Ni lo uno ni lo otro, todo lo contrario

En una charla ocasional con unos compañeros que trabajan en sendos ministerios, hablábamos de la política de comunicación del gobierno, particularmente en lo que tiene que ver con gestión y obras. La evaluación, con matices, era compartida: los números fríos, tirados en regadera a la cabeza de los televidentes del Fútbol Para Todos no garpa. ¿Cómo medir si 8.000 kilómetros de algo -rutas, cloacas, agua, etc.- es mucho, poquito o nada? En fin, como suele pasar con otras instancias comunicativas, se refuerza a los que ya creen, pero se perfora muy poco la coraza del resto. Para  empeorar el asunto, digamos que la credibilidad de cifras y números excede a los comunicados del INDEC y se esparce como glifosato sobre todas y cada una de las estadísticas gubernamentales. A pesar de eso, veíamos un cambio de actitud, al menos de reconocimiento del problema por parte del gobierno.

El kirchnerismo -decimos recurrentemente en este blog- aprende. Es bueno aprendiendo de errores y esa facultad es la que todavía lo mantiene dentro del ring. En ese aprendizaje, el cambio comunicacional más brusco es el abandono de la estrategia de guerrilla presidencial que teníamos durante 2008/2009. Esto es, la presidente apareciendo inesperadamente de la selva de Olivos, un par de veces por semana, y dando cadenas nacionales dónde se superponía un anuncio de gestión con una diatriba oral sobre tal o cual enemigo del eje corporativo. O sea, la maximización de recursos estatales (la obra, el subsidio o el anuncio de lo que sea) para sostener una guerra simbólica.

El aprendizaje consistió en ver que esa sobre exposición no acumulaba, por el contrario irritaba a una población ya mayoritariamente alejada del oficialismo y ni siquiera reforzaba los lazos de pertenencia con los propios. Mucho de esto no fue producto de la “herramienta”, sino del artesano: CFK tiene muchas virtudes, pero da soberbia. Para qué ocultarlo. Percepción que además es compartida por el 68% de la población, según la misma encuesta de Poliarquía que la pone como preferida para ser candidata, frente a Néstor. Cristina es más que ese aspecto, pero ese aspecto es visualizado por la sociedad como algo real.

Entonces se llamaron a silencio. Y pudo aparecer la gestión en primer plano. Y los resultados fueron buenos. La imagen del gobierno creció, ganar las elecciones dejó de ser una quimera.

Ahora, después del sano retiro espiritual, hay que volver a la cancha. Manteniendo lo aprendido. Porque hay elecciones, y en las elecciones se votan candidatos. Y porque acá y en todos lados, las personas unen proyectos a personas, política a liderazgo. El “proyecto” tiene que ser alguien.

El escenario de la guerrilla presidencial y el del silencio monasterial son bandazos. Hay un carril en el medio que sería interesante transitar: ¿Por qué la presidenta sólo puede aparecer en televisión en discursos improvisados? ¿Por qué no hacer esos mismos anuncios desde una estética cuidada, con las palabras elegidas, en un spot producido para la ocasión?

¿Cuánto más se hubiera sumado si el anuncio de la Asignación Universal hubiera sido diseñado de esa forma, en vez de esa cadena en vivo y directo, que mostraba imperfecciones varias, correcciones de números al aire, invitados poco deseados pero inevitables, etc?

Se dice con razón que Néstor habla peor, pero comunica mejor. Es verdad. Pero también es verdad que los tiempos cambian. Lo que era necesario en el 2003, en pleno infierno, se volvió menos necesario en el 2007, y francamente contraproducente en el 2008/9/10. El gobierno no tiene que trasmitir la sensación de ser David contra Goliat. Más bien lo contrario.

Otra enseñanza, que no sé si fue hecha en las altas esferas o no: lo que molesta es la tribuna, el decorado de invitados VIP aplaudiendo cada frase, siendo cómplices de chistes internos. Eso se convirtió en una especie de cerco involuntario. Y la tele ofrece algo que no se aprovecha: el presidente y el ciudadano. Sin mediaciones.

En definitiva, hacer esto que bien rescata el Escriba:

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Ni lo uno ni lo otro, todo lo contrario

  1. Con respecto a que el kichnerismo aprende, hace unos meses tocó en Capital Caetano Veloso, el gobierno de la ciudad lo trajo, pero no pudieron dejar de hacerlo notar, lo que provocó que cuando apareció una persona del PRO la gente terminara insultandolos, mezclando las cosas, cantando el que no salta es militar.

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