Archivo mensual: agosto 2010

lucha de generaciones

Acá hay cosas para pensar. Hasta ahora solíamos pensar la cuestión de algunos periodistas progresistas anti k a partir de sus locaciones de trabajo o desde sus configuraciones ideológicas noventistas. Ambas resumidas en el ocurrente neologismo  blogueril Tnembaum. Pero Lanata, el máximo referente de ese espacio, plantea algo totalmente nuevo: es una cuestión generacional. El kirchnerismo pone incómodo, molesta, enoja y mete miedo en un sector específico al que no solemos pensar. Esos ex jóvenes, emergentes de la democracia condicionada y traumatizada de la pos dictadura. Esa generación, y no la nuestra, es la que está cuestionando a la eterna sombra de los setenta. Sombra que se proyectó siempre, pero que ahora volvió desde “el poder” y se transforma en pesadilla para muchos. La generación Lanata se bancó la herencia  generacional guerrillera en los 80 y 90, en parte porque tenía que pagar el derecho de piso. Tenía que madurar y mostrar un despliegue mediático, profesional e intelectual que en esos años iniciáticos no podía si no tomarlo de los combatientes derrotados. Pero ahora -ya maduritos- instalados como figuras clave de los entramados comunicacionales, con una historia heroica propia detrás y no prestada (ahí Lanata muestra sus oropeles de demócrata, de anti menemista, de defensor de los ddhh, etc) están hartos de vivir a la sombra de los que se jugaron la vida. Lanata se saca un peso histórico (y se lo saca a sus pichones) cuando dice “yo no hubiera querido que gobiernen Montoneros o el ERP”. O sea, “yo no estoy de ese lado, y quiero empezar a decirlo”. Habría que decir que el kirchnerismo con su política de DDHH y la rutinización de los juicios y el consecuente cierre de la etapa reparadora, es el elemento político que habilita este posicionamiento, que no se podría dar sin esta condición. O sea, solo se puede cuestionar verdaderamente a los setenta desde una óptica progresista una vez que los genocidas están presos. O, dicho de otra forma, una vez que la generación Lanata pagó a la anterior la reparación jurídica necesaria para poder criticarla sin mayores dilemas morales. No porque los jóvenes de la democracia tuvieran culpas en la masacre, sino porque su misma emergencia durante el alfonsinismo los unió a la generación de los setenta en esa meta. Página/12 es exactamente eso. Pero eso lo podemos pensar nosotros, que no pertenecemos a esas dos generaciones temporalmente tan superpuestas y mentalmente tan alejadas.

Hoy Lanata puede dejar picando el veneno al decir “y cuando uno ve que tal persona era inteligencia de Montoneros entiende…” Lanata no está descubriendo a Verbitsky ahora, si no que recién ahora lo puede acusar. Y no sólo al Perro: en la frase hay un pedido de reabrir el debate sobre ciertos héroes que se instalaron al calor de un progresismo ingenuo que ya no quiere ser. Ahí asoma Walsh. Es como si dijeran, “ojo, che, ése no era sólo un poeta con pistola para defenderse. Era un tipo que…podía matar”. ¿Y cómo se hace en democracia, desde la democracia, para poner de héroe a un tipo que puede matar? Sobre esa pregunta se para la generación Lanata. Y de ahí, intuyo, sale cierta fuerza anti kirchnerista. A Tenembaum se le escapa sobre el final eso de “¿qué difícil ser liberal en serio no?” que con buena leche se puede traducir, “¿qué dificil es ser demócrata en serio no?”. No nos detengamos en la primera crítica que nos saldría, lo que pasa es que no quieren que se toquen los intereses de las corporaciones. En todo caso, no quieren porque no quieren que vuelva lo que hace posible que se toquen esos intereses. Y eso no es otra cosa que cierta belicosidad política, cierta movilización, cierta violencia. La generación Lanata, como lógica generación traumatizada, hará y dirá cualquier cosa con tal que no vuelva la violencia. Así sea discursiva, así esté mediada por la acción del Estado, así sea para una buena causa.  Por eso a Lanata no le crea duda ponerse del lado del más débil.

