Archivo mensual: enero 2011

Después no me creen

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“¿Ustedes saben todo lo que vamos a hacer?”

El tipo mueve los brazos frenéticamente. Habla rápido, bien, formando oraciones coherentes, volviendo a esa tradición radical, de tribuna de valores, ahí donde la palabra parece, al menos por un momento, que puede dar de comer, educar y curar. Los que están viendo in situ a Ricardito en la peatonal de Mar del Plata están embrujados. No cuesta nada darse cuenta que más de uno está viviendo un revival, un “como si”. A su modo, un retorno a la política.

Alfonsín deja que el fantasma del padre lo invada todo. Tal vez no sea un actuación estudiada, tal vez (lo más probable) el tono de voz, la forma de decir, las pausas y los arranques furiosos,  sean parte de un aprendizaje inexorable de quien tuvo que convivir con su papá que, además, a medida que se hacía viejo se volvía también el “padre de la democracia”. Es un destino injusto el del hijo de un ilustre. Más si sigue la huella. Eso sí: el agitar de las manos entrelazadas hacia un costado, puede que sea mucho. Pero bue.

Si hasta me producía una extraña empatía cuando las cámaras enfocaban a un par de pibes militantes que entraban en éxtasis cuando Ricardito los felicitaba por “meterse en política”. No somos tan distintos, pensé. ” Ustedes son bichos raros” decía Alfonsín. Somos.

Pero no, Ricardo. Hay un último aprendizaje que el original hizo y la copia no parece dispuesto a transitar. Hay un Alfonsín un tanto amargo, que allá por el 97, 98, cuando se daban los últimos saqueos del menemismo,  que había aprendido la lección del 89.  O eso decía. Decía que lo habían corrido los factores de poder, los grupos económicos, y que ahí el radicalismo no había sabido, o querido, o podido.

Pero Ricardito prefiere repetir una receta que lleva a la derrota, a la corta o a la larga, ganando las elecciones o perdiéndolas. Porque vuelven sobre el viejo mito de la administración del Estado como un tema de “eficientes” y “honestos”, dos cualidades nobles y que merecer ser buscadas, pero que las reiteradas (reiteradísimas Ricardo) experiencias del 83 a la fecha demostraron sí que insuficientes. “Vamos a hacer 5.000 km de autopistas” y cosas por el estilo. Se nota, además, los típicos trucos de quien “está en campaña”. De alguien que desayuna con su equipo de expertos, que entre el café y las medialunas empiezan a tirar números por el aire, o descubrimientos de último momento como la ecuación mágica que lleva a reemplazar x subsidio por tal obra que terminaría con la falencia de tal servicio, o las cuentas sobre cuanto se ahorraría si con la reconstrucción de tal vía ferroviaria que lograría, al mismo tiempo, aumentar las ganancias de todos (¡de todos!) y hasta bajar no se cuánto porcentaje de las muertes por año en las rutas. Y así. Un interminable así.

El radicalismo y Ricardo están encantado con el “retorno de la política”. Pero parecen entenderla como una rehabilitación partidaria, después de demasiados años de kirchnerismo explícito. Después de (seguramente son muchos los radicales que por debajo de la mesa piensan en cierta inevitabilidad de estos ocho años) un escenario con muchos feos e impresentables, después de muchos años de enfrentamientos con malos modos, después de años ingratos para los tibios. Es entendible.

Lo que es menos entendible es la ausencia total en el discurso -que por largo no pude decirse que no haya tenido tiempo de decir los ejes centrales por donde va a pasar la campaña de la UCR- de cualquier mención a sectores reales y concretos de la vida argentina. Otra vez la idea de una administración que cuelga del aire, como una planta sin raíz. ¿Dónde están los empresarios?¿Cuáles serían tus empresarios? ¿Como se relacionarán con los sindicatos? Moyano, sí. Pero hay un problema más grande: en este país, el 65% de los que trabajan tienen un sindicato.Vaya problema para un candidato que ni los nombra. ¿Hacia dónde enfocar los cañones de la economía? ¿Mercosur, China, industria, agro, mercado interno?. Eso sí, la AUH seguirá,  y se ampliará, porque será “universal” -¿cómo?¿”a quienes hay que universalizar”, por abajo o por arriba?, es más hasta las madres embarazadas tendrán, desde los cinco meses, una asignación. ¿Por qué no desde los tres?

“¿Ustedes saben todo lo que vamos a hacer?”, dice el candidato, que está exultante.

Lo digo con pena: cada vez estoy más convencido que la oposición vendrá por derecha. Mauricio, Cobos y vos.

