Archivo mensual: mayo 2010

DOLOR

Rubén Juárez, figura central del tango argentino en los últimos 30 años, murió hoy. En la conciencia de todos los que nos emocionamos escuchándolo, la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá del momento de decadencia del tango que le tocó vivir (o por eso mismo), despedimos a un bandoneonista y cantor excepcional.

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China wants you!

La cara de Mao con la galera yanqui del tío Sam y el dedo apuntando al que mira. “China wants you”.  Ojeo la revista Fortune en un aeropuerto atestado de soldados vestidos de fajina, que hacen sus últimos chequeos de mail con sus iphones último modelo antes de salir hacia algún “oscuro rincón del planeta”. Ya los había visto hace unos años, en el mismo aeropuerto, cuando la guerra al terrorismo (¿?) tenía más épica. Ahora los veo con una actitud más cercana a la del empleado público que a la del militante fanático: ´tamos laburando negro, que querés. Algunos son pibitos que parecen perdidos hasta para encontrar la puerta de embarque de su avión. Ni siquiera sostienen la mirada. Otros, con más años, dejan ver los beneficios de la carrera militar si no perdés las piernas en la primera expedición. Tipos  seguros de quienes son, orgullosos de su tarea. Como el personaje de Jack Nicholson en Cuestión de Honor. “Ustedes, manga de flojitos, me deben todo el bienestar, toda la seguridad.”, le decía el personaje de Nicholson en la peli a un abogado (Tom Cruise) que lo acusaba de desprolijidades con los derechos humanos en su base. Pero mejor lo dijo el piloto del vuelo de Philadelphia a Atlanta, cuando saludando a las tropas que teníamos como compañeritos de viaje se despachó: “Remember, freedom is not free.” Recuerden, la libertad no es gratuita. Ante lo cual, los cuatro músicos argentinos asistimos al segundo estallido de aplausos guerreros dentro de un avión en menos de 10 días.  Y la misma sensación que tengo siempre: Mientras que Europa me produce desprecio, una abundancia regalada, una nariz respingada que no se sostiene con nada, un presente de anomia social odioso, EEUU tiene, en cambio, un doble filo encantador, encantador como el infierno de los Redonditos. Son un imperio agresivo, ignorante, atropellador. Cualquier metáfora sobre el capitalismo se vuelve acá demasiado obvia. La mercancía de Marx danzando feliz, libre, transparente. Pero EEUU no está quieto, no dice “es el fin de la historia”. Al contrario, es un quilombo. La economía, la guerra, Obama, los latinos, todas situaciones explosivas que generan una sociedad en debate constante consigo misma. Un debate que tiene una particularidad notable en el grado de hegemonía que alcanzó la burguesía, sus símbolos y sus ideas. No es una estantería a punto de caerse. Ni en pedo. Es más como el samba del Italpark: te sacude todo el tiempo sin sacarte del lugar.  La nota de Fortune vuelve sobre ese doble filo: cuenta como en el último año se multiplicaron las empresas de dueños chinos en EEUU. Y remata “creando trabajo para los norteamericanos”. El susto y la satisfacción al mismo tiempo… La invasión china es una realidad, y si son ellos los que invierten dentro de las fronteras del imperio, es que parte del poder económico global cambió de manos por primera vez desde el siglo XIX. Pero al mismo tiempo, hay una satisfacción, un orgullo. ¿No es acaso una demostración del éxito del libre mercado y la libre circulación de capitales?¿No son esos valores y esas reglas las que hacen posible que un chino millonario abre una fábrica en Detroit?

PD: Una norteamericana de unos sesenta años, que seguro tiene varios shows de Joan Baez encima, me dice sobre Obama: “Tiene un problema, y es que queda como muy inteligente, académico, articula las oraciones demasiado bien. Y cuando hace el esfuerzo para ocultarlo es peor. Eso al americano medio no le gusta”  Me agarró un deja vú de aquellos.

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Uy, nos descubrieron

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1269583

La nota -que tiene algunos párrafos iluminados- es un atisbo de lo que puede venir desde las usinas ideológicas de la derecha, si el gobierno repite en 2011. La cantinela de que el kirchnerismo es pragmatismo corrupto, ejercicio despótico del poder, desprecio institucional y manejo de los pobres en su pobreza, empieza a explicar poco y nada. Probablemente, la jefatura política de la oposición deba corresponderse con esa nueva mirada sobre el gobierno, no necesariamente más benigna, si no más profunda. cada vez se hace más obligatorio pensar al kirchnerismo como una opción política, antes que como una asociación ilícita para delinquir.

