Por una CTA independiente

Clarín: Pablo Micheli asumió finalmente ayer la conducción formal de una de las dos partes en las que quedó dividida la CTA. Lo hizo en la calle, en un multitudinario acto frente al Ministerio de Trabajo y rodeado de varias de las principales figuras de la oposición: estuvieron, entre otros, los diputados Fernando “Pino” Solanas, Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer, el senador Rubén Giustiniani y la ex ministra de Salud Graciela Ocaña.

Página 12: No vamos a entregar la CTA para que esté cerrada, para que no se movilice y para que sea la sucursal de algún partido político”, sostuvo. Entre los asistentes al acto estuvieron los diputados Ricardo Alfonsín (UCR), Victoria Donda (Libres del Sur) y Margarita Stolbizer (GEN), los dirigentes de Proyecto Sur Fernando “Pino” Solanas, Claudio Lozano y Mario Ma-zzitelli y el senador socialista Rubén Giustiniani. Asistieron además Adolfo Pérez Esquivel (Serpaj), Nora Cortiñas (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora) y Juan Carlos Alderete (CCC).

 

Como todo esto es joda, las razones de la ruptura probablemente estén en otro lado. ¿Podía no romperse una Central con tal desequilibrio interno donde sólo existen dos sindicatos de envergadura pero que, además, guardan una paridad de fuerzas como se demostró  en la elección, más allá de quien “ganó”? Y un dato que dispara para todos lados: ¿puede una Central sindical nuclear a movimientos sociales? La secuencia para pensar la respuesta sería así: la líder de un movimiento social importante, aunque encapsulado en una provincia que representa el 1,71% de la población total del país, define la elección de una Central sindical nacional. Acto seguido, el movimiento se retira de la Central desafiliándose. Esos votos validan el triunfo, o si se quiere, la legitimidad de pelear ese triunfo, que termina partiendo a la Central. ¿Cuál es el costo de la Tupac por irse de la Central? Ninguno, más allá de los personales.  No es la Tupac: la CTA no pudo retener ni a Barrios de Pie, ni a la FTV.

No es cuestión de traiciones, cada uno hizo y hace el juego que le conviene, como es lógico. Eso sí: todas las huellas del crimen terminan en los errores y horrores de un tipo que a esta altura no se sabe para qué ni para quién construyó en los últimos veinte años. El tipo que no supo que hacer justo cuando la gente se cansó en serio del neoliberalismo, el tipo que siguió esperando y esperando para armar la gran “herramienta político-social”, el tipo que dejó a su mejor criatura partirse sin mostrar la cara. El que se preparó para ser vanguardia y va terminar disputando listas de concejales con Libres del Sur.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Por una CTA independiente

  1. horca

    En la historia esto es común. Siempre que después de muchas luchas y crisis aparece por fin un gobierno progresista, subsiste una contrapartida “inconformista” que execra todos los avances sociales y mediante generalizaciones burdas y exquisiteces mediocres deduce que “no cambió nada”. Le pasa a Evo Morales, con los indigenistas ortodoxos como Felipe Quispe, quien considera que el MAS es una trampa de los blancos para talar árboles. Le pasa a Rafael Correa con los movimientos sociales que juzgan insuficiente y falaz su reforma constitucional y que no se pronunciaron vehementemente cuando se sublevó la policía. Pasó también con la izquierda argentina en el 45 y ahora pasa con cierta parte del progresismo. Estos sectores, generalmente héroes de la “resistencia”, ven con malhumor que de pronto, de la nada, de la Patagonia que es como decir el fin del mundo, aparece un dirigente político con capacidad de aglutinación, de convocatoria, de votos, de gestión, en resumen, aparece una alternativa mucho más sofisticada políticamente, más moderna, o sea, más acorde a las circunstancias. A partir de ese momento, cuando ese maldito nuevo dirigente empieza a “interpretar” las demandas históricas del sector, la resistencia heroica se fracciona: una parte apoya los cambios, la otra pasa automáticamente al lugar de espectador cultivado y reduce su accionar político a refutar la “interpretación” del nuevo dirigente.

    La resistencia heroica no se justifica por sus triunfos concretos, sino por el capital simbólico que acumula en posiciones defensivas. Cuando empieza a haber triunfos concretos, su capital simbólico cambia de naturaleza: ocurren naturalmente fracciones, y el sector inconformista deja de tener un enemigo para tener dos: uno es la burguesía de siempre, otro es el maldito “intérprete demagógico” en funciones ejecutivas. Lo normal es que ahí prevalezca una lógica táctica que choca con la estratégica: de facto, conviene aliarse con cachivaches como la UCR, precisamente porque son bien diferentes y por lo tanto, no ponen en juego la identidad de la resistencia. El comunista del 45 que se aliaba con el conservador lo podía hacer precisamente porque sabía que esa alianza era “meramente táctica”, esto es, no afectaba su identidad como comunista; en cambio, no podía tener el menor trato con un peronista, ya que se le “parecía demasiado”, y con la fastidiosa cualidad de tener el poder del Estado y el voto popular.

    De Gennaro, Solanas, etc., comparten sin problemas un acto con Alfonsín y Stolbizer (y hasta con Carrió, je), ya que “saben” que no se parecen en nada a ellos. Alfonsín no amenaza la identidad de Proyecto Sur, porque el delicado líder radical no tiene la increible pretensión ni el poder de “interpretar” sus demandas. Obviamente, más de una vez la actividad de la resistencia heroica inconformista termina aliándose de facto con la peor derecha imaginable, pero precisamente lo pueden hacer porque no se parecen a ellos. Así que tenemos que acostumbrarnos a este circo patético; es lo que pasa siempre en la historia.

  2. pucha,yo pensé que De Gennaro tenía aspiraciones más altas, aunque sea a gobernador. Muy patético todo ayer frente al ministerio. Dirigentes políticos que quieren ser gobierno, renegando de los partidos en los sindicatos, y de yapa uno, que armó el suyo con buena parte de la CTA.

    En cuanto a lo que dice el cro. horca recuerdo un cuento de un amigo, que relata la asunción al poder, por fín, de uno de estos eternos resistentes. Cuando llega al sillón de Rivadavia o de Dardo Rocha, para el caso da igual, se pregunta: ” Bien ¿Y ahora?”

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