Independence Day

Pasar justo este 25 de mayo en Washington es una broma de mal gusto. Nos refugiamos en internet para ver algo de los festejos en la 9 de julio, que tienen esa desmesura patriótica que por acá es costumbre todos los años. Antes pasamos por Chicago, dónde nos hospedó una familia negra de clase media, en uno de esos barrios que conocemos por la tele: todas las casas iguales, con el jardin adelante, la casa de dos pisos y el sótano. Todos, con un tamaño corporal en sintonía a las grasas que ingieren desde el desayuno hasta la cena. Valerie es la jefa de la familia, sesenta años, obamista sentimental. Se le nota en la cara que todavía no puede creer que uno de ellos sea presidente. ¿Y la crisis económica, Valerie?  – Ya no tengo tarjetas de crédito. Tenía cuarenta. “Forty!” dice, mientras hace un gesto con las manos como si desplegara un gran mazo de cartas en el aire. Ya no más. Paramos en una estación de servicio a cargarle al Mercedes Benz modelo `96 veinte amarretes dólares. En efectivo.  Pero esa materialidad en crisis no opaca ni un poco la alegría que ella pone en contar que ahí, en la otra cuadra, Obama hacía sus trabajos comunitarios antes de ser Senador. Porque no sólo es negro, si no que además es el buen negro, el que no se olvida de donde viene. Mi registro mental sobre el tema racial son las películas de Spike Lee: América es una nación en guerra fría consigo misma, dónde la minoría afroamericana no termina de encontrar su espacio entre los palos de la policía y esos nuevos cabecitas negras del imperio que son los latinos. Pero vuelve una respuesta inesperada: “Ahora, con este tema del terrorismo, se dieron cuenta que nosotros no somos el enemigo. El enemigo está afuera, son esos locos que ponen bombas. La vida en los barrios negros está más tranquila” Ahí hay un puente, un puente simbólico entre todos los archipiélagos culturales norteamericanos y la ideología dominante. En las grandes ciudades como Chicago el fin de la era Bush es el fin de una década infame. Pero no hay descorrimiento del velo. Las tesis chomskianas no se volvieron menos extraterrestres que antes del 9/11. En el avión a Washington escucho que atrás mío en la fila, una mujer se presenta a la azafata como “military business”. El piloto, un rato después,  anuncia que nuestro vuelo está seguro porque viajamos con personal militar. Un estallido de aplausos. De todos. Salvo de cuatro músicos argentinos que ponemos cara de “no entiendo que pasa”. Es como no gritar un gol de Boca en la tribuna local de la bombonera. El piloto retoma la palabra: “Gracias por lo que hacen todos los días por nosotros”. No hay rajadura, no hay Michael Moore que valga. Hay un nosotros y hay un ellos. Está el bien y el mal, exactamente en el mismo lugar que siempre.

El tucu nos agasaja con un asado. Llegó hace 30 años, pero este parece que es el último. El retorno es una epidemia. Legales, ilegales, recién llegados y otros con raíces más largas que un pino. Los argentinos, a diferencia de las otras tribus latinas, no vienen al sueño americano. EEUU es un lugar para acomodarse de alguna crisis económica eyectora, es tomar una bocanada de prosperidad  y volver. Los demás latinoamericanos dejaron atrás una pobreza estructural, un rancherío (real o imaginario), un lugar al que es difícil volver después de acostumbrarse a la piña de consumo en la cara. La comunidad argentina es de un origen más clasemediero, obvio. No se escapan de los maras ni de las barriadas marginales de Lima o Asunción. Jorge llegó de Burzaco como profesor de gimnasia y hace nueve años que labura en la construcción. Se vuelve alentado porque desde Argentina le dicen que los llamados para cargos en la provincia no se llenan. Nada que ver a cuando en el 2001 apenas le daban una suplencia de un mes. “Ya está. Nueve años. No me importa si no puedo entrar nunca más por haberme quedado ilegal. Estoy harto de los gringos”. Estamos en uno de esos grandes momentos donde parece que la Argentina tiene remedio y por acá todos se quieren tomar el avión. Yo los cebo: vengan, vengan, vengan.

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1 comentario

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Una respuesta a “Independence Day

  1. fd

    Está bueno! La imagen desde aquel más allá… Hoy, justo me enteré por el feisbuc que un pibe amigo de la facu, que no vi más, se fue pal norte, pa allá, pa gringolandia.
    No supe si exclamar oh o ah, pero igual no me escuchaba así que le respondí cordialmente más allá de todo…
    Yo mismo, me hice una aventura por las europas, que duró cinco años, y la verdad que fue más que suficiente y eso que me perdí hermosos lugares pa visitar pero la experiencia me trajo no solo de vuelta sino con la cabeza mucho más clara…
    Me acuerdo cuando les preguntaba a los españoles a partir de 2005/2006 que iba a pasar cuándo se deje de construir, cuando no haya tanta demanda.
    Qué iba a pasar con esos dos millones y medio de trabajadores avocados a la construcción tengan que desplazarse a otras labores… Va a ser un proceso en cadena… Avanzado el 2007 aterricé en bs as… Realmente lo hacía en modo de cuestionamiento y no de afirmación…
    Y acá estoy, disfrutando, está bueno… muy bueno.
    Bicentenario para todos

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