Encarnación, Evita, Cristina, ¿pura coincidencia?

Los buenos maestros me enseñaron a no extrapolar, a no andar armando líneas históricas unidas por los deseos románticos de ver, en el pasado, el presente que queremos, antes que por procesos realmente concatenados. Sigo creyendo que esa precaución está muy bien. Es, digamos, el crimen de revisionismo histórico. Pero bueno, que se yo. Tampoco creo en en los signos del zodiaco pero de tanto en tanto alguien me convence de “y que querés si sos te Tauro”. Estoy, entonces, bajo cierta perplejidad al leer las cartas que Encarnación Ezcurra le escribe a Rosas, justo antes que Juan Manuel se hiciera del poder por un rato largo. Tal vez sea una constante de la política universal, no sé, pero no deja de llamarme la atención la persistencia argentina en que las mujeres de los líderes populares parezcan hechas de hierro, se paren siempre a la “izquierda” de su compañero, les exijan ser inflexibles con los traidores, les importe un pepino las formas y convenciones de su época y el matrimonio tenga siempre un desenlace trágico con la pareja en el gobierno. Les pego algunos párrafos de las cartas escritas por Encarnación, allá por 1833:

La mujer de el gobernador Balcarce anda de casa en casa hablando tempestades contra mí; lo mejor que dice es que siempre he vivido en la disipación y los vicios, que vos me mirás con la mayor indiferencia, que por eso te he importado poco y nunca has tratado de contenerme, te elogia a vos, cuando me degrada a mi.. . Este es sistema -porque a ellos les dicen para sus íntimos el presidente y porque nadie da la cara del modo que yo- pero nada [Ilegible] de sus maquinaciones, tengo bastante energía para contrastarlas, solo me faltan tus ordenes en ciertas cosas, las que las suple mi razón y la opinión de tus amigos a quienes oigo y gradúo según lo que hablan, pues la mayoría de casaca tiene miedo y me hacen solo el chúmbale.

Tagle me ha mandado decir que desea una conferencia conmigo, mas lo deseo yo para calentarle las orejas, porque ya es tiempo de dejarnos de pasteles y que los como él se están burlando de los hombres de bien y poniéndolos en el disparador.

Ya vienen las elecciones, veremos lo que hacen los figurones, los pobres están dispuestos a trabajar de firmes, veremos lo que vale.

Memorias de todos los de ambas casas y adiós te dice tu compañera.

La mujer de Garretón vale un perú para trabajar contra los cismáticos y la señora de Corvalán y toda su familia es lo que hay.

Estamos en campaña para las elecciones, no me parece que las hemos de perder, pero en caso que por debilidad de los nuestros en alguna parroquia se empiece a perder, se armará bochinche y se los enviará al diablo a los cismáticos. [… ]

Las masas están cada día mejor dispuestas y lo estarán mejor si tu círculo no fuera tan cagado pues hay quien tiene más miedo que vergüenza, pero yo les hago frente a todos y lo mismo me peleo con los cismáticos que con los apostólicos débiles, pues los que me gustan son los de hacha y chuza.

Los sucesos presentes deben recordar a los buenos federales, la historia de lo que tuvieron que luchar para destruir el poder militar, y se empañaría la gloria de la primera restauración si ahora no lográsemos antes de concluirse el mes de octubre, que debe ser tan clásico para los federales como el de mayo para los patriotas, si no lograsen los valientes restauradores asegurar de un modo irrevocable la felicidad de la patria, la tranquilidad de las familias, y lo que es mas, establecer un gobierno digno de presidir a un pueblo heroico y a los restauradores. Entre tanto no lleguen tan suspirados momentos, no cesaré de dirigir mis ruegos a mi amigo, para que interponiendo su influjo y sus relaciones, se apresure el desenlace de unos acontecimientos, que cuanto mas dilata, mas sufren los amigos, los fieles amigos de los federales restauradores, expuestos por otra parte a las tropelías de que son capaces estas fieras sedientas de sangre y de venganza y que en el furor de su perversidad de todo son capaces.

Desgraciadamente, sabemos lo que fueron y lo que son, y todo debe temerse de unos destinados para oprobio de la especie humana.

Ojala que mi amigo, pueda convencerse de la necesidad de exterminarlos, para de este modo tranquilizar el país y propender sin estorbos a su prosperidad. Tales deben ser los deseos de todos los valientes restauradores a los cuales, uno los míos y dirijo mis votos por el feliz éxito de una empresa que los clasifica de héroes muy particularmente a mi apreciable compañero, de quien soy con todo afecto su amiga eterna.

…..

Juan Manuel mío, a mi ver nunca mejor que ahora te debes retraer cuanto sea posible de los magnates que no hacen otra cosa que explotarte para vivir ellos con mas comodidad […]

El pueblo esta tranquilo, como que todo lo han hecho los pobres, que no tienen aspiraciones, el gobernador me ha visitado dos veces, no se lo agradezco, pues como mi nombre ha sonado, por decidida contra los furiosos, me tienen miedo y porque debe estar seguro de que no he de callar cuando no se porte bien, es decir, cuando haga la desgracia de mi patria y de los hombres de bien.

 

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Una respuesta a “Encarnación, Evita, Cristina, ¿pura coincidencia?

  1. Une perlita, Fede. Gracias.

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