Archivo mensual: marzo 2010

Hoy en Noticias del Sur

escribimos sobre Latinoamérica: “Se fue Tabaré, se fue Michelle, se irá Uribe, y se juega la vida Lula. Mucho para un sólo año.  Como nunca en la historia continental pensamos cada vez más en términos de elecciones simultáneas, de cambios, olas y aires políticos regionales. La continuidad democrática en la totalidad de Sudamérica (con sus consecuentes elecciones periódicas) y los cinco años cumplidos desde el Grito de Independencia en Mar del Plata son los soportes materiales que justifican pensar en avances y retrocesos políticos allende los marcos nacionales.”

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Los muertos que vos matáis…

Se  viene. A medida que se sienta cercano el 2011 comenzará, tibiamente, a pensarse en términos de continuidad/discontinuidad del modelo económico. La oposición tiene un problema mucho más grave que su unión legislativa y sus liderazgos superpuestos: no puede hablar de economía. ¿Cómo se hace para construir una alternancia sin estructurar una discurso sobre eso? Si esto fuera Noruega, vaya y pase, pero acá es una misión imposible.

Algunos hacen memoria y anotan la disputa del ´99, dónde la oposición no propuso un cambio económico, si no un “mejoramiento” del modelo, que terminó siendo su “profundización” hasta el abismo. Las elecciones de 2011, se dice,  irían por ese mismo carril. Pero hay, al menos, dos diferencias sustanciales:

1-El discurso de la Alianza explicitó desde el vamos las continuidades económicas (Ley de convertibilidad básicamente, pero no sólo: privatizaciones, clima de negocios, etc) algo que la oposición actual está lejos de hacer, porque el esquema no se reduce ya a una ley (ni al 4 a 1) si no que se estructura en los denostados subsidios a la producción, al consumo, en el funcionamiento de las paritarias, en el 6% del PBI a educación (SEIS POR CIENTO DEL PBI) y otras cosas de las que se habla poco y nada. Todo lo cual implica legitimar, por ejemplo, las retenciones. El que gobierne con este esquema -tenga el estilo que tenga- tendrá que lidiar contra intereses grandes, medianos y chicos, sin poder recostarse totalmente en ninguno. Entonces, o se viene (rápido) una ola de sinceridad discursiva dónde Cobos, Reutemann, Macri (hijo, al padre lo tenemos de este lado…) y Carrió aceptan alguna relación causal entre la economía y la política económica oficial o se sigue en los intentos de desestabilización, lo que es igual a reconocer que no quieren llegar al poder mediante elecciones normales.

2-Si bien la Alianza no proponía una salida económica al 1 a 1, permitía que gran parte de la protesta social de esos años, del desánimo económico y productivo, del desempleo masivo en capas bajas y medias, etc, se adosara a su plataforma como componente simbólico del anti menemismo. Claro que había una trampa política -como lo demostró la posterior llegada de Lopez Murphy y Cavallo al gabinete- pero lo importante es entender la potencialidad que tenía ese conglomerado de FREPASO y UCR para sumar por varios lados sin mucha dificultad. ¿Dónde están los lastimados sociales del actual modelo que la ambulancia de la oposición puede salir a juntar? En la era kirchnerista no hay unidad, hay intereses. Se vienen los pedidos de programa sectoriales: la CGT, UIA, FAA, bancos, Clarín, por tirar las cartas conocidas. El gobierno decidió hace rato cómo ubicar a cada uno en el balanza, la oposición no tiene idea.

Hay un problema extra: desde acá creemos que la mayoría de los argentinos se la va a pensar 3 o 4 veces antes de volver a votar a un radical para la presidencia, por mas imagen positiva que tenga. Con los abanderados de la República y las Instituciones fuera de la cancha, las ofertas se reducen al espectro de derecha pura y dura: Macri y Reutemann. Tipos convencidos en achicar el Estado y recudir la política a una administración de consorcio. Y con escasos papeles para disputar el “estilo”.

Mientras tanto, de este lado del mostrador, hay que administrar la abundancia económica con la mayor justicia social posible, hacer política progresista con leyes que no cuestan plata (matrimonio gay, aborto, ddhh, ley de medios, etc) y a mirar las encuestas.

