Archivo mensual: junio 2010

Es por acá

En estos días de Mundial, cuesta leer el diario. Sobre diagnóstico futbolero y poca política de peso. Pero ayer apareció una nota de Diego Tatián (un toque larga y con ese lenguaje tan de facultad que…) con momentos brillantes:

«La interlocución intelectual sobre la materia siempre enigmática y esquiva de los procesos colectivos presupone tomar en serio las mejores versiones de quienes creen otra cosa, y confrontarse con ellas. Beatriz Sarlo, Claudia Hilb, Vicente Palermo, Alcira Argumedo, Norma Giarracca, Roberto Gargarella, Hilda Sábato o Maristella Svampa, por hacer sólo algunas menciones, requieren ser escuchados y leídos con cuidado

y

«La disposición a discutir con otros pone especial atención en no sucumbir a la ironía cómoda, a la descalificación, al improperio o a una retórica autocomplaciente y autorreferencial –aunque hacerlo sea fácil o la tentación sea mucha, precisamente por ello–. Más necesario resulta sostener el esfuerzo para detectar los peligros que se alojan en el discurso propio, las puras repeticiones irreflexivas o inconscientes, los elementos retóricos que bloquean la comprensión o provocan el autoengaño

A recontra full. Es por acá, señores.

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Ser testimonial o ser gobierno

Extraño, pero lo que era la encrucijada de las fuerzas progresistas y populares hasta hace unos años, es ahora la de las fuerzas de derecha y/o conservadoras. La oposición, o las oposiciones, se preparan para dos escenarios bien distintos. Después del Mundial, se viene un replaneto serio de las estrategias usadas hasta ahora

la 125/momento insurreccional,

el 28J/ganamos, gobernamos,

y el Bicentenario/¿Qué nos pasó? A unirse que se acaba el mundo.

Se viene un momento clave, y tiene que ver con la lectura realista que cada sector opositor realice, ante una pregunta sencilla:

«¿nos preparamos para gobernar en 2011?»

Obviamente, no se trata de una decisión libre de condicionamientos, por el contrario, la excepcionalidad tiene que ver con que en gran medida será la acción del gobierno lo que determine de qué manera se responde a esa pregunta.

Los escenarios opositores se bifurcan como senderos borgeanos, de acuerdo a qué se respondan.

De creer sinceramente que los espera un turno de gobierno en 2011, la/s oposiciones tendrán que cambiar muy drásticamente su discurso. En parte para ganar votos, pero más que nada para dar marcos de previsibilidad y gobernabilidad.  Pero, a diferencia de lo que pasaba en los noventa, estas dos palabritas tiene hoy un condimento muy distinto: un mix complejísimo entre establishment y demandas populares, entre agenda progresista y desarrollista y armados territoriales non sanctos. Tendrán que dar respuesta afirmativa a la continuidad y profundización de la AUH y los horribles subsidios de todo tipo, al tipo de cambio y las relaciones exteriores, por decir algunos temas esponisos. La consecuencia obvia de optar por esta vía sería la de una baja importante en la irritabilidad opositora par con el accionar del gobierno que, quieran o no, deberán incorporar como parte de su oferta electoral. Kirchnerismo sin Kirchner, en algún punto. Hay dos problemas con esa estrategia: por un lado tendrá un inevitable efecto positivo en la consideración de muchos votantes opositores hacia las políticas oficiales, en tanto sus referentes políticos comiencen a hablar bien de ellas. Y en segundo lugar, el que lo haga tendrá el fantasma de Lavagna en 2007, cuando al ex minsitro le resultó muy difícil conquistar voto masivo con un discurso hiper moderado y no confrontativo con las medidas centrales del gobierno.

Si, en cambio, la suba en las encuestas por parte del matrimonio, la fragmentación del espacio opositor y la auto evaluación de que corren graves riesgos de repetir la historia del 99-2001, es la conclusión mayoritaria del arco anti, la estrategia será otra. Los gurkas tomarán el centro de la escena, para construir una oposición testimonial, por derecha, por izquierda, por arriba y por abajo. Trotskista. Una inflación de discurso delirante, una cantidad de promesas irrealizables, una radiogarfía de la Argentina imposible y mentirosa.

