Archivo mensual: febrero 2011

policía, yacyretá, pedraza: ¿vamos cerrando ciclos?

Es para algo más largo, pero… el kirchnerismo tiene buena parte de su potencial, de su fuerza motora en hacerse cargo de esas herencias malditas, de esas basuras escondidas en la alfombra. No toma, como el radicalismo por ejemplo, un orden claro de herencias y tradiciones. Pero no me estoy refiriendo a la ya consabida heterodoxia del neo populismo que todo lo traga. Quiero decir algo más preciso: para el kirchnerismo es deuda lo que también es deuda para una conciencia social que anda dando vueltas por ahí, que a veces se toca más con los mitos de nuestras clases medias, a veces con la historia larga de los pobres, a veces con la construcción simbólica de la generación que hoy conduce el proceso. Hay, por ejemplo, un inconsciente colectivo que sabe que los yanquis no están a punto de invadirnos, ni de llevarse el agua, pero siente que es mejor la distancia, la prudencia y hasta alguna rabieta con el imperio. Y no es una tradición de la “izquierda”, es algo que viene más mezcladito y que explica que seamos el país latinoamericano con mayor índice de rechazo a EEUU. Y ahí está el resultado del no resultado de la operación que quisieron armar sobre la “preocupación de los EEUU” por una valija requisada. En algún punto, el kirchnerismo nunca dejó de decir y hacer lo que la gente quiere oír. A veces con necesidad de subtítulos y doblaje, otras llevándose de patadas entre lo que dice y hace, pero la musiquita nunca dejó de sonar del todo. No es un implante ideológico extraño a lo que, digamos, “somos los argentinos”. ¿Cómo se explica, si no, ese retorno en masa y de forma policlasista al apoyo gubernamental, después de todo? La condición de ser kirchnerista es meter el dedito en la llaga, pero con ánimo curativo (y si no se puede, amputatorio). Eso es lo que no puede dejar de hacer, lo que no podemos dejar de bancar. La agenda viene y va, a veces se pone más zurda, a veces más conservadora, pero no deja en paz al pasado. ¿Figuraba en alguna agenda, por ejemplo, sacarle el armado de las cédulas y pasaporte a la policía? ¿Responde a alguna directriz del “proyecto nacional”? Y, probablemente no, pero ahí estaba flotando la ridiculez que la fuerza de seguridad interna sea el órgano habilitante para la salida del país. O que tenga un registro autónomo de los demás poderes del Estado de cada uno de los argentinos. Es un detalle, pero ilustrativo. Otra de esas cuestiones, también de estos días, es Yacyretá. Uff, mamita. Desempolvemos otro archivo, para dimensionar lo que sería terminar de una vez esa obra:

-El Congreso debería establecer las normas de las inversiones, en tanto se estudian las propuestas. En cuanto a los convenios comerciales con los países del área socialista se han dado pasos decisivos. En los próximos días llegara una misión soviética para tratar un convenio de adquisición de material para usinas hidroeléctricas.

—¿Para Yaciretá-Apipé?

—Puede ser.

Esto lo decía José Ber Gelbard a la revista Panorama en octubre del 73. Mi papá estaba en el secundario. Clarín sigue jugando a que sus lectores son niños y dice “Cristina se prepara para inaugurar otra vez la central Yacyretá”. Y sí, en este país falta -todavía- mucha reinauguración, mucho de volver sobre temas que parecen eternos. Todos hacen campaña prometiendo reinaugurar algo: Pino los trenes, Macri los 90, el radicalismo una reinauguración de sí mismo. Pasa que la reinauguración kirchnerista es la más seria, lejos. Es pasado, porque es una relectura de las grandes agendas argentinas del siglo XX, pero es un pasado al que se convoca para zamarrearlo. Ahí empieza a ser futuro.

En esa relectura está, también, una idea sobre el sindicalismo. Que es compleja, un poco hipócrita, y un poco sabia: somos un país donde se plantan dos empleados, y en una temporada te creció un sindicato. Al mismo tiempo, es una institución con gran descrédito social. Y ese descrédito no es sólo la “manipulación de la opinión publicada”. La detención de Pedraza lo pone sobre la mesa. La condición para que en el futuro “un trabajador llegue a presidente”, es que los sindicatos (y los sindicalistas) tengan su 19 y 20, tengan su crisis de representación. Si la CTA fue como las asambleas, la CGT tendrá que ser como la política pos 2003: no se fueron todos, pero muchos sí, y los que se quedaron lo hicieron tomando nota de que ya no hay intocables y que se gobierna con la renuncia firmada.

