Luna Park: Los que están, los que faltan

No pude entrar al Luna, pero ahí estuvimos. Mucha gente, mucho entusiasmo. Cristina nombrando a los referentes juveniles varias veces, como invitándolos a que terminen de asumir ese rol. Fue raro, también, porque no fue ni una demostración para “afuera” ni para “adentro”, aunque tuvo un poco de ambas. Quiero decir: el acto fue poner sobre la mesa la construcción de estos últimos tiempos, y sobre todo desde el 2008 hasta acá. El acto fue para los que estábamos en el acto. ¿Ché, se armó algo, nomás? Y sí, algo se armó. Con sus límites, son sus deudas, con su endeblez, lógicamente. El kirchnerismo es responsable de muchas cosas desde el 2003 hasta hoy. Pero la organización política, la generación de herramientas participativas, no había sido una de ellas. El gobierno tejió, desde 2003, una alianza con estructuras previamente movilizadas y/o organizadas, como el movimiento obrero y los movimientos sociales. Pero no fue, él mismo, un generador de organización política. La permitió, a veces hasta la alentó, pero se sintió más cómodo “negociando” espacios, recursos y poderes con formas organizativas no encuadradas. Tal vez porque el ADN del matrimonio está signado por ser gestión, por ser gobierno, por ser Estado, más que movimiento, partido, etc. Pero el gobierno aprende, insistimos siempre. La gran derrota fue el invierno de 2008 y no tanto 2009 (se pierde primero en las calles, se pierde consenso social y después se pierden elecciones). El gobierno jugó en esa coyuntura no positiva a una movilización caótica, desarticulada y microclimática para vencer a una marea de “sentido común”. Y aún peor, lo hizo sin contar con tropa propia. Buscó activar de repente a una militancia raleada e inorgánica en su mayoría. No alcanzó, obviamente.

Lo de ayer tampoco alcanza. Pero es un paso. Un intento al menos. El kirchnerismo pone unas bazas en la construcción de un actor político que durante años estuvo ausente de la escena nacional. Ausente como colectivo político. En los noventa -fue mi caso- hubo una participación en defensa de la escuela pública y en el tema de los derechos humanos muy fuerte por parte de los que éramos sub-20. Los HIJOS y los hijos, digamos. Pero estábamos lejos, muy lejos, de actuar con un horizonte político. Hoy también hay muchos chicos movilizados en las escuelas. La pregunta sería: ¿El Luna Park y las “tomas” son dos fenómenos divergentes, contradictorios incluso? Más allá que ese enemigo principal que siempre es el trotskismo esté hoy conduciendo buena parte de eso. ¿Los pibes dieron vuelta ese mandato que-se-vayan-todos del 2001, o todavía estamos dentro de esa referencia, dónde la única participación política válida es la del “reclamo” sin pertenencia política explícita? Las posibilidades de expansión del Luna Park se miden en la respuesta a preguntas como ésa.

Ahora, humildemente, hay que ganar legitimidad social y política. Construir un actor como la juventud es diferente a organizar otros estamentos. Un sindicato, por ejemplo, mide su efectividad en base a las conquistas para sus afiliados. Puede tener o no (hoy por hoy, más no) legitimidad social más allá de su lugar de acción concreto. Pero el éxito en ese espacio reducido lo es todo. Si consigue aumento, si consigue que la obra social funcione, crece. Le guste o no le guste al resto. Poner de pie a un actor juvenil supone otras cosas. Otras dificultades: tener una palabra, tener una convocatoria, tener cierta “frescura”, digamos. Y tener también reivindicaciones. Hinchar las pelotas. Demandar audacias. Hace poco, nos juntamos en Córdoba más de dos mil compañeros convocados por el Concejo Federal de Juventud. La gran mayoría seguro que estuvo también en el acto de ayer. Y ahí, en esas jornadas, se empezaron a discutir cuestiones concretas. La idea de una agenda propia. Que nos contenga y que nos impulse. Porque hay que “bancar” pero también hay que no bancarse nada. ¿Vamos por todo? Vamos por todo.

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1 comentario

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Una respuesta a “Luna Park: Los que están, los que faltan

  1. Como bien decís, Fede, el salto cualitativo, desde el invierno del 2008, al acto de ayer, pasa por la organización -en cantidad, y no tanto en calidad-. Miles de pibes -encuadrados y pasionados por un proyecto político-, iluminan un escenario que estaba a oscuras desde los años setenta.

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