Archivo mensual: abril 2011

¿Se divide el voto de derecha en la ciudad nomás?

Pino corta sus ramitas nacionales y se decidió por hacer campaña para Jefe de Gobierno. ¿Por qué hace eso Pino? Las decisiones que toma siempre parecen tener un retraso temporal grave: siguió viendo el 2001 en el 2005, cuando le empezó a dar forma a lo que sería Proyecto Sur, pensando que aún había lugar para un reset político que, en verdad, ya había ocurrido, salvo que no en las formas y modos que el hubiera querido. Tal vez confunda los procesos políticos con la edición de una película propia. Tampoco sorprende tanto: su primera experiencia política relevante, estuvo mezclada con el cine y Pino tuvo la posibilidad de editar el mensaje de Perón en “actualización doctrinaria” reforzando una lectura de la realidad que ya mostraba sus problemas. El mismo delay le sucedió después de 2009. Estuvo dos años creyendo y convenciendo de la necesidad imperiosa de ser el candidato a presidente de un gran frente anti bipartidista, envalentonado por la certeza de que el kirchnerismo era una etapa cerrada, y que él, además, juntaría los pedazos sueltos de esa demolición. Pongamos que pensar eso inmediatamente después de las elecciones del 2009 no era una locura. Pero desde hace un año -un año de política es mucho tiempo- eso ya había cambiado. Pero incluso sin ese cambio, lo que siempre le habilitó su 24% de la elección….legislativa, ejem, era pensar un salto hacía la conducción de la ciudad de Buenos Aires, no del país. La idea de Pino Presidente tuvo que ver con su imaginación de artista, en tanto nunca se efectivizó en ningún tejido de alianzas políticas, ni sociales, ni sindicales que pudiera dar margen para tamaña aventura. El problema es que ahora, producto en parte de estas tardanzas anteriores para comprender el mapa político, tampoco le va a ser sencillo reconstruirse como referente en la ciudad. ¿Por qué? Porque aún en sus sueños húmedos de poder, y aunque se cuidara de decirlo, sus bases electorales potenciales estaban en el estampida del voto kirchnerista. Esos votos tiene hoy una malla de acero, o casi, y hoy Pino no representa en el imaginario del votante mínimamente polítizado algo muy distinto a Carrió. Desideologizado, híper opositor y con contra slogans difíciles de tragar (“Me muero si me sacan Fibertel”, “las provincias pobres tienen una baja calidad de voto”, etc). La imagen se completa con la posibilidad de que sea Graciela Ocaña la candidata a vice, lo que termina de darle una cercanía de familia con relación a Lilita. Porque…¿como se imaginan una campaña de Solanas para Jefe de Gobierno, sino anclando con las dos patas en el manantial (que no fuente) de la honestidad y la transparencia? Más cuando las elecciones están desdobladas respecto a la nacional, limitando mucho el traspaso de discurso de un territorio a otro, y volcando la discusión sobre las tareas de gestión local. Más cuando el propio Lozano (que si algo sabe es acomodarse contra el viento) le aconseje no pegarle tanto al gobierno, menos a la Presidenta, que aún en la Ciudad tiene buena imagen. A todo esto, en términos prácticos, Lozano es el que sale más beneficiado del entuerto de candidatos. Canjea una candidatura a Jefe de Gobierno que tenía expectativas electorales casi trotskistas, por un primer puesto como diputado nacional, algo que seguro Poryecto Sur va a conseguir…a vos no te va tan mal gordito…

En fin, el voto de derecha se divide en la ciudad. Y la razón concreta de esto hay que buscarla en el comienzo del ovillo. ¿Dónde empiezan las condiciones de posibilidad de una candidatura con chances en la oposición? En los medios, más precisamente en Clarín, todavía más tratándose de la Ciudad, donde el peso cultural, simbólico y de ventas del diario es más fuerte. Ahora Clarín, que sostuvo y sostiene la gestión de Macri y que infló e inflará a Solanas, tiene la delicada tarea de buscar una forma en que esas dos candidaturas no se pisen, encuentren sus nichos particulares, y ambos el peguen más al gobierno nacional que entre sí. Porque, y esta es otra similitud entre estas dos candidaturas de derecha, el que gane (si gana alguno de los dos) se va a ganar el derecho a volver, con esos laureles, como candidato a presidente en agosto.

