Setentas vs 2001

En ese sentido, hay una necesidad de invertir la operación kirchnerista. Porque repensando el kirchnerismo, creo que también hay que ver que los momentos de verdad política que hay que registrar para gobernar son los `70 y el 2001, pero para mí la prioridad discursiva kirchnerista son los `70. Y a nosotros, como generación, el 2001 fue lo que nos marcó políticamente. No nos marcaron los `70, nos marcó el 2001 como imagen de la política, como información genética de lo que es la política“.

La frase es de Mario Santucho, parte del equipo editorial de la nueva Crisis, en un excelente reportaje que le hace mi amigo Martín, con Fede Scigliano.

Hay un punto nodal ahí. Los primeros años de Néstor son momentos donde se hace una gran lectura del 2001, de las necesidades políticas de buena parte esa sociedad, que en buena parte es todavía esta sociedad. El gobierno gobierna con el 2001 como viento a favor, que le hincha la vela, lo hace correr más rápido y le legitima sus actos más audaces. El kirchnerismo va naciendo como una respuesta afirmativa a esa crisis de representatividad, de ahí el 80% de imagen y todo ese consenso que iba de Hebe a Clarín, y todo lo que había en el medio. En esos años iniciales, las dos cosas (los setenta y el dosmiluno) están muy juntas. La renovación de la Corte y la bajada del cuadro de Videla son dos actos con poca distancia temporal y simbólica. Refieren a cosas diferentes, pero que eran homologables en términos políticos. Eran reclamados por un mismo tiempo social, pero que tenía sus conductos tanto en una crisis nueva como en una demanda vieja.

A medida que fueron pasando los años, el propio éxito del gobierno lo fue alejando de esa genealogía pos crisis. La construcción del país del crecimiento económico y la inclusión social le fue corriendo el discurso al kirchnerismo, sutilmente. El 2001 fue mutando de génesis de creatividad política a metáfora del caos. O sea, lo que en un comienzo sirvió para legitimar actos disruptivos, para correr la cancha de los límites que el establishment había creído permanentes desde los noventa, fue madurando hacia un lugar del que sólo había que huir. El 2001 ya no era el habilitante para hacer lo “nuevo”, sino más bien el trauma de un pasado desgraciado, de un lugar al que no se quiere volver. “Los argentinos no queremos volver al 2001”, empezó a ser un caballito de batalla de los actos oficiales como forma de combate a la incipiente oposición.

“Trauma de un pasado desgraciado”, y lo escribo con relación al 2001 y no a los setenta….algo está mal en eso. Y la paradoja es que a medida que nos acercamos en el tiempo, en el kirchnerismo, como dice Santucho, “la prioridad discursiva son los `70.” Pero hay que pensarlo como una cuestión dinámica, que tuvo su desarrollo, su historicidad en estos ocho años. Esa centralidad que hoy tienen los setentas en el discurso oficial, no la tuvo desde siempre. Y, por lo tanto, no la tiene porque tener en el futuro.

Pero volvamos y aclaremos. Estamos hablando del 2001 como habilitante de discursos y prácticas política disruptivas desde el Estado y la política, no de una Argentina de Asambleas Populares. Como democratizador, porque la crisis de representación permitió la emergencia de voces que eran marginales en el contexto político y simbólico del neoliberalismo. Pero no estamos haciendo nostalgia de un tonynegrismo que siempre odiamos. Sí de rescatarlo como un momento de repolitización. Sencillamente -aunque a muchos se les escapa- el kirchnerismo hubiera sido imposible sin el 2001. Por eso hay un problema en que el gobierno lo entienda sólo en términos de caos negativo. En todo caso, estaría bueno que lo piense -también- como caos creativo.

Volver a los setenta, además del componente (psico)lógico generacional que alcanza de lleno al matrimonio gobernante, es también volver a una “normalidad” política. Volver a una modernidad luego del desvarío posmo, donde hay conceptos claros, donde hay campos de batalla delineados, donde hay de dónde agarrarse. En contraposición, el 20o1 es una gelatina, un desorden, una confusión, un precipicio. Se comprende que estén/estemos más cómodos usando aquella referencia. Se comprende, pero no se comparte.

