Los 15 puntos que faltan para ganar

Al menos diez son de vecinos nuestros. No se trata de “esclarecer” a los Sectores Medios como me respondía Manolo, si no de sumarlos. Así sea una parte. A las dificultades prácticas que esto presenta, se responde con que la ambivalencia congénita de su voto y el corrimiento constante de sus posiciones políticas, vuelve inútil el intento. Tengo dos reparos con esa idea: una, que desde hace un tiempo ya, esas condiciones volubles no son exclusivas de ese grupo social. Los votos y las pertenencias político-culturales vienen cada vez mas difusas y obligan a una constante recreación de los lazos de las estructuras políticas y los votantes. La existencia de “espacios” como nueva forma de agrupamiento político no es un dato coyuntural, lleva su tiempo y promete seguir, porque responde a esa nueva pauta cultural. La confusión aparece cuando se mezcla el análisis sobre las formas en que generalmente los pobres hacen la política (tomemos la ya legendaria nota de Merklen en Página 12) que tiene elementos menos cambiantes, formatos más asentados , con el voto de esos mismos sectores, mucho más dinámico e incierto. De las formas de hacer política, a la manera en que luego esos sectores votan, hay todo un trayecto que no es lineal, los éxitos en un terreno no aseguran ganar en el otro. El segundo reparo es más complejo y tiene que ver con la (poca) utilidad de seguir pensando a la sociedad argentina dividida tajantemente en Sectores Medios y Sectores Populares. Un país con el nivel de fragmentación social que vivió la Argentina en los últimos 35 años, se combina con una creciente monopolización de las herramientas ideológicas: astillamiento de clases por un lado y poder mediático por el otro. El poder mediático -que va más allá de Clarín y que no posee sólo atributos negativos- significó la pérdida de importancia de los demás circuitos del convencimiento (los partidos políticos, los sindicatos, la familia, la iglesia misma, la charla del bar, etc). Así como la Santa Iglesia monopolizaba la difusión ideológica en el medioevo europeo -en ausencia de otras instancias de producción de discurso- hoy los medios fueron creando una situación similar dónde el discurso político sólo llega a través de su intermediación “creativa”.
Entonces, tenemos la híper fragmentación de la realidad social concreta de lo que antes sí se podía separarse grosso modo en dos instancias sociales básicas (S. Populares/S.Medios) y al mismo tiempo la creación de sentido (de consumo, político, cultural, etc) más unificada. A mi humilde forma de ver, esto implica pensar en cortes transversales y movimientos en masa de las opiniones, pero que buscan soluciones a problemas diametralmente distintos, a veces muy locales. Por eso es más fácil gobernar que ganar elecciones.¿No resulta sugerente que la pérdida de votos por parte del gobierno se haya producido al mismo tiempo en electorados supuestamente diversos? Cuando se habla de la pérdida del voto de clase media, se habla de males congénitos de ese sector, cuando se pierde en el conurbano se descubren problemas de administración, de recursos, de falta de política. ¿En qué se sostiene ese doble standard? ¿No hay también ahí, aunque no lo queramos, una desvalorización de la complejidad del voto de los que no pertenecen a nuestro estrato social?¿Los pobres no consumen a los medios tanto o más que los sectores medios?¿No hay identificaciones “liquidas”, posmodernas, al calor de un ringtone de celular, además de las redes densas y cotidianas de la “política en el barrio”?¿Estamos tan seguros que lo segundo condiciona a lo primero? Darle una salida al INDEC, aparece como una política reclamada por la gente bien pensante, republicana, preocupada por banalidades de estilo y es cierto en parte, pero la madre pobre que va con sus 150 pesos de AUH al almacén, ¿no putea con palabras similares que el ama de casa de caballito cuando el gobierno habla de “acomodamiento de precios”? Ese mismo doble standard se plantea en el plano político. Con las Liebres del Sur, por ejemplo. Mis simpatías son escasas con esa tribu y muestran ribetes tragicómicos como lo que subió Escriba, pero no le atribuyo más crímenes de deslealtad que los cometidos por otros personajes como Solá, Alberto, Juez y hasta el propio Cobos. Todos muchachos que cobraron (en dineros, en prestigio, en la existencia de una carrera política, etc) y no dudaron en pegar el volantazo. Hay tanto de egoísmo personal o sectorial como de limitación K para incluirlos y contenerlos. Lo mismo que pasa con los sectores medios.

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