Archivo mensual: agosto 2010

Ni lo uno ni lo otro, todo lo contrario

En una charla ocasional con unos compañeros que trabajan en sendos ministerios, hablábamos de la política de comunicación del gobierno, particularmente en lo que tiene que ver con gestión y obras. La evaluación, con matices, era compartida: los números fríos, tirados en regadera a la cabeza de los televidentes del Fútbol Para Todos no garpa. ¿Cómo medir si 8.000 kilómetros de algo -rutas, cloacas, agua, etc.- es mucho, poquito o nada? En fin, como suele pasar con otras instancias comunicativas, se refuerza a los que ya creen, pero se perfora muy poco la coraza del resto. Para  empeorar el asunto, digamos que la credibilidad de cifras y números excede a los comunicados del INDEC y se esparce como glifosato sobre todas y cada una de las estadísticas gubernamentales. A pesar de eso, veíamos un cambio de actitud, al menos de reconocimiento del problema por parte del gobierno.

El kirchnerismo -decimos recurrentemente en este blog- aprende. Es bueno aprendiendo de errores y esa facultad es la que todavía lo mantiene dentro del ring. En ese aprendizaje, el cambio comunicacional más brusco es el abandono de la estrategia de guerrilla presidencial que teníamos durante 2008/2009. Esto es, la presidente apareciendo inesperadamente de la selva de Olivos, un par de veces por semana, y dando cadenas nacionales dónde se superponía un anuncio de gestión con una diatriba oral sobre tal o cual enemigo del eje corporativo. O sea, la maximización de recursos estatales (la obra, el subsidio o el anuncio de lo que sea) para sostener una guerra simbólica.

El aprendizaje consistió en ver que esa sobre exposición no acumulaba, por el contrario irritaba a una población ya mayoritariamente alejada del oficialismo y ni siquiera reforzaba los lazos de pertenencia con los propios. Mucho de esto no fue producto de la “herramienta”, sino del artesano: CFK tiene muchas virtudes, pero da soberbia. Para qué ocultarlo. Percepción que además es compartida por el 68% de la población, según la misma encuesta de Poliarquía que la pone como preferida para ser candidata, frente a Néstor. Cristina es más que ese aspecto, pero ese aspecto es visualizado por la sociedad como algo real.

Entonces se llamaron a silencio. Y pudo aparecer la gestión en primer plano. Y los resultados fueron buenos. La imagen del gobierno creció, ganar las elecciones dejó de ser una quimera.

Ahora, después del sano retiro espiritual, hay que volver a la cancha. Manteniendo lo aprendido. Porque hay elecciones, y en las elecciones se votan candidatos. Y porque acá y en todos lados, las personas unen proyectos a personas, política a liderazgo. El “proyecto” tiene que ser alguien.

El escenario de la guerrilla presidencial y el del silencio monasterial son bandazos. Hay un carril en el medio que sería interesante transitar: ¿Por qué la presidenta sólo puede aparecer en televisión en discursos improvisados? ¿Por qué no hacer esos mismos anuncios desde una estética cuidada, con las palabras elegidas, en un spot producido para la ocasión?

¿Cuánto más se hubiera sumado si el anuncio de la Asignación Universal hubiera sido diseñado de esa forma, en vez de esa cadena en vivo y directo, que mostraba imperfecciones varias, correcciones de números al aire, invitados poco deseados pero inevitables, etc?

Se dice con razón que Néstor habla peor, pero comunica mejor. Es verdad. Pero también es verdad que los tiempos cambian. Lo que era necesario en el 2003, en pleno infierno, se volvió menos necesario en el 2007, y francamente contraproducente en el 2008/9/10. El gobierno no tiene que trasmitir la sensación de ser David contra Goliat. Más bien lo contrario.

Otra enseñanza, que no sé si fue hecha en las altas esferas o no: lo que molesta es la tribuna, el decorado de invitados VIP aplaudiendo cada frase, siendo cómplices de chistes internos. Eso se convirtió en una especie de cerco involuntario. Y la tele ofrece algo que no se aprovecha: el presidente y el ciudadano. Sin mediaciones.

