inflación, inseguridad y fragmentación

¿Por qué la inflación y la inseguridad prenden tan bien como temas relevantes en sectores que tienen tan poco que ver entre sí? ¿Qué los hace que sean materia prima de los candidatos de la oposición, de los medios, de las charlas de ocasión, de la indignación ciudadana, de irrupción de furia momentánea, de miedos sociales de los de abajo y de los de arriba? Una explicación posible puede ser que son temas vivenciados, y por lo tanto con posibilidad de producir discurso efectivo y efectista, por todos. Todos Nosotros. Ahí hay un gran convocante. La Argentina, recuperación mediante y todo lo que se quiera, sigue siendo una sociedad profundamente fragmentada, rota, partida en miles de astillas. No es fácil encontrar temas que nos crucen a todos de una forma relativamente similar. Con la pobreza, digamos, no pasa. Porque mientras para uno es un “tema” de preocupación política o simbólica, para otros no es un tema y para otros es el drama de sus vidas. Ni que hablar de la corrupción, la “economía” o el último informe sobre los wikileaks. La cuestión no es tanto que a unos les importe y a otros no, sino que -incluso con la tendencia a la uniformidad de la tele y los medios en general-  todas esas agendas tienen una relectura particular según desde donde se las mire y/o viva. Con la inseguridad y la inflación pasa algo distinto. Si bien es obvio que estos dos temas tienen implicancias reales diferentes según el lugar social que se ocupa, permiten ser trasmitidos por un discurso muy similar. Y, más importante, permiten ser vividos también en forma similar. El robo a Mirtha o a la Mirta no difiere en sus formas, ni en los miedos que provoca, ni en un básico modus operandi: alguien te saca lo que es tuyo. Con la inflación pasa algo similar: vas a un chino, un súper o un almacén criollo y las cosas aumentaron. Simple, sencilla y democráticamente. Si después eso representa un porcentaje más significativo o menos significativo de tus ingresos, o si en verdad recuperás por salario una parte o el total de ese aumento, empiezan a ser disquisiciones analíticas que en general no se hacen. En un país dónde casi todos fuimos recostándonos en fragmentos culturales que nos contienen pero nos alejan de los demás (¿o no sigue siendo difícil “hablar de política”?¿o “hablar de política” no significa cosas demasiado diferentes según sea nuestro interlocutor?) la inflación y la inseguridad aparecen unificándonos hasta en las palabras que usamos y, en cierto punto, en el significado que les damos a esas palabras. Eso les da una efectividad política demasiado fuerte como para que no se haga uso y abuso de ese pequeño tesoro popular y populista. Y por eso, al mismo tiempo, tal vez sea tan difícil hacer política y construir un discurso para los sectores que intentan (mos) “descorrer el velo” de la unidad ficticia por el de la confrontación de proyectos. Si eso es difícil en todos los terrenos, es particularmente complicado hacer ver que el robo del asaltante y el robo del comerciante tienen una lectura más fina, una trama que diferencia a pobres y ricos, a empresarios y trabajadores, a corporaciones y Estado. La cuadratura del círculo  tal vez no sea buscar una “pedagogía del oprimido” para estos temas, para que “se den cuenta”, algo que casi siempre termina en prácticas gorilas, sino en usar el poder de esas palabras, en esa fuerza unificadora y totalizadora, de pertenencia social vasta que evidentemente tienen, para desde ahí darles una dirección que no vaya, al menos, contra los intereses de las mayorías.

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4 comentarios

Archivado bajo General

4 Respuestas a “inflación, inseguridad y fragmentación

  1. Juan Pascual

    Quizá se trate también de institucionalizar en un modo acorde a este tiempo. Hemos vivido momentos de fragmentación mucho más intensos –los comienzos del XX– que también se han traducido en estereotipos de la violencia urbana y económica. Sin embargo, la construcción de espacios de encuentro (que también han sido de exclusión, jerarquización y normalización) devinieron en la aparición de un “argentino”. Y esos espacios de encuentro han sido más, mucho mucho más, que una articulación discursiva que dé sentido al orden social (é decir: una articulación hegemónica). Han sido espacios de prácticas, de transformación subjetiva bien adherida a lo cotidiano.

    Saludos, buen post

    (si interesa, continúo la idea acá )

  2. El valor de las palabras y lo vivenciado. Matrix a mil. La inflasción es algo que sí podemos interpretar las mayorías como concreto, sin embargo la indseguridad no, en uno, en las mayorías. El miedo como que equipara la sensación, lo que te puede pasar, con lo que realmente te pasa

  3. Tanto la inflación como la inseguridad sirven para colocar a todos bajo un mismo paraguas, que no es lo mismo que unirlos detrás de un mismo interés.
    Ambas apelan al último refugio que es el individuo y lo que éste posee.
    Porque no significa lo mismo inseguridad para Manuel Solanet que para Carlitos Rodríguez de Taco Ralo. Las propuestas y soluciones que pueden ofrecérsele a uno y a otro son distinas, a pesar de que ambos puedan pensar que el problema es uno sólo: la inseguridad.

  4. horca

    El planteo del post es bueno: cómo luchar contra las simplificaciones eficaces de la derecha. Lo que no debemos creer, en todo caso, es que la facilidad derechista para ofrecer visiones de mundo populacheras y demagógicas no depende de una identidad profunda con la naturaleza humana o argentina, sino simplemente con que invierten mucho tiempo y dinero en generar consignas exitosas. Todo el mundo del marketing, creativos publicitarios y demás responde a la necesidad de rearmar un discurso de derecha después de la segunda guerra. Como podemos verlo, estos genios de la venta se entrenan durante años vendiendo autos, desodorantes y mayonesas, para después alquilar sus servicios en campañas electorales y para fabricar consignas exitosas, explotando, como corresponde, el material simbólico preexistente en el consumidor, el votante o el ciudadano.

    La izquierda, en cambio, se ha especializado en regalarle al enemigo unos cuantos conceptos básicos, galvanizadores: ejemplarmente, el de “nacionalismo”. Todo esto lo explica Lakoff en una entrevista brillante que recomiendo: http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/George_Lakoff.htm. Obviamente, Manolo lo vio antes. Viene bien pegarle una ojeada en un momento en que Macri intenta explotar los sentimientos nacionalistas de la población para encauzarlos en un sentido discriminatorio. Si los peronistas tuviésemos una estrategia clara, podríamos destrozar a Macri en una simple conferencia de prensa. Para mí se trata de acusarlo de antiargentino, de violar la tradición inmigratoria del país, de aplicar ideas extranjerizantes sobre la inmigración y en definitiva, resaltar que su verborragia racista es un atentado a la memoria de Sarmiento y a la letra del preámbulo.

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