Archivo mensual: octubre 2010

La paja en el ojo ajeno o la viga en el propio

Hay que elegir lo segundo, porque es nuestra responsabilidad política. Además de justicia, además de algún sillón sindical que debería tener reemplazo, hay que mirar donde no queremos mirar, hacernos cargo del déficit político de estos años que ya se veía venir hace tiempo.

O sea, esto de Martín:

Mariano cayó sobre una fosa que el gobierno nacional no tapó en más de siete años de recuperación. La cantidad de “peros” y vacilaciones para mirar de frente una situación de dolor que es, por lo menos y como mínimo, ajena al imaginario virtual de todos los días, demuestra un límite, porque eso también habla de un límite que es más difícil de decir que “el límite de la muerte”, y es el del límite del Proyecto.


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El límite es la vida

No te pueden matar por hacer política. La que sea. No importa que el muerto sea de un partido político que, acá, seguimos definiendo como enemigo. A los enemigos en democracia no se los mata. La utilización que hacen el PO y TN es obvia y secundaria. Tiene que haber consecuencias sindicales, policiales y políticas. El límite es la vida, y eso es un piso de este gobierno que no podemos entregar. Sería como entregar todo. El silencio complice.

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Si la agenda no la ponemos nosotros la ponen ellos

http://www.clarin.com/politica/Solo-jovenes-hoy-trabajo-blanco_0_355164645.html

 

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Jubilados, Vivienda, Ganancias = Agenda, Autonomía, Poder

Me permito hacerle una sugerencia a la presidenta, simplemente quiero decirle, ningún gobierno en los últimos años hizo más por los jubilados, pero todo lo que se haga por nuestros trabajadores jubilados a veces resulta insuficiente. Y yo le pido a la señora presidenta -que ya lo debe tener en mente- hagamos un esfuerzo más para que los jubilados estén un poco mejor. No nos quieran engañar con esas leyes que no tienen ningún sustento y que es engañar a nuestros jubilados. No queremos que engañen a nuestros jubilados. Queremos que le den la dignidad que el jubilado se merece. Otro de los temas compañera presidenta, le pedimos que tratemos de sumar más a las viviendas que se están haciendo para los trabajadores. El trabajador tiene necesidad de vivienda. Y yo lo digo porque mi vieja que tiene 93 años vive en una vivienda que nos dio el General Perón. Que nos vendió el General Perón, porque la pagamos religiosamente. Y ésta es la  conducta del trabajador cuando al trabajador se le da algo. El trabajador es el más cumplidor, compañeros. Y la última, y fundamentalmente le pido a los compañeros senadores y a los compañeros diputados, les pido compañeros que apoyen la Ley de Participación en las Ganancias, queremos que se dicte la ley revolucionaria de participación en las ganancias.

¿Eso que hablábamos, no? Lo de correr el margen, de marcar agenda, de bancar al proyecto pidiendo lo que falta.

Y lo de la autonomía concreta y no discursiva, ahí la tienen. 100.000 personas movilizadas con recursos propios, agenda propia y pelea estratégica por el poder político. Lo cual no quiere decir “apoyo crítico”, “ni adentro ni afuera”, quiere decir sumar, aportar, construir. Hay que aprender, hay que aprender.

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Habilitación por izquierda

Veto y decreto. O sea, todo bien con la “responsabilidad de administrar”, pero si el gobierno quiere seguir conservando la iniciativa política, tiene que proponer algo más. Veto y decreto de una nueva ley, esta vez sí, financiada.

Hay algo que advertimos en otros posteos recientes, y es que la conformación discursiva, de sentido común, no está pasando por el conservadurismo ni el retroceso a fórmulas neoliberales. ¡Los ajustadores piden el 82% móvil! Arma imprescindible  para estructurar un discurso social de cara al 2011. También hay que reconocer algo a lo que no podemos renunciar: es cierto que cuando hay decisión política los recursos aparecen. Es verdad, porque lo estuvimos viendo en estos ocho años de gobierno.

