Archivo mensual: marzo 2011

¿Se nos muere la soberanía?

Los bombardeos e invasiones suelen necesitar una poética. Esta vez la metáfora fue “Odisea del amanecer”. Hallazgo literario que encontraron Estados Unidos, Francia e Inglaterra para referirse a la violación del cielo libio y la destrucción de edificios, calles, puentes, instalaciones e infraestructura diversa y, a pesar del silencio mediático, vidas humanas. ¿Qué se terminará imponiendo en las cabezas de la gente? ¿La cuidadosa selección de palabras para llamar “intervención” a una invasión, “manifestantes” a hombres armados que buscan derrocar a un gobierno, “cambio democrático” a una aventura bélica para hacerse con unos cuantos millones de barriles de petróleo? ¿O, por el contrario, prevalecerán las imágenes de esas bombas cayendo, las de esos “rebeldes” que se parecen tanto a mercenarios armados fronteras afuera de su país? Tal vez, mirar más allá de las palabras sea la única precaria forma en que millones de despreocupados televidentes y lectores puedan evitar la trampa del lenguaje. Será, sin embargo, tarea de los europeos y norteamericanos construir sus propios 678 para pensar todo esto.

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Las fronteras de Hugo

El kirchnerismo estuvo ayer con el corazón en la boca, esperando esa bendita conferencia de prensa. Parece ya evidente que los verdaderos problemas políticos están hacia adentro, en el nudo de alianzas que este proceso supo tejer, donde por el propio carácter radial de conducción, cada jugador está obligado a medir su relación de fuerzas directamente con el centro, antes que con los demás aliados. Una lógica de funcionamiento que le otorga mucho margen de acción al núcleo conductor, pero que a la vez lo pone siempre en el foco del conflicto, sin posibilidades de actuar como “mediador”, en tanto que él es siempre una de las “partes”.

A diferencia de Fukushima, el gran Hugo demostró que sabe cómo enfriar una potencial explosión radioactiva, dejando al mismo tiempo escapar un poco de contaminación para que el mensaje de ayer -que va en muchas direcciones a la vez- llegue a todos los destinatarios.

Vamos a intentar pensar en eso:

1-El “enojo” de Moyano con algunos personajes fue punzante: Menem, Duhalde y “un señor colombiano” son los nuevos expulsados de la plaza del peronismo. Al igual que en el 74, el sujeto fundamental de ese movimiento político marca límites ideológicos y de construcción política. Los nuevos expulsados son los que ya han abrazado definitivamente el paradigma liberal (tanto en términos económicos, como simbólicos e ideológicos) y marchan a ser un furgón de cola de una derecha que, si tenemos suerte, se llamará por su propio nombre. Anotación relevante: es estrictamente un debate al interior del peronismo. El kirchnerismo hace rato había definido la exterioridad de ese sector político. Al menos desde 2005. Eso no quita relevancia al debate al interior del peronismo, al contrario, lo especifica. Ayer Moyano les dijo a los dirigentes del Peronismo Federal algo así como “que se saquen la camiseta”.

Entonces, lo que llamamos “proyecto nacional” (que vendría a ser la más grande de las muñecas rusas que adentro lleva a la muñeca-peronismo, a la muñeca-kirchnerismo y a la muñeca-progresismo) sigue buscando su rumbo, definiendo sus socios, delimitando sus enemistades. En ese sentido, la conferencia de Moyano es una contracara parcial al hormiguero tumultuoso de Huracán. Momento, no todo es “nunca menos” y “Cris pasión”, hay aún un proceso de conformación de ese proyecto que no está saldado. Que recién comienza. Donde el sindicalismo todavía no encontró un lugar definitivo. Ni siquiera un lugar cómodo. Con la salvedad -enorme- de que el tiempo actual permite soñar con una comunión de intereses y proyecto político antes que con una guerra interna.

2-El interrogante, entonces, sería: ¿Qué lugar quiere ocupar la CGT? ¿Qué lugar quieren los demás que ocupe la CGT en ese proyecto?  Algo que no se reduce solamente a la confección de listas para las elecciones (pero lo incluye, desde luego). Kirchner, en sus últimos tiempos, comenzó a utilizar la muletilla del fifty-fifty, tomando una expresión del, también, último Perón. Sin embargo asoma otro porcentaje, menos poético: el 33% del lugar en las listas que solía tener el movimiento obrero en el peronismo hasta los años 80. En ese sentido, el fifty-fifty es un gran horizonte económico programático, pero es impensable como realización concreta y real sin el otro. O sea, sin un traspaso de poder político hacía el sujeto social concretamente interesado en ese reparto de los ingresos.