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tangos sí, libros también

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Lo que molesta es, fue y será el Estado

Está claro que no es la guita por los dividendos lo que le saca el sueño a los empresarios recientemente “colectivizados”. Hoy, Bonelli muestra las cartas de Siderar, con la esperanza de que corriendo ese velo aparecerá ante la vista de todos las formas del monstruo: “El Grupo Techint le ofreció a la ANSeS comprarle todas las acciones que el Estado tiene en Siderar y la propuesta fue rechazada por el gobierno de Cristina Fernández Kirchner. ”

-Tomá, ¿cuánto querés?, ¿2.871 millones de pesos? Ok, cobrate y… ¡salí!

Pongamos que es así, no sería nada extraño, el grupo (este sí que es un Grupo, una auténtica Corpo multitodo) también batalló “ideológicamente” por su empresa en Venezuela, pero ahí hay un problemón en serio con la seguridad jurídica y el pataleo no prosperó.

Habrá más de uno que se pregunte, ingenuamente o no, ¿y por qué el gobierno quiere retener esa acciones, y poner directores en empresas que son privadas? La respuesta, la que mejor encuentro, es sencilla. Porque este gobierno se piensa verdaderamente como un administrador político de un Estado. Y ese Estado está ante la disyuntiva de hacerse de unos cuantos millones de pesos cash (en un momento donde ese Estado no tiene problemas de caja…) o tener un lugar en algunas mesas empresarias donde se deciden variables tan sensibles como: inversión, inflación, salarios, impuestos. ¿Hay mucho que meditar cuál de los dos caminos es más conveniente a los intereses de ese Estado?

Pero el Estado jode. Siempre jodió. A veces nos enredamos en pensar que el odio al kirchnerismo viene por su política de derechos humanos, o por su acercamiento a Chávez, o por la Ley de Medios, o sus guiños setentistas, etc. Y la verdad que si bien esas cosas no ayudaron para que Néstor y Cristina sean los ídolos del establishment, lo que siempre molestó fue el aguijoneo constante para meter Estado (a veces una puntita, a veces hasta el fondo, a veces mejor, a veces peor, es otro tema) ahí donde no había.

Porque meter Estado, al menos en estas tierras, es meter política, meter debate y cuestionar el status quo. Y esa fórmula sencilla está muy bien aprendida por los grupos económicos. Mucho más que por nosotros. Esa claridad conceptual fue el origen del 55 y del 76. Y comprender eso es la mejor respuesta a las ideas, ya no molestas, más bien enanas, de gente como Caparrós. Tomás escribió un maravilloso post sobre los dichos livianos del escritor de La Voluntad. Y no es casual que su respuesta sea, también, estado-céntrica. Porque de eso se trata, de eso se trató siempre. Tal vez, intentado una vez más comprender que adjetivar, las posiciones caparrosistas tengan su error incial en este punto: a esta altura del partido, hay que terminar de saldar que la dictadura, como proyecto de clase y no como aventura militar, no tuvo a los militantes ni a las organizaciones armadas como su razón de ser. La ESMA fue el lugar más sangriento y salvaje, no el más relevante. Su razón de ser era modificar de cuajo la estructura productiva y las posibilidades del Estado de ejercer una dirección política de aquella. ¿Qué decíamos que viene a hacer el kirchnerismo? Bueno, ahí está el punto.  Ceferino Reato hace el mismo recorrido que Caparrós, acá, y pone como contrafigura de la militancia de hoy a Envar El Kadri, pero más exactamente a esta postura del “Cacho”: “Nosotros no vamos a ocupar ningún cargo ni nada. Nosotros no luchamos para tener un puesto ni estamos de acuerdo con este tipo de reparto de prebendas” .  Tengo mis dudas, mis serias dudas, de que esa frase y esa idea no haya sido parte de los errores estratégicos de aquella generación. Pero tengo la certeza de que hoy, en parte por la rabia de estas mismas notas, molestamos mucho más estando adentro, ocupando esos cargos, “luchando por un puesto”. Es el Estado, chabón.


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La defección no sabe de ideologías

Se bajó Das Neves, se bajó Cobos, se bajó (parece) Pino y hasta tal vez se baje (dios no lo permita) Macri. Si parecen elegidos a propósito,  uno de cada tribu. Hace unos días hablábamos de la defección opositora, de las dificultades que se presentan para que, por un lado, los partidos y fuerzas políticas vuelvan al centro de la escena, lugar que hoy ocupan opositores no partidarios. En segundo lugar, que no deslegitimen el juego democrático por la depresión que les provoca algunas encuestas o algunos resultados preliminares (“ganes o pierdas, competirás, el juego es sagrado” deberían tener grabado todos los partidos de la democracia).

