La disputa por la gente y el conflicto como centro

El punto de quiebre en contra del proyecto del gobierno fue el conflicto con los empresarios agrarios, y no las elecciones de 2009. No porque no fueran importantes, sino porque la suerte se había echado antes, justamente en esos días dónde el conglomerado social conservador del “campo” ganó la batalla del sentido común. Después, Cobos puso el cierre institucional con su voto, con su “traición”, que habría que leer más como “lealtad” a sus orígenes políticos, de clase, etc.  Entre el 11 de marzo y 18 de julio se desarrolló un conflicto político-social de envergadura, donde los sectores empresariales y mediáticos lograron encolumnar destrés de sus intereses a una porción importante de las clases medias urbanas y rurales, e incluso a sectores populares conducidos por algunos movimientos sociales (CCC) y el sindicato relacionado al sector (la Uatre de Venegas). En esos cuatro meses y pico, se condensaron ideas, sentimientos, pertenencias y visiones de lo que era, es y podría ser la Argentina. Visiones del pasado lejano, de la famosa “oportunidad pérdida”, así como valoraciones negativas del gobierno. El resultado lo conocemos: perdimos. En esto es bueno ser exactos para no sacar conclusiones simplistas. Cobos fue, a lo sumo, un inesperado cobrador de algo que ganaron otros. Y, visto en perspectiva, una salida institucional a la crisis. Cobos votó con la fuerza de una victoria social que se había ganado en los días previos. Los pasos siguientes del vice fueron útiles para mostrarlo como un hombre sin ideas propias, dubitativo, temeroso, refugiado en su institucionalidad como único comité territorial para hacer política. Eso reafirma que su voto no positivo le fue, en realidad, ajeno. Podríamos decir que Cobos fue votado por otros. Esos otros eran los verdaderos dueños de la victoria conservadora. Una victoria que se produjo, al igual que todos los grandes momentos de la historia argentina moderna, en las calles y las plazas. Un tiempo después las elecciones legislativas harán la traducción democrático-electoral de los hechos del invierno de 2008. Ni más ni menos que eso. Las elecciones fueron un punto de llegada, acaso inexorable.

Recién entonces el gobierno tomó nota real de la derrota. Desde una lectura  que parecía un poco delirante (“la gente nos pide que profundicemos”) Néstor y Cristina hacen foco en lo importante: en vez de pensar en los ganadores circunstanciales de la elección -en De Narvaez, en Pino, etc- el gobierno embiste contra los sectores reales que habían estado detrás o al costado del conflicto de 2008. Los medios de comunicación y los sectores financieros, principalmente. Clarín y sus aledaños habían prestado una plataforma comunicativa que fue un componente insoslayable de la alianza social que se dio dentro del concepto “el campo”. La ley de medios expuso esa realidad, tocó la inmaculada imparcialidad construida minuciosamente durante toda la democracia, y el Futbol Para Todos menguó su acumulación económica.  La AUH fue financiada por la estatización de los fondos jubilatorios, lo que implicó un golpe económico real y concreto al sector que, desde la dictadura en 1976, articuló los intereses dominantes del capitalismo argentino. El gobierno, con las heridas abiertas por la derrota social y electoral, logra, así,  recomponerse a partir de golpear al símbolo del poder (Clarín) y al bolsillo del poder (las AFJP). Obviamente, no pudo ni intentar ir por el sujeto social de ese poder que es la nueva oligarquía pampeana y sojera.  Pero lo importante es que inició un ciclo de puja política nuevo, remontando la situación desde lo más bajo, desde un lugar que en otro momento no habría tenido oportunidad porque el gobierno hubiera sido derrocado por las fuerzas militares o las fuerzas del mercado.

Con esos nuevos recursos simbólicos y económicos como nutrientes que reemplazaron a los votos perdidos en la legislativa, el gobierno remonta la cuesta. Pero lo que se perdió en las calles, lo que se perdió en el sentido común, lo que se perdió en la condensación de imaginario colectivo, no podía ganarse solamente en el terreno de la gestión.

La muerte de Néstor, inesperada y tristemente, posibilitó un triunfo de magnitud similar al de la derrota anterior. Dejemos un segundo el dolor afuera, para analizar el hecho político. La muerte de Kirchner impacta, pero también moviliza. Esa movilización, tan rápida, tan heterogénea, impone un discurso, impone un sentido común, impone una lectura de estos años. La “gente” que en el 2008 había significado “campo”, significa ahora otra cosa. Cuanto durará es un misterio, y parte de ese devenir tendrá que ver con lo que podamos construir. Puede ser agua entre las manos o puede ser algo más sólido y duradero. Lo que es seguro es que vendrá una respuesta y no será un llamado al diálogo, precisamente. Venimos discutiendo mucho sobre kirchnerismo/sectores medios/jóvenes/peronismo. Todas discusiones centrales. Pero no hay que perder de vista que la disputa siempre es por “la gente”, en el sentido de que el universo a convencer es algo más grande que esas identificaciones particulares. Pero ese convencimiento no se hace por seducción kelperiana, sino imponiendo una gestión y una mirada de esa gestión. Es decir, ganando el conflicto. Las elecciones de 2011 vendrán a confirmar si ese trabajo lo hicimos bien o mal.