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¡Triunfo popular!

Se fue Gabetta del Dipló:

…éste es mi último editorial en la edición Cono Sur, que tengo el honor de haber dirigido desde que Capital Intelectual aceptó mi propuesta de publicarlo en estos pagos. La edición de marzo próximo estará a cargo de un prestigioso intelectual y periodista, José Natanson.”

Estoy seguro que el disparador del fin fue aquel horrendo, pobre, patético, gorila, estúpido y repugnante editorial, que reseñamos por acá. Que tuvo, además, la mala fortuna de salir a días de la muerte de Néstor.

Como si fuera poco, el reemplazo es Natanson, alguien que seguro no continuará con ideas como esta:

“El peronismo es prepotencia pura, de esa que no vacila ante el crimen. En eso se emparenta con las dictaduras militares que fueron la expresión tribal de la gran burguesía liberal y conservadora argentina. Por algo las ha apoyado cuando no iban en su contra. El peronismo es una cultura explícita de la inmoralidad política, que no requiere ni busca explicación; para algunos es un “sentimiento”; para otros, una “persistencia”, una “obstinación”. Para casi nadie es un fenómeno objetivo digno de análisis crítico, a pesar de que ha sucitado las más descabelladas esperanzas y protagonizado varios de los momentos más sombríos de la historia nacional”

¿Viste Manolo? El progresismo tiene remedio, o cuanto menos es una trinchera para disputar y no regalarselas así como así. El Dipló como colectora para los que no quieran leer Debate.

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El fin del relato es volver al inicio

