La Pivellina

Ayer fui al cine a ver  “La Pivellina”, película italiana. La crisis europea golpeándonos en la cara. Pidiendo piedad (económica y estética).  Una historia chiquita, actores que no son actores, la vida en tiempo real en un baldío de un barrio de Roma lleno de monoblocks. Su 2010 es  como nuestro 2002. Es la crisis, o pos crisis que todavía no se vive como pos. El mismo cine que germinó por acá  en “ese breve lapso del tiempo” en que todo cambiaba y todo se caía, en simultáneo. Es el Bonaerense y el Oso Rojo a que puede llegar el primer mundo. A mí me dijeron que era una comedia italiana y fui a ver quién era el nuevo Marcello Mastroianni, y me encuentro con una mina intentando que no la desalojen de ese espacio público que es el baldío de Roma, donde logró poner su casa rodante. Si podría ser una película de Trapero: tiene hasta el condimento estrambótico que le da sal a una narrativa de ocasión. Ellos tienen un humilde circo, saben algunos trucos como el de los platos que giran en el aire, saben domar leones pero sólo les alcanza para tener una cabritas que juegan en el barro, no tienen un mango pero ahí van resolviendo el día a día, esperando que los vecinos vayan a la humilde función. ¿Qué falta en la película? Lo mismo que está faltando en Europa, personas jóvenes en edad laboral. La pareja ya está entrada en años, cerca de una jubilación que podemos suponer que no van a tener, y un pibito que va al secundario. Y encima se suma la Pivellina, una beba de 2 años que alguien dejó por ahí sin dar muchas explicaciones y que nuestra familia disfuncional recibe. No llaman a la policía, se la quedan. ¿Estado, hay alguien ahí? Adultos jóvenes, tampoco no hay. La sociedad europea a la deriva. ¿Quién labura en Europa? ¿Quién protege en Europa? Está todo roto, la historia política italiana aparece como incomprensible en una escena memorable: el chico tiene examen de historia y la mujer mayor (que no es la abuela, no hay familia ni nada acá, los lazos son todos de convención) le toma con el libro de texto. La mujer le lee, “la guerra empezó tal día de 1940, cuando Mussolini, etc, etc”, el pibe confunde 1940 con 1994. No importa, tampoco entiende el relato oficial del manual que atribuye al fascismo un mero error de cálculo al pensar que Hitler ganaría rápido la guerra y que eso dejaría a Italia fuera de los dividendos posteriores.  La peli no es mala, al contrario, pasa que los argentinos no somos el mejor público. Como dicen en alcohólicos anónimos, “ya estuvimos ahí”, ya vimos ese cine. Ése que creció por todos lados después que se apagaron las luces de neón de Piñeyro (gran relator cinematográfico de los 90, con esa mezcla de libre mercado e izquierdismo cultural) y antes del Oscar kirchnerista de Campanella. En el medio está el cine de la crisis, de los heridos, de la desesperación, de la verdad.  Googleo y me encuentro con un hilo perfecto en cuatro películas de los 90, todas de Piñeyro:

Tango Feroz, en el 93

(Recuerdo patente ver a Grondona -que en esos momentos, hijos míos, era casi un resistente, de tanto que se había corrido el mundo a la derecha- diciendo “algo nos dice esa línea de Tango Feroz: todo no se compra, todo no se vende…” aunque no se sabía bien qué quería decir exactamente…),

Caballos salvajes en el 95

(Año de la reelección, año de la consolidación del libre mercado por la libre elección de la gente, los caballos se sueltan, mal),

Cenizas del Paraíso, en 1997

(ya hay efectos, ya hay resaca, ya se va construyendo un paraíso perdido, etc.)

y, sin necesidad de mayores interpretaciones,

Plata Quemada en el 2000.

Después vienen las “pivellinas” locales, la búsqueda de otro marco narrativo, de ponerse la cámara al hombro y hacer cine guerrillero para un país que se desarmaba. Por suerte la cosa cambió, y llegó el Secreto de sus ojos. Me quedo con ese cine y con el país que produce ese cine. Habrá que ver si los tanos pueden volver a la comedia, por ahora están en otra cosa. Desde acá, casi que los compadecemos.

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13 comentarios

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13 Respuestas a “La Pivellina

  1. Una reseña completamente desinformada que avala el cine conformista y banal de Campanella porque responde al sueño K. Decir que en Italia hacen neorrealismo después de Trapero es de una grosería histórica francamente insólita. Te faltó decir que vamos a ganar el Mundial porque los europeos están en decadencia.

    • Ah, y si querés que los tanos vuelvan a la comedia, en la época de Mussolini hicieron más que en ninguna otra. Posiblemente nos toque a nosotros hacer comedias subsidiadas para mostrar lo feliz que está el pueblo y que no hay problemas sociales como en Italia.

      Creo que la locura K está alcanzando límites inauditos.

      Quintín

  2. jeje, mientras lo escribía pensé en que podías pasar por acá a decir algo como lo que decís. Te reconozco que eso me estimuló.
    No soy ningún especialista en la materia, pero en ningún momento digo que el neorrealismo lo inventó Trapero (no es precisamente un secreto de elite el cine neorrealista italiano de posguerra), simplemente señalo la concurrencia de la utilización de ciertos estilos y temática en sintonía con momentos políticos y sociales determinados, en ese sentido Trapero está antes que está peli.