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Cristina 2011

Supongo que no hay que hacer esto. Lo dijeron hoy todo el tiempo en las radios y lo aconseja el sentido común: no hacer balances políticos del Bicentenario, no hacer traslados electorales cuando falta una eternidad. Etcétera, etcétera. Pero hoy, intercambio opiniones con dos compañeros me convencí.
45% en primera. Reelección.
Hay argumentos interesantes para pensar en Cristina 2011:
-no hay ánimo popular (salvo en la militancia) de que “vuelva néstor”.
-es mas votable ella, porque tiene una carga menos pesada, es mas débil como imaginario de liderazgo, inspira menos “miedo” que K, palabrita que va a seguir jugando su papel en la campaña.
-El retorno de Nestor sería inevitablemente entendido como:
1. A ella pusimos para que aguante, pero el poder es él.
2. La presidencia de Cristina no fue lo suficientemente buena como para merecer repetir, que es el premio natural en cualquier democracia para con un presidente exitoso. Mejor es Néstor. Mejor fue Néstor. ¿Fue así?
Y, si existe un recuperación de la imagen, si la tercer victoria es posible, se debe a un cambio drástico en la percepción sobre el actual gobierno, y más precisamente de un cambio en la valoración sobre el liderazgo presidencial presente.
Con la barrida de la 9 de julio todavía incompleta, diría que el espíritu del Bicentenario no es elegir a un héroe todo poderoso. Cristina será presidenta coraje, pero da más “presionable”, más necesitada de otros que un Néstor sacado que nunca podría bailar porque incluso ahí, en medio de la fiesta popular, debe estar pensando en cuantos dólares entraron hoy en el Central.
Por último, la hipotética candidatura tiene esa cosita sorpresiva, de mover la estantería, de poner un escenario nuevo.

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Independence Day

Pasar justo este 25 de mayo en Washington es una broma de mal gusto. Nos refugiamos en internet para ver algo de los festejos en la 9 de julio, que tienen esa desmesura patriótica que por acá es costumbre todos los años. Antes pasamos por Chicago, dónde nos hospedó una familia negra de clase media, en uno de esos barrios que conocemos por la tele: todas las casas iguales, con el jardin adelante, la casa de dos pisos y el sótano. Todos, con un tamaño corporal en sintonía a las grasas que ingieren desde el desayuno hasta la cena. Valerie es la jefa de la familia, sesenta años, obamista sentimental. Se le nota en la cara que todavía no puede creer que uno de ellos sea presidente. ¿Y la crisis económica, Valerie?  – Ya no tengo tarjetas de crédito. Tenía cuarenta. “Forty!” dice, mientras hace un gesto con las manos como si desplegara un gran mazo de cartas en el aire. Ya no más. Paramos en una estación de servicio a cargarle al Mercedes Benz modelo `96 veinte amarretes dólares. En efectivo.  Pero esa materialidad en crisis no opaca ni un poco la alegría que ella pone en contar que ahí, en la otra cuadra, Obama hacía sus trabajos comunitarios antes de ser Senador. Porque no sólo es negro, si no que además es el buen negro, el que no se olvida de donde viene. Mi registro mental sobre el tema racial son las películas de Spike Lee: América es una nación en guerra fría consigo misma, dónde la minoría afroamericana no termina de encontrar su espacio entre los palos de la policía y esos nuevos cabecitas negras del imperio que son los latinos. Pero vuelve una respuesta inesperada: “Ahora, con este tema del terrorismo, se dieron cuenta que nosotros no somos el enemigo. El enemigo está afuera, son esos locos que ponen bombas. La vida en los barrios negros está más tranquila” Ahí hay un puente, un puente simbólico entre todos los archipiélagos culturales norteamericanos y la ideología dominante. En las grandes ciudades como Chicago el fin de la era Bush es el fin de una década infame. Pero no hay descorrimiento del velo. Las tesis chomskianas no se volvieron menos extraterrestres que antes del 9/11. En el avión a Washington escucho que atrás mío en la fila, una mujer se presenta a la azafata como “military business”. El piloto, un rato después,  anuncia que nuestro vuelo está seguro porque viajamos con personal militar. Un estallido de aplausos. De todos. Salvo de cuatro músicos argentinos que ponemos cara de “no entiendo que pasa”. Es como no gritar un gol de Boca en la tribuna local de la bombonera. El piloto retoma la palabra: “Gracias por lo que hacen todos los días por nosotros”. No hay rajadura, no hay Michael Moore que valga. Hay un nosotros y hay un ellos. Está el bien y el mal, exactamente en el mismo lugar que siempre.