Algunos pueden pensar que esto refuerza a cierto bipartidismo (FPV-UCR) o al famoso clivaje que soñara Néstor (centroizquierda-centroderecha, con una candidatura oficialista y otra de Macri), pero es demasiado pronto para que decante esa realidad calma chicha. Los signos, más que ordenadores apacibles de un sistema político que va para el lado de la estabilización, parecen mostrar lo se sospechaba: las oposiciones (con centro neurálgico en algunas corporaciones empresarias) no lograron en estos ocho años estructurar una alternativa del kirchnerismo. Alternativa que podría adoptar varias caras y caminos, pero que como condición lógica para su existencia debía tener, al menos, la capacidad de ubicar al kirchnerismo en el pasado. Eso no alcanza con que sea dicho, hay que ordenar ideas para eso. Que el kirchnerismo sea el pasado es la condición objetiva primera para que pueda ser superado electoralmente. La(s) oposició(nes) no aguantaron ni dos minutos en el ring del debate y prefirieron refugiarse en los sentidos comunes ya construidos. Algo así: siguieron viviendo del 2001 en el 2011, porque siguen pensando que la crisis de representación era un veto “a la política”. Habría que empezar a decir otra cosa del 2001 que ya no corre riesgo de confundirse con un quimérico asambleísmo barrial. 19 y 20, la gente no salió a quemar el Reichstag para que venga Hitler, no se cargó a ningún diputado, ni aplaudió la aparición de un “orden” represivo. Entre otras cosas, sí, quemó, saqueó y rompió símbolos del mercado: un super chino, o un banco internacional, depende lo que tuvo cada uno alcance. Se cargó, sí, cuando puedo, algún que otro policía. Los que simbólicamente, entonces, quedaron contra las cuerdas fueron el Estado policial y los ganadores económicos de los noventa. Hay un programa un tanto bizarro en el cable, que estaba en el 2002, y que ahora reapareció, o tal vez nunca se fue, no sé, pero recién volví a ver. “La hora de Maquiavelo”. Brutalmente pro empresario, el programa es un lamento por la inexistencia de un discurso de derecha con huevos. En el 2002, la línea era la preocupación por la caída del capitalismo argentino, un “¿y adónde vamos a parar con todo esto?”, “y dónde están los empresarios para explicar que el problema no es el modelo sino su aplicación, etc, etc”. Era como defender al comunismo cuando la gente estaba tirando el Muro de Berlín. Nueve años después el conductor aparece un poco más viejo, pero imperturbable en su editorial congelada: “no hay un discurso claro de los sectores empresarios, los políticos que deberían estar de este lado, no se animan a plantear algo que no sea populismo”. La hora de Maquiavelo tiene, en el título, la ironía suficiente para intentar respuestas más ingeniosas que las que se le ocurren al conductor. Pero desnuda el corazón del problema con la bestia kirchnerista: nueve años sin renovación del discurso, es mucho tiempo y decepciona a cualquiera. El resto de las luminarias de la economía opositora tampoco salen de los “cuatro, cinco temas en que todos debemos ponernos de acuerdo”: hay mucho gasto, hay inflación, esto va a estallar. Esperá sentado, entonces. Porque el modelo tiene sus fragilidades y problemas, pero tiene dos mandatos completos de crecimiento, transformación y conducción política. Esas tres cosas juntas obligan a replanteos mucho más profundos que lo que están dispuestos a hacer los opositores.

