Archivo mensual: noviembre 2010

Juventud y seguridad

La inexistencia de una política popular de seguridad mata. Y no mata a cualquiera. Mata principalmente a jóvenes conurbanos. Es por eso que de ninguna manera puede dejarse esa agenda en las manos de los sectores antipopulares.

En La Barbarie.

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Después del fervor, la iniciativa política

Hoy en Ni a Palos.

Por Federico Vázquez

Empezó la campaña. Durante buena parte de la semana Clarín tituló con relación a las demoras y cancelaciones de vuelos en Ezeiza: “los jóvenes K quedaron en la mira”. A esto se le suman editoriales y columnas de opinión que van en el mismo sentido acusatorio. Lo que hace poco no existía para ellos –la juventud politizada-, ahora se volvió miedo y preocupación. Y atacan.  Antes de la muerte de Néstor, la juventud se representaba en los medios como una masa anodina, consumista y, de tanto en tanto, “revoltosa”. La aparición de los jóvenes como actores políticos rompe esa estructura tranquilizadora.

Pero, ¿qué hacemos con esto? Los medios hegemónicos han decidido amplificar la participación juvenil en distintos sectores del gobierno nacional, señalando sus nombres y rangos, y buscando la forma de volver cada noticia un alegato acusatorio para presentar en los juzgados. Con eso lidiamos. Se ha elegido un supuesto eslabón débil y sobre él va a caer la artillería pesada.

No podemos ser lo que ellos esperan que seamos. Ni tampoco limitarnos a responder en su misma lógica acusatoria. ¿Cuál era la mejor virtud de Néstor? Algo que hasta los opositores le reconocen: la iniciativa política. Moverse, no quedarse quieto, era una de las mejores armas que tenía para desarticular los escenarios montados por la oposición mediática y política. Eso, ahora, lo debemos aprender más rápido y en solitario.

Estos años fueron los años de la militancia del “aguante”, de distintas formas. Cerrando el puño sobre el palo de una bandera o moviendo los dedos en un teclado. Entre otras. De a poco, habrá que ir superando eso o -mejor- sumándole otra cosa. Y es que las ganas y la energía que se expandieron en las últimas semanas se deben convertir en materia apta para pensar otros horizontes. Las preguntas que la juventud movilizada tendrá sobre la mesa tal vez no sean muchas, pero son densas: ¿Cuál es la agenda de la juventud? ¿Qué cosas queremos cambiar de acá a veinte años? ¿Qué significa para los jóvenes “profundizar el modelo”?, etc.

El punto central es no quedarse en un mismo lugar mucho tiempo. No convertirse  en objetivo fácil. Recordemos a Clarín: quedamos en la mira. La cantidad de jóvenes que se acercaron a distintas instancias de participación en los últimos quince días es una fuerza, pero momentánea. Para que esa energía no se disipe tendremos que ser capaces de contener demandas y formas de participación que esos pibes traigan y que probablemente sean distintas a las de la militancia clásica. Y a la vez, reforzar y acompañar los espacios de gestión que hoy la juventud ya tiene. Si se logra trazar un puente entre estas dos realidades, nunca nos van a dar en el blanco.

 

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La ineficacia

Por Horca

¿Qué aprendimos durante los 90? Una cosa muy simple: el Estado es ineficaz y por lo tanto, hay que descargarlo de la responsabilidad de lidiar con las empresas de servicios públicos. El reverso de la impericia pública era, por supuesto, la excelencia privada. Algunos éxitos rutilantes en materia de gestión (ejemplarmente, los teléfonos) bastaron para convencer a la sociedad argentina que la clase política era incurablemente corrupta e inhábil, mientras que la dirigencia empresarial era millonaria, y por defecto honesta; exitosa, y por defecto eficiente. Estos razonamientos inductivos nos destrozaron.