El tucu nos agasaja con un asado. Llegó hace 30 años, pero este parece que es el último. El retorno es una epidemia. Legales, ilegales, recién llegados y otros con raíces más largas que un pino. Los argentinos, a diferencia de las otras tribus latinas, no vienen al sueño americano. EEUU es un lugar para acomodarse de alguna crisis económica eyectora, es tomar una bocanada de prosperidad  y volver. Los demás latinoamericanos dejaron atrás una pobreza estructural, un rancherío (real o imaginario), un lugar al que es difícil volver después de acostumbrarse a la piña de consumo en la cara. La comunidad argentina es de un origen más clasemediero, obvio. No se escapan de los maras ni de las barriadas marginales de Lima o Asunción. Jorge llegó de Burzaco como profesor de gimnasia y hace nueve años que labura en la construcción. Se vuelve alentado porque desde Argentina le dicen que los llamados para cargos en la provincia no se llenan. Nada que ver a cuando en el 2001 apenas le daban una suplencia de un mes. “Ya está. Nueve años. No me importa si no puedo entrar nunca más por haberme quedado ilegal. Estoy harto de los gringos”. Estamos en uno de esos grandes momentos donde parece que la Argentina tiene remedio y por acá todos se quieren tomar el avión. Yo los cebo: vengan, vengan, vengan.

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La asignación será un derecho o no será nada

Luciano, Ezequiel y Gerardo empezaron una cruzada a la que quiero plegarme.

La asignación no llega a casi 2 millones de chicos que deberían cobrarla. Ése es el punto. Y no llegan a ella porque están hundidos, porque las formas prolijas y trasparentes de la ANSES no perforan ese subsuelo de la patria no sublevada.

Luciano y Ezequiel se ponen de acuerdo en que el problema es la concepción de política social del gobierno, que reniega de los instrumentos territoriales existentes que harían posible una cobertura completa, o casi. Punteros, Iglesia, Intendentes, etc, los actores que “están ahí”. Se señala los límites de la bancarización, la imposición desde arriba de una medida estatal sin el adecuado conocimiento del terreno. Lo primero que diría es que haber inscripto a más de 3 millones de chicos en menos de 4 meses, y haberlo hecho desde una institución estatal nacional, es un logro mayúsculo. Es parte de una recomposición estatal a la que todavía le falta mucho gas, pero que arrancó: hoy existe un organismo público que conoce mejor que antes a sus ciudadanos, que se ensanchó en términos operativos, y que si bien no llegó a todos lados, hoy llega a muchos  más que hace un año. Desde de una mirada de largo plazo (de eso se trata también, ¿no?) es un signo tan importante como el hecho concreto de la plata en el bolsillo de la gente que lo necesita. Porque mañana vendrá otra demanda social, otra necesidad que cubrir y ahí veremos si contamos con un Estado más fuerte, con agencias robustas para implementar las decisiones políticas, o no. En ese sentido no me parece un acierto meter a la ANSES en la bolsa de la “cosmovisión errada” del gobierno respecto a la política social.

El punto central es preguntarse si en el gobierno existe la vocación de que la AUH sea un derecho o no. La naturaleza misma de la medida todavía se debate entre ser un mega plan social (heredero del Jefes y Jefas) o ser un escalón más en eso que inventó el peronismo: dónde existe una necesidad nace un derecho.

Hay algunos indicios de que el gobierno lo puede entender más como plan que como derecho: algunos límites para el ingreso de sectores vulnerables, o de trabajadores que no perciben ese beneficio por estar en negro con un sueldo de más de 1.500 pesos, etc. El gesto inicial de hacerlo sin convicción, y remarcando la idea inicial de que “la mejor política social es la política económica”. La comunicación mediática gubernamental que lo da como un logro ya consumado, y no como un nuevo derecho que transita su camino a la universalidad.

