Archivo mensual: diciembre 2010

“es todo chamuyo”

Eso dice por Crónica un pibe que tiene mi edad. Muchas cosas lo pusieron ahí con la cara cubierta, pocas palabras para defenderse, un laburo en blanco que no pasa las dos lucas, tres hijas, un hermano muerto, un tiempo en la cárcel, una vida en la villa, y la mitad del sueldo en pagar el alquiler de un lugar del que se quiere ir como sea. El pibe no cree. No cree en nada. En el mismo momento en que muchos de nosotros creemos en un montón de cosas, él no cree en nada. Todo es un chamuyo. Por eso no se quiere ir de ahí, de esa canchita tomada, por eso no se quiere censar. Tiene pocas palabras, pero hace las cuentas rápido: “En el barrio Pirelli se mataron por 130 casas, y ahora dicen que les van a dar casas a los del Indoamericano que eran como 13.000…es cualquiera, no les van a dar nada” Y si, es cualquiera. Entre un censo y una promesa lejana de algún crédito de la saraza y tener un terrenito y construirse lo que pueda, ni hablar. Eso lo puede tocar, palpar, en eso puede creer, lo otro es chamuyo. ¿Y que mierda se hace con eso? Cuando pensemos en todos los avances, en todas las batallas ganadas, perdidas, dadas o por dar, en todas nuestras convicciones, incluyamos este déficit: muchos no creen. Los más pobres no creen. Y con razón. El “déficit habitacional” es homologable al déficit de otras cosas: el de organización, el de politización, el de políticas públicas, el de gestión.  Tiempo Argentino sale a tranquilizar a la militancia: Plan de 100.000 casas por año. Ah, eso sí, para ingresos de entre 4.500 a 10.000 pesos. Ja. Eso es para la “clase media”. Me parece que el pibe de Crónica se queda afuera. Yo también me quedo afuera. La mayoría de los que leen este blog seguramente también.  El pibe de Crónica paga casi lo mismo que yo de alquiler y lo que ganamos también es parecido,  la pequeña diferencia es que no tiene a quien pedirle una garantía para salir del mercado inmobiliario en negro que lo hunde en un pasillo de la villa. Hay que patear el tablero, rápido. Yo puedo esperar, el alquiler me acogota pero no me mata, pero además no comparto la cuadra con un sicario, ni tengo problemas con las cloacas, ni se escuchan tiros a la noche, ni comparto la vivienda con tres generaciones. La respuesta del gobierno a los que toman terrenos, es una respuesta para otra gente. Es una respuesta que piensa en el debate entre “garantistas” y “mano dura”. Todo bien, es un debate importante, no hay que matar. Pero tengamos en cuenta algo central: la policía desarmada es un debate hacia afuera del centro del problema. El problema es la vivienda. Creo que ya tuvimos el aviso más que claro. Y la respuesta no puede ser, no puede ser un plan fantasma para los que ganan 7.000 lucas en blanco…

La crisis del Indoamericano creó el Ministerio de Seguridad. ¿No debería crear también el Ministerio de la Vivienda?

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Lo que deja el acuerdo

1) Terminar con la conspiración: la que sea. Hay algo cierto e irrefutable y es que un gobierno es orden. La sucesión en pocas semanas de tres episodios de violencia que terminaron en muertes por protestas sociales asustaba por la tendencia in crescendo y la memoria gubernamental de los “diciembres”. La conspiración tal vez no tenga una estructura de conducción reconocible (a esta altura, Duhalde está sobrevalorado, parece una burbuja financiera) pero no importa, alcanza con que haya muchos micro emprendimientos que busquen sacar provecho de la debilidad del gobierno. La fortaleza del Estado es imprescindible. En este sentido, aunque no se actue ahora, hay que tenerlo claro: el serrucho viene por adentro. Las declaraciones de Pepe Scioli (más cercanas a Macri que al gobierno nacional, en el tema inmigración y villas y en coincidencia con el sonoro silencio de su hermano) muestran el derrotero inevitable de algunos personajes. Ojalá sea en un futuro lejano, lejanísimo. Pero no tiene sentido construirse un sueño tranquilizador de un peronismo mítico, de destino inevitablemente unitario y de contenido inexorablemente popular. Scioli, De Narvaez, Reutemman, De la Sota y Macri. ¿Cómo les suena cada nombre? Por separado y juntos. La “conspiración” es con las cartas marcadas. Y hasta sobre la mesa. No hay sorpresas, no hay traiciones. Volviendo al tema, el acuerdo termina con la semana Soldati, la gente sale del predio, terminan las aventuras violentas. Los que querían el río revuelto se quedaron sin agua.