¿Cómo hay que leer el editorial de La Nación del domingo? Tómense cinco minutos, dificil que se repita. No creo que sirva para pensar la coyuntura, ni aportar para ningún elemento de análisis sobre la interna peronista/kirchnerista, no. Es otra cosa. Es una muestra más brutal y descarnada. Es, casi, un pedido de auxilio. Como cuando se dice que el asesino, en verdad, “quería ser descubierto, para así poder parar”. La Nación quiere parar, necesita parar. Necesitan pisar la pelota (esa guacha que también se llama realidad, o presente, y nunca para por más que queramos o lo necesitemos) y repensar el juego. Pero no, al igual que nos tocó a nosotros en los noventa, los tipos se la tienen que bancar como viene y replantearse el esquema interpretativo y reacomodar las brújulas de navegación a medida que sacan el agua de adentro del barco. Así es la vida, jodida. El fin del relato es volver al inicio. Por eso La Nación retoma la idea del fascismo. Es la idea de la que tratan de zafar las editoriales firmadas de Morales Solá y Mariano Grondona, cada vez con menos éxito. Es volver a armar el ovillo, volver al inicio, al origen del mal. A veces, cuando todo parece perdido, nos queda la indignación y las creencias más profundas. El peronismo es Mussolini. De eso se trata el editorial de La Nación. Indignación ante una sociedad que no se inmuta con el horror gubernamental que ellos gritan todos los días y, entonces, queda un retorno a las verdades primeras, a los ideales, a las sábanas limpias de la conciencia juvenil. Ésa donde todo es claro como el agua, aunque esa claridad sea de unos pocos. Es el exilio en Montevideo o Santiago a la espera de mejores tiempos después de la barbarie. Pero manteniendo las banderas. El viento viene de frente, no importa. En la columna somos cinco, no importa. La plaza está vacía, no importa. Es trotskismo de derecha (¿hay algún otro?). El editorial de La Nación es la renuncia al último juego de coyuntura mediática: romper el peronismo y construir desde ahí la alternativa. Ya no importa, ya no es ése el objetivo porque “El fascismo luchó, es cierto, contra el marxismo, pero con aun mayor convicción y aptitudes naturales lo hizo contra el liberalismo.” Es la renuncia por un motivo o por otro, a ir por Duhalde: o porque se ha comprendido que lo que puede desprenderse del PJ no es mucho más que dirigentes demasiado rancios y con pocos votantes, o porque se ha elegido, por fin, volver a construir un partido de derecha, liderado por un miembro de la familia. Volver a ser, por dios, liberales.  El editorial del domingo parece esto último, en tanto ese retorno a entender el peronismo como fascismo es el último salto hacia atrás antes de llegar (¡por fin!) al proyecto de Patrón Costas, un segundo antes del bing bang de las patas en la fuente. O no, tal vez sea el deseo volver a antes incluso, un pasito antes, antes de 1916, cuando si somos exactos, todo se empezó a ir al tacho. Cuando el comienzo de la política de masas puso en jaque al apacible granero del mundo. Porque después hubo que empezar a remendar la ropa. Hasta el 16 se podían llamar liberales, después fueron conservadores, después golpistas, después genocidas. Acordemos que no es un derrotero simpático para contarles a los nietos. Pero la historia no se repite. Ni siquiera, creo, como esa frase de Marx. Siempre me gustó poco esa frase del gran Carlos (Karl, va con K, que grande). Eso de la aparición doble, como tragedia y después como farsa. Es de una escolaridad ramplona, se parece más a una moraleja antojadiza de cuento infantil que a una interpretación a la altura de su autor. Pero volvamos, que no soy JPF y no me da para andar desplumando a genios en dos oraciones, ni siquiera a explicarlos. La historia no se repite y ahí está el problema de La Nación. ¿Cómo seguir? ¿Cómo seguir haciendo política en medio de este enchastre dictatorial? Porque en este país nadie tiene paciencia, eso es cierto. Todos quieren todo, ahora. El problema es cuando el deseo está separado de las herramientas para logarlo. Ese es el vacío de La Nación. Se está quedando sin ejecutores viables de sus planes políticos. Hace tiempo que se quedó sin las fuerzas armadas, hace menos se quedó sin el golpe de mercado, y hace todavía menos se quedó sin el poder de fuego mediático. Un demócrata de esos que uno quiere aunque sean terribles flanazos (o sea, un radical) les diría: “bueno, tienen los votos, las elecciones”. Ah, claro. Pasa que no es buen momento para un discurso a la altura de la necesidad política, de la sed ideológica de La Nación. Alguien que diga lo que debe decir. Ahí está el problema. Ahí puede estar alguna salida, también. ¿Se bancarán realmente, una candidatura de Mauricio, 100% “compañera”, pero con 20% de los votos?¿Pueden los dueños del país -porque , ojo, lector-militante, que no queden dudas que estos muchachos son los dueños del país, al menos hasta que les saquemos unas cuantas cosas más- tener tan bajo poder de fuego?¿Puede ser posible?¿Será eso la democracia, finalmente? Un sistema donde el verdadero poder no puede controlar al poder político, y por lo tanto se tiene que bancar la pesadilla cotidiana de tener al enemigo en casa. Puede ser, pasa que en ese caso, tendrían que cerrar el diario. O sea, el poder debería renunciar a la política y conformarse con las mediaciones oscuras, los hilos invisibles que le permiten controlar los resortes no sujetos a las decisiones estatales. Sería otro invento argentino. No creo, creo que seguirán los intentos. Aunque el filo, cada domingo, parece más cortante, y apunta para sí mismo. La Nación está esquizofrénica: sus reflejos comerciales le indican apuntar al público joven, a poner el blog de Lucas Llach, la columna de la JP Varsky, a Sarlo, a sacarse la naftalina de su propia historia. Pero sus reflejos emocionales, esos que son los que cuentan en los malos momentos, los lleva a escribir que “La regulación de los contenidos de los medios de comunicación, cuya genealogía se remonta al decreto 23.408 de la dictadura de 1943 y, de allí, al código mussoliniano sobre radiodifusión, de 1924. Los enfrentamientos con el agro y el dictado de medidas para perjudicarlo. La sobreactuación institucional de los gremios afines a la Casa Rosada. El exagerado culto de la personalidad y la sumisión de legisladores y gobernadores a lo que dispone el poder central. El abuso del poder de policía administrativo. El tendido de redes clientelares a través de favores prebendarios. La persecución de figuras independientes u opositoras a través del aparato de inteligencia del Estado. La exaltación de las corporaciones en detrimento de los partidos políticos. El avasallamiento de poderes independientes, sobre todo el Judicial. El alineamiento con regímenes autoritarios como el de Hugo Chávez.”  Es el fin de un relato, no un comienzo, porque a ese párrafo le falta una última oración, impronunciable en estos días: el pedido de los tanques.