En definitiva, hacer esto que bien rescata el Escriba:

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vox populi vox dei

“En la comparación surgió otra curiosidad. Kirchner tiene peor imagen que su esposa, a los encuestados les gustaría que ella fuera la candidata del oficialismo (58%)  y buena parte considera que tiene mejores atributos

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El dilema Carrió

El dilema de Carrió no es de Carrió. En tal caso, su condición de “médium” la lleva a personificar –a veces grotescamente- las limitaciones, tensiones y expectativas de sectores sociales, políticos y empresariales diversos. Carrió expresa el subconsciente de muchos dirigentes, y también de muchos votantes. Sencillamente porque su conducta autodestructiva le permite decir lo que los otros no van a decir jamás, aunque lo piensen: que no da armar otra ensalada agridulce para llegar al gobierno y tener que entregarlo antes del final del mandato. Ese miedo, ese horizonte negro, está en la cabeza de todos. Carrió es la única –aunque seguramente no la última- que actúa en consecuencia. Se pone más el énfasis en sus dificultades para compartir cualquier mesa que no sea un tenedor libre, en su ser ególatra que le impide construir colectivamente. Pero su decisión tiene más que ver con “destruir la casa para salvar el bosque”. O sea, rompo para que no ganemos. Porque si ganamos así, estamos al horno. Un reconocimiento explícito de que el radicalismo -no como partido sino como espacio, como alternancia cultural al peronismo- no puede gobernar la Argentina en 2011. No puede. Eso lo saben todos los correligionarios, la diferencia es que a Cobos o a Morales no les importa nada. No les preocupa la patria. Carrió, con toda su locura a cuestas, tiene –igual que los Kirchner, igual que Macri…- una noción ideológica de la política, “principios”, como dijo en la carta. Ella cree que lo suyos son los únicos válidos y para nosotros, en cambio, hay otros mejores. Pero no importa. Coloca sobre la política un devenir, una direccionalidad, algo difícil de imaginar en el resto de la tribuna opositora. Pero el dilema de Carrió (¿ser o no ser gobierno?) no es de Carrió. Si pudiéramos traducir a kirchnerismo las últimas columnas de La Nación, el puente idiomático sería sin dudas la palabra “proyecto”. -¡No hay “proyecto”!, lloran dominicalmente desde la tribuna de doctrina. El fragor de la lucha pasó durante estos años por debilitar al gobierno, y así amputarle sus posibilidades transformadores.  Ese ejercicio político indispensable pero limitado cegó a muchos y pospuso el momento de la pregunta terrible: ¿y ahora, qué viene?, no quién viene, si qué. Si el repunte oficial hubiera demorado más, si hubiera surgido un liderazgo opositor más claro,  estaríamos discutiendo eso hace rato. Después de la 125 el bote oficial dio un campanazo pero no se hundió, y antes de lo previsto, volvió a pegar otro, quedando de nuevo a flote. El dilema de Carrió está presente también en los intereses empresarios: ¿Quién garantiza más paz social? Pregunta elemental para cualquier patronal en todo tiempo y espacio que, por la guerra de las retenciones, la estatización de las AFJP y la Ley de Medios debió ser pospuesta hasta después del armisticio. Los dueños del país saben, a pesar de lo que dice pinismosolanismo, que este gobierno tiene en su constitución genética tocar intereses, ampliar el margen de acción del Estado frente a…ellos, y generar condiciones sociales y económicas que complican la acumulación capitalista en base a la miseria salarial. En ese sentido seguirán buscando su reemplazo. El cálculo complejo es hasta qué punto no conviene pagar ese costo (renunciar a tener un “clima de negocios” en favor de poder hacer negocios…) y no comprarse una gobernabilidad jaqueada por el conflicto social. La gobernabilidad de 2011-2014 ¿es por izquierda o por derecha? Siempre es difícil separar los deseos del análisis, pero creo que hay buenas razones para pensar que las reformas parciales, modestas y pactadas que el kirchnerismo supo llevar a cabo en estos ocho años, todavía no consolidaron una estructura social estable, con su consecuente meseta política. La propia precariedad de las mejoras sociales, así como la no constitución de un sujeto político kirchnerista son, paradójicamente, las bombas activadas que dejaría el fin del pingüinismo de perder el año próximo. Una gobernabilidad por derecha (tanto del radicalismo, como del peronismo macrista o el macrismo peronismo) se va a encontrar a la primera de cambio que no tiene con quien “arreglar”. La Túpac toma la intendencia de Jujuy, o corta una ruta. ¿Con quién negocia? Camioneros pide un 40% de aumento, ¿con quién negocia en un contexto probable de moyanismo en declive pero con un volumen sindical engordado por estos años? La lista podría desgranarse casi hasta el infinito. Este gobierno, en cambio, tiene a su favor dos cosas que la oposición está lejos de tener: puentes múltiples y diversos con esa parte de la sociedad “en lucha” y voluntad de arreglar en favor de los sectores que reclaman. Eso fue gobernar desde el 2003. En cambio, la oposición cree todavía que la política y la economía son variables separadas, tal cual aparecen en las secciones de los diarios. Confunden, digamos, una diferencia expositiva con una diferencia real. Pero gobernar a la economía argentina sigue siendo una tarea política. No hay piloto automático que deje tiempo libre para ocuparse de las instituciones, como sueña la oposición. La carta de Carrió apunta a ese nudo, es como una invitación para ir al psicólogo: ¿Oposición: querés conocerte, hacerte preguntas incómodas sobre lo que te molesta de vos misma? ¿o mejor seguimos haciéndonos los boludos?