    Y sí, la locura k está llegando al absurdo de proponer la ampliación de derechos para minorías largamente discriminadas.

    • Ay Fede! Si Quintín no fuera tan miserable en su relación con el mundo que lo rodea podría haberte dicho que paradojalmente la película italiana que viste no representa para nada una tendencia fuerte en el cine de la península. Podría haberte dicho que el cine italiano es una isla cultural de un centro izquierda imposible que, con el productor Doménico Procacci al frente, produce un constante duelo de sí misma y las condiciones para aceptar que este brave new world requiere de cierta ligereza. Si hay algo de lo que no habla el cine italiano es de las nubes en el horizonte, ni de los chubascos que ya caen encima. La máxima problematización es sobre la guerra (cfr. Vincere, cfr. Il uomo che verrà), sobre la violencia política de los setenta (cfr. la meglio gioventù, prima linea), sobre el poder (cfr. Il Divo, cfr. Gomorra). Sobre el Estado no hay nada. Sobre la economía no hay nada. Sobre la Sociedad (con mayúscula) no hay nada. Y, como decía Passolini en su última entrevista antes de morir: no digo que no haya fascismo, pero no me hablen del mar cuando estamos en la montaña! Italia está en la montaña (a punto de caer) y todos piensan que miran las nuevas olas, que ya son parte del mar….

    • …y a negarle el 82% móvil a los jubilados.

      ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra?

    • La anterior era para Fede Vázquez, sumido en su burbuja de ensoñación K.

      Alejandro. No sé tampoco a qué viene lo de mi relación miserable con el mundo, pero no tengo la menor idea sobre el cine que se está haciendo en Italia en este momento. Ni siquiera vi La Pivelina. Me molesta que, a esta altura del campeonato, la gente proponga un arte oficial, ligero y triunfalista: ese fue precisamente el arte del fascismo.

      • Quintín, sí que sabés. Vos a todo le querés retacear algo. Todo para vos contiene algo que es demasiado. Todos para vos llevamos algo escondido que siempre crees divisar.
        Y el arte del fascismo cual es? Porque a mí el futurismo no me parece para nada ligero, para nada oficial, y tal vez algo triunfalista.
        Y qué hay de mal en el triunfalismo cuando hay triunfos?

  3. Te invito a conocer mi blog y a hacernos seguidores mutuos

  4. Que quiere que le diga Vazquez, yo tambien me quedo con el pais que filma El Secreto de sus ojos. Viví en los dos y me quedo con éste. Y usté siga comentando pelis que lo hace muy bien.

  5. los progres de diario perfil que están a favor de los pobres, les pasa como eliaschev y como a algunos sectores medios con el peronismo. Una vez que los negros tengan un laburo, salario etc, y se sienten en sus bares (me imagino la invasión a palermo) con las camisas coloridas, gritando de más, y diciendo viva perón, por una cuestión de “cultura” se van a oponer y a pedir un poco de orden en este país que no se hizo para que ellos se sienten conmigo. La culpa es un motor muy groso para la escritura.
    Un abrazo, y me dieron ganas de ver la peli, quería saber que onda.
    Nacho

    • Me gustaría saber qué carajo tiene que ver la historia del cine con las calenturas del kirchnerismo cualunquista, dispuesto a adorar lo más mediocre del cine industrial desde la teoría de que vivimos en la Disneylandia obrera.

      Desde esa posición, deberían renegar de Favio y de Hugo del Carril, que filmaron en épocas mucho más prósperas de la Argentina e hicieron películas mucho más cercanas a la pobreza y al neorrealismo (y mucho mejores) que el mediocre cine de Campanella.

      • Te juro que pienso desde qué lugar discutirte y es complicado, porque no hacés más que acumular adjetivaciones caprichosas y pelearte con razonamientos que nadie propuso. Lo de Campanella/trapero es cuestión de gustos, a mi me van los dos, lo único que plateaba era que uno y otro reflejaban momentos distintos del país. No es una cuestión de oficialismo y oposición, ni creo que seas tan obtuso para ver en ellos empleados contratados para tal o cual causa. Me resulta bastante razonable pensar que en épocas de crisis aguda el cine se vuelve un lugar de denuncia más cruda (con su correspondiente estética acorde) y en momentos mejores eso se morigera.
        Porque, quintín, ¿no estamos mejor que en el 2001?
        me acuerdo que hace poco en el blog de Martín me reconociste que apoyabas unas cuantas medidas del nefasto kirchnerismo, te agrego una nueva: ¿estás a favor del matrimonio igualitario?
        saludos.

        • Tarde descubro esta sarta de tonterías sobre el cine nacional. Andá a mirar Carancho, hecha en 2010, que nada tiene que ver con el conformismo de Campanella ni con la Disneylandia K. El cine no es un producto mecánico de su época y que el de Campanella sea una mierda compciente (desde el 2001) no tiene nada que ver con que estemos mejor que en 2001. Y no sé qué corno tiene que ver el matrimonio igualitario con este cuento. Pero decir “el país que filma El secreto de tus ojos” es lo mismo que decir “El país que escribe Ficciones”. O sea, nada.

          Alejandro. Tu bronca personal conmigo (no sé quién carajo sos), como si tuvieras una cuenta pendiente no mejora la discusión. Pero el arte popular del fascismo no fue el futurismo sino la comedia de teléfonos blancos.

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