Es un editorial para repartir adentro de las filas propias. Para que todos estemos avisados de donde está el enemigo. Para que nadie se confunda, para que nadie se extravíe pensando que hay que contar costillas propias más allá de lo razonable. Tenemos que estar adentro todos los que queramos que estar adentro. El afuera es ese editorial.

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Torneo Néstor Kirchner

Arrancó el futbol y la política, parece. Ahora dicen que Sabbatella saca 54% y destruye al “peronismo”. O que, de mínima, le “regalamos” el aparato a la derecha. Paremos la mano un poco. Estamos en plena cocina de las alianzas y fórmulas para competir en octubre, y la estrategia oficial será dilatar las definiciones todo lo que la coyuntura permita. Es lógico, natural y muy peronista que el debate se ponga ríspido, incluso (o sobre todo, je), entre los que no cortamos ni pinchamos pero opinamos de lo lindo. Lo que discutimos lúdicamente durante enero (progresismo/peronismo/kirchnerismo) se volvió real. Por ahí tenemos razón, por ahí la pifiamos, que se yo, pero desde acá siempre apuntamos que el corazón de ese debate era la herencia del proyecto. O más fácil, el debate era Scioli.

Los neortodoxos  sostuvieron sus argumentaciones sobre la base de una idea errada:  que en el conurbano los votos son del intendente, del aparato, etc. Las últimas encuestas -aunque infladas para la propia operación- muestran un escenario más complejo en los distintos cordones bonaerenses. Pareciera que los votos no son de un aparato, sino que están en poder de…los votantes, que vienen teniendo desde hace años un comportamiento bien distinto al de 1951. Si se revisa el 83 para acá, hay un fenómeno reiterado: el voto nacional y para el ejecutivo provincial, no están indefectiblemente unidos al voto comunal. Al contrario, tienen, muchas veces, lógicas distintas.

El segundo problema de la argumentación, que se relaciona con el final del primero, es que equiparan a Scioli con el peronismo bonaerense. ¿Es lo mismo? ¿Lo es en todos los distritos? ¿Lanús y Quilmes, con el barba Guitiérrez y Díaz Pérez, no son parte del conurbano? Al final, los neo reproducen la lógica gorila de construir el mito del “aparato”, como un mecanismo fantasmal, inanimado, con voluntad propia, que te “banca”, te “saquea”, te “vota”. Refinemos. Hoy el mapa de la provincia (y sólo minoritariamente producto del progresismo sabatellista) es diverso, con encuadramientos dispares, un “sciolismo” para nada homogéneo.

El tercer problema es que les cuesta dar cuenta de un nuevo escenario que venía desarrollándose y se termina de mostrar después de la muerte de Néstor. Y es la emergencia de un liderazgo más presente, más “carismático” (en un sentido no tradicional, en tanto no responde al ejemplo clásico del macho alfa dominante de Juan Domingo, sino que se refuerza sobre el vestido negro del luto femenino) y que a la vez se potencia por la presencia del que se fue,  a salvo de las críticas cotidianas, y portador de los logros de los mejores ocho años que conocimos la inmensa mayoría de los que votamos.

Y parece que cuesta también dar cuenta de otra realidad nueva: muchos votantes kirchneristas (de esos sectores medios que a pesar de los agoreros, fueron recuperados, convencidos, ganados, etc) no tienen mayores argumentos para votar a Scioli y votarían a dos manos otro candidato que acompañe a Cristina. Es algo bastante distinto al 2009, donde la candidatura de Néstor cohesionaba y Sabatella -si bien había bancado en la pelea por el campo- no se asumía aún como parte integrante de este proceso.

