La asignación será un derecho o no será nada

Luciano, Ezequiel y Gerardo empezaron una cruzada a la que quiero plegarme.

La asignación no llega a casi 2 millones de chicos que deberían cobrarla. Ése es el punto. Y no llegan a ella porque están hundidos, porque las formas prolijas y trasparentes de la ANSES no perforan ese subsuelo de la patria no sublevada.

Luciano y Ezequiel se ponen de acuerdo en que el problema es la concepción de política social del gobierno, que reniega de los instrumentos territoriales existentes que harían posible una cobertura completa, o casi. Punteros, Iglesia, Intendentes, etc, los actores que “están ahí”. Se señala los límites de la bancarización, la imposición desde arriba de una medida estatal sin el adecuado conocimiento del terreno. Lo primero que diría es que haber inscripto a más de 3 millones de chicos en menos de 4 meses, y haberlo hecho desde una institución estatal nacional, es un logro mayúsculo. Es parte de una recomposición estatal a la que todavía le falta mucho gas, pero que arrancó: hoy existe un organismo público que conoce mejor que antes a sus ciudadanos, que se ensanchó en términos operativos, y que si bien no llegó a todos lados, hoy llega a muchos  más que hace un año. Desde de una mirada de largo plazo (de eso se trata también, ¿no?) es un signo tan importante como el hecho concreto de la plata en el bolsillo de la gente que lo necesita. Porque mañana vendrá otra demanda social, otra necesidad que cubrir y ahí veremos si contamos con un Estado más fuerte, con agencias robustas para implementar las decisiones políticas, o no. En ese sentido no me parece un acierto meter a la ANSES en la bolsa de la “cosmovisión errada” del gobierno respecto a la política social.

El punto central es preguntarse si en el gobierno existe la vocación de que la AUH sea un derecho o no. La naturaleza misma de la medida todavía se debate entre ser un mega plan social (heredero del Jefes y Jefas) o ser un escalón más en eso que inventó el peronismo: dónde existe una necesidad nace un derecho.

Hay algunos indicios de que el gobierno lo puede entender más como plan que como derecho: algunos límites para el ingreso de sectores vulnerables, o de trabajadores que no perciben ese beneficio por estar en negro con un sueldo de más de 1.500 pesos, etc. El gesto inicial de hacerlo sin convicción, y remarcando la idea inicial de que “la mejor política social es la política económica”. La comunicación mediática gubernamental que lo da como un logro ya consumado, y no como un nuevo derecho que transita su camino a la universalidad.

Si este fuera el caso, estamos en problemas. El ritmo de nuevos ingresantes-por ejemplo- puede quedar preso de las conveniencias presupuestarias. “Frename un poquito la inscripción que el mes de octubre viene medio flojo de recaudación“. Y así. Como también el grado de penetración del plan de acuerdo a las necesidades políticas que se tenga en tal o cual territorio. O la evaluación de su resultado más por el efecto político electoral que tenga, antes que por el nivel de cobertura alcanzada.

En cambio, si la concepción del gobierno es que el Estado construyó un nuevo derecho social, más allá de los atrasos y las limitaciones concretas de llevarlo a la práctica, la incorporación de los que faltan (así sea por goteo o por tsunami) es un debe constante en la administración pública. Al igual que el DNI o la escolaridad básica: cada año el Estado pone en funcionamiento la maquinaria que procura mantener o alcanzar la universalidad del derecho a la identidad o a la enseñanza.

Si la tarea prolija y “desde arriba” encontró su límite con los niveles de incorporación actuales, habría que pensar en alguna campaña de asignación universal que sea militada por todos los actores involucrados y a involucrarse. Hay que hinchar las bolas con el tema. La propia existencia de la Asignación es una demostración de que el gobierno es permeable a la instalación de agendas que lo corren por izquierda. A correrlo entonces.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La asignación será un derecho o no será nada

  1. ezequielmeler

    Fede:

    Te decía, éste es el debate. Plan o derecho.

