No se pusieron el casco

“Esta sociedad no quiere aprender a usar casco”, le dijo a este diario el intendente, Aldo Carossi. Eso parece cierto. La “mano dura” en los controles viales (6 mil multas a motos en los últimos tres años y 500 de estos vehículos en el depósito comunal) terminó convirtiendo a las calles de Baradero en un campo de batalla, una guerra entre adolescentes e inspectores. “Los chicos se rebelaron y entonces empezaron a provocar a los inspectores, eso también es cierto. Los escupían, les hacían ‘fuck you’. Yo estaba de acuerdo con los controles, pero no con las formas, era un descontrol”, relata y opina un concejal opositor, que prefiere no dar su nombre. ” En el Clarín de hoy.

Las formas de la justicia. ¿Cómo cambiaron esas formas? La lucha por los derechos humanos tenía una forma colectiva, que a la vez era individual: los desaparecidos, justicia para ellos. Que era también para cada uno.

Los medios, en esta década a todo trapo, construyeron junto a la sociedad otra forma de justicia. De su reclamo. Una víctima representa a todos los ciudadanos “sin justicia”. Un robo, una muerte, una violación, son temas de Estado. Desnuda el momento de injusticia, de desprotección que vive esa sociedad. La perrita de los Pomar: alguien en la radio, un ciudadano en la radio pide por esa perrita, olvidada por Stornelli y Scioli. Olvidada por los aparatos de justicia, de seguridad, olvidada por la política, la perrita.

La sociedad no se volvió facha, y hasta dudamos que pida mano dura. Pero pide algo más duro, pide lo imposible. Como un mayo del 68 todavía más caótico y apolítico. Pide que no haya crímenes, tiene tolerancia cero.

El reclamo social no mide, no mide nada. Es un reclamo absoluto. La sociedad reclama el fin de la violencia, del miedo, etc. Desde un absoluto. Es como un abolicionista de la esclavitud. ¿Importa cuántos esclavos hay? Pueden ser millones o uno. Lo insoportable es la esclavitud. Algo así.

Obviamente, ¿dónde está el problema? que no existe una ley antiesclavista que salde el asunto. Van a seguir matando gente, van a seguir robando. Uno, diez, mil, no importa. Un disparo al Estado cada mañana.

Desde los Pomar (y parece que lo de Baradero se suma a esta lista) a la intolerancia social por la muerte violenta se le suman los accidentes. Un tipo dobla mal en la curva, dos pibes insisten en salir sin casco a pasear en moto. Si el Estado tenía graves problemas para dar respuestas precarias ante delitos violentos, las posibilidades de éxito contra el mal manejo o la irresponsabilidad personal son nulas.

Estaba en Brasil cuando a Ibarra lo destituyeron por Cromagnon. Un tipo con el que tomaba una cerveza no salía del asombro : ¿”Pero, que tiene que ver el intendente, no comprendo”. Bueno, reglamentaciones, corrupción, etc, trato de explicar. “Bueno, pero él no lo quemó al lugar ¿no?”

Es la política. Cuando un brasileño ve a un funcionario político, ve los miles de escalones que lo separan. Sólo comparten la responsabilidad individual (“el no quemó el lugar no?”). Pasa lo mismo en Europa: la sensación de lejanía del poder político es increíble. Cuando alguien habla de algún hecho normativo de la vida cotidiana, nunca se personaliza en tal o cual político. “Pusieron”, “Construyeron”,”Prohibieron” son las formas del lenguaje que se usa, remitiendo a un ellos indiferenciado, fantasmal, sin rostro. La política es sólo poder que baja.

Acá, en cambio, sabemos que la foto del PODER también puede ser a un presidente fugaz trasmitiendo entrecortadamente un mensaje de renuncia, medio torcido y con la luz mortecina de un estudio jurídico de San Luis. O también un gobierno que se autoimpone la no represión, casi en términos gandhianos. Esa debilidad estructural se arrastra desde el 2001. El kirchnerismo reconstruyó el poder presidencial, como un liderazgo frente a las demás instancias de poder corporativo (un proceso de democratización, en sí mismo) pero no el poder del Estado.

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Alguien prendió la bengala

Se durmió en una curva

No se pusieron el casco

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3 comentarios

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3 Respuestas a “No se pusieron el casco

  1. Lo que más me llama la atención, tal vez, sea la reacción de la gente, en definitiva, lo que nos convocó a todos a la noticia.

    ¿Fue pura mala suerte y sin intención el accidente y como un testigo vio el hecho contó su versión de las cosas o la gente venía acumulando bronca por “la manera de” y en definitiva explotó?

    Si es lo primero, tal vez lo pueda comparar con Cromañon, si es lo segundo, ya no.

    Un lujo leerte, como siempre.

  2. es verdad, el kirchnerismo reconstruyó el poder político pero no la autoridad de un estado aséptico, pero antes del 2001 lo había?
    tenemos 3 fechas de la argentina moderna para establecer todos los grandes cambios de la sociedad: 76, 83, 2001. para todo son un antes y un después. excepto para la autoridad estatal(con la diferente cantidad de aire que cada uno daba para manifestarlo). a mi, ese razonamiento me lleva a un callejón sin salida: creo que eso es bueno y malo; un piquete de d´elia con alderete en el 98 erosionaba la legitimidad del neoliberalismo y hacía públicos a los excluídos del modelo; el que te corta el puente al uruguay mmm….
    pero si validas el método, sea un piquete o un control policial, después es muy difícil encontrarle los matices. piquete bueno, piquete malo, control duro, control blando.
    igual no sé si es eso o qué es lo que se manifiesta en estas situaciones, qué válvula social se abre.
    muy bueno che. abrazo

  3. Memo:Bueno, si se tratan de matices, de grises. La ira ciudadana, no por la falta de comida o por la represión estatal, si no por un accidente, dónde todos concuerdan que los pibes no tenían puesto el casco, se me aparece como un extremo de debilidad estatal al que debería encontrarse una salida. Tampoco digo una estatalidad avasallante que no te deje respirar (que es justamente la forma de control social en mucho países del primer mundo), pero compraría un mix, un puntito medio. Abrazo.
    Manuel: Gracias. Que se yo, puede ser cualquiera de las dos. Pero lo que quería resaltar es la falta de responsabilidad individual, de hacerse cargo del libre albedrío, digamos. Después siempre hay un sinnúmero de adosamientos políticos, insitutcionales, hechos de corrupción, abuso de autoridad, etc, etc. Pero en esa nube de reclamos (que también hablan de una sociedad preparada para armar quilombo, cosa buena en gral.) las acciones de las personas se pierden, quedan en un segundo plano. Fea la metáfora para hoy, pero sería como la media dada vuelta del “algo habrán hecho”, cuando muchos quitaban todo entorno político y social a los secuestros y la responsabilidad recaía en la víctima. En este caso, sería como “algo habrá hecho el Estado” para que esa persona muera, se accidente, etc. Un poco pasado de mambo para mi.
    Saludos

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