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Perro que ladra

El plus que aporte Sabbatella puede implicar para Cristina la victoria en primera vuelta, pero es comprensible que no entusiasme a Scioli. Aunque no le impidiera retener el cargo, lo dejaría en clara inferioridad frente a la presidente. Sería la primera vez desde 1983 que un candidato presidencial obtuviera en Buenos Aires más votos que su candidato a la gobernación. (En 1983, Alfonsín atrajo 0,5 por ciento menos votos que Alejandro Armendáriz; en 1995 Menem quedó más de cinco puntos atrás de Duhalde en Buenos Aires; en 1999 Duhalde reunió 5,5 por ciento menos votos que Carlos Rückauf y en 2007, Cristina obtuvo el 2,1 por ciento menos que Scioli.) Los debates sobre la sucesión en 2015 asumirían otro color.

Apa…

Buena argumentación de Verbitsky.

Es, además, una respuesta muy interesante para la platea del 100% PJ, que suelen refugiarse en explicaciones exclusivamente electorales.

Pero además, a mi modo de ver, este análisis permite entrar en el debate que subyace al del progresismo/peronismo y es el de la sucesión política. Todavía las cosas no están para eso, y primero hay que ganar en 2011. Pero, muchachos, a no hacerse los distraídos. Por acá pasa, al menos para muchos de nosotros, el eje del debate. Construir kirchnerismo. En ese punto, la posibilidad de que Cristina quede mejor posicionada que Scioli en términos electorales, es importante. Importantísimo. ¿Ustedes, compañeros neo ortodoxos, no prefieren también ese escenario?

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Aguante Clarín

Estoy muy a favor de la tapa de hoy. Mucho mejor que los vómitos sobre mails de Jaime, un tipo que hace más de un año no es funcionario. Los que leen este blog ya lo saben: tengo una obsesión  con el SUBE. ¿Hay algo más desmovilizador que un anuncio que no se cumple? Porque una cosa es decir, “el gobierno no estatizó YPF”, pero bueno, tampoco lo prometió. Esto es peor. Lo dijo la Presidenta…¡por cadena nacional!, que noventa días, que eran hábiles, etc.

Los puntos centrales para mi son estos:

-Las moneditas (si bien con la inflación cada vez quedan para uso casi exclusivo de los boletos, por lo tanto son más encontrables) siguen rompiendo las bolas. La semana pasada me volví a bajar de un bondi porque creía que tenía, pero no. Y hace tres días viajé por gracia del bondinero que se apiadó y me dejó ir gratis. Digamos que no es precisamente el reino de la seguridad jurídica. Esta puta molestia es extensiva a unos cuantos millones de seres humanos del AMBA, por lo que no es un problemita pequeño burgués de quien escribe. Por ende, su efecto político tampoco lo desmerecería.

-El genio que maneja los transportes es el compañerazo de Schiavi. No hay mucho que decir: Jefe de campaña de Mauricio (ahora le dice “Macri”) ayer nomás. Pero lo que más me irrita de eso es que, obviamente no lo llamaron por sus atribuciones ideológicas. Al menos en este caso, la tesis de ladriprogresismo habría que aplicarla a este peronista todo terreno que, cuanto menos, debería mostrar alguna aptitud técnica, ya que la lealtad, el patriotismo y las convicciones se las olvidó hace un tiempo largo.

-Yo amo al Estado, incluso al que no funciona. Tan es así, que aun con el SUBE todavía en el subsuelo, me compré las tarjetita y le puse diez pesos. Al menos para usarla cuando de casualidad me tome un colectivo que tenga el sistema. O cuando viaje en subte, aunque no es muy seguido. La comprobación es sencilla para cualquiera que anda en bondi: las maquinitas están en muchísimas líneas.  Nos miran, lindas, nuevitas, cuando subimos los escalones del colectivo. De tanto en tanto amago con poner la tarjeta, pero casi siempre el aparato (¡Qué está prendido!) dice: “próximamente”. Es una desilusión de estatalidad cotidiana, desmovilizadora. Me vuelvo un opositor específico y no hay AUH o Ley de Medios que me calme. En otro colectivos eligieron ahorrar el sarcasmo y dieron vuelta al aparato, poniéndolo de cara al parabrisas. La pregunta es esta: si están las máquinas instaladas en muchísimas líneas, ¿cuál es el gran atraso para implementar el sistema? El ex macrista no se juega y un día dice que es el sistema de control electrónico “back office”  (¿Será una súper computadora a lo agente 86?) y otro día dice que es por ciertas trabas de las empresas de transporte. Dos cosas: 1) no es creíble que un sistema de control electrónico demore dos años en instalarse en una oficina. Salvo que estén desarrollando la tecnología de punta y desde cero, que no creo.  2) Las empresas de transporte no son la Barrick Gold ni Techint, no es serio decir que el Estado nacional no puede ponerlas en caja en un plazo razonable.

Aunque sea por hoy, aguante Clarín.