Desde este blog somos hinchas de la primera hora de Mauricio como cabeza de un espacio político de derecha, conservador y liberal en términos económicos. Pero su candidatura, o mejor, la posibilidad de existencia de un futuro para ese espacio es que pueda perder. O sea, que perder las elecciones nacionales no sea sinónimo de dejar de existir. Ahí entra de nuevo el problema de la representación. Es algo parecido a lo de Pino. Si es para sacar 10% me bajo. ¿Por qué? ¿En una democracia, no debería estar representado ese 10%? O el 20, o 30, o 40 de Macri. Lo que sea. El PRO sacó 25% en Salta, y es un tanto inexplicable que no hayan aprovechado eso. O que no puedan, objetivamente, aprovecharlo. La explicación, que puede ser rudimentaria, es que el comando político de las alianzas y posibilidades de liderazgo opositor no están en verdad en los dirigentes y sus cuasi partidos. Están en otro lado. Y a ese otro lado sólo le sirve ganar. Con el que sea, con el programa que sea y para lo que sea, pero ganar. Al otro lado no le sirve una construcción política de largo aliento, porque sus tiempos son más cortos y sus intereses constantes y sonantes. Y, si de jugar una carta estratégica se trata, mejor posicionar a Urtubey como nueva figura medio-casi-tal-vez-en-el-mejor-de-los-casos-ojalá, opositora. El olfato del neogorila Solanas (de esta, Pino, no se vuelve, del menosprecio de la voluntad popular no se vuelve, de la desnudez que significa creer que se puede decir cualquier cosa porque “yo defendí YPF”, tampoco, chau Pino) tiene oculto una racionalidad perfecta: cuando el verdadero polo opositor termine de convencerse de que mi candidatura no daña la reelección de Cristina, soy un material descartable y molesto. Eso pensó Pino, y por eso se cargó a Lozano y todavía más, a la artesanal pero existente militancia nacional de Proyecto Sur. Es un buen momento para invitar a los compañeros que quedan aún por ahí: esto no es el paraíso, pero no hay comparación. Al menos no se siente vergüenza.