La “hegemonía cultural” que nos relata Sarlo no es otra cosa que un movimiento dinámico, que sólo mostró las primeras señales de su condición de posibilidad. Haber ganado parcialmente la batalla cultural de los medios de comunicación, deja paso a la más básica y permanente de cualquier disputa de sentido: quién debe gobernar y para quién debe gobernarse. En cualquier proceso político verdaderamente reformista (que esconde siempre una veta revolucionaria, así sea siempre como potencia y nunca como acto) la cuestión de fondo será medida por el grado de profundidad con que ese proceso logra incorporar en la mesa de decisiones a actores sociales que estaban excluidos de ella. Pero eso, que es otra forma de nombrar a la canción moyanista de “un presidente trabajador”, tiene una contraparte insoslayable, que es que ese conglomerado social debe dar sus propias batallas políticas, culturales y simbólicas para salir del lugar de encapsulamiento en que el sindicalismo ha caído desde hace mucho tiempo. Esa es una tarea donde no alcanza con revolear a Perón y a Evita. Tampoco la amenaza difusa y autocelebratoria de “si lo tocan a Moyano, les paramos el país” que ayer cantaban los compañeros camioneros. Es algo mucho más difícil, donde para acumular políticamente es necesario incorporar parte de las necesidades y creencias que la sociedad -a la que se pretende gobernar- tiene en el presente. El sindicalismo tiene buenos reflejos para el abroquelamiento defensivo, no tanto para expandir su discurso y sus objetivos en sectores más vastos que los que ya controla.

3-El gobierno/kirchnerismo debe acompañar el proceso de conciencia social de la gente respecto al sindicalismo, que no es otra que el lugar que aún tiene -posmodernismo mediante- la clase trabajadora como parte de nuestra sociedad. Ese grado de conciencia respecto al gremialismo es bajísimo, producto del triunfo ideológico del liberalismo, hace más de treinta años. ¿Pueden los trabajadores aspirar a volver a ser columna vertebral sin, al menos, recomponer los lazos de representatividad con sus propias bases? Moyano tiene, en definitiva, el mismo problema que tuvo D´elia, cuando intentaba su salto a la política partidaria: no tiene asegurado el voto de sus sindicalizados.

La CGT viene procesando de una manera compleja, incomprensible para los que siempre vieron ahí un todo homogéneo de “gordos”, la crisis de representatividad general pos 2001. La crisis de los sindicatos fue y es paralela a la que tuvo (y, vale recordar, aún tiene) la política. Moyano mismo fue una expresión de eso con su MTA en los 90, y aún más decididamente la CTA por aquellos mismos años. Las barajas se sirvieron de manera inesperada un tiempo después, y la reconversión de la política, que fue abriéndose desde el 2003 fue mucho más errante en las sedes sindicales que en los despachos políticos. Por pura lógica del sistema democrático:  la purificación del voto en elecciones abiertas para elegir representantes políticos se vuelve mucho más mañosa en el ámbito obrero. Pero, aun así, ese proceso se fue dando. Si se tocó fondo en las grescas balísticas del segundo velatorio de Perón, de ahí en más se fueron produciendo acontecimientos relevantes que sólo  se pueden apreciar si se los agolpa como escenas consecutivas: el acercamiento entre los Hugos, la separación de los gordos barrionuevistas de la CGT oficial, la incorporación de un discurso respecto de los DDHH como forma de ir saldando por arriba el enfrentamiento de los 70 al interior del peronismo, la juventud sindical y la juventudes políticas kirchneristas dándose mutuos guiños de ser parte del mismo barco, el deslinde de la conducción cegetista respecto de la suerte de Pedraza, esquivando un no-lugar para un sindicalismo con pretensiones de poder político.

4- ¿se podrá?

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Perlas domingueras

Descubrimiento:

“¿Qué sucede, entonces, para que la Presidenta lidere aún la intención de voto? Influyen dos elementos. Uno es que los salarios siguen estando, hasta ahora, por encima de la inflación.”

Resignación:

“Si Cristina mirara el modelo del último Perón, quizá le quedaría, aún sin escribir, otro capítulo. En la medida en que sus propios años le enseñen, ¿podrá alcanzar al fin la postrera sabiduría de Perón? ¿Podrá emigrar de la nostalgia que aún quiere inspirar en sus seguidores hacia una nueva expectativa que en vez de dividir a los argentinos pueda, otra vez, reunirlos?

Intuición compartida:

“Juan Manuel Abal Medina será el vice de Cristina. Más allá de la rima, falta mucho, pero todo indica que el actual secretario de Medios será el elegido. Obviamente no tengo información calificada. La única que lo sabe es la Presidenta. Esta conclusión es producto de un análisis de las necesidades políticas del kirchnerismo y de la lógica que aplica la jefa de Estado en la toma de decisiones.”