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Ser Barón o ser Varón

“Se quedó en Buenos Aires, donde dedica las mañanas a tocar el bandoneón. “Siempre quise aprender y siempre lo postergaba”, cuenta. Le regalaron uno en su último cumpleaños, el 49, y decidió mandarse a lo grande: toma clases con el bandoneonista de la Fernández Fierro. “Todas las mañanas me siento un rato y trato de sacar una nota. ¿Si es difícil? ¡Casi imposible! Son 5 o 6 años de práctica sólo para empezar a acompañar.

Te están currando Basteiro. ¿5 o 6 años para empezar a acompañar? Pará, llamame a mí y en un par de años te prometo que  sacamos más que eso. En fin. Igual, sí es difícil, muy difícil el bandoneón. Pero el de la Fierro te está macaneando, te juro.

Ahora, este reportaje es luminoso del problema (bah, de uno de los problemas) del 2011.  Algo en ese sentido escribió ayer el Ingeniero.

Más allá de lo que cada uno piense de Scioli o los intendentes (a todo esto, ¿se puede seguir hablando tan livianamente de LOS intendentes, y usar el mote de “barones”, sin al menos definir quienes sí, quienes no y porque?…), lo que es problemático es centrar la “alternatividad” con relación a ellos.

Sencillamente: creo que es importante que sectores de centro izquierda, progresistas o como se llame apoyen este proceso. Y que lo hagan con autonomía respecto del PJ. Ya hemos discutido por acá largamente de eso. Pero lo que es inadmisible es que ese espacio se piense y haga política como contracara de eso. No. El sabatellismo, el centro izquierda, tiene que construirse en contraposición a los enemigos cetrales del proceso, no a sus sostenedores fácticos. En todo caso, salir a pegarle a Proyecto Sur. Pero ni siquiera. El objetivo tiene que ser Macri. El centro de los cuestionamientos tienen que ser a los grupos económicos. El eje discursivo tiene que ser cuestionar los valores neoliberales. Si no, ¿de qué superación hablamos? ¿Se puede tener un discurso respecto al PJ? Sí: ¡el silencio! Porque no tenés la fuerza para reemplazarlo, porque no está comprobado que harías las cosas mejor, porque poner el acento ahí refuerza el gorilismo más odioso. Afuera queda toda la pelea real: con los poderes concentrados, con sus representantes políticos, con la izquierda pinista extraviada. Esos son los adversarios a vencer este año. Es preocupante que desde este espacio -que, insisto, considero valioso, votable, etc- no se reflexione críticamente sobre qué decir, para quién decirlo y cómo decirlo. El problema no es Ishi, el problema es Macri. El problema no es Curto, el problema es De Narváez.

Eso sí: me parece genial que Basteiro dispute Ituzaingó. Pero desinflemos el discurso fácil para quedar simpáticos.

¿Vos que pensás, Escriba?


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Sarlo e intelligentzia kirchnerista

Haciendo un trabajo de recopilación de documentos, me encuentro con un brevísimo artículo de Beatriz Sarlo, publicado el 23 de diciembre de 2001, en Página 12. Lo transcribo porque no encontré la versión digital para pegar el link (puede ser porque fue parte de un especial del diario, donde aparecían los primeros análisis del escenario pos 19 y 20).

La disolución de la Argentina y sus remedios

El poder ha vuelto a donde estaba en el siglo XIX, antes de la organización nacional. Los gobernadores, los senadores que representan a las provincias y, por supuesto, también los diputados (que representarían a la ciudadanía sin divisiones provinciales) deciden la forma que tendrá nuestro futuro más inmediato. A cualquiera le queda claro que son los gobernadores quienes tienen la voz cantante y es por eso que el poder del estado nacional está repartido, desigualmente, entre los estados provinciales. La Argentina ha destruido aquella construcción nacional estatal que le costó esfuerzo, sangre y guerras. Lo que vendrá puede ser, entonces, un país dividido entre los poderes locales que lo integran (ésta es la peor hipótesis) o una nación que decide, por segunda vez en su historia, organizarse como estado. La decadencia final o un largo y difícil camino de reconstrucción republicana, que sostenga una democracia igualitaria.

En este cuadro de estallido del poder central en poderes locales, el peronismo será el protagonista decisivo. No sólo porque ganó las últimas elecciones, sino porque obtuvo, desde antes, la mayor parte de los poderes locales. El peronismo exportará sus conflictos o sus acuerdos a toda la nación. La Argentina, una vez más, depende de este partido. Así son sencillamente las cosas: de lo que haga el peronismo, del acuerdo a que lleguen sus señores provinciales, dependerá el curso de la política. Y, se sabe, en la sala donde se sientan los grandes electores justicialistas, hay de todo: oligarcas reaccionarios, populistas conservadores, proteccionistas, liberales moderados.