Cuando Lanata dice “Kirchner está enloquecido de poder” no está hablando de Kichner, está haciendo crítica política a toda la generación que lo precedió.A lo mejor hace diez años hacían que la pensaban distinto, y lo mejor hoy muestran lo que verdaderamente son“.

“Usar los ddhh” es una forma verbal de denunciar otra cosa: la ubicación de estos dentro de una disputa histórico. No “usarlos” sería aislarlos, dejarlos como mojón ahistórico, como elemento nacido en el 83, con la Conadep. Eso es lo que está jodiendo. Porque historizar los ddhh, y la cuestión Papel Prensa sea tal vez el punto más alto de esa historización, implica en definitiva sacarle a esa primera generación de la democracia la única bandera que puede asumir como verdaderamente propia.

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Dirección, velocidades, localismo y otra vez dirección

A veces es muy difícil discutir con los que uno quisiera ver en la misma vereda. A veces se exagera y se termina pidiendo paredón al que se corre del rumbo que creemos justo. Por el contrario, hay que seguir intentando entender, para poder desarmar argumentaciones.

El pinismo, y los demás arbustos que están cerca de él, creen que el problema es de dirección: el rumbo del gobierno es contrario a los intereses de la patria, es neoliberal, entreguista. Se va en dirección contraria, según dicen, al camino que un proceso de desarrollo nacional verdadera debería llevar. Algo muy distinto a cuestionar velocidades. Discutir velocidades supone acordar, así sea parcialmente y sin necesidad de cheque en blanco, el marco general, y cuestionar decisiones particulares, disyuntivas coyunturales, oportunidades de avance. ¿Cómo hace este sector para justificar que la dirección del proceso político es contraria a los intereses de las mayorías? Agolpa un número más o menos considerable de desvaríos, agachadas y oscuridades del proceso, pero fundamentalmente poniendo en el pedestal todo aquello que el gobierno no hizo. Y acá llegamos a un punto central: para definir la dirección política de un proceso ¿es razonable juzgarlo por lo que hizo o por lo que no hizo? Si entendemos a la política como un juego de fuerzas dinámico, en movimiento, pero fundamentalmente incierto en sus resultados futuros e indeterminado en los caminos que vaya a transitar, es contrario a toda lógica que se lo juzgue por el infinito terreno que no transite, por el universo de acciones, medidas, proyectos o disyuntivas que no aparezcan su obligado sendero angosto, limitado, sinuoso y, repetimos, indeterminado a priori.

El gobierno no reformó la Constitución nacional para recuperar los recursos petroleros y mineros, hoy en manos de las provincias. El gobierno no reconstruyó la red ferroviaria nacional en gran parte destruida o abandonada. Aunque no pertenece al discurso habitual de este sector, se podría de igual forma argumentar que el gobierno no legalizó el aborto, no cambió el sistema impositivo regresivo, no recuperó las Malvinas, no universalizó el sistema de agua corriente y cloacas, por sólo señalar temas centrales que estos ocho años de gestión que no fueron solucionados. Y cada una de estas cuestiones pendientes puede merecer el calificativo de escandaloso, también.