Entonces, no parece muy coherente (ni muy redituable electoralmente) andar justificando el veto porque “no hay plata”. En todo caso, no queda otra que subir la apuesta una vez más: aportes patronales a las grandes empresas, impuesto a las actividades financieras, aumento de los derecho de exportación a los hidrocarburos, etc. Por ahí no alcanza para el 82% móvil pero sí para el 75%. Con por ley un límite de jubilaciones altas, para los casos judiciales, etc. De mínima se rompe el arco opositor, se ubica el debate en un lugar racional y políticamente acumulativo (más recursos para el Estado argentino, menos para las corporaciones). Y, cuanto menos, se  le disputa a la oposición la bandera de “los jubilados” de cara a las elecciones.

La habilitación por izquierda aumenta el margen de maniobra para tomar medidas transformadoras, porque corre el arco un poquito más: ¿acaso hubo algún pronunciamiento de las cámaras patronales, industrial o agraria, siempre tan afectos a apoyar a la oposición?

 

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Hay que aprender del líder

¿Cuál es la mejor virtud de Néstor? Lo podría decir hasta un opositor: la iniciativa política. ¿Y entonces por qué nos cuesta tanto asimilar eso? ¿Por qué nos cuesta pasar la etapa adolescente del aguante, y pasar a de la juventud, que es la de la militancia, la de la participación, la de la política?

La militancia del aguante es lo que nos tuvo ocupados hasta ahora. No importa si cerrando los puños para sostener un palo de una bandera o moviendo los dedos en un teclado. El resultado es el mismo. Y todos estuvimos en el Luna Park. Todos, algunos más peronistas, otros más progresistas. Esa discusión es ya la del perro que se muerde la cola. Todos defendemos la misma obra de gobierno. A veces nos sale mejor, a veces peor. Por limitación propia y porque un gobierno no es el edén, es un gobierno. Todos pensamos que sería un retroceso impresionante perder en 2011.

Lo que no nos está saliendo ni a palos es tener iniciativa política. Así sea chiquita, sectorial, esporádica.

Hasta ahora se fueron juntando caritas y más caritas de kirchneristas en las tandas fotográficas de 678. ¿Y a dónde conducimos esas caritas? ¿Qué estamos haciendo para volverlas un sujeto político?

Muchos están pensando que porque Scioli es una opción en 2011, porque el gobierno puede perder, esta sociedad está girando a la derecha. La verdad es que no. No creo que la sociedad argentina (todavía) esté girando a la derecha. Veo que TN necesita hacer oposición con Tenembuam y Zloto, con la Ley de Glaciares y el 82% movil. Veo que las esperanzas blancas -al menos declamatoriamente- son Pino, Binner o Alfonsín. La oposición busca la endija por izquierda, así sea discursivamente. Macri y de Narváez defienden el aumento a las jubilaciones. Todo eso no es sólo “gorilismo”, puede serlo, pero de un tipo muy particular, en un contexto dónde los valores liberal-conservadores no tienen todas las de ganar…

Veo que el público jóven de la Metro carga 40 camiones de comida para comerdores.  No me digan que eso es paternalismo clasemediero, expliquenmé por qué no lo hicimos nosotros.

¿Cómo puede ser que la juventud de este proceso no pueda hacer más que apoyar lo que ya se hace? Ahí tiene razón el planteo de Natanson. ¿Qué le agrega(mos) al kirchnerismo?

Kirchner es un tipo que se la pasa pensando como romper las bolas, como mover el arco, como crear un escenario nuevo donde parecía que no se movía nada. ¿No podemos imitar eso?