Por suerte, el gobierno está como la selección, dependiendo de su propia performance y resultado, del otro lado sólo cabe esperar y ver qué pasa. Los asesinatos de los tres jóvenes en Bariloche muestra clarito las deficiencias horribles en términos de política de Seguridad, nacional y provincial. Pero muestra también que sólo éste gobierno lo puede computar como déficit, como materia pendiente. Del otro lado de la cancha es la nada misma. Igualito a lo que pasa en casi todos los demás temas.

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Volvamos a Malvinas

Con dos panelistas de lujo para pensar la causa Malvinas desde el hoy: Federico Lorenz y Carlos Raimundi. Los esperamos.

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No bombardeen Buenos Aires

(Créditos para lauti)

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los dos dedos en la nariz

Así, como para ir conteniendo la respiración antes de meterse en el agua. Los días del mundial son para acumular aire antes de la zambullida. Hay que tomar aire, todo el que se pueda, que después viene la prueba de resistencia hasta octubre de 2011. Un añito largo aguantando abajo, sin oportunidad de salir a respirar a la superficie.

Pequeñas buenas noticias: la Ley de Medios avanza, Kirchner empieza a moverse como secretario de la UNASUR, Quebracho es condenado en la justicia.

Pero el punto es que el gobierno esté haciendo cuentitas, políticas y económicas, para salir con todo después del Mundial. Porque para ganar falta, y falta bastante. Falta completar un par de cosas grosas: que la AUH llegue a más (muchos más) pibes y que se actualice, falta que las tres millones de netbooks lleguen a los tres millones de estudiantes, falta que las cooperativas de Argentina Trabaja, arranquen en toda su magnitud, falta que la «exlosión de consumo» sea en LCD, pero también en fideos, ladrillos, acero.

Falta que la sangre llegue al río.

Y para nuestro público blanco, faltan también que se cumplan algunos reclamos históricos, «banderas blancas en nuestro corazón»: INDEC, crédito para la vivienda, acuerdo político (alguno, por arriba, por abajo, por el costado) con la centro izquierda más amplia posible.

PD: Los peronistas paladar negro (aunque a veces se les nota mucho el teñido reciente) ¿dónde están que no salen a bancar al compañero Ishii? Hay que reconocer que se la jugó en el 2005, hay que reconocer que no está en la mejor tradición peronista quedarse con casas que deberían ir derechito al pueblo. Hay que admitir que esos personajes no son una virtud, al menos.

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Disidentes o residuales

¿Para que quieren el poder los disidentes? No es una pregunta fácil de responder. Por ahora los análisis intentan dilucidar sus chances electorales. Que si les da, que si no, que si lo convencen al Lole, que si la torta se divide en tres con un panradicalismo, el kirchnerismo y ellos. ¿Qué va a hacer Macri?  Todo bien, pero antes propongo que nos preguntemos qué buscan, dónde están sus fuerzas y la necesidad de unirse en clave de cruzada medieval para salvar al país de un tercer mandato que nos conduciría directamente al comunismo totalitario.

En primer lugar eso: parece que buena parte del motor de los disidentes es un odio viceral (bastante parecido al gorila, dicho sea de paso) ante el kirchnerismo. Una lectura enferma de la realidad los hace entender que estamos conducidos por los hijos de Firmenich, en dirección acelerada hacia la cubanización de la vida nacional. ¿Cómo puede ser que el sector supuestamente más cercano al gobierno -se habla de disidencia, ¿no?- sea el único del abanico político nacional que propone timonazos en aspectos clave como el económico y el de DDHH, entre otros? ¿No era que la base de la administración kirchnerista había sido el gobierno de Duhalde? Habrá que ir revisando algunas tesis…