Se suele contestar desde el kirchnerismo, con una lista igualmente frondosa de logros, luchas y conquistas que el gobierno realizó. Luego lo cual, queda a consideración la puesta en la balanza de cada bolsón de “hechos”. ¿Pero no es esto una muestra de infantilidad política? ¿El nivel de análisis muere en la cuantificación de ítems tratados o no tratados? Eso implica entonces que la oposición solanista debería volverse rabiosamente oficialista si el gobierno diera curso a un manojo de temas. ¿Así de fácil es la cosa? Pero profundicemos un poco más. Hay algo llamativo en este esquema de pensamiento político: se marcan llagas realmente existentes y se denuncia la inacción del gobierno, pero se encubren las razones que obturan ese desarrollo esperado. Todo remite a la mágica, anti analítica y empobrecedora consigna de la corrupción. ¿Por qué el gobierno no hace tal o cual cosa? “Porque son corruptos, por eso prefieren el tren bala y no el tren para todos, para hacer negociados”. ¿Por qué el gobierno no toca a las petroleras? “Porque son corruptos, prefieren arreglar por debajo de la mesa con las mineras y las petroleras”. Y así.  Acá tienen un buen punto los que recuerdan el pasado frentegrandista de gran parte de Proyecto Sur, por ejemplo. Esa explicación unívoca fue hija de la descomposición ideológica de los noventa, que sirvió poco y nada como forma de análisis de la realidad, y en términos políticos sirvió para instalar al gobierno de la Alianza. La infantilidad argumentativa es tal que se cae con mostrar cualquier iniciativa gubernamental que toque intereses: sería imposible, por ejemplo, la existencia de la Ley de Medios, en tanto el gobierno había antes pactado más de una política pública con Clarín.

Finalmente, el localismo. Este espacio político, ideológico, cultural, cree remitirse a una corriente que excede las fronteras nacionales, y tiene continuidad en los proyectos gubernamentales de Bolivia, Ecuador o Venezuela. Pero en la práctica la imposibilidad de tender puentes reales con ellos (ya que estos gobiernos se encuentran en franca sintonía con el kirchnerismo) así como ver las grandes similitudes de las políticas llevadas a cabo aquí y allá, los lleva a entender la política desde un localismo aislacionista increíble. Se toman sin ningún criterio analítico o político medidas de esos gobiernos para contraponerlas, supuestamente, con las del gobierno argentino. El caballito de batalla es, por supuesto, el tema energético. Los tres gobiernos tomaron fuertes medidas para recuperar parte de las riquezas del subsuelo, sin embargo en todos lados el camino es largo y sinuoso: Correa promueve una Ley de Minería que sería el espanto del director de la Hora de los Hornos (y que, dicho sea de paso, llevó a que pierda el apoyo de gran parte de los movimientos sociales), Evo Morales está buscando inversiones para sacar el litio del Salar de Uyuni, lo que supone la destrucción de la  pequeña economía en la zona, por no hablar del desastre ecológico que varias asociaciones bolivianas vienen denunciando, y Chávez no para de cerrar acuerdos con firmas extranjeras para la explotación petrolera, de hecho anunció recientemente por Twitter que los gobiernos revolucionarios de India, Japón, EEUU y España están prontos a poner 40.000 millones de dólares en la industria petrolera venezolana. El localismo, como forma atrofiada de entender lo político, es el camino obligado una vez que se desconocen directrices generales del actual proceso político regional. Con los límites y las situaciones de fuerza a la que están sujetos, no ya el kirchnerismo, si no líderes y movimientos a los cuales es difícil (aunque nunca imposible, buscando alguna retórica) pensarlos como neoliberales o de derecha.

¿Cómo contestarían a estos argumentos? “Bueno, pasarán esas cosas pero esos procesos políticos han logrado transformaciones en muchas áreas, han reformado las constituciones, han dado un lugar al Estado en la economía, han terminado con el poder de las elites tradicionales, etc”.  O sea, al mirar un escenario distante, le dan a la dirección del proceso político un lugar de privilegio, más allá de tal o cual medida en particular. Algo que se niegan en su propia casa.

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Dos sensaciones

-El informe parece contundente, pero no deja de ser complejo, enmarañado, con puntos oscuros. No es una Verdad clara y sencilla. No es el otro informe, que no dejaba espacio de refutación,  salvo para los cínicos o involucrados. En algún punto se roza con una política imposible de no mediar una revolución: la anulación de la continuidad de los actos de Estado y los actos privados durante el período dictatorial. Se roza en el sentido de que toda negociación de ese nivel, en 1976, implicaba una ecuación dónde entraba el terrorismo de Estado. Esto no va en desmedro de lo que planteó CFK, al contrario, pero sí entender que estamos llegando a un punto crítico con relación a lo que las mayorías sociales creen de la dictadura.