No creo que sea tan difícil. Ideas sobran. El punto es de decisión política, de animarse a ir. Poner una agenda. Una mesita en una esquina, dos pibes kirchneristas entregando un volante a otro pibe no kirchnerista que dice “tu jefe ¿te tiene en blanco?“. Ya sé, seguro que el Ministerio de Trabajo lo hace mejor. ¿Y qué? El punto es hacer política, crear una referencia que no sea unos carteles frente al sanatorio dónde lo operan a Kirchner. Algo que sea más que el aguante.

O una campaña para despenalizar el aborto. No importa que el gobierno no esté de acuerdo. ¡Mejor! Hay que dejarlo en paz al gobierno. ¿Cómo podemos pretender ser recambio, ser reaseguro de futuro si no nos da para impulsar algo nosotros mismos?

O la idea de Ale, de las pasantías de jóvenes abogados en las comisarias. Con eso no se resuelve el reclamo de justicia popular que siempre tiene un condimento más conservador, más mete bala, pero al menos elaborás un discurso para un adentro que no es tan chico.

O algo menos “ideológico” y más concreto. Pero algo que construya, que sume. Que movilice. En Buenos Aires casi no hay lugar para tocar música, por ejemplo. Habrá otras, mejores seguramente, mucho mejores, para eso hay dirigentes jóvenes que deberían poder sintetizar eso que “está en el aire” y transformarlo en una idea convocante.

¿Cuál es el mecanismo secreto, el embrujo, que hace que el sector juvenil organizado políticamente,  no pueda salir de Duro de Domar?

El año que viene, sí o sí, va a ser un año políticamente zarpado. Probablemente, el año de mayor debate político desde el retorno democrático. Más allá de que se gane o se pierda.  La discusión va a estar en la piel de la gente. Con defender lo que se hizo no va a alcanzar y, además, para esa publicidad de millones, los jóvenes de las banderas y los blogs somos totalmente superfluos. El aporte tiene que ser otro, tiene que ser darle oxígeno al proceso, ir por las cosas que el gobierno no pude ir. Decir las cosas que el gobierno no puede decir. ¿Correr por izquierda? No exactamente, más bien tener tu propio terreno de disputa.

Hoy Morales Solá escribe esto: Una porción de jóvenes argentinos se siente cerca del kirchnerismo, tal vez porque confunde su inconformismo y sus transgresiones con la noción equivocada de una revolución.

Inconformismo y transgresión. Kirchnerismo puro.

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Setentas vs 2001

En ese sentido, hay una necesidad de invertir la operación kirchnerista. Porque repensando el kirchnerismo, creo que también hay que ver que los momentos de verdad política que hay que registrar para gobernar son los `70 y el 2001, pero para mí la prioridad discursiva kirchnerista son los `70. Y a nosotros, como generación, el 2001 fue lo que nos marcó políticamente. No nos marcaron los `70, nos marcó el 2001 como imagen de la política, como información genética de lo que es la política“.

La frase es de Mario Santucho, parte del equipo editorial de la nueva Crisis, en un excelente reportaje que le hace mi amigo Martín, con Fede Scigliano.

Hay un punto nodal ahí. Los primeros años de Néstor son momentos donde se hace una gran lectura del 2001, de las necesidades políticas de buena parte esa sociedad, que en buena parte es todavía esta sociedad. El gobierno gobierna con el 2001 como viento a favor, que le hincha la vela, lo hace correr más rápido y le legitima sus actos más audaces. El kirchnerismo va naciendo como una respuesta afirmativa a esa crisis de representatividad, de ahí el 80% de imagen y todo ese consenso que iba de Hebe a Clarín, y todo lo que había en el medio. En esos años iniciales, las dos cosas (los setenta y el dosmiluno) están muy juntas. La renovación de la Corte y la bajada del cuadro de Videla son dos actos con poca distancia temporal y simbólica. Refieren a cosas diferentes, pero que eran homologables en términos políticos. Eran reclamados por un mismo tiempo social, pero que tenía sus conductos tanto en una crisis nueva como en una demanda vieja.