2) Poner la pelota en la ciudad. Un peso vos un peso yo, es el corazón del acuerdo entre Ciudad y Nación. Y la segunda clausula clave es que el primer peso lo pone la Ciudad y la Nación agrega su parte. Igual los pesos no van a aparecer en lo que quede del mandato de Macri. El imitador de Freddy Mercury compró tiempo para seguir con su….gestión (?), diría el Conu. Pero el déficit habitacional estará de ahora en más en el listadito de preguntas incómodas, para las cuales el macrismo no tiene respuestas convincentes.

3) Mantener la bandera de la no represión al conflicto social. Aún con muertos a cuestas los reflejos del gobierno nacional fueron en la misma dirección que desde 2003. Ya posteamos sobre la idea de diferenciar direcciones de velocidades, forma de ver la política que nos separa de otros compañeros. La dirección te marca un rumbo, te fija metas, objetivos y métodos. La velocidad habla de cuánto avanzaste, qué ritmo le diste a ese rumbo, pero por definición es un elemento secundario para analizar el proceso. El esquema sirve para pensar Soldati. La velocidad de reacción se puede cuestionar, pero la dirección de una decisión política fundamental de la democracia se consolida con la creación de un Ministerio de Seguridad al mando de Nilda Garré. El kirchnerismo tiene una constante: al gesto le sobreimprime otro gesto. Como si el nombramiento de la ex diputada de la JP en el 73 y ex ministra de Defensa no bastara, se nombra como segunda a la fiscal que investiga el asesinato de Mariano Ferreyra. Es un gobierno que se construye su propia cama de clavos, para ver si se la banca. Eso es grosso.

4) Marcar la cancha con el verdadero adversario. En Acquaforte siempre apostamos a Mauricio. Se viene el tiempo de Mauricio y su derecha a la europea. Ese es el proyecto a derrotar y no las simpáticas miradas de candidatos que no tienen el menor interés en gobernar. Cuando habla Ricardo Alfonsín pareciera que hace un esfuerzo porque los votantes se acuerden de los gobiernos radicales. Y pide perdón. Y levanta la voz, enojado de que “siempre nos dicen las mismas cosas, que no sabemos gobernar…” Enternecedor. Mauricio es otra cosa y sus eventuales aliados tienen sed de poder, porque es la sed del Poder. Ese que si no estuviéramos en el 2010 estaría ensayando otras opciones además de la electoral. Por eso Macri es central. El gobierno necesitaba ( y lo logró, en parte) mostrar la inoperancia de la Ciudad y después arrastrarla a un acuerdo en la Rosada. Macri no se reunió con Cristina, se reunió con Aníbal Fernández. Todo un símbolo de jerarquías políticas. Como todo conflicto serio, lo de Soldati muestra y evidencia posiciones  y relaciones de fuerza. En limpio, el gobierno nacional “solucionó” el conflicto, aunque con retraso y hasta con algo de maliciosidad. Pero lo arregló. Y remarcó sus credenciales ideológicas progresistas con relación a los inmigrantes y a la represión de la protesta social. El gobierno de la Ciudad reforzó su imagen de no gestión, y también redobló sus principios ideológicos, buscando soldar el voto de un sector (muy amplio) que cree que los bolivianos y paraguayos son un peligro, una amenaza latente, un mal a extirpar.