-Como nos gusta plantear en este blog: el gobierno aprende. El Poder Ejecutivo interpela a los demás poderes del Estado. En términos políticos es darle la papa caliente a los opositores (pero especialmente a los cercanos y muy especialmente a los corredores por izquierda). Igual que con la Mesa de Enlace en el último tiempo: salir de la teoría del “son todos iguales” que no trajo buenos resultados. Frente a cada actor político nace una oportunidad de hacer política.  Y la referencia al pibe de la jabalina también. Aunque su efecto real es dudoso porque no hubo puentes con la anterior parte expositiva (prohibitiva para la mayoría de los mortales por densidad y duración) da cuenta de un aprendizaje. Hay que hablarle a la gente. Y a la gente hay que hablarle de gente, además de política y negocios.

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Con el fusil en la mano

Volvió la guerrilla presidencial, parece. Mi medio para informarme es este.

No sé si es tiempo para conjeturas, el río está revuelto y es difícil dilucidar senderos que abren otros. Lo de Fibertel parece una “jugada de más” en un contexto que se supone crucial. Pero todo parece chiquito frente a la tormenta que se avecina. Hay una sola cosa clara: el kirchnerismo es fiel a su marca de origen, no tiene miedo. Es la contracara del chachismo de los noventa. Las dos son experiencias de una misma generación traumatizada por la derrota histórica y la tortura. Unos salieron hiper temerosos de tocar el cable pelado del más mínimo interés corporativo, otros no pueden dejar de meter los dedos en el enchufe.  La pregunta hincha pelotas es siempre la misma: si se pierde, ¿vale la pena igual?

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Fibertel no es una banda ancha

es angosta. Es casi un desfiladero. A diferencia de otras embestidas, ésta es enmarañada, leguleya, y muy fácil de ser escenificada como “persecución”. Que además los usuarios tengan menos que ganar y más para perder termina de configurar una situación embarazosa para el oficialismo. Porque nunca habría que parecer el jugador morfón que se engolosina y hace “la jugadita de más”. Ese goleador que termina siendo responsable de un contraataque mortal en su propio arco por no haber habilitado a su compañero antes que intentar pasar a todos a pura gambeta. Pero esos son detalles, vicisitudes de un partido. Fibertel demuestra, más que nada, la endeblez (hasta cierta inexistencia, poniéndonos estrictos) del Estado. La Argentina es un territorio, una nación, una patria dónde una resolución administrativa, una ordenanza de subsecretaria que afecta a un servidor de internet, genera una hecatombe política. Un no Estado, un des-poder, que debe activar todas las semanas respuestas políticas, movilizatorias, contraculturales, épicas, justificadas desde la historia de los oprimidos. El kirchnerismo como en muchas otras cosas, es parte del problema y de la solución. Agrandó el margen de acción estatal, más lo hizo (lo debió hacer) manteniendo un formato confrontativo, sin poder superar la instancia de lucha sociopolítica por esa independencia frente a los agentes económicos y sociales. Hay más gobierno, pero no sé si hay más Estado. García Linera lo diría en términos de “empate catastrófico”. Libres del Sur -que quisieran tener a Linera en vez de Kirchner, pero no se encargan de leer al vice boliviano- sostenían hasta hace poco que “este es un gobierno en disputa”. Pero en sus sueños bolivarianos suponían una disputa de naturaleza interna, algo que la política decisoria del matrimonio se encargó de desmentir en cada acto. Había sí, y hay aún, un gobierno en disputa, pero menos hacia dentro que hacia fuera. El tema es que el kirchnerismo supo reconstruir el poder de gobierno, pero menos el poder de Estado. Es un gobierno de decisiones fuertes, jugadas, en el marco de un Estado débil, jaqueado por mil instancias. La contra corporativa-empresarial le “teme” a Guillermo Moreno, pero le hace cosquillas la Secretaria de Comercio. Dando vuelta el argumento opositor, diría que la falta de institucionalidad es esto: los nombres propios del gobierno son más importantes que los puestos que ocupan. Tal vez tenga que ver con el problema intrínseco de este proceso en materia de construcción política, ligado al confort que le produce al matrimonio tomar medidas en soledad. Son dos caras de una misma moneda. Por un lado, cara: reconstitución del poder presidencial, autonomía para marcar la cancha, audacia para desoir mandatos y estatus quo. Por el otro, cruz: esa autonomía no hechó raíces en instituciones estatales, en organismos más poderosos que ejecuten esa dirección política. Y así, completando el círculo, cualquier decisión que afecte algún interés debe inscribirse en un parte de guerra general, absoluto.