Porque el 2001 dejó cosas positivas. Una: que la sociedad argentina no se bancó ser un país con 50% de pobres. Otra: se saldó un balance negativo sobre el modelo económico de los noventa. Ese balance sigue siendo el alimento ideológico cotidiano que usa el gobierno para aumentar el gasto social. Esa inversión de la lógica se conquistó en el 2001. La necesidad de intervención del Estado en la economía, también.

Una de las -pocas- hipótesis de Acquaforte es que el gobierno/kirchnerismo, aprende. Evoluciona. En ese sentido sería interesante que se repiense esta imagen, hoy muy cristalizada, de los setentas como momento de productividad política, militante y programática (eso de “hacemos lo que hacemos en nombre de ese pasado”) y del 2001 como período oscuro, de vacío, de desgracia. No porque vayamos a encontrarnos con un manantial de luz en el 19 y 20 de diciembre. No para fundar ahí todo. Sí para incorporarlo como parte de la génesis que dio nacimiento a este proceso extraño y potente. Sí para hacerlo nuestro ahora y no abandonarlo y esperar que en veinte años se haga un revisionismo sociológico que lo vuelva los nuevos setenta light. Sí, sobre todo, para comprender mejor a los jóvenes no politizados a los que quiséramos poder hablarles. El 2001 parece una mejor referencia que los setenta, al menos para eso.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Setentas vs 2001

  1. fd

    Muy bueno el planteo, no sé si las referencias y las bases lo transforman en unívoco pero es una parte importante del asunto, de cómo encaramos el futuro…
    Dónde estamos, parados, qué pasó y qué es lo que vendrá? O mejor dicho, qué podemos producir?
    Tomo nota, lo llevo, se adjunta y se discute… La semana que viene va a estar a pleno con los temas y las reuniones… Algo saldrá, algo nuevo tendrá que empezar a nacer. Básicamente estos 6, 7 u 8 años han sido el parto…
    Eso espero…
    salú
    fd

  2. JorNero

    Si discutimos los setentas es tanto por el deseo de los kirchner como por su sagacidad. Los setentas prendían rápido en entre los hijos del menemismo huérfanos de creencias políticas. Y Néstor parece haber percibido esto. Todos nos hicimos setentistas. Hasta Gioja, Pichetto y Clarín. Scioli, esencialmente leal, siguió siendo Scioli.

    Pensar en los setentas sea, tal vez, la operación ideológica que permita encubrir el 2001. Y junto con el 2001 eso dos años que van hasta el 2003. Y que sintomáticamente no están mencionados en este post. Años que nos recordarán cuánto hay en este gobierno de menemistas reciclados y de duhaldistas traidores.

    • Es verdad, puede ser. Pero la verdad, a esta altura andar definiendo las cosas por el origen o el paso de los funcionarios. Que se yo. Pichetto hace ocho años que defiende las leyes que envìan desde este gobierno. ¿Cuánto me explica que antes haya hecho lo mismo con Menem? En todo caso me habla más de él que de los escenarios por los que transita.
      Y por último, no estoy tan seguro eso de “encubrir”, si creo más en el intento de borrar ligazones con el período Duhalde 2002-2003. Pero esa continuidad/ruptura tuvo sus escenarios reales: kirchner rompio políticamente en el 2004, y en el 2005 se los llevó puestos en la pcia. Que en muchas cosas es la continuidad, es cierto. Que operó en el terreno político y no solo discursivo para romper con eso, también.
      En verdad, creo que a la hora de legitimarse en al historia, primó en ellos una cuestión de “herencia larga”, también una forma de lavar culpas de sus noventas en Santa Cruz, entonces volver sobre los setenta fue una forma de decir: “nosotros somos aquello”.
      Igual, más que hacer disquisiciones sobre las mentes de los conductores, pensaría qué es más sano para nosotros en el futuro. En ese sentido, sin ser para nada fundamentalista, creo que algunos elementos del 2001 (no solo por la negativa, sino tambièn por la positiva, por lo que “construyó” la crisis, digamos) son importantes para entender esta sociedad. Que al final de cuentas, es mucho mas cercana a la sociedad de 1973.

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