PD: A dos voces. Filmus hace los deberes, pero no es un hombre con estrella, con carisma. Hay un problema: pareciera que tiene miedo. Está como dando lección. A veces aprueba a veces no. Nunca es contundente. Larreta cae seguramente peor, pero conoce las mañas, sabe lo que tiene que defender y lo que no, dónde meterse, que contestar. El que le gana a todos es el que menos set de televisión tiene: Alejandro Salvatierra. No es  D´elia remixado. Sabe que gana haciendo amigos. Se pone al lado del vecino que se oponía  al toma, “nosotros estamos con ustedes, no queríamos estar ahí”, hace foco en el problema de la vivienda, se lo explica a la audiencia que nunca pisó una villa, no quiere ser un testimonial de la “lucha social”, quiere salir, quiere ser parte, se quiere morfar el mundo. Ojalá, ojalá.

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Por una CTA independiente

Clarín: Pablo Micheli asumió finalmente ayer la conducción formal de una de las dos partes en las que quedó dividida la CTA. Lo hizo en la calle, en un multitudinario acto frente al Ministerio de Trabajo y rodeado de varias de las principales figuras de la oposición: estuvieron, entre otros, los diputados Fernando “Pino” Solanas, Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer, el senador Rubén Giustiniani y la ex ministra de Salud Graciela Ocaña.

Página 12: No vamos a entregar la CTA para que esté cerrada, para que no se movilice y para que sea la sucursal de algún partido político”, sostuvo. Entre los asistentes al acto estuvieron los diputados Ricardo Alfonsín (UCR), Victoria Donda (Libres del Sur) y Margarita Stolbizer (GEN), los dirigentes de Proyecto Sur Fernando “Pino” Solanas, Claudio Lozano y Mario Ma-zzitelli y el senador socialista Rubén Giustiniani. Asistieron además Adolfo Pérez Esquivel (Serpaj), Nora Cortiñas (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora) y Juan Carlos Alderete (CCC).

 

Como todo esto es joda, las razones de la ruptura probablemente estén en otro lado. ¿Podía no romperse una Central con tal desequilibrio interno donde sólo existen dos sindicatos de envergadura pero que, además, guardan una paridad de fuerzas como se demostró  en la elección, más allá de quien “ganó”? Y un dato que dispara para todos lados: ¿puede una Central sindical nuclear a movimientos sociales? La secuencia para pensar la respuesta sería así: la líder de un movimiento social importante, aunque encapsulado en una provincia que representa el 1,71% de la población total del país, define la elección de una Central sindical nacional. Acto seguido, el movimiento se retira de la Central desafiliándose. Esos votos validan el triunfo, o si se quiere, la legitimidad de pelear ese triunfo, que termina partiendo a la Central. ¿Cuál es el costo de la Tupac por irse de la Central? Ninguno, más allá de los personales.  No es la Tupac: la CTA no pudo retener ni a Barrios de Pie, ni a la FTV.

No es cuestión de traiciones, cada uno hizo y hace el juego que le conviene, como es lógico. Eso sí: todas las huellas del crimen terminan en los errores y horrores de un tipo que a esta altura no se sabe para qué ni para quién construyó en los últimos veinte años. El tipo que no supo que hacer justo cuando la gente se cansó en serio del neoliberalismo, el tipo que siguió esperando y esperando para armar la gran “herramienta político-social”, el tipo que dejó a su mejor criatura partirse sin mostrar la cara. El que se preparó para ser vanguardia y va terminar disputando listas de concejales con Libres del Sur.