En segundo lugar, hay que ubicar dos espacios diferenciados en este conglomerado. Por un lado, lo que podríamos entender como la dirección  ideológica del naciente movimiento, que coincide perfectamente con los personajes que tienen alguna chance de ganar elecciones: Macri, Reutemann y De Narváez. Dirigentes no peronistas, de fuertes convicciones liberales, portadores de banderas inocultablemente noventistas, todos menemistas confesos y orgullosos, donde economía es igual a soja, dónde Estado es igual a gasto, dónde política es igual a políticos con imagen. Si alguno les quiere decir peronista que les diga, a esta altura… Para mi es más claro y fácil, son liberales. En el otro platillo de la balanza está el tren fantasma de un peronismo residual mas que disidente, que se cree lo que no es y tiene destino de desaparición no forzada. Porque, ¿qué tiene para ofrecer el armado de Barrionuevo, Saa, Das Neves, Romero y Duahlde? Algo de votos y mucho de estructura. Pero ni por asomo son la conducción programática que ellos mismos se imaginan cuando se juntan a delirar programas de gobierno en el quincho del MPA. Están llamados a ser la triste comparsa de acompañamiento de un liberalismo extremo, que no va a dudar en meterlos bajo la alfombra cuantas veces sea necesario ante la inminencia del espanto electoral. Duhalde sueña que es estadista, pero se despierta y sigue siendo Duahlde. ¡Alguien que le avise que todas sus recetas eran novedosas hace…8 años! ¿A dónde se llega hoy con planteos como «acuerdos productivos entre el empresariado y los sindicatos», o «una mesa de negociación dónde todos pongan una parte». La crisis terminó, y con ella la necesidad de esa mesa. El kirchnerismo no pasó en vano, así termine su existencia en 2011. Acá hay una guerra suspendida por los millones de las retenciones, acá hay una dinámica anual de paritarias salariales con tendencia a la suba. La Argentina es infinitamente más compleja que en el 2002, dónde todas las barbas estaban en remojo. En verdad, a ese peronismo residual, le pasa algo parecido a lo de la Alianza en el 97-99: cree en un modelo que ya no existe. Son fanáticos de algo que ya empezó a mutar. Chacho y De la Rua creían que la economía era un asunto saldado con la convertibilidad, a Duhalde le pasa lo mismo con la devaluación. La política, como dinámica de la transformación, está ausente en ambos casos, de ahí la imposibilidad de pensar el escenario que sigue.

Algunos compañeros piensan que es este segundo grupo de dirigentes el que le fija agenda y límites ideológicos-programáticos al primero. Es al revés. Barrionuevo sólo quiere tomarse revancha política de los zurditos que lo ningunearon durante ocho años de peronismo gobernante, y para eso no duda en ceder (una vez más, como en los 90) la política económica a la fracción más ultra liberal. En verdad el sueño se asemeja al de una Elisa Carrió: «bueno, sí, la economía anda bien, aunque podría ir mejor si no se jodiera tanto al empresariado, pero fundamentalmente lo que está mal acá es la política» Carrió piensa en una República Mani Pulite, Barrionuevo tiene otras preocupaciones, como reemplazar a Moyano y ser él quien acumule poder desde una CGT pro «clima de negocios». Pero el planteo es tan ridículo como el de ella. El crecimiento, la baja de la desocupación, el avance democrático con un Estado que no reprime, hacen más difícil la tarea del futuro gobierno, no más fácil. Hay algo de los residuales que es de una ingenuidad tremenda, esa cosa de «esto se arregla en 3 minutos, muchachos». Me hace acordar a las cosas que decía Bilardo cuando era candidato a presidente (¿?) «Bueno, yo los junto, pum, pum, esto sí, esto no, esto se puede, esto no se puede, y a trabajar»

Hay que decir una última cosa, y es que esta madeja dirigencial poco interesante pero algo peligrosa no tendría la entidad que tiene si el kirchnerismo hubiera tomado otras decisiones allá por el 2005. Si vas a la guerra y ganás la guerra, aniquilá o convertí. El kirchnerismo después de ganarle a este exacto mismo sector político, lo dejó sobrevivir, ni adentro ni afuera, ni anti ni pro. Acá están las consecuencias, un tiempo después.