Hay que ganar en 2011 para construir de una vez al Estado. Pero no hay margen de error. 4 millones de usuarios es el 10% de la población argentina.

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Juancho

ni bien me enteré, me vino a la memoria el patio del Avellaneda. Juancho flaco, desgarbado y gigante porque estaba terminando el secundario y yo recién arrancando. Era la primera mitad de los noventa y militar en el centro de estudiantes era ser indefectiblemente de izquierda. Pero Juancho le agregaba un toque de autoestima peronista, aún en ese momento de menemismo extremo. Tenía una banda que se llamaba “provechito y sus secuaces”, si la memoria no me falla, y adelantados quince años a Capusotto, tenían como logo la PV y dos eses abajo. Él, y otros como él, tenían una sabiduría para mi mágica: cómo armar una asamblea de delegados, cómo plantear un argumento para convencer a otro, cómo poner los palos de la bandera para que el viento no te lleve puesto cuando la columna agarraba por Santa Fé después de caminar por Humboldt. Y una final, más reciente: hay que hacer todo ahora, porque nunca sabés. Desde hace meses, después de reencontrarnos en la blogósfera, quería llamarlo para juntarnos y volver a hablar de política y pasar por su local de chacarita y…y ahora me queda el nudo en la garganta, nada más. No sé si le seguían diciendo Juancho, o Juan, o Juan Cruz. Enterarse que se fue es una tristeza enorme. Y una alegría ver que era un tipo querido, respetado y admirado.

….

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Micropolítica y biopoder

Eso pienso cuando veo las maquinitas flamantes en todos los bondis, con la esperanzadora (y espero no muy prolongada) leyenda “próximamente SUBE”

y tuve otra dosis con esta noticia:

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1295615

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Ni lo uno ni lo otro, todo lo contrario

En una charla ocasional con unos compañeros que trabajan en sendos ministerios, hablábamos de la política de comunicación del gobierno, particularmente en lo que tiene que ver con gestión y obras. La evaluación, con matices, era compartida: los números fríos, tirados en regadera a la cabeza de los televidentes del Fútbol Para Todos no garpa. ¿Cómo medir si 8.000 kilómetros de algo -rutas, cloacas, agua, etc.- es mucho, poquito o nada? En fin, como suele pasar con otras instancias comunicativas, se refuerza a los que ya creen, pero se perfora muy poco la coraza del resto. Para  empeorar el asunto, digamos que la credibilidad de cifras y números excede a los comunicados del INDEC y se esparce como glifosato sobre todas y cada una de las estadísticas gubernamentales. A pesar de eso, veíamos un cambio de actitud, al menos de reconocimiento del problema por parte del gobierno.

El kirchnerismo -decimos recurrentemente en este blog- aprende. Es bueno aprendiendo de errores y esa facultad es la que todavía lo mantiene dentro del ring. En ese aprendizaje, el cambio comunicacional más brusco es el abandono de la estrategia de guerrilla presidencial que teníamos durante 2008/2009. Esto es, la presidente apareciendo inesperadamente de la selva de Olivos, un par de veces por semana, y dando cadenas nacionales dónde se superponía un anuncio de gestión con una diatriba oral sobre tal o cual enemigo del eje corporativo. O sea, la maximización de recursos estatales (la obra, el subsidio o el anuncio de lo que sea) para sostener una guerra simbólica.

