Poder: mamíferos y política

Por Antonio Boyadjian  (TUA)

Los mamíferos, a diferencia de otros animales, consumen cerca de dos tercios de la energía que producen, con el único fin de mantener constante su temperatura corporal alrededor de los 36.5º.

Sorprende que semejante proporción de recursos sea destinada a tan solo una de las tantas tareas que ocupan al organismo. Más teniendo en cuenta que por este motivo, los mamíferos se ven obligados a ingerir muchísimo más alimento que otros animales. A un lagarto, por ejemplo, le basta con cazar esporádicamente algún animal y -con la energía que le provee- puede sobrevivir largos periodos de tiempo sin necesidad de alimentarse constantemente.

A pesar de su aparente desventaja, los mamíferos han conquistado y dominado el planeta (su mayor exponente somos nosotros, los seres humanos). La temperatura constante posibilitó, entre otras cosas, desarrollar cerebros más complejos, adaptarse a los climas más adversos y alcanzar habilidades físicas variadas (velocidad, fuerza, tamaño, etc.)

Muchas de sus ventajas evolutivas guardan una estrecha relación con el hecho de ser homeotermos, permitiéndoles evolucionar con eficacia a través de los últimos 200 millones de años.

En síntesis, la permanencia y predominio de los mamíferos son producto del “poder” que les da ser homeotermos, pero tiene el “costo” de consumir las dos terceras partes de los recursos generados.

Algo similar pasa en la política. La proporción de recursos utilizados en la relación política-poder probablemente sea similar (o incluso mayor a dos tercios). La energía (trabajo, tiempo, recursos, etc) que insume acumular y sostener poder, seguramente será mucho mayor que la que se dedique a la gestión en sí, pero este poder es la herramienta fundamental con que se contará para llevar adelante la construcción de políticas. Durante este ejercicio, aparecerán conflictos por intereses contrapuestos, en muchos casos con poder suficiente para pulsear hasta las últimas consecuencias con el poder político.

La temperatura constante es a los mamíferos, lo que el poder a la política.

Los políticos hacen todo para acumular poder y dinero para sí. No les importa otra cosa, por lo tanto lo harán todo en función de ese único objetivo.”

Esta frase resume un poco el imaginario político de una gran porción de la sociedad. A partir de la instalación de esta idea (estimulada, además, desde sectores en disputa), la consecuencia argumental es que la política es hipócrita, corrupta, sucia, y no se puede esperar nada bueno de ella, nunca. Son todos iguales. Que se vayan todos.

Desde esta concepción anti-política, las acciones que puedan practicarse durante una gestión de gobierno, se interpretarán de dos maneras posibles:

– Las que buscan beneficiar únicamente a un sector particular, del que también resultará beneficiario el político en gestión.

– Las políticas que son aparentemente positivas para sectores más amplios de la sociedad, pero que en realidad pretenden -a través de “actos demagógicos”-  el beneficio propio con fines electorales.

Esta línea de pensamiento tiene como eje central el desprecio por los mecanismos de construcción del poder político, y no incluye la existencia de factores de poder externos a la política, muchas veces más fuertes. A estos sectores les resulta funcional ese descrédito hacia la dirigencia, buscando erosionar dicho poder político, ya que la única herramienta con que cuentan las sociedades (democráticas) para poner límites a esos sectores, es, justamente, la política.

¿Cómo imaginar un gobierno que pretenda cierto grado de re-distribución del ingreso sin la construcción de una sólida estructura de poder?

Los núcleos duros del poder establecido también buscan conservar y aumentar su hegemonía. Para dar esa pulseada penetran en la sociedad por distintas vías, con su propia diversidad e intereses cruzados.

El lugar de un gobernante ha de ser un lugar incómodo. En cada toma de decisiones habrá sectores que pierdan y la posibilidad de errores que damnifiquen a muchos. Incluso,  muchas de esas decisiones tendrán como única finalidad  la acumulación de poder -a veces en contraposición a los propios objetivos perseguidos-.

Es interesante, entonces,  imaginar que características en la personalidad de un gobernante lo llevan a encontrar atracción por cargos de enorme responsabilidad. Sin duda será imprescindible un componente de vocación (o ambición) de poder. Una persona que aspira a estar en un lugar tan intempestivo seguramente encontrará un goce particular en el ejercicio del poder.

La descalificación hacia un político por su afán de poder resulta, como mínimo, paradójica.

Un médico forense que hurga en un cuerpo inerte y un asesino que descuartiza a su víctima, posiblemente compartan un morbo similar, con la diferencia de que, en un caso se encarna en una acción que sirve a la sociedad, y en el otro, no tanto…

Los lagartos siguen siendo dinosaurios. Solitarios sobrevivientes de pasivos roles, dependientes de factores externos. Por el contrario, el ser humano (máximo exponente de mamífero y homeotermo) depende principalmente de las condiciones que pueda generar por sí mismo. Responsabilidad y libertad.

El poder siempre es un fin. Lo interesante ocurre cuando además es un medio.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo General

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s