo de 13 capítulos con la conducción de la periodista Julia Mengolini.

El programa recorre diferentes temáticas referidas al concepto de “ser nacional”, con el valioso aporte de Mengolini que reflexiona como ciudadana y propone abordar la relación entre los argentinos, su identidad y sus instituciones. A través de entrevistas a especialistas y académicos y breves encuestas callejeras, el ciclo recorre conceptos como estado, ciudadanía, democracia, representación, federalismo y demás cuestiones que hacen a la sociedad democrática en su conjunto

 

Capítulo 3: “Ciudadanía”

 

Este programa explora el concepto de ciudadanía, no sólo como una serie de obligaciones y derechos (humanos, civiles, políticos y sociales), sino como una responsabilidad civil. Como un ámbito de participación que excede la esfera individual y permite modificar los fundamentos mismos de la sociedad en que vivimos.

Entrevistados: Eugenio Zaffaroni, Ezequiel Adamovsky, Camilo Blajaquis, Alex Freyre, Hector Recalde

Repeticiones: Viernes 03:00 / Viernes 21:30 / Sábado 10:30  / Sábado 18:30 / Domingo 09:00 / Lunes 15:30

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Empezamos a sacar los votos de los sobres. 6, 7 y 8 votos seguidos para el PRO, lista completa. A los 15 minutos estaba claro que había una tendencia a la paliza que no se remontaba más. Ahí, inevitablemente, empezó a funcionar el razonamiento del “diario de lunes”. ¿Qué pasó? ¿No era que se peleaba la Capital? Había un comienzo de respuesta en las miradas compasivas del presidente de mesa y de la fiscal de PRO. El primero, un tipo de cuarenta y algo, profesional, con la vocación cívica y el interés político suficiente para presentarse puntal un domingo de invierno a las 7 de la mañana sabiendo que iba a terminar a las 9 de la noche. La fiscal de PRO, una jubilada que fue convencida por amigas, “y porque siempre me gusta hacer cosas nuevas”. Cuando íbamos por el sobre 50, y mi cara reflejaba ya cierta desazón, los dos me consuelan.  “No te preocupes, por ahí se remonta”, me dice la jubilada y fiscal de Macri. Ahí entendí que era el único que asumía el escrutinio como el final de una apuesta política, de un compromiso, etc. La gente, las mayorías, se parecen mucho más al presidente de mesa y a la jubilada que a mí. Es algo que sabía, que sabemos. Es algo que vale la pena recordarlo, más cuando el mensaje viene de piñazo. Porque la campaña de Capital estuvo, desde el vamos, subsumida en el clima de “nueva hegemonía kirchnerista”. Una pastillita que nos fuimos comiendo de a poco, que si primero tuvo el capítulo heroico del aguante, de la demostración de fuerzas, de la militancia, después de un tiempo fue releído desde el otro lado. Eso fue Sarlo. Y desde ese momento nuestro discurso, nuestra práctica comunicacional (elementos importantes en una campaña electoral) fue menos efectiva. Empezamos a creer lo que se decía de nosotros, algo que nunca es bueno.  El país, pero mucho menos la Ciudad, no se hizo kirchnerista. Sí que una mayoría importante a nivel nacional volvió a sintonizar con muchas medidas que se fueron tomando en este tiempo, y que Cristina viene logrando una conexión personal con la gente como nunca antes en su mandato. No es poco. Tampoco te convierte en Gardel.

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El impacto fue la cantidad de votos para Macri. 47% es prácticamente un plebiscito. Esa realidad, tan contundente, es la incognita política a develar. Si nos enfrascamos en las lecturas previas que teníamos del macrismo, en el tipo de críticas a su gestión y a sus modos, a su “cultura”, corremos el riesgo de hacer antimenemismo trasnochado. Una vuelta del “Yo no lo voté”, ronda en el aire de la decepción pos dominguera y es el reflejo político más torpe que se pueda tener.

El probablemente masivo voto cruzado, Macri para jefe de gobierno y Cristina para presidente en octubre, muestra una complejidad electoral que debería ser antídoto suficiente para no reducir los resultados del domingo a limitaciones ideológicas o de clase. Aun después de tanto conflicto, de tanta cancha marcada, queda un sector importante de personas que vive todo con menos dramatismo.

En ese sentido, la “nacionalización” de la campaña fue rara. Por un lado, se exageró lo que siempre fue obvio: Filmus es el candidato del gobierno nacional. Remarcar eso, simbólicamente, puede tener sentido, pero una vez que Macri había desistido de pelear las elecciones de octubre no había mucho margen para que los votantes sintieran que en la Ciudad se jugaba el proyecto de país, y las cosas concretas que están unidos a eso (economía, empleo, políticas de estado, etc).