La gran epopeya noventista, para decirlo tristemente, consistió en la sustitución de la administración pública por la gestión privada. Para muchos empresarios, este regalo menemista fue un chiquero sobre el cual retozar impunemente, alimentarse y gozar hasta el asco. Es el formato de “capitalista champagne”, fotografiado con prostitutas, borracho, extrovertido y mafioso. Para otros, más estratégicos, el regalo menemista fue la oportunidad de crear un para-Estado. Es el caso de Clarín. Magnetto no se conformaba con brindar espumosamente arriba de un yate. Lo que quería era una perdurabilidad infinita de los negocios turbios, no el éxtasis cocainómano seguido de la depresión o la cárcel; con estas premisas acomodó cuidadosamente a Clarín en el centro de la vida social. Y terminó de darle las puntadas finales al diario “eficiente” por excelencia. Sin dudas, Clarín es perfecto. Su oferta cultural, mejor dicho, su manipulación ideológica, incluye todo: series para chicos, para grandes, libros, noticias, ficción seria, fútbol, Tinelli, cine. Sus finanzas siempre fueron custodiadas con un celo extremo. Sus apuestas políticas son piezas de relojería. Su aparato de pandillaje económico, de chantaje, de presión y represión censora trabajó en bambalinas y fue inflexible. Clarín funcionaba inmejorablemente; el Estado no, y todo la credibilidad perdida por los políticos fue trasladada a los periodistas, que fungieron de representantes populares ad hoc, desprendidos del molesto tramiterío electoral. Corresponde a Néstor Kirchner el mérito de haber identificado esta máquina, haberla denunciado y haberle declarado una guerra que nos involucra a todos.

Pero la heroica guerra kirchnerista no fue primariamente una simple cuestión de palabras. Hablar es fácil; Kirchner comenzó la disputa ideológica, inversamente, en el difícil terreno de la gestión. ¿Cómo? Simplemente, empezó a dirigir un Estado eficaz. Esto es lo que Magnetto no soporta. El Estado kirchnerista resiste las presiones no porque tenga valentía, sino porque tiene dinero. Y lo administra bien. El almacenero Kirchner hizo mejores cálculos que el equipo de economistas del gran diario neoliberal y por eso pudo lanzar su discurso denuncialista con éxito.

Kirchner no fue un empresario porque le gustara el dinero; su muerte es una prueba de lo muy distinto que era del modelo “capitalista champagne”. Kirchner aprendió a acumular dinero porque la fortaleza del Estado es monetaria. Un Estado económicamente libre puede alcanzar la eficacia de la gestión. Y una gestión estatal eficaz es directamente un ataque a Clarín.

Esta larga introducción sirve para entender las últimas tapas de Clarín. Las palabras clave son “improvisación” e “ineficacia”. Podemos estar seguros de que Magnetto está muy contento de poder escribir esos sustantivos en la tapa de su diario. El kirchnerismo no le ha dado muchas oportunidades para las descalificaciones en materia de gestión. Pero las noticias de los últimos días han sido verdaderamente desastrosas y Clarín pudo reinstalar el fantasma de la ineficacia estatal en una zona sensible a las reprivatizaciones (el tema seguridad es el otro favorito del ataque mediático, pero no hay modo de imaginar que una empresa se haga cargo de la policía). Basta notar que Macri no demoró en participar de la operación, declarando que el sistema de aviación pública era un fracaso y debía ser devuelto a la venerable órbita privada.

Pero la habilidad clarinista para las operaciones llega más lejos. Si nos permitimos algunos razonamientos paranoicos (en los que Kirchner y Magnetto son expertos), llegaremos rápido a notar que Aerolíneas es un punto de convergencia simbólica importantísimo, una cabeza de playa del futuro kirchnerista y un objetivo de destrucción para Clarín. Por un lado, el encargado formal de los números de Aerolíneas es Mariano Recalde, hijo del abogado de la CGT; por otro, Omar de Marchi, diputado del Partido Demócrata, denunció el lunes que quien está detrás del paro de LAN es La Cámpora, o sea… Máximo Kirchner. La apuesta de Clarín, desesperada como todas a partir de la pérdida del negocio futbolístico, tiene diferentes atractivos para la dirección del grupo: además de reintroducir la ideología privatista, que necesita de la “corrupción” y la “ineficacia” para justificarse, consigue darle algunos golpes simbólicos a la alianza clave de estos años: la izquierda peronista y el movimiento obrero organizado, Kirchner y Moyano, Máximo y Recalde. En la hipótesis de batalla clarinista, estos nombres deben desgastarse todo cuanto sea posible, coartando de antemano cualquier proyección electoral. Máximo Kirchner tiene que nacer muerto; Mariano Recalde tiene que ser conocido y execrado; y Pablo Moyano debe provocar el terror de un patotero mafioso. La estrategia de Clarín es mancillar a los futuros candidatos y dirigentes del kirchnerismo, justamente aquellos que están técnica e ideológicamente preparados para complicarle la vida por 20 o 30 años más. Si Néstor Kirchner pudo arruinarlos en algunos meses, y sólo interrumpió su tarea para morir de estrés, no hay límite al daño que pueda causarles Máximo, mucho más joven y empujado por el deseo de venganza.