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9 comentarios

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9 Respuestas a “La disputa por la gente y el conflicto como centro

  1. Excelente análisis de la situación. Creo que ese interrogante que dejás al final es si Cristina podrá construir sobre esta nueva situación un gobierno popular de amplia mayoría.
    ¿Puede Cristina dejar de ser una presidenta “con gran capacidad oratoria”, “muy formada”, “con mucho carácter”, “que le gusta la ropa cara”, para convertirse en una líder popular?
    Algo de eso, escribí acá

    http://bit.ly/d0k2Kf

  2. Un par de consideraciones al excelente post.

    Que claro, fue el conflicto con el campo la verdadera disputa, pues fue el hecho, el vértice, que terminó de parir al kirchenirsmo, además, simbolicamente para buena parte de la militancia, contra la oligarquía. Que muchos se alejaron luego de ello, inmediatamente, pero que paulatinamente se han acercado otros y tal vez hayan vuelto quienes se fueron, con mayor sustancia y convicción.

    Por otro lado, recalcar eso último que decís fede, al final, eso de a quén le hablamos, a la gente común, a los que comen los fideos con la vieja los domingos a decir de Favio, a los que en buena medida lo miran a Tinelli. Y está bien.

  3. Fede, un excelente análisis.
    Pido permiso y agrego alguna cosita: para ganar en primera vuelta, habrá que ir por “la gente”.

    Lo que “la gente” demanda son -de acuerdo a lo que uno percibe en el bondi y también según dicen las encuestas- básicamente dos cosas. Una de ellas es frenar la inflación. La otra nos resulta bastante incómoda: seguridad.

    Algo sobre esto apunté el otro día aquí:

    http://losimprudentes.blogspot.com/2010/11/el-kirchnerismo-y-la-gente.html

    Un saludo.

  4. jornero

    ¿de qué estamos hablando?

    la lucha que es “por la gente” “el sentido común” es, fundamentalmente la lucha por la opinión pública. además está la lucha por los territorios -estados provinciales, sindicatos, universidades, centros de estudiantes, etc- que es la que permite dirigir políticamente un país. ésta última es la que debe preguntarnos ¿Con quién va a controlar Cristina los territorios? ¿Con Pedraza o con Sobrero? ¿Con De la Sota o con Juez? ¿Con D’Elia -a quien valoro mucho- o con Scioli?

    • fedevazquez

      mmm, no. No estamos hablando de “opinión pública” estrictamente. Mas bien se trata de recuperar la idea de masividad, de mayorías. Y tampoco hay que contraponerla con la idea de “minoría intensa”. Esa minoría puede ser importante, siempre cuando pueda tener algún efecto en los otros y no solo como reafirmación de sí misma. Claro que también hay que administrar territorio y espacios concretos, institucionales, políticos, sindicales, etc. Pero estos días demuestran que tampoco son cuestiones tan divergentes: el mayor factor ordenador, disciplinador de esas estructuras fue el apoyo masivo que recibió Cristina y el cambió de lectura social que se hizo de Néstor.
      Las dicotomías que planteas, si bien no desaparecieron, pertenecen a una preocupación de otro momento. El punto no es elegir entre Delia y Scioli, si no administrar esa tensión. Ser popular en su doble acepción: Pimpinela y redistribución del ingreso.

      • jornero

        Federico,

        una aclaración metodológica para este segundo comentario. La dicotomía entre Scioli y D’Elia no se traduce como Pimpinella o Distirbución. Me parece que es un toque más complicada: Policía Bonaerense o Fuerza Popular. Esa es la tensión, por usar una palabra delgada.

        Esa tensión es, justamente, lo que la juventud que adhiere al kirchnerismo no quiere ver. Muchos menos administrar. No puede administrar porque eso supone un nivel de compromiso y alienación política que no da. No, en estos tiempos, que no dejan de tiempos pavimentados por el menemismo. Tampoco puede pensar esa tensión. Porque encontrará, no un horizonte de acción, no un campo a construir, no que un espacio a reclamar, sino el brutal límite de toda construcción en el PJ.

  5. horca

    Muy buen post, Fede. Escribí una cosa sobre Aerolíneas y los hijos de Kirchner, Moyano y Recalde; si te interesa, te la mando.

  6. jornero

    Federico,

    una aclaración metodológica para este segundo comentario. La dicotomía entre Scioli y D’Elia no se traduce como Pimpinella o Distirbución. Me parece que es un toque más complicada: Policía Bonaerense o Fuerza Popular. Esa es la tensión, por usar una palabra delgada.

    Esa tensión es, justamente, lo que la juventud que adhiere al kirchnerismo no quiere ver. Muchos menos administrar. No puede administrar porque eso supone un nivel de compromiso y alienación política que no da. No, en estos tiempos, que no dejan de tiempos pavimentados por el menemismo. Tampoco puede pensar esa tensión. Porque encontrará, no un horizonte de acción, no un campo a construir, no que un espacio a reclamar, sino el brutal límite de toda construcción en el PJ.

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