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Hubo también un problema de caracterización de la gestión macrista. Pensarla como “fracasada”, como “pésima”, cerró los caminos para ver una interpelación política que, a pesar de todo, siguió funcionando. Se dio como un hecho algo que todavía hace falta instalar. ¿Cuáles eran las grandes razones que tenía el votante medio para sacar a Macri? UCEP y Fino Palacios son nichos de mercado electoral extremadamente pequeños. La situación de las escuelas públicas, lejos de ser ideal, tampoco convierte en verdad la rimbombante “las escuelas se caen abajo”. Macri no tuvo un cromañón, ni una 125. Barrenó las olas. La gestión de Macri se parece a otras de la Ciudad: intenta joder lo menos posible, pasar desapercibida y espera que el reconocimiento venga con esos aires: livianos. El macrismo hace poco, pero pide poco. Lo contrario del kirchnerismo que se sustenta en una gestión incómoda, inquieta, que se cuelga objetivos de máxima, que rompe las bolas, pero que por eso mismo necesita construir una lealtad más fuerte entre sus seguidores. No necesita sólo votantes, necesita convencer, dar vuelta ideas, politizar en fin.

Ganó Macri, mucho más de lo que perdió Filmus. De este lado del mostrador se podrían haber hecho mejor las cosas, puede ser. También es cierto que por primera vez se estructuró una militancia masiva de jóvenes, y se adquirió cierta territorialidad de la mano de las elecciones para comuneros. Toda una dinámica política nueva, con futuro, que puede ir construyendo un modelo de ciudad que vaya más allá de las consignas mainstream de subtes y desarrollo del sur.

Quedan más de dos semanas de campaña. Ganar tal vez no se pueda, pero descontar sí. Y sería importante. Sería un buen control de daños de cara al escenario que viene. La campaña debería cobrar cierta “autonomía”: no de su pertenencia política, de su referencia nacional, pero sí con relación a la agenda de debate. Imponer temas locales, explicarlos. Buscar a los heridos de la gestión, ponerle una cara a lo que “no hizo el macrismo”.

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Hoy estrenamos en Encuentro

El viernes 8 a las 21:30, canal Encuentro estrena “Consciente Colectivo”, un ciclo de 13 capítulos con la conducción de la periodista Julia Mengolini.

El programa recorre diferentes temáticas referidas al concepto de “ser nacional”, con el valioso aporte de Mengolini que reflexiona como ciudadana y propone abordar la relación entre los argentinos, su identidad y sus instituciones. A través de entrevistas a especialistas y académicos y breves encuestas callejeras, el ciclo recorre conceptos como estado, ciudadanía, democracia, representación, federalismo y demás cuestiones que hacen a la sociedad democrática en su conjunto

Capítulo 1: “Ser Argentino”

Este primer programa plantea el enigma del ser nacional, desde su construcción simbólica encarnada en la Generación del 80, hasta los clichés y estereotipos regionales de la actualidad. Además explora nuestras raíces étnicas y culturales, cuestionando la concepción eurocéntrica y autodenigratoria que aún subsiste entre nosotros y ponderando la diversidad como un verdadero rasgo distintivo de nuestra identidad.

Entrevistados: Ezequiel Adamovsky, Jorge Dorio, Carlos Catrileo.

Repeticiones: Viernes 03:00 / Viernes 21:30 / Sábado 10:30  / Sábado 18:30 / Domingo 09:00 / Lunes 15:30

Ficha Técnica:

Producción general

Benjamín Ávila

Maximiliano Dubois

Lorena Muñoz

Dirección general

Lorena Muñoz

Producción ejecutiva

Sebastián Carballido

Realización

Ezequiel Luka

Producción periodística

Graciela Dobal

Guion

Gabriel Bobillo

Contenidos

Federico Vázquez

Julia Mengolini

Montaje y musicalización

Rolando Rauwolf

Fotografía y cámara

Maximiliano Taricco

Asistente de producción

Marcia Seba

Manuel Canales

Coordinación de posproducción

Paula Ceballos

Asistente de edición

Valentín Gurrieri

Vanina Maslowski

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Chávez, Néstor, Cristina y los puentes generacionales

En el documental de Oliver Stone, “Al sur de la frontera”, Néstor Kirchner dice, sobre el final, “es lo que yo le digo siempre a Hugo también -con toda objetividad- yo tengo una gran relación con Chávez, es mi amigo, pero le digo: construí colectivamente. Vos tenés que tener diez candidatos a presidente, no podés ser el único. Vos te enfermás, te morís, y se terminó el proceso. Es creer que una sola persona puede ser la garantía…”.Es una frase que interpela profundamente a los procesos políticos de la región. Y particularmente, por estos días, al venezolano.
El jueves a la noche Chávez le comunicó al pueblo venezolano y al mundo que le fue extirpado un tumor cancerígeno. La noticia golpea emocional y políticamente entre todos los que le reconocen al líder venezolano un lugar central en la construcción de una nueva etapa histórica de la región. Pero también desnuda una realidad que Néstor traducía en clave de dilema político – práctico. Los procesos de cambio –y el nuestro no es una excepción, tan sólo una variante- tienen la debilidad de depender de liderazgos personalizados. Esto podría ser una crítica simplona de una columna de La Nación, invariablemente titulada “El peligro del caudillismo”. Pero las palabras de Kirchner, en el contexto inmediatamente anterior a su propia muerte, dan cuenta de otra complejidad. Aun teniendo la voluntad de que los proyectos se constituyan como movimientos colectivos, superadores de una dependencia personificada, la realidad se muestra más terca. En el caso del kirchnerismo, la presencia de Cristina funcionó como una versión apenas colegiada, dual, de ese problema del liderazgo sin reemplazo. Y aun así, todos sabemos los desafíos que el proyecto nacional va a tener para reconfigurarse en su liderazgo después de 2015.

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