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¿Se terminó la era 125?

Si La Nación hizo vanguardia en la oposición desbocada al primer gobierno -cuando Kirchner tenía 70% de imagen positiva-, el rol de opositor perenne parece cuadrarle hoy más a Clarín, que ni siquiera nombra al Secretario de la Unasur en la nota donde reseña la reapertura de relaciones entre Colombia y Venezuela. ¡Ni lo nombra! El diario-grupo tiene sus razones, digamos, pero cada vez más se parecen a una cuestión de reacción emocional, y menos a una respuesta política. Como sea, notas como la de abajo hablan de una nueva etapa, una nueva lectura mediática del “momento”. Pregunta: ¿los medios están llegando demasiado tarde o muy temprano al nuevo clima de buenas ondas y recomposición de imagen presidencial?

http://blogs.lanacion.com.ar/sin-quorum/curiosidades/cristina-kirchner-la-mas-linda-de-las-politicas/

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La frase perfecta no se escribió en un blog

“El peronismo sembró la conciencia de clase media

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Pienso lo mismo que hace un año

1) El gobierno va a ganar las elecciones.

2) El candidato de la oposición es Macri y no Cobos.

3)El panradicalismo es una construcción voluntarista, pero impracticable. Lo que está en el ánimo social es una confluencia conservadora que vuelva a decir lo que desde 2001 no se dice, o se dice muy poco. Los que matan tienen que morir, los vagos tienen que trabajar, el Estado tiene que ser mínimo. Con algo de dulzura, pero lo suficientemente claro como para que el que vota, sepa que vota eso.

Todas y cada una de las hipótesis pueden fallar, obviamente. Pero de un año para acá, sus posibilidades de éxito aumentaron.

El gobierno puede autoboicotearse, Reutemman puede decidirse a ser candidato, Macri puede quedar sepultado por el derrumbe y las escuchas. Todas cosas posibles, pero no probables. El dato para mi central, que Sarlo suscribe, (hoy nos entrega su mejor pluma en mucho tiempo), es que este gobierno aprende. Evoluciona. ¿Hace cuánto que Cristina no hace cadenas nacionales? Y ésa es la diferencia que todavía no quieren admitir los escribas del otro mostrador. El menemismo tiró la toalla en el 97. No supo o no quiso reconvertirse, mutar, darle bola al mandato social que crecía como un hongo. Por eso terminó hablando sobre vuelos a la estratósfera. Kichner, en cambio, no se saca el overol de encima.