El aprendizaje consistió en ver que esa sobre exposición no acumulaba, por el contrario irritaba a una población ya mayoritariamente alejada del oficialismo y ni siquiera reforzaba los lazos de pertenencia con los propios. Mucho de esto no fue producto de la “herramienta”, sino del artesano: CFK tiene muchas virtudes, pero da soberbia. Para qué ocultarlo. Percepción que además es compartida por el 68% de la población, según la misma encuesta de Poliarquía que la pone como preferida para ser candidata, frente a Néstor. Cristina es más que ese aspecto, pero ese aspecto es visualizado por la sociedad como algo real.

Entonces se llamaron a silencio. Y pudo aparecer la gestión en primer plano. Y los resultados fueron buenos. La imagen del gobierno creció, ganar las elecciones dejó de ser una quimera.

Ahora, después del sano retiro espiritual, hay que volver a la cancha. Manteniendo lo aprendido. Porque hay elecciones, y en las elecciones se votan candidatos. Y porque acá y en todos lados, las personas unen proyectos a personas, política a liderazgo. El “proyecto” tiene que ser alguien.

El escenario de la guerrilla presidencial y el del silencio monasterial son bandazos. Hay un carril en el medio que sería interesante transitar: ¿Por qué la presidenta sólo puede aparecer en televisión en discursos improvisados? ¿Por qué no hacer esos mismos anuncios desde una estética cuidada, con las palabras elegidas, en un spot producido para la ocasión?

¿Cuánto más se hubiera sumado si el anuncio de la Asignación Universal hubiera sido diseñado de esa forma, en vez de esa cadena en vivo y directo, que mostraba imperfecciones varias, correcciones de números al aire, invitados poco deseados pero inevitables, etc?

Se dice con razón que Néstor habla peor, pero comunica mejor. Es verdad. Pero también es verdad que los tiempos cambian. Lo que era necesario en el 2003, en pleno infierno, se volvió menos necesario en el 2007, y francamente contraproducente en el 2008/9/10. El gobierno no tiene que trasmitir la sensación de ser David contra Goliat. Más bien lo contrario.

Otra enseñanza, que no sé si fue hecha en las altas esferas o no: lo que molesta es la tribuna, el decorado de invitados VIP aplaudiendo cada frase, siendo cómplices de chistes internos. Eso se convirtió en una especie de cerco involuntario. Y la tele ofrece algo que no se aprovecha: el presidente y el ciudadano. Sin mediaciones.

En definitiva, hacer esto que bien rescata el Escriba:

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vox populi vox dei

“En la comparación surgió otra curiosidad. Kirchner tiene peor imagen que su esposa, a los encuestados les gustaría que ella fuera la candidata del oficialismo (58%)  y buena parte considera que tiene mejores atributos