Pedro Cabandié:

“La Cámpora ha crecido en participación política acicateada por la propia Presidenta y funcionarios de parecido paladar. Nilda Garré, Carlos Zanini y Alicia Kirchner figuran, en ese aspecto, a la cabeza. La ola cobra una altura impensada: existe en ese círculo quienes promoverían a alguno de los jóvenes –¿Abal Medina, Pedro Cabandié, Andrés Larroque?– para acompañar a Cristina en la fórmula presidencial.

Desesperación:

“Una pregunta más, que involucra respetuosamente a Alfonsín, a Macri, a Duhalde. ¿Así piensan ganarle a Cristina?”

Revelación, mística y orgullo:

Lennon, sí, el Beatle, el hombre que militó por la paz, el marido de Yoko Ono, el tipo que fue cruelmente asesinado por un fanático. Ese, hincha de Racing. De Racing, el de Avellaneda, eh.

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6, 7, 8….11

Cómo vienen los números y cómo se aceleran los tiempos… Ayer nomás eran tropilla los que ninguneaban al kirchnerismo como expresión política de la época. De ésta época. Cancha de Huracán mediante, será más difícil la parada para esa argumentación. El kirchnerismo fue haciendo su recorrido al trotecito (1, 2, 3, 4, 5) y fue, con lógica, significando cosas distintas. Una “administración” de la crisis, una continuidad duhaldista con derechos humanos, y con el tiempo una dialéctica de lo “viejo” y lo “nuevo”, para sintetizar luego en algo infinitamente más importante: “mejor”. Gestión, asfalto y decisiones audaces. Ah, pero (6, 7,8,) se vino el conflicto, la derrota y la profundización, “casi terca y empecinadamente” como Cristina reconoció en la apertura de sesiones. Cherubito y los laburantes de cascos amarillos se fueron sumando con más entusiasmo. Por abajo y por arriba, por convicción y por intereses, aunque esté poco claro cuando es lo primero y cuando lo segundo. Tal vez, porque al final no son cosas tan distintas. Y algo se fue soldando ahí. Después pasó lo que sabemos que pasó.

En el debate estival del progresismo/peronismo y demás nomenclaturas se colaba, o algunos intentábamos colar esto: existe el kirchnerismo. Aunque no lo podamos definir del todo, el color de la época, la forma de identificación política, los límites propios y ajenos, los gestos de esta dirigencia, la particular lectura del “setentismo” (algo más compleja de la que nos hacen creer que se está construyendo. Este “setentismo” se define por la defensa de la estatalidad como lugar de la política, antes que de cualquier tipo de formaciones especiales, y es revulsivo justamente por eso, porque al reivindicar la historia la mastica para ponerla en función del presente, para que accione. O sea: Las casas que hace Hebe son el símbolo del setentismo y no la pastilla de cianuro, una jugada simbólica y política que salvo la compañera Sarlo, el resto de la oposición no pudo aun deconstruir).

Mito y gestión, gestión y mito, son los dos brazos para la campaña de 2011. Cada uno tiene su potencia y su efectividad. Sería simplón decir que el mito genera mística y militancia y la gestión…votos. Algo de eso hay, pero habría que matizar porque el momento fundante del mito (ese horrible y maravilloso 27 de octubre y los días sucesivos) parió el consenso social en torno a un balance histórico de la gestión, que de no mediar la muerte de Néstor hubiera sido procesado a otras velocidades, tal vez de años. Y es que en un punto, el mito de Néstor es un mito de la gestión, del hacer, de los números y de la toma de decisiones desde la convicción realista. Ahí se entrelazan los dos brazos de la campaña. Que todo eso tenga una traducción de realidad en una mujer viuda, presidenta y candidata, habla más de los misterios cósmicos de la Argentina. Parece demasiado.

En aquella discusión veraniega (pasa que este verano no se va más, no se va más…), había por debajo un miedo de todos: el vacío. Cómo llenar el gran vacío. Por eso, tal vez, las argumentaciones se pasaban de rosca, y cada cual encontraba refugios políticos para sentirse seguro (sea los intendentes del conurbano, sea la red progre-cultural que rodea a Sabatella) en medio de la incertidumbre. Dice ahora Artemio, mucho más agudo a mi gusto que el de enero y febrero: “Es el kirchnerismo una identidad diferenciada , resulta una fase en el despliegue del populismo peronista, o no es nada más ni nada menos en estos tiempos, que una circunstancia exitosa de ingeniería electoral cuya persistencia es posible pero depende de , llamémosle, “condiciones estrictas de funcionamiento”, entre ellas la “eternidad” del liderazgo, y la vida eterna siempre al tope de las preferencias electorales, además, que deseaba/reclamaba la diputada por algo “ultrakirchnerista” , Diana Conti?”