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24 de marzo de 1810

Cuando todas las interpretaciones del pasado fueron hechas, queda volver al inicio. Como ahora, los años de la Revolución fueron caóticos, con poquísimas certezas y muchos riesgos. Cuando se escribía la primera Constitución fallida en 1826, surgió la idea de un monumento para conmemorar a Mayo: en la propuesta no hay héroes claros, ni siquiera nacionalidad, se celebra la independencia de “los pueblos de América”, cuenta el libro de la foto. El mármol a los protagonistas vendrá después. Algo de eso se  respira en este bicentenario vacío de símbolos, vacío de héroes. Proyectado sobre un futuro que no es ni festivo ni de debacle. Incierto. Somos un país que se traga las tradiciones, inventa, inventa, inventa. Y el libro habla de eso, de las invenciones (interpretaciones, digamos) que desde 1810 hasta hoy nos fuimos  dando sobre el origen de nosotros mismos. La tierra movediza que fue y sigue siendo la política argentina exacerbó ese aspecto que en algún punto toda historia nacional tiene. El 24 de marzo parece que va rumbo al mismo destino, a medida que pasa el tiempo se vuelve más difícil un panteón compartido. ¿Sobrevivirán los pañuelos como símbolo incuestionado al paso del kirchnerismo? ¿Al menos las Abuelas? ¿Es eso un problema? El libro muestra cómo a medida que se alejaban los años de Mayo y avanzaba el siglo XX, las interpretaciones aumentaban en divergencia, al mismo tiempo que los dilemas se centraban más y más en los días críticos del Cabildo Abierto, estudiando el acontecimiento y no el proceso anterior y posterior (que desmentiría la idea de un punto fundacional, de una primera hoja del cuaderno nacional). ¿No nos está pasando algo así con el 24? La etapa de judicialización en la que estamos ahora refuerza esa mirada: un 24 de marzo el Estado se convirtió jurídicamente en asesino de lesa humanidad, un punto exacto de quiebre. La carta de Walsh es el alegato político de ese mismo juicio. Pero para volver medianamente legible esa historia a las generaciones que vienen, habrá que ir construyendo un relato más abarcativo históricamente hablando (y que contenga obviamente al anterior). Cómo le escuché decir a alguien: más que Nunca Más, tendría que llamarse Otra Vez.
PD: Se recomienda la lectura del libro de la foto.

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No se pusieron el casco

“Esta sociedad no quiere aprender a usar casco”, le dijo a este diario el intendente, Aldo Carossi. Eso parece cierto. La “mano dura” en los controles viales (6 mil multas a motos en los últimos tres años y 500 de estos vehículos en el depósito comunal) terminó convirtiendo a las calles de Baradero en un campo de batalla, una guerra entre adolescentes e inspectores. “Los chicos se rebelaron y entonces empezaron a provocar a los inspectores, eso también es cierto. Los escupían, les hacían ‘fuck you’. Yo estaba de acuerdo con los controles, pero no con las formas, era un descontrol”, relata y opina un concejal opositor, que prefiere no dar su nombre. ” En el Clarín de hoy.

Las formas de la justicia. ¿Cómo cambiaron esas formas? La lucha por los derechos humanos tenía una forma colectiva, que a la vez era individual: los desaparecidos, justicia para ellos. Que era también para cada uno.

Los medios, en esta década a todo trapo, construyeron junto a la sociedad otra forma de justicia. De su reclamo. Una víctima representa a todos los ciudadanos “sin justicia”. Un robo, una muerte, una violación, son temas de Estado. Desnuda el momento de injusticia, de desprotección que vive esa sociedad. La perrita de los Pomar: alguien en la radio, un ciudadano en la radio pide por esa perrita, olvidada por Stornelli y Scioli. Olvidada por los aparatos de justicia, de seguridad, olvidada por la política, la perrita.

La sociedad no se volvió facha, y hasta dudamos que pida mano dura. Pero pide algo más duro, pide lo imposible. Como un mayo del 68 todavía más caótico y apolítico. Pide que no haya crímenes, tiene tolerancia cero.

El reclamo social no mide, no mide nada. Es un reclamo absoluto. La sociedad reclama el fin de la violencia, del miedo, etc. Desde un absoluto. Es como un abolicionista de la esclavitud. ¿Importa cuántos esclavos hay? Pueden ser millones o uno. Lo insoportable es la esclavitud. Algo así.

Obviamente, ¿dónde está el problema? que no existe una ley antiesclavista que salde el asunto. Van a seguir matando gente, van a seguir robando. Uno, diez, mil, no importa. Un disparo al Estado cada mañana.

Desde los Pomar (y parece que lo de Baradero se suma a esta lista) a la intolerancia social por la muerte violenta se le suman los accidentes. Un tipo dobla mal en la curva, dos pibes insisten en salir sin casco a pasear en moto. Si el Estado tenía graves problemas para dar respuestas precarias ante delitos violentos, las posibilidades de éxito contra el mal manejo o la irresponsabilidad personal son nulas.

Estaba en Brasil cuando a Ibarra lo destituyeron por Cromagnon. Un tipo con el que tomaba una cerveza no salía del asombro : ¿”Pero, que tiene que ver el intendente, no comprendo”. Bueno, reglamentaciones, corrupción, etc, trato de explicar. “Bueno, pero él no lo quemó al lugar ¿no?”