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El dilema Carrió

El dilema de Carrió no es de Carrió. En tal caso, su condición de “médium” la lleva a personificar –a veces grotescamente- las limitaciones, tensiones y expectativas de sectores sociales, políticos y empresariales diversos. Carrió expresa el subconsciente de muchos dirigentes, y también de muchos votantes. Sencillamente porque su conducta autodestructiva le permite decir lo que los otros no van a decir jamás, aunque lo piensen: que no da armar otra ensalada agridulce para llegar al gobierno y tener que entregarlo antes del final del mandato. Ese miedo, ese horizonte negro, está en la cabeza de todos. Carrió es la única –aunque seguramente no la última- que actúa en consecuencia. Se pone más el énfasis en sus dificultades para compartir cualquier mesa que no sea un tenedor libre, en su ser ególatra que le impide construir colectivamente. Pero su decisión tiene más que ver con “destruir la casa para salvar el bosque”. O sea, rompo para que no ganemos. Porque si ganamos así, estamos al horno. Un reconocimiento explícito de que el radicalismo -no como partido sino como espacio, como alternancia cultural al peronismo- no puede gobernar la Argentina en 2011. No puede. Eso lo saben todos los correligionarios, la diferencia es que a Cobos o a Morales no les importa nada. No les preocupa la patria. Carrió, con toda su locura a cuestas, tiene –igual que los Kirchner, igual que Macri…- una noción ideológica de la política, “principios”, como dijo en la carta. Ella cree que lo suyos son los únicos válidos y para nosotros, en cambio, hay otros mejores. Pero no importa. Coloca sobre la política un devenir, una direccionalidad, algo difícil de imaginar en el resto de la tribuna opositora. Pero el dilema de Carrió (¿ser o no ser gobierno?) no es de Carrió. Si pudiéramos traducir a kirchnerismo las últimas columnas de La Nación, el puente idiomático sería sin dudas la palabra “proyecto”. -¡No hay “proyecto”!, lloran dominicalmente desde la tribuna de doctrina. El fragor de la lucha pasó durante estos años por debilitar al gobierno, y así amputarle sus posibilidades transformadores.  Ese ejercicio político indispensable pero limitado cegó a muchos y pospuso el momento de la pregunta terrible: ¿y ahora, qué viene?, no quién viene, si qué. Si el repunte oficial hubiera demorado más, si hubiera surgido un liderazgo opositor más claro,  estaríamos discutiendo eso hace rato. Después de la 125 el bote oficial dio un campanazo pero no se hundió, y antes de lo previsto, volvió a pegar otro, quedando de nuevo a flote. El dilema de Carrió está presente también en los intereses empresarios: ¿Quién garantiza más paz social? Pregunta elemental para cualquier patronal en todo tiempo y espacio que, por la guerra de las retenciones, la estatización de las AFJP y la Ley de Medios debió ser pospuesta hasta después del armisticio. Los dueños del país saben, a pesar de lo que dice pinismosolanismo, que este gobierno tiene en su constitución genética tocar intereses, ampliar el margen de acción del Estado frente a…ellos, y generar condiciones sociales y económicas que complican la acumulación capitalista en base a la miseria salarial. En ese sentido seguirán buscando su reemplazo. El cálculo complejo es hasta qué punto no conviene pagar ese costo (renunciar a tener un “clima de negocios” en favor de poder hacer negocios…) y no comprarse una gobernabilidad jaqueada por el conflicto social. La gobernabilidad de 2011-2014 ¿es por izquierda o por derecha? Siempre es difícil separar los deseos del análisis, pero creo que hay buenas razones para pensar que las reformas parciales, modestas y pactadas que el kirchnerismo supo llevar a cabo en estos ocho años, todavía no consolidaron una estructura social estable, con su consecuente meseta política. La propia precariedad de las mejoras sociales, así como la no constitución de un sujeto político kirchnerista son, paradójicamente, las bombas activadas que dejaría el fin del pingüinismo de perder el año próximo. Una gobernabilidad por derecha (tanto del radicalismo, como del peronismo macrista o el macrismo peronismo) se va a encontrar a la primera de cambio que no tiene con quien “arreglar”. La Túpac toma la intendencia de Jujuy, o corta una ruta. ¿Con quién negocia? Camioneros pide un 40% de aumento, ¿con quién negocia en un contexto probable de moyanismo en declive pero con un volumen sindical engordado por estos años? La lista podría desgranarse casi hasta el infinito. Este gobierno, en cambio, tiene a su favor dos cosas que la oposición está lejos de tener: puentes múltiples y diversos con esa parte de la sociedad “en lucha” y voluntad de arreglar en favor de los sectores que reclaman. Eso fue gobernar desde el 2003. En cambio, la oposición cree todavía que la política y la economía son variables separadas, tal cual aparecen en las secciones de los diarios. Confunden, digamos, una diferencia expositiva con una diferencia real. Pero gobernar a la economía argentina sigue siendo una tarea política. No hay piloto automático que deje tiempo libre para ocuparse de las instituciones, como sueña la oposición. La carta de Carrió apunta a ese nudo, es como una invitación para ir al psicólogo: ¿Oposición: querés conocerte, hacerte preguntas incómodas sobre lo que te molesta de vos misma? ¿o mejor seguimos haciéndonos los boludos?

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