Archivo mensual: diciembre 2010

Todo confluye acá


Ojalá que esta noche la pase lo menos mal posible. Ojalá que le sirva pensar en todo lo que tiene por delante. Ojalá sus fuerzas sean suficientes. Ojalá que nuestro apoyo no la aplaste. Ojalá sepa que  es verdad, que muchos vamos a brindar por su compañero.

Nos vemos en el 2011.

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Construir kirchnerismo

¿Nos cansamos de la realpolitik y ahora se viene la Rialpolitik de los blogs, como me dijo Antonio? En fin. La origen de la supuesta pelea es una joda, todo bien. El rating de los blogs venía flojo. Así y todo hace un tiempo que se viene discutiendo -en serio-  las cuestiones de indentidad política de este proceso, las alianzas y sus límites.

Una primera opinión: acá hay un problemita generacional. Los que cuestionaron la conducción de Perón en los setenta, y se jugaron en una disputa que perdieron por goleada y con un costo de vidas increíblemente alto ahora parecen tener la necesidad de revalidar cada quince minutos títulos de ortodoxia, demostrando que, ahora sí, no se van a equivocar. No somos quien para cuestionar estas actitudes, sí decir que no se corresponden con los debates nuestros. No al menos en los términos en que últimamente lo viene poniendo Artemio, por ejemplo. Aún así, con mucha humildad, me permito un desliz: ¿otra vez apurando las discusiones? ¿Otra vez esa falta de timing histórico para entender por donde pasa el conflicto central?¿Al final aprendieron o no aprendieron? Ahora resulta que el problema del “proyecto” son sus aliados. Uy dio, estamos en el horno. ¿Cuánto duran los Artemio o Manolo, por ejemplo, en un gobierno 100% PJ? ¿Cinco minutos?¿Diez?

Nuestro debate es otro, tiene que ser otro. Tiene que ser pensar qué significa el famoso “proyecto”. Cuáles son las políticas públicas que tenemos que impulsar y defender de acá en más. Cuáles son los límites que el modelo de 2003 empieza a mostrar, para sortear las vallas en que trastabillaron las anteriores experiencias populares.  Como repolitizar y para qué. Cuál es la función de la militancia en la segunda década del siglo XXI. A ver: a nadie le molesta cantar la marchita a esta altura del partido. Tampoco nadie dejará de votar a Cristina porque el gobierno central deba tejer alianzas con dirigentes cuestionados o cuestionables. El problema no es el escudo, ni el PJ. El problema, si se quiere, es Scioli. Y para eso, ni Artemio ni nostros ni nadie tiene una respuesta política. No la hay. La tendrá que haber, porque no existe posibiidad de herencia del kirchnerismo en el sciolismo. Pero si no vamos a discutir eso -y me parece bien no discutirlo hasta el lunes 24 de octubre de 2011 cuando hayamos ganado-  entonces discutamos otras cuestiones. La existencia de dos candidaturas kirchneristas en la provincia de Buenos Aires (o de ninguna, si se quiere: Sabatella es “autónomo”, y Scioli… también) electoraliza un problema político profundo y real. El gran déficit del gran presidente de la democracia: la construcción de una herramienta política que pueda sostener la profundización y consolidación del proceso. Desde la muerte de Néstor, evidentemente, es ya déficit de todos nosotros. La existencia del actual Partido Justicialista, como elemento central del armado político-electoral, no termina con este interrogante político. Hubo, hay y habrá tránsfugas en el PJ y fuera de él. A cada Donda le corresponde su Solá. En términos prácticos: para saber si estamos frente a un compañero, no sirve preguntarle si es peronista o progresista, hay preguntarle si es kirchnerista, si está con el gobierno. Fácil, sencillo y contundente.

Lo que parece un tanto desfigurado ya, es la consecuencia de esa absurda estrategia divisionista: si algunos progresistas (entendiéndolo como el kirchnerismo que no está en el PJ) critican el papel del gobierno nacional en las muertes de Formosa, o la continuidad de cierta pax con sectores muy rancios del sindicalismo empresarial como la UF de Pedraza, se denota su incapacidad por “entender” y hasta su falta de lealtad. Este absurdo termina por saldar cualquier posibilidad de debate crítico sobre asuntos donde justamente hay que incentivarlo, para desarmar posiciones facilistas, cómodas, políticamente correctas. Pero si lo que hacemos es acusar al emisor de blandito y ladriprogre, lo único que se logra es el silencio y la ausencia perspectivas superadoras.

