Torneo Néstor Kirchner

Arrancó el futbol y la política, parece. Ahora dicen que Sabbatella saca 54% y destruye al “peronismo”. O que, de mínima, le “regalamos” el aparato a la derecha. Paremos la mano un poco. Estamos en plena cocina de las alianzas y fórmulas para competir en octubre, y la estrategia oficial será dilatar las definiciones todo lo que la coyuntura permita. Es lógico, natural y muy peronista que el debate se ponga ríspido, incluso (o sobre todo, je), entre los que no cortamos ni pinchamos pero opinamos de lo lindo. Lo que discutimos lúdicamente durante enero (progresismo/peronismo/kirchnerismo) se volvió real. Por ahí tenemos razón, por ahí la pifiamos, que se yo, pero desde acá siempre apuntamos que el corazón de ese debate era la herencia del proyecto. O más fácil, el debate era Scioli.

Los neortodoxos  sostuvieron sus argumentaciones sobre la base de una idea errada:  que en el conurbano los votos son del intendente, del aparato, etc. Las últimas encuestas -aunque infladas para la propia operación- muestran un escenario más complejo en los distintos cordones bonaerenses. Pareciera que los votos no son de un aparato, sino que están en poder de…los votantes, que vienen teniendo desde hace años un comportamiento bien distinto al de 1951. Si se revisa el 83 para acá, hay un fenómeno reiterado: el voto nacional y para el ejecutivo provincial, no están indefectiblemente unidos al voto comunal. Al contrario, tienen, muchas veces, lógicas distintas.

El segundo problema de la argumentación, que se relaciona con el final del primero, es que equiparan a Scioli con el peronismo bonaerense. ¿Es lo mismo? ¿Lo es en todos los distritos? ¿Lanús y Quilmes, con el barba Guitiérrez y Díaz Pérez, no son parte del conurbano? Al final, los neo reproducen la lógica gorila de construir el mito del “aparato”, como un mecanismo fantasmal, inanimado, con voluntad propia, que te “banca”, te “saquea”, te “vota”. Refinemos. Hoy el mapa de la provincia (y sólo minoritariamente producto del progresismo sabatellista) es diverso, con encuadramientos dispares, un “sciolismo” para nada homogéneo.

El tercer problema es que les cuesta dar cuenta de un nuevo escenario que venía desarrollándose y se termina de mostrar después de la muerte de Néstor. Y es la emergencia de un liderazgo más presente, más “carismático” (en un sentido no tradicional, en tanto no responde al ejemplo clásico del macho alfa dominante de Juan Domingo, sino que se refuerza sobre el vestido negro del luto femenino) y que a la vez se potencia por la presencia del que se fue,  a salvo de las críticas cotidianas, y portador de los logros de los mejores ocho años que conocimos la inmensa mayoría de los que votamos.

Y parece que cuesta también dar cuenta de otra realidad nueva: muchos votantes kirchneristas (de esos sectores medios que a pesar de los agoreros, fueron recuperados, convencidos, ganados, etc) no tienen mayores argumentos para votar a Scioli y votarían a dos manos otro candidato que acompañe a Cristina. Es algo bastante distinto al 2009, donde la candidatura de Néstor cohesionaba y Sabatella -si bien había bancado en la pelea por el campo- no se asumía aún como parte integrante de este proceso.

Vayamos al objetivo político: Que Cristina gane el 2011 en primera vuelta por la mayor cantidad de votos. En vistas de la muerte de Néstor y la desaparición del recambio matrimonial como forma de saltar la restricción reeleccionaria, se vuelve un objetivo de primer nivel que ese triunfo la ubique a ella por arriba de cualquier otro. Esa fuente de legitimidad, vía una acumulación de votos presidenciales mayores a lo de los candidatos provinciales, es el reaseguro parcial para que el tercer gobierno no nazca debilitado. Es la condición principal que posibilita que Cristina continúe como la ordenadora del juego político oficialista. Para los que creemos en este proyecto, eso es vital.

La sangre no debe llegar al río. En eso hasta el propio Sabbatella debe estar de acuerdo. La negociación pasa, justamente, por dar cuenta de una realidad bonaerense fragmentada, con intereses particulares (las necesidades electorales y económicas de cada intendencia no tienen por que coincidir entre ellas ni con las de Scioli) y donde el cierre por “arriba” entre Daniel y Cristina tendrá varios cierres “por abajo”. Por ejemplo, regulando en qué distritos juegue fuerte a nivel local el EDE y donde morigerar todo lo que se pueda eso, etc. Negociando una mayor participación de candidatos kirchneristas puros en las listas del PJ, a nivel provincial y local, etc.

Incluso, el final de esa negociación puede ser sin colectora. Es decir, que el votante de Sabbatella deba, efectivamente, usar la tijerita. ¿Habría tanta diferencia en los votos? ¿No seguirían doliendo esos 5 o 7 puntos? ¿Qué hacemos ahí entonces, lo proscribimos? El problema es que Sabbatella, a esta altura, representa a una parte del kirchnerismo. Guste, o no guste. La conductora tendrá que tener mucha muñeca, sentido común y olfato político, para ver como se traduce eso electoralmente. Lo que es seguro, es que de poco servirán las posiciones dogmáticas y sectarias. Vale para todos.

A todo esto, y más importante que todo esto, la cana de la provincia sigue matando gente.

 

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Torneo Néstor Kirchner

  1. Ernesto

    Excelente, Fede.

  2. pepe

    muy bueno che.

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