En paralelo, sin duda, las fuerzas sociales reclaman ser escuchadas. Que se las escuche será una verdadera novedad porque, en los últimos diez años, tanto Menem como De la Rúa fueron ejecutores de un régimen político que tuvo en cuenta exclusivamente los intereses del capitalismo financiero más concentrado y, en los márgenes, de un grupo formado por los más poderosos del capitalismo local.

La Argentina necesita cambiar de régimen político. Y digo esto en un sentido fuerte: es necesario que las instituciones dejen de ser una red de transmisión de órdenes de ese sector capitalista completamente minoritario, que no ha vacilado en castigar a la sociedad con los sacrificios más crueles, presentados como la única salida posible.

Las puebladas que dieron por tierra el gobierno caricaturesco de De la Rúa no son una base para pensar este cambio de régimen. Ellas estuvieron animadas por un fuerte sentimiento antipolítico, que tiene todos los motivos bien a la vista. Ese sentimiento es un síntoma, no un remedio. Los que estuvimos en las manifestaciones, vimos allí una fotografía de la sociedad: la cultura de calle de los barrabravas y la cultura de manifestación de las capas medias, la furia de los marginales y la moderación de los jóvenes que iban con sus botellas de agua mineral o sus bicicletas. Todos se sintieron estafados y victimizados. Todos rugían contra los políticos.

Y, sin embargo, lo que la Argentina necesita, además de dar comida ya mismo a millones de personas, es una larga y trabajosa construcción de un nuevo escenario político. O, más que un escenario, un nuevo tipo de relación entre política y economía, entre gobierno y capitalismo: una relación de la mayor autonomía. Escribo esto y no dejo de percibir que la tarea es gigantesca y que los protagonistas hasta hoy sólo han discutido mínimas porciones de poder. Sin embargo, la cuestión se plantea en términos nítidos: cambio de régimen o decadencia nacional que, además, comporta sufrimientos que incluso hoy no imaginamos.

Impresionante la Sarlo. Los resaltados son míos. Podemos pensar varias cosas, las menos interesantes tienen que ver con eso en que muchas veces caemos: “¿qué te pasó?/qué les pasó”?, etc. Pasaron nueve años, cualquiera tiene el derecho a cambiar de opinión. De todas formas no deja de ser impactante cómo la ensayista -en ese momento sin proyecto político que defender, y más proclive a leer la realidad desde los márgenes- reseña dos o tres datos centrales y advierte el ciclo que comienza, o que puede comenzar si las cosas se encaminan bien.  Lo que vendrá tendrá su foco en algún tipo de reconstrucción estatal y de fortalecimiento de la autonomía de la política por sobre las corporaciones. Sarlo anuncia la necesidad del kirchnerismo un año y medio antes de que éste irrumpa. No hay porqué hacer persecución ideológica denunciando tirando archivos por la cabeza. Siempre importa más lo que somos ahora. Podemos sí, desde nuestras trincheras montoneras, tirarle una devolución amable a la Alberdi de nuestros días: Beatriz, ¿la política ya  ha logrado toda la autonomía necesaria del poder económico? ¿Es por eso que es deseable un gobierno no kirchnerista para el 2011, como venís proponiendo? ¿El kirchnerismo fracasó en ese proyecto de reconstrucción del poder estatal y debe ser reemplazado por…?

A mi no me va a responder, pero la intelectualidad kirchnerista consagrada tendría que sacudirse un poco más, y tomarse trabajos con riesgo. Discutir con los mejores de la vereda de enfrente es uno. No puede ser que el debate del verano sea entre Galasso y Altamira. Es demasiado cómodo, demasiado fácil y demasiado absurdo. No tiene ningún tipo de correspondencia con nada. En el mejor de los casos sirve para reafirmar las creencias propias, pero sólo por la pequeñez del adversario. Es cuestión de pisos y techos, para tomar la metáfora de la otra discusión. Los intelectuales kirchneristas tienen el deber de decir más que lo que ya nos dice 678. Ese programa, con sus méritos y sus entendibles límites, es un gran piso para la discusión política masiva, pero no puede ser la usina más elevada que tengamos para confrontar ideas. Ojo, el problema no es 678, sino el resto de los pensadores nac and pop que, justamente por no ser Russo, Barone o Cabito, deberían ofrecer otra cosa.

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Ya no estamos solos

Hoy en Noticias del Sur, escribimos sobre Venezuela.

Fueron cinco años de soledad oficial en el hemiciclo del Congreso venezolano. Ayer, después de un resultado electoral donde cada uno pudo arrogarse un triunfo distinto (la oposición haber conseguido más votos y el oficialismo haber logrado más escaños, por virtud de la proporcionalidad geográfica, en las pasadas elecciones de diciembre) la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela tuvo, por fin, una la diversidad política similar a la existente en la sociedad misma.

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