Vayamos al objetivo político: Que Cristina gane el 2011 en primera vuelta por la mayor cantidad de votos. En vistas de la muerte de Néstor y la desaparición del recambio matrimonial como forma de saltar la restricción reeleccionaria, se vuelve un objetivo de primer nivel que ese triunfo la ubique a ella por arriba de cualquier otro. Esa fuente de legitimidad, vía una acumulación de votos presidenciales mayores a lo de los candidatos provinciales, es el reaseguro parcial para que el tercer gobierno no nazca debilitado. Es la condición principal que posibilita que Cristina continúe como la ordenadora del juego político oficialista. Para los que creemos en este proyecto, eso es vital.

La sangre no debe llegar al río. En eso hasta el propio Sabbatella debe estar de acuerdo. La negociación pasa, justamente, por dar cuenta de una realidad bonaerense fragmentada, con intereses particulares (las necesidades electorales y económicas de cada intendencia no tienen por que coincidir entre ellas ni con las de Scioli) y donde el cierre por “arriba” entre Daniel y Cristina tendrá varios cierres “por abajo”. Por ejemplo, regulando en qué distritos juegue fuerte a nivel local el EDE y donde morigerar todo lo que se pueda eso, etc. Negociando una mayor participación de candidatos kirchneristas puros en las listas del PJ, a nivel provincial y local, etc.

Incluso, el final de esa negociación puede ser sin colectora. Es decir, que el votante de Sabbatella deba, efectivamente, usar la tijerita. ¿Habría tanta diferencia en los votos? ¿No seguirían doliendo esos 5 o 7 puntos? ¿Qué hacemos ahí entonces, lo proscribimos? El problema es que Sabbatella, a esta altura, representa a una parte del kirchnerismo. Guste, o no guste. La conductora tendrá que tener mucha muñeca, sentido común y olfato político, para ver como se traduce eso electoralmente. Lo que es seguro, es que de poco servirán las posiciones dogmáticas y sectarias. Vale para todos.

A todo esto, y más importante que todo esto, la cana de la provincia sigue matando gente.

 

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Encarnación, Evita, Cristina, ¿pura coincidencia?

Los buenos maestros me enseñaron a no extrapolar, a no andar armando líneas históricas unidas por los deseos románticos de ver, en el pasado, el presente que queremos, antes que por procesos realmente concatenados. Sigo creyendo que esa precaución está muy bien. Es, digamos, el crimen de revisionismo histórico. Pero bueno, que se yo. Tampoco creo en en los signos del zodiaco pero de tanto en tanto alguien me convence de “y que querés si sos te Tauro”. Estoy, entonces, bajo cierta perplejidad al leer las cartas que Encarnación Ezcurra le escribe a Rosas, justo antes que Juan Manuel se hiciera del poder por un rato largo. Tal vez sea una constante de la política universal, no sé, pero no deja de llamarme la atención la persistencia argentina en que las mujeres de los líderes populares parezcan hechas de hierro, se paren siempre a la “izquierda” de su compañero, les exijan ser inflexibles con los traidores, les importe un pepino las formas y convenciones de su época y el matrimonio tenga siempre un desenlace trágico con la pareja en el gobierno. Les pego algunos párrafos de las cartas escritas por Encarnación, allá por 1833:

La mujer de el gobernador Balcarce anda de casa en casa hablando tempestades contra mí; lo mejor que dice es que siempre he vivido en la disipación y los vicios, que vos me mirás con la mayor indiferencia, que por eso te he importado poco y nunca has tratado de contenerme, te elogia a vos, cuando me degrada a mi.. . Este es sistema -porque a ellos les dicen para sus íntimos el presidente y porque nadie da la cara del modo que yo- pero nada [Ilegible] de sus maquinaciones, tengo bastante energía para contrastarlas, solo me faltan tus ordenes en ciertas cosas, las que las suple mi razón y la opinión de tus amigos a quienes oigo y gradúo según lo que hablan, pues la mayoría de casaca tiene miedo y me hacen solo el chúmbale.

Tagle me ha mandado decir que desea una conferencia conmigo, mas lo deseo yo para calentarle las orejas, porque ya es tiempo de dejarnos de pasteles y que los como él se están burlando de los hombres de bien y poniéndolos en el disparador.