A medida que fueron pasando los años, el propio éxito del gobierno lo fue alejando de esa genealogía pos crisis. La construcción del país del crecimiento económico y la inclusión social le fue corriendo el discurso al kirchnerismo, sutilmente. El 2001 fue mutando de génesis de creatividad política a metáfora del caos. O sea, lo que en un comienzo sirvió para legitimar actos disruptivos, para correr la cancha de los límites que el establishment había creído permanentes desde los noventa, fue madurando hacia un lugar del que sólo había que huir. El 2001 ya no era el habilitante para hacer lo “nuevo”, sino más bien el trauma de un pasado desgraciado, de un lugar al que no se quiere volver. “Los argentinos no queremos volver al 2001”, empezó a ser un caballito de batalla de los actos oficiales como forma de combate a la incipiente oposición.

“Trauma de un pasado desgraciado”, y lo escribo con relación al 2001 y no a los setenta….algo está mal en eso. Y la paradoja es que a medida que nos acercamos en el tiempo, en el kirchnerismo, como dice Santucho, “la prioridad discursiva son los `70.” Pero hay que pensarlo como una cuestión dinámica, que tuvo su desarrollo, su historicidad en estos ocho años. Esa centralidad que hoy tienen los setentas en el discurso oficial, no la tuvo desde siempre. Y, por lo tanto, no la tiene porque tener en el futuro.

Pero volvamos y aclaremos. Estamos hablando del 2001 como habilitante de discursos y prácticas política disruptivas desde el Estado y la política, no de una Argentina de Asambleas Populares. Como democratizador, porque la crisis de representación permitió la emergencia de voces que eran marginales en el contexto político y simbólico del neoliberalismo. Pero no estamos haciendo nostalgia de un tonynegrismo que siempre odiamos. Sí de rescatarlo como un momento de repolitización. Sencillamente -aunque a muchos se les escapa- el kirchnerismo hubiera sido imposible sin el 2001. Por eso hay un problema en que el gobierno lo entienda sólo en términos de caos negativo. En todo caso, estaría bueno que lo piense -también- como caos creativo.

Volver a los setenta, además del componente (psico)lógico generacional que alcanza de lleno al matrimonio gobernante, es también volver a una “normalidad” política. Volver a una modernidad luego del desvarío posmo, donde hay conceptos claros, donde hay campos de batalla delineados, donde hay de dónde agarrarse. En contraposición, el 20o1 es una gelatina, un desorden, una confusión, un precipicio. Se comprende que estén/estemos más cómodos usando aquella referencia. Se comprende, pero no se comparte.

Porque el 2001 dejó cosas positivas. Una: que la sociedad argentina no se bancó ser un país con 50% de pobres. Otra: se saldó un balance negativo sobre el modelo económico de los noventa. Ese balance sigue siendo el alimento ideológico cotidiano que usa el gobierno para aumentar el gasto social. Esa inversión de la lógica se conquistó en el 2001. La necesidad de intervención del Estado en la economía, también.

Una de las -pocas- hipótesis de Acquaforte es que el gobierno/kirchnerismo, aprende. Evoluciona. En ese sentido sería interesante que se repiense esta imagen, hoy muy cristalizada, de los setentas como momento de productividad política, militante y programática (eso de “hacemos lo que hacemos en nombre de ese pasado”) y del 2001 como período oscuro, de vacío, de desgracia. No porque vayamos a encontrarnos con un manantial de luz en el 19 y 20 de diciembre. No para fundar ahí todo. Sí para incorporarlo como parte de la génesis que dio nacimiento a este proceso extraño y potente. Sí para hacerlo nuestro ahora y no abandonarlo y esperar que en veinte años se haga un revisionismo sociológico que lo vuelva los nuevos setenta light. Sí, sobre todo, para comprender mejor a los jóvenes no politizados a los que quiséramos poder hablarles. El 2001 parece una mejor referencia que los setenta, al menos para eso.

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