    Ojo, quisiera marcar que veo a la AUH como un avance mayúsculo respecto de los niveles cobertura existentes, pero aún dentro de la misma lógica. Su impacto educativo y sanitario, por poner un caso que conozco, en la zona sur de la CABA, es tremendo. Ni hablar de lo que sucede en el Conurbano.

    Y en ese sentido, muchos de los críticos de la idea de intermediación no observan el contrasentido de tener una burocracia específica dedicada a pensar y ejecutar el gasto social -vg: Desarrollo Social-, mientras el Plan más importante de las últimas décadas se ejecuta por ANSES. Esa es la crítica que haría, en todo caso, a los efectos de la concepción predominante de la política social -resumida en el adagio que citás, y que reza que la mejor política social es el empleo-.

    Hay indicios favorables, como las decisiones de Bossio sobre actualización. Pero, como marcás, hoy por hoy predomina la mirada “Plan”. Y tiene su lógica: los sectores medios ganados por el discurso contra punteros, manzaneras y Cáritas no quieren saber nada con ninguno de los tres. El tema es que el costo de no hacer nada no es de índole moral. Por otra parte, con dos burócratas (Desarrollo Social y ANSES) dedicados a la misma tarea, no sé si me gustaría saber cuánto de lo efectivamente presupuestado llega, y cuánto queda en el camino, cuánto podría llegar redefiniendo el gasto social, etc.

    El problema de fondo, de nuevo, sigue siendo la matriz de construcción política. Si es o se piensa como un derecho, como la alfabetización y la salud, la campaña tiene que ser agresiva, ir en búsqueda del necesitado (véanse las experiencias en Cuba, Venezuela y Brasil) y tener un despliegue como el J&J, que en su momento fue impresionante dado el estado del Estado.

    Lo otro que me quedaba en el tintero es el efecto institucional: ¿se consolida el Estado per se con esta medida? En tanto capacidad de conocer y actuar, muy poco -ese es uno de los núcleos de mi reclamo: los beneficiarios pertenecen en su abrumadora mayoría a los planes ya existentes, que la AUH viene a relevar-.

    Lo que sí se consolida es la idea, muy importante, de que hay un Estado, al que deben interesarle estos problemas, y que tiene derecho a tomar decisiones que le permitan trabajar en su resolución. Es decir, veo un claro “efecto legitimidad”, pero no tanto un efecto cognoscitivo.

    Un abrazo grande,
    Ezequiel

  2. Si, comparto. Y es fundamental que se le encuentre una vuelta a la no llegada del beneficio/derecho en los sectores que, paradojicamente, más lo necesitan.
    El matiz al planteo es que no veo a la utilización central de un organismo como la Anses como parte de un discurso frepasista anti territorial. Creo que por el contrario es un acierto que el impulso inicial haya venido por ese lado, en tanto refuerza la presencia de una estructura estatal en lugares dónde esta no existía. Si la aplicación de la AUH se hubiera dado desde el comienzo por medio de los canales “informales” de la política territorial no sólo hubiera sido presa fácil de una lectura mediática negativa sino una evidencia más de la imposibilidad del estado de desplegar políticas pùblicas concretas. Ahora, falta que llegue y hay que llegar como sea, de acuerdo, pero como anexo de lo otro. en este sentido, para tomar lo que decís, me quedo con Cuba antes que con Venezuela. Se entiende que usamos lo ejemplos más en forma ilustrativa/metafórica. En Venezuela la destrucción o inexistencia del estado no fue reparado por 10 años de chavismo, si no que el gobierno privilegió la construcción y alimentación de canales paralelos para consolidar su política en los barrios. era más fácil eso a generar cambios en las estructuras anquilosadas del Estado neoliberal, a nivel de ministerios y organismos. Hoy tienen un déficit enorme en el sentido de no contar con herramientas estatales que posibiliten un desarrollo de la política pública. Ahora, y en esto que es lo central estamos de acuerdo, el tema es llegar a todos lados. Yo diría: con lo que sea, pero haciéndolo con miras a reforzar al Estado, y no debilitarlo.

    abrazo grande

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