Ya vienen las elecciones, veremos lo que hacen los figurones, los pobres están dispuestos a trabajar de firmes, veremos lo que vale.

Memorias de todos los de ambas casas y adiós te dice tu compañera.

La mujer de Garretón vale un perú para trabajar contra los cismáticos y la señora de Corvalán y toda su familia es lo que hay.

Estamos en campaña para las elecciones, no me parece que las hemos de perder, pero en caso que por debilidad de los nuestros en alguna parroquia se empiece a perder, se armará bochinche y se los enviará al diablo a los cismáticos. [… ]

Las masas están cada día mejor dispuestas y lo estarán mejor si tu círculo no fuera tan cagado pues hay quien tiene más miedo que vergüenza, pero yo les hago frente a todos y lo mismo me peleo con los cismáticos que con los apostólicos débiles, pues los que me gustan son los de hacha y chuza.

Los sucesos presentes deben recordar a los buenos federales, la historia de lo que tuvieron que luchar para destruir el poder militar, y se empañaría la gloria de la primera restauración si ahora no lográsemos antes de concluirse el mes de octubre, que debe ser tan clásico para los federales como el de mayo para los patriotas, si no lograsen los valientes restauradores asegurar de un modo irrevocable la felicidad de la patria, la tranquilidad de las familias, y lo que es mas, establecer un gobierno digno de presidir a un pueblo heroico y a los restauradores. Entre tanto no lleguen tan suspirados momentos, no cesaré de dirigir mis ruegos a mi amigo, para que interponiendo su influjo y sus relaciones, se apresure el desenlace de unos acontecimientos, que cuanto mas dilata, mas sufren los amigos, los fieles amigos de los federales restauradores, expuestos por otra parte a las tropelías de que son capaces estas fieras sedientas de sangre y de venganza y que en el furor de su perversidad de todo son capaces.

Desgraciadamente, sabemos lo que fueron y lo que son, y todo debe temerse de unos destinados para oprobio de la especie humana.

Ojala que mi amigo, pueda convencerse de la necesidad de exterminarlos, para de este modo tranquilizar el país y propender sin estorbos a su prosperidad. Tales deben ser los deseos de todos los valientes restauradores a los cuales, uno los míos y dirijo mis votos por el feliz éxito de una empresa que los clasifica de héroes muy particularmente a mi apreciable compañero, de quien soy con todo afecto su amiga eterna.

…..

Juan Manuel mío, a mi ver nunca mejor que ahora te debes retraer cuanto sea posible de los magnates que no hacen otra cosa que explotarte para vivir ellos con mas comodidad […]

El pueblo esta tranquilo, como que todo lo han hecho los pobres, que no tienen aspiraciones, el gobernador me ha visitado dos veces, no se lo agradezco, pues como mi nombre ha sonado, por decidida contra los furiosos, me tienen miedo y porque debe estar seguro de que no he de callar cuando no se porte bien, es decir, cuando haga la desgracia de mi patria y de los hombres de bien.

 

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Manolo y el kirchnerismo como ausencia

Es su juego político, y tiene todo el derecho de realizarlo; los resultados finales, serán los que caracterizaran como éxito o fracaso la aventura.

Si hay Compañeros que se sienten más cómodos en ese espacio, como los Federales con Macri, ambos grupos tendrán sus razones; y nadie les coartara el Derecho de realizar la Experiencia.

Como le dijo el Viejo Cafiero a Chacho Álvarez, en un programa de TV en 1996.

“En el peronismo, el que se va sin que lo echen, puede volver sin que lo llamen”.

El debate sigue, y sigue, al menos hasta que Cristina termine de decidir los cómo y lo hasta dónde del armado y las alianzas para las elecciones de octubre. Porque ahí somos todos Manolo, una vez que la compañera presidenta establezca esos límites, seremos ortodoxos a eso. Al menos en mi caso.

Pienso y pienso, y creo que la diferencia se termina limitando a creer o no creer que existe el kirchnerismo. Y que ese significante es ya, algo más serio que lo que fueron los demás ismos  de los 80 y 90 (alfonsinismo, menemismo, duahldismo, etc). Y que eso es lo que ordena. Y que eso es lo que excluye o incluye. O algo así.

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