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Barrenar la ola gigante o que te lleve la corriente

1) ¿Es así en todo lados? No importa mucho, pero creo que no. La sociedad argentina es un hervidero al que sólo se le pudo poner en caja con miles de muertos y un Estado sembrando campos de concentración o con una disciplina de mercado igualmente efectiva. Ninguna de las cosas esta hoy en disponibilidad de las clases dominantes. A esa escasez de “métodos” habría que agregar la particularidad de un doble desbalance: los sectores populares están geográficamente concentrados en pocos kilómetros y sindicalmente organizados en un nivel aún importante. No estoy diciendo nada nuevo, pero no está mal tenerlo en cuenta: es un escenario viejo, que entre otras cosas, produjo el 17 de octubre, y que hoy sigue teniendo cuerda. A eso hay que sumarle algo que el conflicto con Clarín mostró y ocultó a la vez: tenemos medios de comunicación hegemónicos, sí, pero también concentrados en esa misma geografía, que ayudan aunque no lo quieran a ese desbalance “popular”. Una toma de tierras marca la agenda política nacional. En parte por su impacto mediático. Un referente social de una villa se convierte en un referente nacional en un par de días. Algo que tampoco es inédito: ya pasó con D´elía en el histórico corte de La Matanza a fines de los noventa. No deja de ser una disgresión, pero habría que tener en cuenta este elemento positivo de los medios argentinos. Al igual que la política nacional, los medios también tienen una elasticidad importante para incorporar lo que surge de abajo. Y, salvo excepciones, la actitud anti discriminatoria fue ampliamente mayoritaria entre los periodistas y conductores. En este sentido, tenemos que darnos cuenta que no fue un “nosotros” kirchnerista contra un “ellos” anti gobierno. Primaron los cortes ideológico-culturales, las sensibilidades humanas, la memoria “larga” de la inmigración europea. También el rechazo amplio al gobierno de Macri que le cuesta cada vez más ocultar una administración que como poco se puede decir que no hace mucho por Buenos Aires y su gente.

2) Quería marcar otra cosa: apareció un nuevo sujeto. En estos días se hicieron visibles por primera vez con fuerza los que habían quedado excluidos a pesar de las “tasas chinas” de los últimos años. Me acuerdo algo que decía un compañero hace muchos años, en pleno menemismo: “¿te das cuenta? antes, en los 60, los 70, la pobreza creaba militantes, ahora crea marginales”. Las generalizaciones siempre son un poco falsas, pero esa resumía algo que era cierto. Y tal vez sea una de las explicaciones del menemismo. Los pobres de toda pobreza habían, por fin, sido doblegados y llevados hasta un nivel de exclusión donde la respuesta, la resistencia, era cobijarse como y donde se pudiera. “Aguantar”, otra palabra símbolo de los 90. Tal vez eso, después de ocho años de un derrame injusto y en cuenta gotas, pero dónde algo se derramó para casi todos, ese mecanismo haya cambiado de nuevo. No sé si militantes (aunque ahí está la historia de mi nuevo héroe, Alejandro Salvatierra, que invita a pensar esta idea desde su propia biografía personal) pero la toma de Soldati parece mostrar que la etapa defensiva de los sectores más postergados llegó a su fin.

3) Lo cual es una alegría. Y un tremendo problema. Los excluidos son difíciles de sentar en una mesa. Sus representaciones no van a poder ser sintetizadas en un Concejo del Salario junto a la UIA. Es un actor que, paradójicamente, pide mucho menos que los trabajadores sindicalizados, pero lo hace de una manera más intempestiva, en tanto no se está jugando mejorar unos puntos de poder adquisitivo sino tener un techo, tener alimento, tener algo. El gobierno en ese sentido, no viene con grandes pergaminos. Le costó seis años admitir un error sutil pero crucial: la política económica es la mejor política social, pero no puede ser la única la política social. La Asignación Universal por Hijo es seguramente casi lo único que este sector de la sociedad recibió del Estado. Ahora piden tierra y casas. El gobierno va a necesitar reflejos infinitamente más veloces que los que tuvo con la AUH para que la ola no lo tape. En Soldati no terminó algo, empezó algo. Y Macri es sólo un capítulo menor. Por su evidente déficit de gestión, la Ciudad sea tal vez el eslabón más débil, pero más de un intendente del Conurbano debe estar pidiendo informes actualizados sobre su propio territorio.