PD: A Solá no lo puse a propósito. Es el único que está ahí por error, propio y ajeno. ¿En que cree Solá? ¿En verdad prefiere a Macri antes que a Kirchner? Un tipo arrastrado por la marea, sin remos y sin chaleco salvavidas. Ojalá pueda volver a la orilla.

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Ojalá algún día puedan gobernar

Eso es lo que pensé cuando ví que Ricardo Alfonsín había ganado las elecciones internas. Nos criamos con la idea (verdadera) de que el radicalismo es el partido de la inoperancia, y de algo peor. El partido que no cree en las fuerzas sociales, en los intereses corporativos, de clase, etc. Desde esa anteojera gobernó poco y mal, haciendo mucho daño, porque ese vacío en su capacidad comprensiva de la sociedad argentina y, por lo tanto, su déficit en la acción de gobierno fue ocupado una y otra vez por los poderes concentrados del capital.

Pero si el kirchnerismo hace las cosas bien, y el Proyecto Nacional se hace carne y realidad, y si durante algún tiempo más los trabajadores organizados, los movimientos sociales y los sectores medios progresistas mantienen la batuta y moldean un país más justo, sin los dramas del hambre y la marginalidad, con inclusión y dignidad. Si, en definitiva, logramos estructurar un Estado presente, una Seguridad Social Universal y una sociedad de ingresos medios para, pongamos, el 80% de la población (siempre habrá ricos, el tema es que no haya pobres dicen que decía Perón…). Ahí sería maravilloso que nos gobierne un radical. No porque «no habría nada importante que hacer». No, no. Al contrario, quedaría la consolidación, quedaría mantenerlo, mejorarlo, etc. Y ahí va a ser fundamental un radicalismo gobernante, porque entiende mejor que nadie que la política y los políticos deben tener independencia y autonomía respecto a los poderes terrenales corrompidos. Un partido de abogados que mirará con asco y desaprobación cualquier forma de injerencia corporativa de la sociedad en los asuntos de la República. Que gran día. Una continuidad permanente de sesiones ordinarias, rebalsadas de detalles nimios de leyes y estatutos para el Bien Común.

El rumbo económico y los grandes lineamientos ya habrán quedado moldeadas en el mármol de las políticas de Estado, hijos de una guerra pasada. No es que me quiero pasar de gracioso. Creo que es posible. A ver, al menos en parte. La utopía posible sería alcanzar lo que lograron los grupos económicos durante los últimos 35 años. Que gobernara quien gobernara sus intereses estén a salvo. Sin la necesidad de tener que hacerlo por mano propia.  El sueño es un gobierno radical y un movimiento popular que no gobierna, pero está ahí, en las sombras, vetando desde el anonimato poderoso cuando algún funcionario político ose tocar sus intereses.  El Miguel Ángel Broda de esa etapa luminosa podría ser un Luis D`elia, por ejemplo. Un tipo que sin ocupar un cargo público pesa más que varios diputados juntos. Alguien inteligente, sagaz, vector de intereses poderosos, pero que dice cosas intragables, y que todos los días trabaja para el status quo sin que se note.

Eso sí, mientras la cosa esté por definirse, mientras existan fuerzas que quieren ir para atrás, mientras se discuta si Estado si o Estado no, mientras queden zonas enteras del país que todavía no están integradas a la era moderna, que sean oposición. Pero ojalá, algún día puedan gobernar. Depende de nosotros.

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domingo

¿Qué hay que pensar cuando el mismo día de las elecciones internas del radicalismo en la Provincia, las conjeturas dominicales de Clarín pasan por Scioli?

1-Que el radicalismo no es una apuesta seria de poder para nadie.

2-Que la condición para pensar en el pos kirchnerismo es el resquebrajamiento del armado oficial existente, antes que la emergencia de una oposición (radical, liberal, peronista federal, etc)

De todas formas, Eduardo no tiene info pesada:

«Scioli cree que no habrá ningún proyecto presidencial si no sale airoso de su gestión en Buenos Aires. Esa gestión vacila. Por eso instruyó a su gabinete a dedicarse hasta diciembre sólo a la administración. Recién después vendría la época de diferenciarse de los Kirchner.»