Es la política. Cuando un brasileño ve a un funcionario político, ve los miles de escalones que lo separan. Sólo comparten la responsabilidad individual (“el no quemó el lugar no?”). Pasa lo mismo en Europa: la sensación de lejanía del poder político es increíble. Cuando alguien habla de algún hecho normativo de la vida cotidiana, nunca se personaliza en tal o cual político. “Pusieron”, “Construyeron”,”Prohibieron” son las formas del lenguaje que se usa, remitiendo a un ellos indiferenciado, fantasmal, sin rostro. La política es sólo poder que baja.

Acá, en cambio, sabemos que la foto del PODER también puede ser a un presidente fugaz trasmitiendo entrecortadamente un mensaje de renuncia, medio torcido y con la luz mortecina de un estudio jurídico de San Luis. O también un gobierno que se autoimpone la no represión, casi en términos gandhianos. Esa debilidad estructural se arrastra desde el 2001. El kirchnerismo reconstruyó el poder presidencial, como un liderazgo frente a las demás instancias de poder corporativo (un proceso de democratización, en sí mismo) pero no el poder del Estado.

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Alguien prendió la bengala

Se durmió en una curva

No se pusieron el casco

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A difundir

por la noticia y por la fuente.

Martín precisó:  “Esto confirma una de las batallas, tener cifras”.

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De interpretadores a creadores (y viceversa)

Si el kirchnerismo no remonta en la consideración ciudadana y pierde en 2011 sería la primera experiencia política regional, surgida de la crisis neoliberal, que es expulsada del poder por el voto popular. Las demás fuerzas progresistas/populares de Latinoamérica, si bien atravesaron numerosos escollos y situaciones que parecían límite (golpe de Estado en 2002 y reforma constitucional fallida en 2007 en Venezuela y crisis del mensalao en Brasil durante 2005, por nombrar dos grossas) se encaminan a revalidar títulos. El caso chileno tiene un origen histórico bien distinto, por lo que es analizable bajo otras variables.
Una de las tantas maneras de pensar al kirchnerismo primaveral es la del gran interpretador. Al igual que Menem a comienzos de los noventa, Néstor representó las ambiciones de una mayoría social. Llegó y paró la oreja. De ahí aquellos niveles de popularidad. Su programa fue elaborado a partir de demandas constantes y sonantes que germinaban intempestivamente de diversos grupos sociales. Los organismos de DDHH y vastos sectores de clase media pedían saldar cuentas en la justicia, los desocupados asistencia y laburo, los empresarios PYME un esquema económico que los vuelva a hacer rentables, y así. Los problemas comenzaron cuando terminada esa etapa, la mesa chica de Calafate entró al terreno de la inventiva.
Las elecciones de 2007 no impusieron una agenda clara al ganador. Cristina subió con las manos libres para ejercer una presidencia a su piacere. Algo que seguramente ponía en estado de euforia a los protagonistas, pero que es en sí mismo nocivo y potencialmente reaccionario. Es un lugar común cargar las tintas contra el decisionismo pingüino, suponiendo que están ahí los límites para generar consensos políticos y mantener alianzas de diverso tipo que le den sustentabilidad al gobierno. Algo de eso hay pero habría que recordar que ese mismo modus operandis ya lo tenía el matrimonio en 2003, 2005 y 2007, coincidente con una etapa de gran crecimiento de legitimidad. Eso no cambió. Pero sí cambió el funcionamiento de esa mesa chica. En los comienzos era una reunión de emergencia cotidiana, una reunión de análisis y diagnóstico. Limitada, dedicada a escuchar el zumbido de afuera. Pero en algún momento pasó de tocar los temas que le pedía la platea, a tocar su propia música. Y a partir de ahí, muchos cambiaron el aplauso por el abucheo. La canción de la 125, digamos. La inexistencia de un mandato social reconocible en 2007 llevó a una libertad de pensamiento político para la cual el kirchnerismo parece no tener talento. Las aguas corrieron. Elecciones y derrota. El kirchnerismo volvió a tener agenda marcada: tuvo que volver a escuchar. Si bien la oralidad de esa derrota rezaba que la agenda era “profundizar el rumbo”, lo cierto que es el matrimonio volvió a parar la oreja. Y salió la asignación por hijo, política a la que está atada toda posibilidad de recomposición electoral y de legitimidad social. No es casual que no haya sido una iniciativa del poder. El interpretador volvió a ocupar la escena. Volvieron las partituras escritas y el jazz se dejó de lado. Ahora la pregunta del millón: ¿cuál/cuáles serán las demandas sociales para la elección del 2011? Hay algunas que por viejas suenan a trilladas: el INDEC y cierta trasparencia de los ministerios. ¿Se acuerdan cuando el primer gobierno k sacaba a funcionarios de distintos niveles ante la menor sospecha de corrupción? La inflación, también. De todas formas no estoy seguro que la demanda social vaya por ahí, habrá que ver. Hay un símbolo de esos días soleados de 2003: Kichner tomando un café en un bar de Villa Urquiza. Artemio festeja un  retorno de tirios y troyanos al PJ,  acá creemos que ese cafecito fue la transversalidad que le llegó a la gente, y fue exitosa.