La práctica real de gobierno, más allá de todas las teorizaciones posibles, se mantuvo conteniendo a partidos, referentes, movimientos e identidades muy diversas. Y, cuestión central, sin una clara jerarquización interna de ese conjunto, salvo la venia coyuntural de, una vez más, el Poder Ejecutivo. Que esto es así lo demuestra la última gran movida de Cristina: ¿en qué lógica de privilegio territorial o de pertenencia partidaria cuadra que Aníbal Fernández pierda fuerza en manos de Nilda Garré, importante dirigente del… Frente Grande?  Salta por ahí un posible camino para un problema concreto del 2011. Las listas y los cargos ministeriales. En las primeras, quien haya construido territorialmente y quien asegure votos. En los segundos, jugadas más audaces, pruebas piloto para fuerzas políticas aliadas.

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Gordo de Navidad

“La agenda que impuso es de un avance y acumulación fenomenales. Es el mejor gobierno  que hemos tenido desde el 55 hasta la fecha. Pero no se puede hacer el vino nuevo en odres viejos”, dispara, en dirección a la estructura del Partido Justicialista, quien es el líder del movimiento Federación Tierra y Vivienda (FTV) y uno de los máximos defensores de la era k.

¿Y cuál es el vino que a usted le interesaría hacer o que se haga?
A mí me interesan sobre todo cuatro reformas: la urbana, la agraria, la financiera y la del código minero. Además, quiero la profundización de la distribución de la renta nacional y de la riqueza. Ojo, porque muchos confunden riqueza con renta nacional. Son dos cosas distintas y quiero la distribución de las dos.

¿Cuál es su diagnóstico del problema habitacional en la Argentina?

El problema de la tierra en la Argentina se divide en tres grandes focos: el rural, el aborigen y el urbano. En el urbano, hay un déficit enorme producido por el hecho de que, desde hace muchísimos años, en las grandes urbes no hay loteos populares. El loteo popular es lo que permitía articular mercado y capacidad de ahorro de los trabajadores de las clases populares. A su vez, el Estado no tiene propuestas de creación de suelo urbano en gran escala, Entonces si la gente no encuentra solución en el mercado ni en el Estado, lamentablemente vienen las tomas.

¿Cree que las tomas en Villa Soldati y Lugano son genuinas?

-Siempre una operación está montada sobre algo genuino. Acá hay problemas concretos de déficit habitacional. Pero acá también hay una actuación en tándem del macri- duhaldismo, que genera un escenario de violencia, la izquierda boba que les hace el juego, y Clarín, que transmite en cadena nacional. El Estado debe resolver los problemas concretos primero, pero si llega tarde, cuando ya hay desmanes, debe intervenir con profesionalismo, esto es, desarmado, como lo hicieron ayer en Constitución, donde no hubo que lamentar ninguna víctima y se detuvo a quienes protagonizaron los desmanes.

¿Qué se debe hacer con las villas miseria?

Yo no hablo de villa porque esa es una concepción, que dejó de funcionar en el ´80, de cuando la gente se apilaba porque veía en la villa un lugar de transitoriedad hasta que conseguía empleo e iba a un loteo popular. Hoy los asentamientos se hacen respetando la trama urbana y son pasibles de regularización. No hay duda de que este es un problema nacional. Estamos hablando, sólo en el conurbano bonaerense, de mil asentamientos. Nadie puede hablar de políticas de seguridad serias si no se interviene directamente ahí. Pero no reprimiendo, si no dando el dominio de la tierra y creando infraestructura comunitaria y de servicios. Quien no entienda que esta es la forma de terminar con la pobreza está mirando otro canal.

Usted hablaba también de reforma agraria, ¿cómo sería?