La hipótesis clarinista de conflicto a largo plazo involucra el ataque anticipado a los herederos. Magnetto no va a tener mayor problema en dedicar una o dos notas por semana a fermentar la reputación de estos jóvenes dirigentes durante el tiempo que haga falta; por lo tanto, nuestra tarea es custodiar en lo posible a estos referentes porque son literalmente la garantía de continuidad del modelo. Por supuesto, la firmeza de una medicina periodística que pelee contra el poder de envenenamiento de Clarín y los diarios satélites depende de que Máximo Kirchner, Mariano Recalde y Pablo Moyano se cuiden en los dos aspectos cruciales: la eficacia y la honestidad. La juventud politizada, de la que tanto venimos hablando, los necesita enteros para las décadas que vienen.

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La disputa por la gente y el conflicto como centro

El punto de quiebre en contra del proyecto del gobierno fue el conflicto con los empresarios agrarios, y no las elecciones de 2009. No porque no fueran importantes, sino porque la suerte se había echado antes, justamente en esos días dónde el conglomerado social conservador del “campo” ganó la batalla del sentido común. Después, Cobos puso el cierre institucional con su voto, con su “traición”, que habría que leer más como “lealtad” a sus orígenes políticos, de clase, etc.  Entre el 11 de marzo y 18 de julio se desarrolló un conflicto político-social de envergadura, donde los sectores empresariales y mediáticos lograron encolumnar destrés de sus intereses a una porción importante de las clases medias urbanas y rurales, e incluso a sectores populares conducidos por algunos movimientos sociales (CCC) y el sindicato relacionado al sector (la Uatre de Venegas). En esos cuatro meses y pico, se condensaron ideas, sentimientos, pertenencias y visiones de lo que era, es y podría ser la Argentina. Visiones del pasado lejano, de la famosa “oportunidad pérdida”, así como valoraciones negativas del gobierno. El resultado lo conocemos: perdimos. En esto es bueno ser exactos para no sacar conclusiones simplistas. Cobos fue, a lo sumo, un inesperado cobrador de algo que ganaron otros. Y, visto en perspectiva, una salida institucional a la crisis. Cobos votó con la fuerza de una victoria social que se había ganado en los días previos. Los pasos siguientes del vice fueron útiles para mostrarlo como un hombre sin ideas propias, dubitativo, temeroso, refugiado en su institucionalidad como único comité territorial para hacer política. Eso reafirma que su voto no positivo le fue, en realidad, ajeno. Podríamos decir que Cobos fue votado por otros. Esos otros eran los verdaderos dueños de la victoria conservadora. Una victoria que se produjo, al igual que todos los grandes momentos de la historia argentina moderna, en las calles y las plazas. Un tiempo después las elecciones legislativas harán la traducción democrático-electoral de los hechos del invierno de 2008. Ni más ni menos que eso. Las elecciones fueron un punto de llegada, acaso inexorable.

Recién entonces el gobierno tomó nota real de la derrota. Desde una lectura  que parecía un poco delirante (“la gente nos pide que profundicemos”) Néstor y Cristina hacen foco en lo importante: en vez de pensar en los ganadores circunstanciales de la elección -en De Narvaez, en Pino, etc- el gobierno embiste contra los sectores reales que habían estado detrás o al costado del conflicto de 2008. Los medios de comunicación y los sectores financieros, principalmente. Clarín y sus aledaños habían prestado una plataforma comunicativa que fue un componente insoslayable de la alianza social que se dio dentro del concepto “el campo”. La ley de medios expuso esa realidad, tocó la inmaculada imparcialidad construida minuciosamente durante toda la democracia, y el Futbol Para Todos menguó su acumulación económica.  La AUH fue financiada por la estatización de los fondos jubilatorios, lo que implicó un golpe económico real y concreto al sector que, desde la dictadura en 1976, articuló los intereses dominantes del capitalismo argentino. El gobierno, con las heridas abiertas por la derrota social y electoral, logra, así,  recomponerse a partir de golpear al símbolo del poder (Clarín) y al bolsillo del poder (las AFJP). Obviamente, no pudo ni intentar ir por el sujeto social de ese poder que es la nueva oligarquía pampeana y sojera.  Pero lo importante es que inició un ciclo de puja política nuevo, remontando la situación desde lo más bajo, desde un lugar que en otro momento no habría tenido oportunidad porque el gobierno hubiera sido derrocado por las fuerzas militares o las fuerzas del mercado.