Decir que la hecatombe viene en diciembre, es como no decir nada, no? Más teniendo en cuenta las recientes dificultades del periodismo mainstream para anticipar escenarios…

Por el lado de la Tribuna, también siguen los lamentos y los augurios inconsistentes, que cada vez más tienden a cargar de culpas a una sociedad que no se prende en los temas que en verdad importan.

ah! eso sí, Joaquín se suma a la propuesta que lanzamos hace unos dias: cristina 2011.

«En reuniones de varios, empezó a insinuar que la próxima candidatura sería otra vez de Cristina Kirchner. No se olviden de Cristina para 2011 , deslizó a sus contertulios de la conducción justicialista en su última reunión con ellos, en Tucumán

Vamos todavía.

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minoría intensa o militancia posmoderna

Se dice que el gobierno consolidó una minoría intensa que lo apoya. Que a partir de profundizar la agenda de transformaciones selló una alianza con un sector social reducido aunque no marginal. Que eso le puede bastar para caminar, para «hacer daño» (en eso Carrió acertó. Avisó temprano que el gobierno conservaba el poder de fuego a pesar de la derrota del 28 de junio) pero no alcanza para ganar elecciones. La lectura se completa con los números de Artemio: que estamos a un paso del 40%, que si sacamos 35% en el peor momento, ahora con la AUH y crecimiento económico….

Pero, ¿puede un 30% del electorado ser una «minoría intensa»? Si casi uno de cada 3 fueran intensos kirchneristas otra sería la realidad. Es un tercio que, en una encuesta, contesta que el gobierno no es malo y que tal vez lo vote. Pero no mucho más. Y al mismo tiempo, que duda cabe,  se formó una capa de ciudadanos que se animan a hablar, a discutir, a pensar más allá de los dispositivos mediáticos mayoritarios, que incorporaron como suyas algunas banderas oficiales, etc. Pero no son universos homologables.

Sin embargo la intensidad existe. Mi impresión es que en la misma medida que el gobierno logró contener a un tercio de la opinión pública dentro de sus márgenes, creció algo así como una militancia silvestre posmoderna. Incontenida, inorgánica, pero convencida. La minoría intensa que en otro momento histórico estaría reunidas en las unidades básicas o militando de alguna forma, asomó la cabeza. Desde el conflicto por las retenciones, la acción política kirchnerista terminó de despertar a ese «activo» social, aunque no le dio ningún canal de participación concreto.  Está ahí, en las fotos que pasa 678 cuando va al corte. Una masa electoralmente insignificante pero que por lejos constituye el núcleo politizado más grande de la Argentina. Porque, ¿que otro espacio político puede decir que tiene algo parecido? Ahí está otra de las demostraciones de que el kirchnerismo tiene algo para ofrecer al futuro del país: muchos, miles, creen. Algo de lo que no puede ufanarse ningún otro partido ni dirigente.

Queda por ver si esta verdadera minoría intensa (de la que nosotros mismos formamos parte) tiene relevancia a la hora de lograr que ese 30 se convierta en un 40 o 45%. ¿Cómo reinventar algún tipo de militancia posmoderna que permita darle productividad política a ese posicionamiento? Esa es la cuestión.