4) El kirchnerismo parece condenado al destino común de los gobierno populares. A profundizarse. Más allá de las intenciones de sus conducciones. “Te doy la mano y me agarrás el codo” es una frase que se debe haber escrito miles de veces en un anotador de un despacho oficial, mientras el Ministro mira a su interlocutor. Cuando además esa reunión es, en definitiva, entre “compañeros”, donde media un compromiso político por representar, las opciones del gobierno se angostan cada vez más. El kirchnerismo no quiere reprimir. Eso ahora parece significar sacarle la policía a Aníbal y dársela a Garré. Pero además Alicia deberá hacer las casas que no hizo, y Cabandié juntarse con Salvatierra a discutir de política. El kirchnerismo, para no retroceder, tiene que mejorar. Inevitablemente. Si en medio de tanta muerte y tanto bardo hay una buena noticia, creo que es ésa.

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Villa Mercosur

Los asesinatos en Villa Soldati golpean sobre un problema que va más allá del drama habitacional de la Ciudad de Buenos Aires. Más allá de las balas policiales, de la desesperación por un techo, de las formas de organización política de los pobres. De entre todo ese enjambre de temas densos, surge la interpelación sobre la migración regional, los lazos sociales de esos migrantes, las asimetrías entre los países que integran el Mercosur y sus Estados asociados, la perseverancia de la discriminación social por el lugar de origen de los nuevos residentes.

Muchas veces el proceso de integración regional queda preso de debates y discursos que lo ubican en un lugar privilegiado: cómodos despachos de cancillerías, o debates de intelectuales, o de organizaciones populares que trabajan sobre problemas que atañen a su comunidad y buscan crear soluciones en el marco de los acuerdos regionales. Sin embargo el “proceso de integración regional” estalla también en Soldati. Los números de la inclusión ciudadana regional del programa Patria Grande –la mejor política migratoria de las últimas décadas- se vuelve carne (de cañón). El dato estadístico de las 736.646 radicaciones resueltas por el Estado argentino desde 2004 al 2009 se vuelve conflicto social y conflicto político. Pero sucede algo lógico: un derecho llama a otro derecho. Ciudadanos con los papeles migratorios en regla buscarán tener donde vivir. La incongruencia la tiene el Estado  que les da DNI al mismo tiempo que los reprime (el mismo Ministerio del Interior tiene a su cargo el programa Patria Grande y la Policía Federal…).

¿Por qué no se quedan en sus lugares? ¿Por qué los dejamos entrar acá? ¿Por qué les damos DNI? Estas preguntas, que esconden poco una intencionalidad represiva y xenófoba, están como nunca en el aire. El que piense que todo se reduce a la “tilinguería de Macri” se equivoca. Entre otras cosas, porque las preguntas son pertinentes y la respuesta no es una sola. Las preguntas son pertinentes en tanto vivimos en sociedades que todavía se construyen identitariamente sobre la idea del Estado-nación. Y una idea de Nación que pone un límite preciso entre Jujuy y Tarija o entre Formosa y Presidente Hayes, por más que la geografía, la cultura y la historia muestren lo relativo que es eso. Una contradicción que se sigue reproduciendo desde el Estado –en algún punto inevitablemente- a pesar de que su actual conducción política mantiene una actitud unívoca a favor de la integración regional desde 2003 hasta hoy. No basta con esgrimir cuestiones morales, éticas o ideológicas, el debate tiene que incorporar las variables de la política real y de las opciones existentes en el tablero.