Con esos nuevos recursos simbólicos y económicos como nutrientes que reemplazaron a los votos perdidos en la legislativa, el gobierno remonta la cuesta. Pero lo que se perdió en las calles, lo que se perdió en el sentido común, lo que se perdió en la condensación de imaginario colectivo, no podía ganarse solamente en el terreno de la gestión.

La muerte de Néstor, inesperada y tristemente, posibilitó un triunfo de magnitud similar al de la derrota anterior. Dejemos un segundo el dolor afuera, para analizar el hecho político. La muerte de Kirchner impacta, pero también moviliza. Esa movilización, tan rápida, tan heterogénea, impone un discurso, impone un sentido común, impone una lectura de estos años. La “gente” que en el 2008 había significado “campo”, significa ahora otra cosa. Cuanto durará es un misterio, y parte de ese devenir tendrá que ver con lo que podamos construir. Puede ser agua entre las manos o puede ser algo más sólido y duradero. Lo que es seguro es que vendrá una respuesta y no será un llamado al diálogo, precisamente. Venimos discutiendo mucho sobre kirchnerismo/sectores medios/jóvenes/peronismo. Todas discusiones centrales. Pero no hay que perder de vista que la disputa siempre es por “la gente”, en el sentido de que el universo a convencer es algo más grande que esas identificaciones particulares. Pero ese convencimiento no se hace por seducción kelperiana, sino imponiendo una gestión y una mirada de esa gestión. Es decir, ganando el conflicto. Las elecciones de 2011 vendrán a confirmar si ese trabajo lo hicimos bien o mal.

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horca y joni

….

Es cierto horca que lo vemos de arafue, es cierto que se estremeció el país y notoriamente la juventud. Es cierto que la aprobación a Cristina ahora trepo al 100% o más. Es cierto que murió el mejor presidente de los últimos años. Respeto y reconocimiento por todo esto. No murieron las políticas que se le han criticado a este gobierno desde Proyecto Sur. Lamentablemente. La sangría de la deuda externa en un país donde todavía hay un porcentaje de mortalidad infantil inexplicable. La enajenación de los recursos naturales, y sus rentas. La concentración (monopolización) y extranjerización de la economía (¿que piensan ustedes respecto al permiso de fusión entre Telecom-Telefónica publicado en el boletín oficial el 22 de octubre pasado? resolución 148 /2.010). La falta de libertad sindical.

Joni, si no te sentís en la vereda de enfrente, yo lo celebro. Creo que hay muchas cosas para criticarle a Kirchner, y muchas también para criticarle a Pino Solanas. Nada es puro y la política, menos que menos. Pero por mera facilidad argumentativa, supongamos que el kirchnerismo tiene tantos defectos como el pinosolanismo. En ese caso el primero sigue siendo preferible al segundo. ¿Por qué? Porque Kirchner produjo transformaciones interesantes y efectivas con lo que había a mano, mientras que Pino Solanas no produjo nada y requiere de una situación rarísima para dar apenas el primer paso: ¡la desaparición de los dos partidos mayoritarios!

[…]

existe una forma de correr por izquierda al gobierno, sin creer en el PJ ni la UCR, pero valorando sus logros y trabajando en una alianza táctica: se llama Sabbatella. Sin creer mucho en sus admoniciones sobre la nueva política, valoro su capacidad de cuidar el piso del kirchnerismo. Solanas creyó lo contrario: Kirchner confunde a las masas, las desvía, las engaña, y por lo tanto es un obstáculo.

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Calidad humana y política

“Mi mas profundo sentido pesame. Nada se puede decir en momentos tan dolorosos un abrazo a todos lo q se encuentran apenados”


Hasta en las condolencias se parecen la derecha y la izquierda del grupo A.

El twitter es de Victoria Donda. Diputada electa en el 2007 por el Frente para la Victoria.

Te agradecemos el pésame. Te pedimos la banca.

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JPF

De aquí la propuesta. A no entusiasmarse demasiado con los números. Con las encuestas. Las encuestas no salen a la calle. Los que salieron a la calle a despedir a Kirchner deberán saber que ese compromiso, que esa muestra de amor, deberá prolongarse en política, en militancia. En dolor ante la muerte, si se agota en sí mismo, permanece en el lugar de donde surgió: en la muerte. Hay que transformar ese dolor en militancia. Si Kirchner se definió a sí mismo como un heredero (no violento, como tantos y tantos y tantos) de la militancia juvenil de los setenta, hay que dar forma (con las decenas de miles de jóvenes que seguirán a Cristina a lo largo y lo ancho del país) a una nueva juventud. Que será peronista, o kirchnerista o cristinista.

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