Si este fuera el caso, estamos en problemas. El ritmo de nuevos ingresantes-por ejemplo- puede quedar preso de las conveniencias presupuestarias. “Frename un poquito la inscripción que el mes de octubre viene medio flojo de recaudación“. Y así. Como también el grado de penetración del plan de acuerdo a las necesidades políticas que se tenga en tal o cual territorio. O la evaluación de su resultado más por el efecto político electoral que tenga, antes que por el nivel de cobertura alcanzada.

En cambio, si la concepción del gobierno es que el Estado construyó un nuevo derecho social, más allá de los atrasos y las limitaciones concretas de llevarlo a la práctica, la incorporación de los que faltan (así sea por goteo o por tsunami) es un debe constante en la administración pública. Al igual que el DNI o la escolaridad básica: cada año el Estado pone en funcionamiento la maquinaria que procura mantener o alcanzar la universalidad del derecho a la identidad o a la enseñanza.

Si la tarea prolija y “desde arriba” encontró su límite con los niveles de incorporación actuales, habría que pensar en alguna campaña de asignación universal que sea militada por todos los actores involucrados y a involucrarse. Hay que hinchar las bolas con el tema. La propia existencia de la Asignación es una demostración de que el gobierno es permeable a la instalación de agendas que lo corren por izquierda. A correrlo entonces.

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¿y ahora, por qué vamos?

Falta más de un año para las elecciones y se respira un aire de satisfacción en las filas kirchneristas. El combo de aciertos políticos y mejora de los índices económicos calienta nuestro corazón conservador (¡por favor, no hagan olas!). Queremos que Cristina sea como Bachelet después del Transantiago o como Lula después del mensalao:  una subida en la imagen lenta pero indetenible. En la última cadena nacional sobre el desendeudamiento provincial estuvimos con un nudo en la garganta, temiendo que tirara piedras en lo que hoy es casi un lago patagónico.  Por suerte la piedra fue una perinola que cayó en  “todos ganan”.

Hay que mantener esto un rato. Mucha gente -mucha- necesita un descanso después de tanta batalla simbólica y real.  Con la Ley de Medios y la Asignación Universal tensionamos a un estado cultural que esconde sus costados más fachos y nos permite atravesar una primavera democrática, pero… habría que preguntarse cuántos argentinos piensan como Sanz.

Insistamos con esto: no juntamos la fuerza social necesaria para imponer los cambios. Mas bien nos refugiamos en la legalidad democrática, que aparece así como la mayor conquista por izquierda de la que podemos ufanarnos.  No está mal y no es poco, pero hay que tener en cuenta eso para después entender por qué una cámara de Mendoza tiene el poder (formal y real) de trabar la aplicación de una Ley votada por amplia mayoría en dos cámaras.

Ahora, esa legalidad democrática tiene sus límites. No sólo límites formales, sino políticos. El gobierno viene usándola sin agregarle mucha legitimidad social y política. La falta de construcción política del kirchnerismo es eso. Dejar a sus mejores políticas públicas sin el revestimiento de defensa social necesaria para que se hagan carne en los sectores sociales que las deberán defender más tarde o más temprano. Es como si todavía se esperara que los ánimos del 2001 y las fuerzas silvestres que crecen alrededor del kirchnerismo le otorguen al gobierno una militancia mínima, una guardia express que rodee al decisionismo progresista del matrimonio.  En cambio, el famoso “relato” por construir es ése que hilvane las mejores obras de 2003-20011 bajo un manto que la palabra “kirchnerismo” no logra (¿todavía?) resumir. Armar una bandera de lo que hoy son todavía retazos sueltos. Y algo más: tiene que contener lo que todavía el kirchnerismo no hizo, pero que cierta coherencia con su propio pasado virtuoso lo debería llevar a hacer. Porque, Lula, Chávez o Mujica no son sólo un conjunto de medidas gubernamentales, son también lo que se espera de ellos. ¿Qué se espera de Néstor de acá en más? Para que una mayoría-así sea la técnica del 40%- lo vote en un año y pico, la gente va a tener que poder responderse algo a esa pregunta.

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