Lo rural tiene hoy tres grandes focos por resolver: uno es en la Patagonia, entre Chos Malal, en Neuquén, y Los Antiguos, en Santa Cruz, donde hay 5 millones de hectáreas en manos de los gringos y en disputa con la población aborigen campesina. Hay que ver cómo resolverlo retomando algunos instrumentos de soberanía respecto de la propiedad de extranjeros. Por otro lado, hay un segundo gran problema: el chaco seco del centro del país, que va desde el norte de Córdoba, pasando por todo el monte santiagueño y que ocupa el este de Salta y el oeste del Chaco. Ahí hay otro conflicto muy serio, que es el conflicto campesino sojero. Los derechos ancestrales de los campesinos confrontan con el avance sojero de los grandes grupos, sobre todo de Rosario, Córdoba y Buenos Aires. Y el tercero es en el NEA, Corrientes y Misiones, donde hay grandes problemas de latifundio. Para empezar, necesitamos que el gobierno nacional sepa quiénes son los dueños de la tierra argentina, algo que hoy no se puede saber porque los registros de la propiedad provinciales, salvo cuatro o cinco, son obsoletos o directamente escandalosos, y no existe un registro federal.

¿Se debe poner un límite a la propiedad de tierras?

Por supuesto. Y hay un proyecto de ley que apoyo, que es el de Omar Plaini, diputado de la CGT, y que también es compartido por las viejas dirigencias agrarias. Dice básicamente que la propiedad de la tierra, en los lugares con cierta normalidad del suelo y del clima, no debería exceder más de las 5 mil hectáreas. Me parece que sería importante avanzar en esto. Hoy me enteré de un dato espantoso: el 80% de la población argentina vive en el 1% del territorio. Estamos totalmente hacinados. Tenemos un país, en materia demográfica, con una cabeza gigante y un cuerpo pequeño. Hay que crear un banco de tierras donde se reagrupe toda la tierra estatal y se le pueda dar una dimensión social, esto es, una redistribución. Y además, hay que avanzar también, además del dominio, en otras cuestiones como la calidad de vida, de hábitat y de medios de producción del campesinado. Tenemos que repensar la Argentina y recolonizarla, porque hay tierra para que todos  tengamos casa.

¿Por qué este Gobierno no avanzó en esto?

Hoy hay un déficit habitacional de 4 millones de viviendas, pero la política del gobierno ha sido la mejor en este sentido: se han construido 500 mil soluciones habitacionales en 7 años. Pero creo que en un país con 300 millones de hectáreas, de los cuales 150 son productivos, esto no es suficiente. Yo creo que esta es la agenda del próximo gobierno. Ojalá lo sea. No podemos tener este problema en la Argentina, que es el país de la tierra. Es lo del vino que te decía: no podemos pensar en hacer la reforma urbana y rural con (José) De la Sota o con (Daniel) Scioli. Es imposible pensar que esto puede estar en la cabeza de ellos.

¿Confía en que Cristina puede impulsar este cambio?

Yo sé que la compañera Presidenta está estudiando mucho el tema así que esperemos a ver qué respuestas da. Mi apoyo al gobierno, así como las diferencias, tiene que ver con ayudarlo a ir hacia ahí. Porque confío en que puede ir hacia ahí. Quien conduce el movimiento nacional y popular arbitra. La derecha tensiona, nosotros tensionamos y después hay uno que dirige el partido. Y la verdad es que el partido se dirige bastante para nuestro lado, así que estoy bastante conforme con eso.

¿Le preocupan las elecciones 2011?

No, para nada. Creo que Cristina, que es la única que puede garantizar la continuidad, va a ser presidenta y va a llevar adelante un excelente tercer gobierno kirchnerista. Es una mujer talentosa, brillante, de una enorme capacidad y que se merece estar donde está. A mí me preocupa 2015. No quisiera que todo este proceso nacional, popular y profundamente transformador, sea heredado por neoliberales como Scioli, (Sergio) Massa, (Carlos) Reutemann, (Francisco) De Narváez o (Mauricio) Macri. Eso me preocupa.

¿Esos son sus enemigos políticos hoy?

Yo no tengo enemigos, yo señalo situaciones. Yo creo que el poder real en este país no sale en los diarios ni  en la televisión. El poder real es el poder económico, que siempre tiene marionetas, títeres de superficie, que hablan por ellos. Los que te nombré expresan el poder económico pero no son el poder. Yo no lucho contra ellos, yo lucho contra el verdadero poder económico: la SRA (Sociedad Rural Argentina), AEA (Asociación Empresaria Argentina), la Embajada americana… Si sirvió para algo lo de Wikileaks es para saber que las embajadas americanas en el mundo no sólo hacen diplomacia y negocios, sino también inteligencia.