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Humildad

La nota de JPF del domingo en Página fue comentada con gracia y agudeza acáacá. Ahora, ¿es un acto de soberbia individual de Feinmann? Bueno sí, además, sobran los ejemplos en los que el señor se pasa de la raya y pone su ego por delante de sus ideas, haciendo que éstas (en general interesantes y a veces geniales) se pierdan en un segundo plano, desdibujándose mientras el rostro del autor nos pega en nuestra propia jeta. Algo letal para cualquier obra. Sin embargo me parece que también hay, en esa nota, un síntoma de actualidad que escapa a José Pablo. Hay un momento, una coyuntura, que permite colar no ya esa nota, si no el libro entero. Ese síntoma se ve en otros lados del archipiélago kirchnerista. Esa falta de humildad es una mancha, hay que tener cuidado. Hay algo ahí que se disparó con la muerte de Néstor. Como si el faltante de su figura, antes que traducirse en los problemas que eran anunciados como verdades reveladas (“ahora no hay quien negocie”, “no hay quien haga política con cada intendente”, “no hay quien cierre listas”, y demás cuestiones que sólo achican los atributos del que se fue)  se haya traducido en un viva la pepa ombligista. Ahora vale todo. No, no. Humildad, que desde que se murió Néstor no ganamos nada. No sólo no ganamos ninguna elección, no ganamos nada. ¿Qué avance tuvimos, relevante, sustancial, en la gestión de gobierno? ¿En qué se profundizó? No es esto un pase de factura a Cristina ni a los que tienen responsabilidades en el Estado. Para ella y para el resto, aguantar la parada a cinco meses del 27 de octubre, es más de lo que se puede pedir a cualquier conducción. La humildad, de hecho, se presenta más ahí que en otros lugares. Se creció en la movilización y en la visibilización del kirchnerismo, sí. Pero en términos organizativos todavía se está lejos de poder contener ese flujo. Y de canalizarlo políticamente. Falta un montón. Ok, siempre va a faltar un montón, pero mientras la distancia entre el deseo y la realidad sea todavía enorme, mejor ser humildes. El gobierno y todos los que lo rodeamos fuimos siempre David y nunca Goliat. Seguimos ahí, chiquitos y con una honda casera. Enfrente los tanques están intacto, o casi. La última medición de fuerzas sociales en las calles, el último conflicto socio económico, la última lucha de clases, la ganaron ellos,  cuando el suelo fértil de la patria sojera sublevada puso un freno a la intervención estatal. El mercado conduce al Estado y no al revés, aunque uno le ponga mayúscula por prurito ideológico o sueño mesiánico. Tenerlo claro no debería desilusionar a nadie (y si es así, mejor, porque con un ejército de ilusos no vamos a ir muy lejos). Humildad: por cada pibe que se suma a militar hay cientos de pibes que están más cerca de su Indoamericano. Y para eso no tenemos todavía mucho que ofrecer. Por cada post que se escribe en un blog, hay un ejército de profesionales bien pagos y con prestigio social ganado que construyen el sentido común todos los santos días. Por cada logro en la gestión hay un montón de fracasos. En la Capital, un jubilado de clase media pide un decodificador para ver la televisión digital y a la semana lo tiene instalado. Del otro lado del puente La Noria, los cupos se “abren” y se “cierran”. No es culpa de nadie. Es tiempo, tiempo, tiempo. Por eso, en el medio, mejor ser humildes. De pronto hay muchos que creen haber, por fin -esta vez sí- “entender el peronismo”, y con esa nueva verdad revelada se apuran a emitir juicios lapidarios: “¿es Boudou, no te das cuenta? Si lo apoya la CGT yo lo banco a él y no al blandito de Filmus”, en general, dicho desde una conversión record desde el progresismo de la calle Independencia al peronismo de Azopardo. Y puede que tengan razón…o no. Si el peronismo es cierto respeto por esa “masa silenciosa” antes que por el activismo ideologizado, en la Capital ¿eso no está mejor representado por una candidatura más progre y gris, así sea en términos cuasi ibarristas? Vayamos por todo y hagamos las actualizaciones ideológicas que la realidad nos vaya pidiendo, también, nadie tiene la pelota atada en este momento, nadie tiene las cartas de navegación porque los marcos de referencia que se siguen usando son del pasado. Pero todo con humildad, sabiendo que los logros son parciales, frágiles aún, que para octubre falta una bocha, pero peor todavía: después de octubre va a faltar una bocha en serio. Mejor un horno que vaya calentando de a poquito, y no una tostadora donde se queme todo en cinco minutos. La muerte de Néstor trajo una crisis de crecimiento, casi inmediata. Y en esas crisis, el que se apura pierde. Hay que procesarla, llorarla un poco, darse ánimo, hasta manija, pero viendo el precipicio. Cuando pasa lo primero, nos sale Garré intentando construir política donde había silencio, o el equilibrio de la propia Cristina que parece entender todo en su medida y armoniosamente, cuando nos sale lo segundo aparece Conti y sus sueños de eternidad, o un paro-que-no-es-un-paro-pero-es-una-muestra-de-fuerza, etc. La diversidad de actores, desde arriba hasta abajo, y a todos los costados de la constelación k, hace que esto no sea un tema de “cúpulas”, todos podemos aportar en un sentido o en otro. Decir que se rompió la hegemonía mediática es confundir muchas voces -que las hay, por suerte, cada vez más- con muchas orejas. Hay que agarrar el dardo envenenado de Lanata: “La ley de medios es buena, pero está hecha en una universidad, se pueden crear muchos canales de televisión, pero crear gente que los vea es mucho más difícil”. ¿Ok, cómo se hace eso? Decir que el cambio iniciado en 2003 es irreversible, es desconocer dos cuestiones centrales: que su reversibilidad no está tanto en la posibilidad de perder la próxima elección, si no en las cabezas de la gente, todavía más cercanas a los sentidos noventistas de lo que nos gusta admitir, y donde la AHU no es un derecho ni una política de Estado, si no un “subsidio”, o un “regalo”, o una “limosna” para “que no laburen”. En segundo lugar, en los propios interrogantes no formulados que todavía bailan alrededor de eso que llamamos con cierta pompa “proyecto nacional”: ¿Cuándo podrá contener el debate por los recursos naturales? ¿Cuándo podrá contener el debate por el modelo de desarrollo productivo? ¿O el modelo de desarrollo de las provincias? ¿O el sistema de salud “desigual y combinado”?, etcéteras. La respuesta es que va a poder aparecer cuando lo podamos instalar quienes queremos eso. Y desde la soberbia no vamos a poder hacerlo, porque siempre vamos a sentir que “lo que se hizo es muchísimo”. Es bueno lo que dijo Mendieta el domingo en la charla: nos daba un poco de vergüenza estar ahí en ese espacio lleno de scalabrinis y jauretches. Y es cierto, y está bien sentir eso. Lo de Feinmann, aunque él mismo no lo sepa, aunque él no lo quiera, aunque él haya sido de los dubitativos en esos años, la marca está ahí, y es lo que hay que desaprender de la juventud de los setenta. Somos David, tenemos una honda casera, tratemos de tirar la piedra con puntería. Y con humildad. Mucha humildad.

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Programa para el domingo

¿Militancia bloguera? Ya hay polémica, eh. Bueno, ahí nos veremos con Mendieta, el Escriba, el Conu, y yo , que no tengo la suerte de tener un apodo….

 

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