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Al sur de la frontera

Ayer estuve en el pre estreno del documental «Al sur de la frontera», con Oliver Stone en la sala y todo. La primera sensación fue esa ambiguedad del kirchnerismo que a veces exaspera. Un documental hecho por un multi oscar y con una mirada oficialista daba para hacer algo más grande y amplio que una proyección con una sala a medio llenar. Si encima lo tenés al tipo de tour por la región, ¿por qué no seguir con la onda Bicentenario y poner unas pantallas gigantes en la Plaza del Congreso y reforzar el lazo por izquierda ante el público intelectualoide de la ciudad? Pero al mismo tiempo se hace el guiño, se hace un acto en la Casa Rosada y se cede la sala del Gaumont. En fin,  ni chicha ni limonada. Mientras masticaba esa bronca por el poco cerebro organizativo, y mientras Oliver se rajaba después de unas pocas palabras donde marcó una comparación odiosa («Acabamos de estrenar la pelicula en Bolvia con 6.000 personas y el presidente Evo»), empezó la película. De a poco se me fue la bronca. La peli no es buena. O sea. Desde el arranque, la sensación permanente es que nos siguen tomando para la chacota. Un tipo que hizo Pelotón y JFK se toma un recreo  en su filmografía «seria» y hace un documental menor, con un guión endeble: un montaje de noticieros norteamericanos diciendo pavadas sobre latinoamerica y reportajes de apuro a los presidentes de la región. Un informe de 678 puede estar a la misma altura.  El objetivo es «mostrar» al público del norte que al sur de la frontera pasa algo más que lo que reflejan sus medios de comunicación. Pero Stone inicia la discusión por un muy dudoso camino: en vez de Lula, la figura central es Chávez. Por lo que el improbable espectador nortemericano (el mismo Stone habló de 30 pantallas en EEUU…¡como un éxito!) seguramente confirmará sus peores sospechas: un militar golpista que fracasa y va preso, que después le gana las elecciones a una modelo y que pone el país patas para arriba. No es exactamente el modelo de democracia por la que los norteamericanos pueden sentir empatía. Hay incluso una falta de respeto (hecha desde una admiración real del director hacia nuestros presidentes, pero que igual muestra la hilacha) que se ve en los reportajes personales que les hace a cada uno: le pide a Chávez que se suba a una bicicleta chiquita, da unas vueltas y la bicicleta se parte. El presidente de la República Bolivariana de Venezuela se cae. La imagen de república bananera se completa con Evo enseñando como mascar coca. La demonización de los grandes medios se contrapone con el paladar negro chavista, y con el candor hacia el folclore de líderes graciosos. Hay que decir que ese bananerismo es de ida y vuelta: no casualmente son Chávez y Evo quienes más reverencian al Gran Director Oliver Stone, dandole todos los gustos. Por el contrario, Lula lo atiende de apuro en alguna cumbre de presidentes y le sobra para decir lo fundamental: «la dominación es que el FMI no quiera que nosotros paguemos. Nosotros les pagamos igual.» «Queremos que EEUU nos trate como un par». Lo mismo pasa con Raúl Castro que no por nada hizo la revolución y hace 50 años que se la banca: «Nosotros no tenemos herederos. Cada uno camina con sus propias ideas». Y Néstor, que haciendo honor al casa de herrero cuchillo de palo, metió un matiz en el canto bolivariano: «Ojo, yo le digo siempre a Chávez, no tenés que ser siempre vos en cada elección, tenés que tener 10 candidatos a presidente, porque si te pasa algo, te morís, te matan, el proceso político se cae«. Y da el punto más alto de la peli: en la misma tradición del histórico botoneo de su reunión con Magnetto, relata la reunión de Mar del Plata dónde se le para de manos a Bush. Nota mental para otro post: ¿Hay algo más anti político que develar la trama oculta de esas reuniones cumbres? ¿Hay algo más político que eso? ¿No está ahí, justo ahí, gran parte del origen del odio que el «periodismo profesional»  tiene contra Kirchner? ¿No es como invadir el campo de acción de los editorialistas de diarios hacer público (y volverlo un hecho político) lo que es la materia prima de esas columnas, esa zona gris de la negociación entre bambalinas, que tiene su productividad mientras quede ahí?

PD: Lo de Cristina es tremendo. El documental busca intimismo presidencial (aunque muy espasmódicamente, sin llegar a convertirse en una estética clara, otra falla). Hay dos mujeres encerradas en ella. A contrapelo de lo que podría suponerse, la peor Cristina es la que se relaja: sale la mina de las carteras, la del tono irremediablemente pedante y cheto. La que pasó demasiado tiempo contando plata en el sur. La que pide las cosas a sus colaboradores como si fuera Mirtha Legrand. En cuanto se pone a contestar sobre política, el cambio de rictus la endurece y la mejora. Dispara conceptos y números, se vuelve dirigente, se vuelve increíblemente especial, única. Entonces, me cierra dónde fallan sus conferencias de prensa, sus actos públicos: cuando estando en un lugar político da lugar a sus modos privados.

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