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Violencia

Diciembre es diciembre, parece.  Lo de ayer como los primeros ensayos de una nueva partitura. Todavía no sale, pero ya se nota que la música es mejor. En medio de todo el bardo, de los comercios rotos, de la gente sin viajar, de la imagen televisiva de “descontrol”, había una certeza, un alivio: no iba a haber muertos. No iba a peligrar la vida. Cómo son las decisiones políticas, eh. Aún sin tiempo para ninguna reforma, sin siquiera un control operativo real sobre el ejército policial, la decisión política tiene su peso, su efecto de realidad. Antes de Garré hubiéramos estado con un nudo en la garganta, prefiriendo que la Federal llegara sólo para hacer el inventario del desastre antes que intentar un orden que podía terminar de la peor manera. Desarmarse es, de alguna forma, armarse: las detenciones, el carro hidrante y los escudos,  son suficiente “violencia estatal” para controlar lo que son, por ahora y hasta que se demuestre lo contrario, manifestaciones sociales de sectores postergados. El punto es si existe el tiempo para ese aprendizaje de la nueva partitura -que implica no sólo no matar, sino renunciar a la disuasión que conlleva portar un arma de fuego, y a la vez lograr algo de orden-.  Ayer, por ejemplo, Sietecase se ponía loco por la radio, diciendo que si el Estado no podía desocupar unas vías de tren estábamos en el acabose, que había que entregar la llave, y apagar la luz, que estamos al horno. Sietecase no podía sangre, pero no daba tiempo. Y se enojaba con Garré por la conferencia de prensa contra Macri (y tiene razón, así no, así perdemos legitimidad, que Garré hable por sus actos o para mostrar cifras de baja del delito pero no para pegarle a Macri). Pero bueno, pongamos todos un poco las patas en la fuente o las manos en la masa: si estamos de acuerdo en que es un avance que la policía vaya desarmada, tengamos la espalda para aguantar un poco los trapos. No va a ser fácil, la Argentina no es fácil. Un partido que saca el 0,2% de los votos tiene una legitimidad socialmente construida por la que puede tomar la estación central de trenes de Buenos Aires. Ese es un problema político, no policial. Lo mismo podría decirse de cortes de calle de 50 tipos, o cosas por el estilo. Hay que ordenar la policía, para que su orden no sea letal. Pero también hay que discutir los límites de la protesta social, incluso su judicialización, en la medida en que la fuerza de la protesta (también, una violencia) tiene que tener algún tipo de relación de magnitud con los derechos que pueda o no afectar. Acá también tiene que existir un uso medido de la “violencia”, que pasa por la racionalidad política de los sujetos involucrados. Es un límite complejo, móvil, discutible. Muy diferente al del pasado, que combinaba represión mortal con legitimidad para poner bajo el paraguas de la “protesta social” a casi todo. Justamente por eso es que es necesario explorar ese camino.

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Conflicto y ¿profundización?

Trigo. Los productores empresarios agrícolas nucleados mayormente en la Federación Agraria se quejan del precio del trigo. “Hay un creciente malestar en las bases” dice Buzzi. “No es un problema de cupo de exportación, es un problema que no se está pagando el precio que el productor debe recibir.” Dice el Ministro de Agricultura, apuntando a las exportadoras cerealeras. ¿Se están reacomodando los jugadores de la guerra por la 125? También dijo el Ministro, como para que no queden dudas de la posición que está teniendo el Poder Ejecutivo: “Cuatro vivos no se puedan quedar con el esfuerzo de 30.000 productores de trigo que pusieron su empeño y esfuerzo para esta cosecha”. FA y el gobierno quedaron, en el 2008, engrampados en alianzas tácitas o explícitas con sectores extraños a los intereses estratégicos de cada uno. La oligarquía en el caso de la FA y las exportadoras en el caso del gobierno. Ahora, las líneas parecen haberse cruzado, y los intereses concretos emergieron por sobre otros condicionantes. La solución no se si es sencilla, pero parece clara: la intervención en el negocio de la comercialización. Como mínimo poniendo algunas reglas para las exportadoras, que la levantan no en pala, la suben con grúa. Como máximo, darle curso al histórico pedido de la FA: junta nacional de granos.