Reflexiones preliminares:

¿Qué tiene de raro que nos pase lo mismo que les pasa a otros procesos políticos contemporáneos de la región, donde la fuerza de los liderazgos es un problema estructural de la construcción política, aún de aquellas experiencias que han ido desarrollando partidos y movimientos más o menos orgánicos?

Me inclino más por eso de “identidad diferenciada”, con muchas comillas más de las que admite el lenguaje convencional. Identidad como un mecanismo dinámico que supone siempre una lectura de lo que fuimos, pero que tiene la condición de necesidad de ser modificada para que no se vuelva una mueca simbólica y electoralmente ineficiente, como dice el propio Artemio sobre el PJ: “...la prueba de ácido que muestra la caducidad absoluta del formato de representación del PJ bonaerense — por citar solo un caso emblemático, hay muchos más–, debe medirse también por el interesante nivel esperable de votos ( 12% de piso provincial y 15% en Conurbano) que la lista progresista asociada obtendrá en Buenos Aires, enarbolando la notable propuesta de : Mantener lo bueno y cambiar lo malo. Sobran las palabras.”

Agregaría que ese síntoma de caducidad (parcial, relativo, etc.) no se expresa solamente -ni siquiera mayoritariamente- a través del sabatellismo, sino de la constelación de referencias que hoy se nuclean en torno al kirchnerismo, y que tienen con las otras identidades (con el peronismo en el centro) una relación más ambigua.

El río de orgas se hará presente en Huracán mañana. Ese río no se va a convertir en un único mar el 12 de marzo. No es posible, y tal vez tampoco deseable. Pero sí puede darse un paso más en la construcción identitaria, política y electoral necesaria para empezar a cabalgar los desafíos de la campaña, y de la muy probable gestión (y mito) del 2011-2015.

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Es un afano…suspendanló!

Extraño momento de la patria, ¿no?

Porque hay muchas formas de pensar las palabras de Cristina, muchas cosas para sentirse orgulloso. Elijo dos:

1-La capacidad política y de gestión para “ir por más”. El gobierno se empieza a medir -cada vez más- consigo mismo, con sus propias realizaciones y faltas. Cristina señaló, por ejemplo, un dato que era conocido pero no discutido: este año, por primera vez en la historia, exportamos más productos de origen industrial que de origen primario o agro industrial. Algo que no había podido decir Néstor en su mandato, ni ella en estos años. Ese dato es superador en términos cualitativos a los grandes números que desde hace un tiempo muestra la política económica (reservas en crecimientos, dólar controlado, niveles de empleo, etc), y además invita a pensar nuevos desafíos y a pedirle al modelo otras cosas. Como por ejemplo, un perfil productivo. ¿Qué? Si,  muchachos, ¿qué país queremos? En la misma línea de lo la AUH extendido a las mujeres embarazadas. Impensable sin el aprendizaje kirchnerista de superar preconceptos sobre las políticas sociales. Impensable sin el triunfo político y de gestión que es el funcionamiento de ANSES, del que hasta ahora ninguno pudo decir ni mu. Es decir: el kirchnerismo le saca kilómetros al resto, por la sencilla razón de que tiene en claro que la llegada es sólo otro punto de partida. Transformar para seguir transformando. Fácil, simple, implícitamente revolucionario.

2-La capacidad para zurcir. Gobernar será poblar, repartir, o crear trabajo,  pero más que nada es atar lo que está suelto. Es una delicada obra artesanal la de dar coherencia política a la contradicción de intereses que tiene una sociedad. Están los que seguirán creyendo que se trata de una gran operación político-cultural, que logra la maldición de unir lo que debería estar disgregado (bueno, tenemos algunos compañeros que piensan en esa línea, pero creo que hay más de confusión discursiva que diferencias reales). Sin embargo, hay algo incontestable: funciona. La sumatoria de políticas públicas oficiales no obedece, está claro, a un fino plan preconcebido y sometido a las reglas de la ciencia política. Pero funciona. Y funciona, desde hace algún tiempo, en dos planos. En el terreno concreto de la economía, de las mejoras de los índices sociales, en la reformulación de las relaciones internacionales, etc. Pero también funciona en la cabeza de las personas. La ilación entre derechos humanos y política de seguridad, por ejemplo, va teniendo sus puentes, a diferencia de los primeros años, donde esto aparecía más complejo de explicar. La importancia de contar con un Estado fuerte, también empieza a ser percibido con relación a un desarrollo económico más sano, vinculado a los intereses nacionales, antes que a un capricho “ideológico”. Ese zurcido político fue posible porque los máximos dirigentes de esta etapa  (una etapa, sí: Cristina confirmó que no es “eterna”, y hasta asustó con el 2011) hicieron pesar siempre algo que al resto le falta en dosis preocupantes: convicción.

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