En un encuentro de jóvenes militantes en la ciudad de Córdoba, hace algunos meses, el entonces secretario de Néstor Kirchner en la UNASUR,  Rafael Follonier nos detalló con precisión y sin pomposidades ideológicas parte de lo que se jugaba en un eventual Golpe de Estado contra Evo Morales durante 2008: un desastre humanitario en el Conurbano bonaerense como consecuencia directa de la hipotética expulsión económica y política de grandes masas de ciudadanos bolivianos. Desorganización, desbordes sociales, incertidumbre para millones.

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inflación, inseguridad y fragmentación

¿Por qué la inflación y la inseguridad prenden tan bien como temas relevantes en sectores que tienen tan poco que ver entre sí? ¿Qué los hace que sean materia prima de los candidatos de la oposición, de los medios, de las charlas de ocasión, de la indignación ciudadana, de irrupción de furia momentánea, de miedos sociales de los de abajo y de los de arriba? Una explicación posible puede ser que son temas vivenciados, y por lo tanto con posibilidad de producir discurso efectivo y efectista, por todos. Todos Nosotros. Ahí hay un gran convocante. La Argentina, recuperación mediante y todo lo que se quiera, sigue siendo una sociedad profundamente fragmentada, rota, partida en miles de astillas. No es fácil encontrar temas que nos crucen a todos de una forma relativamente similar. Con la pobreza, digamos, no pasa. Porque mientras para uno es un “tema” de preocupación política o simbólica, para otros no es un tema y para otros es el drama de sus vidas. Ni que hablar de la corrupción, la “economía” o el último informe sobre los wikileaks. La cuestión no es tanto que a unos les importe y a otros no, sino que -incluso con la tendencia a la uniformidad de la tele y los medios en general-  todas esas agendas tienen una relectura particular según desde donde se las mire y/o viva. Con la inseguridad y la inflación pasa algo distinto. Si bien es obvio que estos dos temas tienen implicancias reales diferentes según el lugar social que se ocupa, permiten ser trasmitidos por un discurso muy similar. Y, más importante, permiten ser vividos también en forma similar. El robo a Mirtha o a la Mirta no difiere en sus formas, ni en los miedos que provoca, ni en un básico modus operandi: alguien te saca lo que es tuyo. Con la inflación pasa algo similar: vas a un chino, un súper o un almacén criollo y las cosas aumentaron. Simple, sencilla y democráticamente. Si después eso representa un porcentaje más significativo o menos significativo de tus ingresos, o si en verdad recuperás por salario una parte o el total de ese aumento, empiezan a ser disquisiciones analíticas que en general no se hacen. En un país dónde casi todos fuimos recostándonos en fragmentos culturales que nos contienen pero nos alejan de los demás (¿o no sigue siendo difícil “hablar de política”?¿o “hablar de política” no significa cosas demasiado diferentes según sea nuestro interlocutor?) la inflación y la inseguridad aparecen unificándonos hasta en las palabras que usamos y, en cierto punto, en el significado que les damos a esas palabras. Eso les da una efectividad política demasiado fuerte como para que no se haga uso y abuso de ese pequeño tesoro popular y populista. Y por eso, al mismo tiempo, tal vez sea tan difícil hacer política y construir un discurso para los sectores que intentan (mos) “descorrer el velo” de la unidad ficticia por el de la confrontación de proyectos. Si eso es difícil en todos los terrenos, es particularmente complicado hacer ver que el robo del asaltante y el robo del comerciante tienen una lectura más fina, una trama que diferencia a pobres y ricos, a empresarios y trabajadores, a corporaciones y Estado. La cuadratura del círculo  tal vez no sea buscar una “pedagogía del oprimido” para estos temas, para que “se den cuenta”, algo que casi siempre termina en prácticas gorilas, sino en usar el poder de esas palabras, en esa fuerza unificadora y totalizadora, de pertenencia social vasta que evidentemente tienen, para desde ahí darles una dirección que no vaya, al menos, contra los intereses de las mayorías.