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Argumentando el pedido

En el post anterior le pedíamos una más al kirchnerismo, pero no una cualquiera. Una grosa. Una (otra) madre de todas las batallas: una reforma tributaria, para soldar al menos en parte los recursos estatales que van hoy a educación, salud, asignación y planes sociales, jubilaciones, cooperativas, obra pública y subsidios al transporte, luz y gas .

Hay información pública interesante:

-La presión tributaria total con relación al PBI subió significativamente desde el 2003. Pasó del 23% al 31% en números redondos. O sea, el Estado se queda con un porcentaje mayor de lo producido y comercializado. Para espanto de los liberales y alegría nuestra. El legado dictatorial acá también se dio fuerte: en 1983 el porcentaje de impuestos sobre PBI llegó a un nivel mínimo del 11%. El radicalismo le dio un saltito en el 84 cuando saltó al 17, pero sin consolidarse en el tiempo. En limpio, entonces, hay que sumar a la lista de realizaciones pro Estado del kirchnerismo el aumento del nivel de recaudación. Lo que podría ser la traducción constante y sonante de la mentada “autonomía respecto a las corporaciones”.

-Desagregando las cifras (y siempre en relación al PBI del momento) aparecen los deberes para el futuro. “Renta, utilidades y ganancias de capital” representa el 4,95% (porcentaje que se mantuvo estable durante toda la administración, incluso con una pequeña tendencia a la baja). El IVA casi dobla ese número y llega al 9,44% (también muy estable desde 2003 hasta 2009).  Incluso si le sumamos los “derechos de exportación” -o sea las retenciones- que es en definitiva un impuesto a la renta, el total da 7,77%, un punto y medio menos que el IVA pagado de igual forma por pobres, ricos y clase media.

-Los impuestos sobre la propiedad, potencialmente progresivos, son casi inexistentes. Salvo por el ítem relacionado al impuesto al cheque que suma casi 2 puntos porcentuales, pero que, justamente, grava por igual a todas las transacciones perdiendo gran parte de su carácter progresivo. El impuesto sobre la riqueza es un irrisorio 0,01, la transferencia de inmuebles 0,3 y “sucesiones, herencias y regalos” es 0%, en tanto fue derogado por la dictadura. Dos veces lo quiso reinstalar el radicalismo (Alfonsín en los 80 y la Alianza en el 2000, ambas en el marco de crisis y con el poder político ya licuado) y el kirchnerismo amagó un par de veces. Lo mismo pasa con las transacciones financieras, por ejemplo.

-Hay si, un punto en que la administración de Néstor y Cristina muestra un avance en la progresividad. El aporte a la seguridad social, saltó de un 2,83% hasta un 6,74%, ocupando cómodamente el segundo lugar en la lista de recaudación impositiva, después del IVA. Este salto no responde a un cambio en las alícuotas que se pagan, sino al aumento de la ocupación y la masa salarial con relación al resto de la economía. Pero también es cierto que después de la reestatización de las jubilaciones privadas, este ítem se refuerza mucho, saltando de 5,09 a 6,74% sólo en un año. Ahora, si bien es cierto que los aportes patronales aumentaron desde un 2% en 2003 hasta un 3,5% en 2009, crecieron mucho también lo de los empleados, que pasaron del 0,63 al 2,52% en el mismo lapso. La tendencia progresiva se podría acentuar si se recuperaran algunos puntos de los aportes patronales perdidos en 1993.

¿Estamos mal pero vamos bien?¿Estamos bien pero vamos mal?

PD: Los datos son de la Dirección Nacional de Investigaciones y Análisis Fiscal.

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