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Actualización doctrinaria

Cuando puedan, haganse un mate y miren completo el discurso. Está acá. Salda unas cuantas cosas que se vienen diciendo y discutiendo, también, en la blogósfera.

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Videlazo

Y habló nomás. Si no me equivoco, nunca lo había escuchado hablar. Videla era, para nuestra generación, un símbolo silencioso. ¿Qué fueron esas palabras del ex dictador? ¿El fin de un ciclo, el cierre judicial y en algún punto político de todos estos años de lucha por el juzgamiento de los crímines de la dictadura? Posiblemente. El Poder Judicial acompaña una consenso social muy amplio construido artesanalmente, y bruscamente también. Entre el prólogo de Sabato al Nunca Más a los escraches de HIJOS, cada época de nuestra democracia fue teniendo distintos protagonistas que hicieron posible las sentencias condenatorias para los responsables de la matanza.  Y eso va teniendo su cierre. Y es un gran cierre, tal vez el mejor cierre posible, gracias a la decisión política de los dos gobiernos de Néstor y Cristina. Y en este lugar, las palabras de Videla son una defensa imposible para un sentido común y un sentido judicial que tomó un rumbo muy ajeno a palabras como “terroristas marxistas” o “guerra justa”. Fuera de lugar. Y totalmente nulas para discutir lo que discuten los juicios: los asesinatos, las torturas, las desapariciones, el dónde, cómo y por qué de miles de casos que víctimas individuales a los que el Estado mató, torturó y desapareció. Y donde Videla es, indefectiblemente, culpable.

Pero Videla hace una jugada más. Intenta, perdido ya el caso, volver a la historia. Plantea una contextualización.  A veces burdamente falsa (como la conexión directa entre la “subversión” local y la Unión Soviética y el comunismo internacional), a veces cierta (como desnudar el mito de inicio del mal el 24 de marzo de 1976). En definitiva, Videla hace kirchnerismo de derecha: devuelve el conflicto a la sociedad. Fueron ustedes, guachos. Fue Balbín, que me dijo “andá, matá, yo no te puedo salir a apoyar, pero me voy a quedar callado.” Fue Perón, que había echado a los Montoneros y escribió que “el reducido número de psicópatas que van quedando, sea exterminado uno a uno” en una carta a las tropas del regimiento de Azul, después del ataque del ERP. Hay, incluso, un guiño a la coyuntura cuando dice, “El Estado había perdido el monopolio de la fuerza”. Gracias, genocida. Tu abrazo de oso a tantos dirigentes irresponsables que por colarse en la competencia electoral mandan cualquiera es importante.

La sociedad, o todo esas partes que forman la sociedad, no se va a hacer cargo ni a palos de este llamado de Videla. No es el peronismo el único que rehuye de la derrota, como se dice todo el tiempo. A nadie le gusta los perdedores. Y Videla es un perdedor de un proyecto de clase ganador. Aún así, tarde o temprano, volveremos a discutir en sus términos. ¿No lo estamos haciendo ya? Cambiemos “guerra” por “conflicto”. Cambiemos “guerrilleros” por “militancia nacional y popular”, y así. No, no. Mejor que no. Pero el corazón del discurso videlista está vivo: ¿cuánto vale una democracia que no garantiza orden? ¿qué es una democracia si se pierden los “valores tradicionales”? ¿qué pasa con los demócratas intocables cuando la conflictividad social recrudece? ¿y si la democracia de pronto decide que gobiernen “siempre los mismos”? ¿cuánta no-alternancia se banca la democracia? ¿una democracia puede estar peleada con los sectores dominantes? ¿al menos con algunos? ¿cómo se hace para no caer en la trampa de los setenta, y no ser blanco de los que tarde o temprano nos van a querer borrar del mapa?

Hay una respuesta fácil: no estamos buscando el socialismo, ergo, no habrá una respuesta violenta a cambios que son chiquitos, reformistas. No, eso es lo que piensa el boludo de Caparrós. El Poder va siempre por todo. Y por eso lo que vivimos hoy es una lucha importante, porque a los cambios que se hicieron desde 2003 le fue naciendo una contracara de intereses. Videla ya no los puede representar, es el actor en retirada, un fantasma de otros tiempos. Sin embargo, de su boca aparecen algunas de las ideas que indefectiblemente vamos a tener que discutir, desarmar, vencer. Para cambiar la historia. Para no perder de nuevo.

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