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Reformas de segunda generación

Dice Gerardo, y con razón, que la blogósfera viene un poco tranqui, casi que pinchada. Y por un lado es un buen síntoma que los blogs sigan un poco la dinámica social. Si en medio de la calma esto fuera un incendio, seríamos el pasillo de Sociales o Filosofía y Letras: una irracionalidad, un espacio cedido a la teatralización banal de la Revolución. Cuanto más nos alejemos de eso, mejor.

De todas formas no podemos esperar que esto dure mucho, por simple experiencia histórica los veranos argentinos tienen ese que se yo, y por otro lado, tampoco es bueno: como ya canonizó Tomás, si te frenás, te caés. Pero bueno, aprovechemos la coyuntura “tranquila” y el embole de la invasión wiki-wiki para pensar otras cosas.

Sabemos que, como dice Cristina, este es un gobierno “reparador” pero que está lejos aún de victorias de largo plazo. ¿Cuáles serían? Para no hacer un catálogo de grandes sueños del pueblo feliz (para eso está Proyecto Sur…) habría que pensar las conexiones posibles entre lo que efectivamente se transformó y el paso siguiente para consolidar eso. El probable triunfo en 2011 (que acá nunca dudamos, no por manejar encuestas ocultas si no por eso del optimismo de la voluntad) nos pone frente a las puertas del proceso político más largo de la historia política moderna argentina. Ni Perón, ni las dictaduras, ni Menem. Nada habrá durado tanto como el kirchnerismo. Los saldos de un proceso de esa duración tienen que ser, digamos, contundentes. Ayer en el Cash de Página, Navarro hace los números de la estatización de Aguas Argentinas/AySA. Un millón 200 mil personas con acceso al agua y 700.000 a cloacas en cuatro años. Este dato positivo de un Estado gestionando una gran empresa de servicio público de manera eficiente y orientada a solucionar problemas sociales agudos, ¿nos llevará a discutir otras privatizaciones? El gas, por ejemplo. Donde parece que la privatización del servicio fue tan ineficiente como la de Aguas para incorporar a las 4 millones de familias que están esclavas del mercado de garrafas.

Otro eje para pensar una “continuidad profundizada” es el mercado de trabajo. Romper la barrera de 30 puntos de informalidad. Los avances del gobierno existieron, pero con una acción focalizada y limitada. La inercia lleva a cierta injusticia: el gobierno termina defendiendo mejor y más rápido a los que ya están dentro del sistema. En ese sentido, habría que preguntarse que es más jugado. Si avanzar con la participación de las ganancias -que aumentaría la participación del trabajo rumbo al mágico 50-50 pero en un esquema de mucha desigualdad dentro del 50 de los laburantes- o ser más agresivos para que los empresarios incorporen a los que están en negro.

El gobierno recuperó millones con las AFJP. Hizo sustentable, con relación a lo que era antes al menos, el sistema de jubilación de reparto y tiene financiamiento barato para obras de infraestrucutra. Funcionó.  ¿Qué otras cajas hay que recuperar?

¿Después del matrimonio igualitario viene la ley del aborto? Ahora nadie duda, pero cuando el gobierno lanzó ese debate muchos pensaron que la “sociedad no está preparada”, que era pelearse con la Iglesia y darle en bandeja una forma de interpelar a los pobres, apelando a un conservadurismo social y cultural que, al menos esa vez, no se verificó. Esto es más difícil, claro, pero también más relevante porque democratiza una práctica generalizada y que sólo en las mujeres pobres es perjudicial para la salud, potencialmente mortal. ¿Darán las fuerzas?¿Es un límite del kirchnerismo? Para mí dan y no es un límite. Eso si, hay que pensar las jugadas como una final de Karpov y Kasparov.

Tal vez estos temas o los que vengan  -a diferencia de las primeras reformas- dependan más de la instalación social que se haga de ellos, de la militancia que se comprometa para eso,  y menos de la decisión sorpresiva desde arriba.

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