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678: La necesidad de una política blanca

Acá el compañero Escriba se pregunta si mide. Seguro que mide, aunque cuánto y cómo está por verse. Pero la autoconvocatoria de 678 por Facebook mide más por las cosas que pone sobre la mesa. 5.000 o 6.000 personas en la calle no cambian el escenario político, más en un país donde hace menos de dos años las cifras de movilización fueron 10 ó 20 veces más grandes. La repercusión en los comentarios de los dos diarios que publicaron la noticia (Crítica y Perfil) muestra que la marcha de los 678 pone en tensión valores y posicionamientos políticos que el acto de Ferro del mismo día no consigue. No es uno o el otro. Pero uno es para adentro y otro para afuera. Desde acá venimos criticando que la palabra oficial no logra superar su propia virtualidad, su propia encerrona. La marcha de 678 es una respuesta precaria a eso. Es una demostración de fuerzas. No exageremos: una demostración de que existen (pocos, muchos, se irá viendo) sectores medios que apoyan. Las demostraciones de fuerza deben hacerse en el terreno del enemigo, con el mismo mazo de cartas, si no, no tienen efecto. Porque al hacerlo con el mismo discurso “muestran”, enseñan, discuten. Los actos corporativos de militantes y sindicatos son como los actos televisados en Olivos: mantienen a la tropa en guardia, montan un escenario de poder pero no hacen dudar a nadie.  Que el gobierno necesita una política blanca es algo que desde la elección del 28J se volvió como agua en el desierto. Ningún gobierno argentino tiene futuro con caudales electorales de un dígito en los grandes centros urbanos. Podrá aguantar más o menos, pero tiene fecha de vencimiento.

Ahora, resulta un poco preocupante que los mismos protagonistas de esa movilización no se percaten de por dónde va la ventaja: escuchamos el balance de Sandra Russo a través de Gerardo en Tirando al Medio:

Tito Nenna bromeó penosamente con que no había choris, arrodillándose de esa manera ante el altar ideológico de la derecha que nos ha hecho creer que el chori y la gente en colectivos expresan una puesta en escena falsa. Ya en el mediodía de ayer la propia Sandra había puesto las cosas en su lugar ante llamados que rescataban la presencia de “gente suelta” y/o “autoconvocada” en el acto de Ferro.

No muchachos, ojito con eso de ponerse contentos porque a un acto va mucha gente “suelta” porque de tanto “soltarnos” corremos el riesgo de quedar cada uno por su lado y así somos más vulnerables.”

No Gerardo, no Russo, justamente lo de ayer mide por ese condimento clasista. Las clases medias son eso, clases medias. Miran programas políticos, tienen facebook y se movilizan sin choripanes. Lo uno y lo otro van juntos. Porque si juzgamos a la convocatoria por las reglas de lo popular, es una chiste. Si van a competir en el terreno de Moyano, córranse, no aportan nada.

Al revés, 5.000 clasesmedias hablando de corrido cuando se prende una cámara, y diciendo “las cosas que dice la gente como las dice la gente” es todo el valor que puede tener algo así. En cambio algunos prefieren decir: ojo, ojo no hay que ir por el camino fácil, hay que dar una batalla cultural contra el estigma de la movilización orgánica.  ¡No!  O sí, pero no cuando tu convocatoria es noticia justamente por lo contrario. El tipo al que hay que convencer no tiene pruritos por el lugar social que ocupa, al contrario, está orgulloso. Tampoco tiene reparos en pensar que sus valores (entre los que está movilizarse suelto y sin contraprestaciones) son mejores. No es sobre eso que hay que cambiarle la opinión, se trata de mucho menos. Que vote por sus intereses materiales.  Por una vez, vayamos por la vía más fácil, que en general es la única que llega a destino. Tiempo no hay.

Un comentarista en Perfil con mucho desparpajo escribió:

“...Yo observé que la gente no era la misma que va a los actos organizados por el PJ. Era gente de clase media, muy ¨blanquitos¨. Aunque a los amigos antiK les resulte imposible aceptarlo, somos muchos los clase media instruídos que apoyamos a este gobierno, aunque eso nos convierta en impresentables para nuestros familiares y amigos, que son ¨gente como uno¨ y obviamente antiK.
Yo voté a Carrió en 2003 y al ARI en 2005, pero me hice krichnerista en noviembre de 2005, cuando supe que Néstor K estuvo a punto de pegarle una ñapi a Vicente Fox delante de las narices de Bush
.”

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